VIAJE ONÍRICO DESDE BENZÚ

 

Ceuta, 22 de noviembre de 2015.

 

Hoy he vuelto a ir con mi padre a hacer fotos. Al salir de mi casa he visto que el cielo estaba completamente despejado. El fuerte y gélido viento de poniente ha limpiado la atmósfera permitiendo observar con nitidez la orilla europea del Estrecho de Gibraltar.

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Queríamos disfrutar de las mejores vistas y para ello hemos subido hasta el monte de la Tortuga. Al llegar allí el viento soplaba con gran intensidad y el frío agarrotaba nuestras manos. A pesar de estas circunstancias climatológicas nos hemos asomado al Estrecho para contemplar un paisaje sublime y majestuoso.

Con mi mirada he barrido el horizonte de oeste a este, para terminar parando mis ojos en Ceuta. La he notado más mágica, sagrada y hermosa que nunca. Durante unos pocos segundos he reflexionado sobre la extraordinaria belleza del lugar en el que nací y vivo. Me he sentido u hombre afortunado por vivir en un sitio tan maravilloso y lleno de encanto.

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Desde esta atalaya he imaginado a Ceuta como una isla mágica ubicada en el extremo del mundo conocido en la antigüedad para cantar la bondad y la belleza de la naturaleza. Es un lugar elegido por la Gran Diosa Madre para que en ella le rindan culto y celebren la continua renovación de la vida. Ceuta está llamada a ser la ciudad donde esta reconciliación  de los aspectos masculinos y femeninos que rigen el cosmos se haga efectiva. Ya no serán ambas dimensiones de la vida motivo de enfrentamiento, sino de complementariedad enriquecedora y fructífera. Los hombres y las mujeres, unidos por el amor, trabajarán para contemplar la transición desde el actual orden mecanicista un nuevo orden orgánico. La conservación de la naturaleza será una prioridad y desarrollaremos al máximo las energías renovables. Haremos un uso inteligente de la tecnología enfocando su uso a la vida y no a la máquina. Una economía de la vida y de la plenitud sustituirá a la economía del poder y el dinero.

Los seres humanos, siguiendo el ejemplo de los dioses y diosas del Olimpo, creceremos cumpliendo las Siete Edades del Hombre. Nuestra acción cívica estará guiada por el canto de las nueve Musas del Parnaso. Dedicaremos nuestro tiempo al desarrollo cívico, a la educación, a la cultura y al cultivo de las artes.

MIRADOR BENZU

Todo esto que os cuento lo he vislumbrado contemplando el horizonte azulado del Estrecho de Gibraltar y la bahía en la que Ulises llegó tras su naufragio. En mi admirado Ulises estoy pensado mientras atisbo la ensenada de Belinuex y la majestuosa silueta del Atlante dormido. Yo, al igual que Ulises, he emprendido un viaje onírico sentado en este mirador de Benzú. He penetrado en mi inconsciente, en esa parte de nosotros mismos que hemos ignorado y que debemos asimilar. Lo que he visto es “la reintegración de lo masculino y lo femenino en una relación de reciprocidad, más que de un preeminencia de uno sobre otro” (Joseph Campbell).

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Ulises  estuvo aquí, en el lugar que ahora admiro desde este mirador. Aquí la hija de Atlante, Calipso, le prometió a Ulises la inmortalidad y  la eterna juventud en este paraíso terrenal. Aquí estuvo retenido siete años, el mismo número que da nombre a Ceuta: la Septem Fratres romana.

Según lo describe Homero, en el entorno de la gruta de Calipso “había crecido una verde selva de chopos, álamos y cipreses olorosos donde anidaban aves de luengas alas: búhos, gavilanes y cornejas marinas, de ancha lengua, que se ocupaban en cosas del mar. Allí mismo, junto a la honda cueva, se extendía una viña floreciente, cargada de uvas; y cuatro fuentes manaban muy cerca la una de la otra, dejando correr en varias direcciones sus aguas cristalinas. Se veían en contorno verdes y amenos prados de violetas y apio; y, al llegar allí, hasta un inmortal se hubiese admirado, sintiendo que se le alegraba el corazón”.

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Yo no tengo dudas, -como tampoco la tenía el prestigioso helenista francés Víctor Bérard-, a  la hora de identificar la isla de Ogigia con el islote del Perejil; y la selva que describe Homero con la bahía de Belinuex ,en la que todavía manan los cuatros manantiales citados en la Odisea. Siento la misma admiración ante este paisaje que  la descrita por Homero. Mi corazón está alegre y feliz de contemplar este lugar sagrado, mágico y de belleza sublime. Doy gracias a la vida por haberme dotado de la suficiente sensibilidad para apreciar y gozar de estos paisajes tan bellos. La vida se ha convertido para mí en una extraordinaria aventura que tiene como escenario a Ceuta y  a mí como protagonista.

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Todos los días descubro nuevos secretos sobre esta tierra mítica. Mis experiencias sensitivas y emotivas son cada vez más intensas y placenteras. Estas experiencias están cambiando mi conducta y algunos rasgos de mi personalidad. Mi risa es distinta y más profunda. Mi semblante algo más serio, pero apacible. Son cambios exteriores que reflejan la profunda transformación que estoy sufriendo en mi interior. Mis ideales sociales y políticos son cada día más firmes y sólidos. Mis pensamientos espirituales más profundos. Mi sabiduría es cada vez mayor y mi creatividad literaria se incrementa por días. Las anotaciones en mi libreta son más frecuentes y mi necesidad de escapar a la naturaleza más apremiante.

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Me estoy desprendiendo de la vergüenza y el pudor. No quiero dejar nada sin decir, ni nada sin hacer para lograr una vida digna, rica y plena para mí y para todas las personas que me rodean. Confío en el resurgimiento de la Gran Diosa y el nacimiento de un Mundo Nuevo. Merece la pena dedicar todo el esfuerzo colectivo que seamos capaces aglutinar para lograr la renovación de la vida, la reeducación de nuestras mentes y la restauración de la naturaleza.

ENTRE LEVANTE Y PONIENTE

Ceuta, 21 de noviembre de 2015.

Son las 7:25 h de la mañana. Me asomo a la ventana. El firmamento está limpio. No hay ni una nube. Observo el oscuro cielo y logro identificar a la estrella Spiga y a los planetas Venus, Marte y Júpiter.

El horizonte empieza a aclararse y a cambiar a tonos rosáceos. El negro de la noche empieza a dar paso al azul y el celeste. Sólo Venus, con su intenso brillo, resiste al empuje de la luminosidad del ascendente sol. No lo hace para defender la oscuridad, sino para recordarnos el principio femenino del cosmos.

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Llevo varios días pensando sobre el continuo movimiento que rige el cosmos. Hay una serie de pautas permanentes, pero lo demás es siempre cambiante. No hay dos días iguales para el que observar con algo de interés a la naturaleza. Algunos días despejados como éste nos permite apreciar con nitidez los distintos matices de azul del cielo. La luz llega la con intensidad que le corresponde a cada estación del año. Esto hace que los colores sean distintos. El mar cambia del azul al verde según las mareas y el oleaje.

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Otros días, por el contrario, amanecen plagados de nubes. Dependiendo de su espesor y de la cantidad de agua que portan las nubes visten de color blanco o de gris plomizo. Son muy coquetas. A las nubes les gusta cambiar de apariencia varias veces al día. Al alba se ponen su traje rosa y al ocaso su capa roja.

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Las nubes nunca tienen prisa. Es el viento quien las empuja de un lado a otro en función de su temperamento. El viento de poniente las arrastra con ímpetu, mientras que el de levante las amontona sobre nuestra ciudad durante varios días. Todo se tiñe de gris, hasta nuestro ánimo.

Al mar tampoco le gusta demasiado el levante. Se enfada y lanza enormes olas contra el litoral. Le cuesta al mar recuperar su buen humor. Su enfado, que aquí llamamos temporales, dura una media de tres días, a lo que sumar otros tres días de resaca. Se toma las cosas muy a pecho. Es un malhumor profundo.

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Por el contrario, el poniente es más jovial. Juega con el mar y le hace cosquillas provocando un enrizamiento de su delicada piel de sal.

Al poniente le encanta gastar bromas. En otoño nos trae nubes dispersas cargadas de agua que nos pone empapados. Nos distrae dejando que el sol luzca con fuerza y cuando estamos confiados empuje a los nubes para que llueva sobre nosotros. Es lo que llamamos  vendaval.

El poniente nos trae frío, pero también nos regala imágenes indescriptibles.

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Así vivimos los ceutíes: entre levante y poniente. Gracias a ellos todos los días son distintos y en la mayoría de las ocasiones nos brindan la posibilidad de vivir experiencias sensitivas únicas e irrepetibles. Han sido responsables de naufragios, inundaciones y destrozos, y también han servido para llenar las velas de los navegantes que han llegado a esta tierra sagrada y mágica. Nos traen las nubes que decoran nuestro cielo y riegan nuestra tierra. Limpian nuestra atmósfera y secan nuestros bonitos y volaores.  A veces nos traen frío y en otras ocasiones calor y humedad, pero siempre están ahí. Sin levante ni poniente Ceuta sería distante y diferente. Yo lo prefiero así: con dos vientos que pugnan por conquistar Ceuta y nunca lo consiguen. Cada viento cumple su misión y ambos están presentes en nuestro carácter, algunas veces pesimista como el levante y la mayor parte de las ocasiones alegre y fresco como el poniente. Uno nos invita a la reflexión y el otro a la acción. Uno nos trae malhumor y el otro nos inunda de alegría y emoción. Ambos son rasgos de Ceuta y los quiero como son.

HOMENAJE A LOS MAESTROS SALAZONEROS DE CEUTA

Ayer, durante la gala de entrega de  los premios a la mejor tapa elaborado con salazones de Ceuta, me tocó el extraordinario privilegio de dedicar unas sentidas palabras a nuestros maestros salazoneros. Bien saben nuestros queridos maestros, que ellos han  sido los inspiradores de este proyecto, que con tanta ilusión hemos emprendido un grupo de personas amantes, como ellos, de Ceuta y su mar.  Fue el aprecio y el cariño de nuestro presidente Keke Raggio por este entrañable grupo de grandes sabios y maestros del mar y de la vida, lo que le animó a poner en marcha esta iniciativa al que nos hemos ido sumando otras personas y amigos. Sin la vocación y el entusiasmo de Keke, sin su trabajo y dedicación, no habríamos llegado tan lejos en tan poco tiempo. Keke, querido amigo y compañero, con su empeño y trabajo no ha hecho otra cosa que devolver el amor y el cariño que le dispensaron este querido grupo de maestros.

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Ellos representan la esencia y la personalidad de Ceuta. Una personalidad salpicada de sal, la misma que ellos con enorme maestría y celoso secreto vierten sobre volaores y lomos de pescado. El mar es elemento identificador e identitario de Ceuta. Somos una ciudad que surgió del mar y para el mar. El mar ha sido la principal fuente de subsistencia y riqueza de esta tierra sagrada, mágica y bella. Somos un pueblo de mar. La pesca y los pescadores han sido los componentes económicos y antropológicos que esta pen-insula, de esta casi isla, abrazada por el mar y acariciada por el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico.

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Nuestros maestros salazoneros, a los que esta noche rendimos justo tributo y reconocimiento, encarnan el carácter genuino de los ceutíes. Son personas bondadosas, habilidosas, con una elegancia única en el trato con los peces y en la relación con sus amigos y familiares. Las volaeras son mucho más que secaderos de pescado. Son puntos de encuentro de los amantes del mar y de la vida. Siempre encontraran en estas volaeras una banqueta en la que sentarse, un vaso de vino o de cerveza que beber y un trozo de lomo salado o de volaor que degustar y, si el ambiente acompaña, un fandanguillo o una alegre malagueña que cantar. Aquí siempre podrás vivir experiencias sensitivas y emotivas únicas que nosotros, desde este proyecto, queremos convertirlas en productos turísticos sólo aptos para almas sensibles.

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Nuestros maestros salazoneros son fervientes adoradores de la Virgen del Carmen. Saben que la Gran Diosa Madre es la protectora de los pescadores y navegantes. Pero saben también que la naturaleza no regala nada. El trabajo del pescador es duro y sacrificado, y al mismo tiempo gratificante. Quien se ha embarcado alguna vez quiere al mar, pero lo respeta. La ética es un principio básico entre las gentes del mar. Una tripulación es una gran familia cuya supervivencia depende del compañerismo y el apoyo mutuo.

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Nuestros maestros salazoneros no tienen títulos universitarios que colgar en sus paredes ni líneas que incluir en un curriculum, pero tienen algo mucho más importante. Tienen amor por su tierra y por el mar, saben apreciar la belleza y son portadores de una enorme sabiduría. ¿Cuántos de nuestros jóvenes conocen el firmamento como estos humildes maestros salazoneros? ¿Cuántos sabrían orientarse en el mar en una noche de niebla? ¿Cuántos miran al cielo y reconocen el lucero del alba o el lucero de prima? ¿Cuántos sabrían distinguir un boquerón de una sardina? ¿Cuántos saben leer la superficie del mar y la brisa marina? ¿Cuántos saben qué es el taro o la calima? Sí, todos estos saberes y muchos más residen en la memoria y en el corazón de estos hombres generosos y amantes de su tierra.

Gentes del mar

Gentes del mar

Todos nosotros les debemos respeto y admiración a estos hombres, a sus mujeres y a sus familias. Debemos alzar la voz para reivindicar su trabajo y estamos llamados a trabajar de manera sinérgica para conservar esta tradición milenaria. Los empresarios de la restauración y la hostelería que habéis participado en este concurso de la tapa estáis contribuyendo de manera activa a la conservación de este arte culinario.

Si conseguimos nuestro objetivo de  conservar esta tradición será gracias a nuestros maestros salazoneros y a las nuevas generaciones que tomen su relevo. Es una labor a la que todos estamos llamados a contribuir.

Sólo me queda algo que decir. Quiero que sepáis, queridos maestros salazoneros, que os admiramos y os queremos. Nos habéis acogido por cariño y generosidad. Sentiros orgullosos de lo que sois y representáis. Porque vosotros encarnáis la verdadera y genuina personalidad de Ceuta. Viva Ceuta y viva la Virgen del Carmen.

 

LAS FLORES DEL MAL

Resulta difícil abstraerse de los atentados terroristas perpetrados por un grupo de fanáticos en el mismo corazón de París. Buscaron sembrar el terror y hay que reconocerles que lo han conseguido, ¡Pero a qué precio más alto! Ciento veinte y nueve personas han perdido la vida en una cadena de acciones terroristas inspiradas en la crueldad y el odio. Como en cualquier acontecimiento traumático hemos pasado por varias fases emocionales: primero, el miedo. Luego, la profunda tristeza. Y, finalmente, la respuesta ante este tipo de hechos violentos. Por medio, solemos olvidar el necesario análisis de las causas y las consecuencias de estas acciones terroristas. Hacer el esfuerzo de analizar las motivaciones terroristas no supone de ninguna de las maneras justificar ni mucho menos disculpar estas execrables acciones criminales. Todos los países cuentan con analistas encargados de estudiar la realidad geoestratégica, la situación de la economía mundial o los conflictos sociales. Con el ascenso del terrorismo internacional este tipo de agencias de información y análisis no han dejado aumentar sus plantillas e incrementar sus medios técnicos.

El mundo se ha vuelto cada día más complejo. Los hilos que conforman el tejido social y económico están tan entrelazados que no somos capaces de distinguirlos a simple vista. Algunos, siguiendo el ejemplo de Alejandro Magno, quieren deshacer el nudo gordiano de un contundente tajo. Otros, por el contrario, preferimos estudiar primero la compleja madeja, identificar los hilos principales que la forman y trazar un plan para deshacerla sin romperla. La actitud de Alejandro Magno transmite la imagen de firmeza y contundencia. Mientras que la segunda, propia de su maestro Aristóteles, está basada en el estudio, la paciencia y el uso equilibrado y selectivo de medios. Los alejandrinos, por llamarlos de alguna manera, dejan a su paso una montaña de cabos sueltos y rotos. Mientras que los aristotélicos, conocidos como peripatéticos, deshacen con maestría la madeja y ésta sirve para reconstruir el tejido dañado de una manera más simple y eficaz.

El mundo se ha convertido en un gran nudo gordiano de hilos entrelazados que conforman una complejísima, gruesa y asfixiante telaraña alrededor de la tierra. Todos estamos atrapados en esta telaraña y no sabemos cómo escapar de ella indemnes. Nuestros esfuerzos por escapar de la telaraña no hacen más que engancharnos y llamar la atención de la poderosa araña que la ha diseñado y tejido. La estrategia más inteligente para sobrevivir consiste en no moverse demasiado y romper con calma y sigilo los hilos que nos mantienen atrapados en la red. Tenemos que desenmarañarnos de la telaraña afirmando, como dijo Mumford, nuestra primacía “en actos silenciosos de deserción física o mental, en gestos de inconformismo, en abstenciones, restricciones e inhibiciones que nos liberen del pentágono del poder”.

La estrategia alternativa, mucho menos inteligente, consiste en cortar a machetazos el nudo gordiano. En apariencia algunos creen que, de esta drástica forma, se han salvado de la telaraña. Sin embargo, como si de una maldición se tratara, surge en torno a ellos una red aún más asfixiante confeccionada con dogmas y doctrinas tan férreos que agotan la vida. La savia vital no llega a sus corazones y estos se llenan de maldad. La verdad no puede florecer en sus mentes y la imaginación es incapaz de dar frutos creativos y artísticos. Llegan a odiar la vida y quieren acabar con ella allí donde se presenta. El amor, la sabiduría y la belleza son sus principales adversarios. No toleran los gestos de amistad, enamoramiento, simpatía, humor o empatía. La ciencia, la filosofía, la educación y la cultura son un peligro para el mantenimiento de su visión totalitaria del mundo. El patrimonio cultural, la poesía, el arte, la música, la literatura, el teatro o la danza no son frutos para estos neo-bárbaros de la inspiración de las Musas, sino del diablo. Las mujeres que representan la inspiración, la intuición, el despertar espiritual y la belleza sublime son degradadas a su condición de procreadoras y facilitadoras de placer sexual.

El siglo XX fue el de los totalitarismos políticos. El nuestro, el siglo XXI, apunta al totalitarismo económico y religioso. El primero, el económico, amenaza con destruir la tierra. El segundo apunta a la deshumanización y a la involución humana hasta momentos pre-racionales. Los dos avanzan de la mano dejando a su paso un rastro de devastación y muerte. El totalitarismo religioso yihadista comparte algunas características con los movimientos fascistas del pasado siglo: la exaltación y el uso sistemático de la violencia, la justificación de la eliminación de los “infieles”, su derecho a expandirse territorialmente, el antisemitismo y la utilización de complejos métodos y técnicas de propaganda y adoctrinamiento. No obstante, presenta algunos rasgos distintivos: la ausencia de líderes carismáticos, más allá de personajes como Bin Landen; la inexistencia de una organización jerarquizada y bien estructurada; su carácter orgánico al funcionar mediante células de implantación internacional que pertenecen a un mismo organismo, pero son autónomas en su funcionamiento;  la inmolación voluntaria; etc…

Los totalitarismos adquieren su propia personalidad a partir del sustrato cultural en el que nacen. El fascismo nazi partió del rechazo a la democracia y al pensamiento ilustrado. En un contexto de profunda crisis económica y social surgió un líder carismático que ejerció como un “terrible simplificador” de la realidad. Hitler encarnó “la voluntad de poder” que Nietzsche había identificado como un rasgo propio del pueblo alemán. Esta voluntad se articuló en la organización de un partido fuertemente jerarquizado que sirvió de base para la constitución del Estado Nazi. Tanto el pensamiento como la acción política tenían un único propósito: el poder. La ciencia, la filosofía, incluso el arte, fueron reorientados hacia el incremento del poder militar, el reforzamiento del pensamiento totalitario y la propaganda política. Resulta inquietante que hasta en la época de máxima potencia del nazismo la ciencia, la cultura y el arte siguieron alimentándose por el régimen nazi, pero dirigida hacia sus perversos fines totalitarios.

El nuevo totalitarismo de corte religioso desprecia profundamente la ciencia, la cultura y el arte. Destruyen yacimientos arqueológicos, monumentos y sitios históricos sin piedad. Persiguen y asesinan a quienes promueven la educación y la filosofía. Impiden cualquier atisbo de imaginación creativa. Coartan la libertad de expresión y prohíben la participación en la política. No hay más ley que la divina ni más justicia que la venganza y el ajusticiamiento criminal. Y la mujer siempre se lleva la peor parte. Es violada, asesinada y humillada. Son todas formas extremas de una ideología que contiene en su simiente unos ideales éticos, políticos, sociales y culturales alejados de la libertad individual y colectiva; de la búsqueda de la verdad y el progreso de las ciencias y las humanidades; de la educación y el cultivo cultural; del arte y la belleza. Resulta ser la semilla que cuando germina ofrece las “Flores del Mal”.

REGRESO AL EDÉN

Ceuta, 20 de noviembre de 2015.

Debe ser por la ausencia de viento que hoy, en Ceuta, podamos disfrutar de una agradable sinfonía de fragancias. Saliendo de la casa me ha llegado un interior olor a incienso. Al pasar por el Sarchal olía a hierba fresca y a flores. Ahora, sentado aquí, en la Cala del Amor, huelo el intenso a mar.

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El mar está en perfecta calma, sólo alterada por pequeños insectos que se deslizan por la superficie marina.

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La lenta navegación de un kayak asusta a un cormorán que inicia la maniobra  de despegue.

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Hasta la gaviota que suelen estar graznando permanecen silenciosas y calmadas. Se escucha el leve murmullo de la marea para recordarnos que la vida continúa con su ritmo armonioso.

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La naturaleza, en este estado de reposo, invita a la reflexión y la meditación. Durante unos minutos cierro los ojos y comienzo a tomar conciencia de mi respiración, que la sincronizo con el batir del mar. Aprovecho este momento para limpiar mi mente y situarme en el aquí y en el ahora. Al abrir de nuevo los ojos me inunda una agradable sensación de bienestar y paz. Me fijo en la ondulante superficie del mar y dejo abierta mi mente. Cuando lo hago comienzo a reflexionar sobre mis sentimientos. Lo que siento cada vez con más fuerza es la intensa comunión con la naturaleza. Me cuesta pensar si no estoy en ella. Sé que la verdadera bondad, la verdadera verdad y la verdadera belleza residen en la naturaleza. En su compañía descubro quién soy y cuál es el sentido y significado de la vida. Estamos aquí para percibir y sentir la vida. Estas experiencias vitales nos hacen ser felices y estar alegres. Es la justa recompensa que nos otorga la vida por estar abierto a ella. Somos el medio de expresión de la naturaleza. Se sirve de nosotros para comunicarnos la Verdad.

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Los seres humanos podemos hacer mucho más que vivir experiencias sensitivas y sentimentales. Podemos transmutarlas en el crisol de nuestra alma para convertirlas en ideales, ideas y sueños. Guiados por la bondad, la verdad y la belleza estamos en condiciones de modificar la realidad con el fin de conformar un entorno ambiental y urbano donde podamos tener la oportunidad de lograr una vida digna, rica y plena. Hemos venido a este mundo para “cultivar nuestro jardín” y hacerlo lo más parecido al Edén del que fuimos expulsados por nuestra vanidad y arrogancia.

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En esta Cala del Amor,  tomando como testigo a este mar y a este cielo, renuevo mi compromiso con la defensa, estudio, difusión y restauración de la naturaleza. Ceuta es la ciudad en la que nací y vivo. El compromiso que acabo de renovar es con este lugar y con las personas con las que comparto este mismo espacio.

La naturaleza de Ceuta, como la del resto del planeta tierra, precisa de personas que la aprecien,  escuchen y sientan. De personas que la amen, la estudien, le escriban poesía, la pinten, la esculpan y el compongan canciones y melodías.  De personas que alcen su voz por ella y sean capaces de cooperar con otros ciudadanos para conseguir sus objetivos individuales y colectivos. De personas dispuestas a dedicar su vida a ella y a contribuir a su reconstrucción. De personas de mirada limpia que observen el firmamento y tomen conciencia de que somos un diminuto punto en el planeta y en el cosmos, pero igualmente conocedores de que todo está relacionado, por lo que todo lo que decimos y hacemos tiene una repercusión planetaria y cósmica.

Ceuta tiene muchas posibilidades latentes para contribuir a la empresa colectiva de despertar a una nueva conciencia y a la permanente renovación de la vida.

HACIA EL SER HUMANO UNIFICADO

Visto desde una perspectiva más amplia, lo que esta ocurriendo en distintos puntos del mundo como el incremento de los radicalismos es un resultado más de un proceso inevitable: la aparición de un ser humano unificado y una nueva cultura mundial. Algunos se resisten de forma violenta y fanática a este proceso. Se muestran contrarios a asimilar los aportes de las demás culturas. No se dan cuenta de que pertenecer a una sola religión o una sola profesión sin un ápice o mezcla del mundo de más allá le impide participar en esta imparable transformación del ser humano. Todas las culturas y religiones del pasado pasaron por un momento crítico de integración. El cristianismo dió cabida a mitos persas y egipcios, a la filosofía griega y la organización romana, así como el Islam admitió las enseñanzas de Moisés, Zoroastro y Jesús. Ahora nos toca alcanzar una integración mayor, quizás la definitiva. Como decía Mumford en “su integridad misma, el hombre y mujer del Mundo Único parecerá ideológica y culturalmente desnudo, casi inidentificable. Será como los santos jainista de la antigüedad, que estaban “recubiertos de espacio” y su desnudez será señal de que no pertenece a ninguna nación, grupo, oficio, secta, escuela ni comunidad. Quien llegue al plano de la cultura mundial, se sentirá a gusto en cualquier parte de esa cultura, en su mundo interior no menos que en su mundo exterior. Todo lo que haga, o sienta, o construya llevará la marca de ser más vasto que ha hecho suyo”.

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DE LA CIUDAD DE LA DESTRUCCIÓN A LA MONTAÑA DE LAS DELICIAS

El cielo está igual de gris que mi ánimo. Anoche toda la familia estuvimos viendo el Canal 24 de RTVE y atentos a las páginas web de los periódicos para conocer los detalles de los ataques terroristas perpetrados en el mismo corazón de Paris. Las noticias que recibíamos nos dejaron a todos sin habla. La cifra de asesinados no dejaba de crecer y el caos se apoderó de la capital de Francia. Los asesinos habían conseguido su objetivo: provocar el desconcierto y el pánico.

Este tipo de actos terroristas ocasionan un grave daño en nuestro estado psicológico. Caemos en un estado de shock. Nos cuesta asimilar que algo así pueda estar ocurriendo en las calles de la cuarta potencia mundial. No terminamos de entender  que haya personas dispuestas a asesinar, con sangre fría, a personas desconocidas. La vida es demasiado valiosa para que alguien te la arrebate de una manera tan cruel y despiadada. Si lo hacen es porque para estos asesinos la vida de los demás no tiene valor algo. Ni siquiera la suya propia. Están dispuestos a sacrificarla por unos ideales contrarios a la bondad, la verdad y la belleza. Su criminalidad es el resultado de un pensamiento viciado. Nada tiene que ver con las condiciones económicas y sociales de estos asesinos. Es, principalmente, una cuestión de carácter individual e ideológico. La sociedad está exenta de cualquier responsabilidad por esta clase de comportamiento antisocial. Estamos ante un problema de orden ético.

Los ideales religiosos tienen un fuerte componente ético. En los libros sagrados de las principales religiones del mundo, e incluso labrados en piedra, figuran los fundamentos y los principales éticos que deben seguir sus creyentes. Todas las religiones llamadas del Libro comparten su carácter patriarcal y sus rígidas doctrinas. Los patriarcas de estas religiones consideraban necesario salvaguardar la Verdad Suprema impidiendo cualquier búsqueda individual de la verdad. El Islam fue especialmente hábil en este objetivo estableciendo que su libro sagrado, el Corán, había sido directamente dictado por su Dios. No hay posibilidad de interpretación. Cuestionar el Corán es lo mismo que poner en duda la palabra divina.

El islam carece, según Waldo Frank,  de “la autonomía del sistema para la creación de las ideas, por medio de la cual la vida se recrea. El lenguaje literarios de los árabes es el mismo que el del Corán, porque el dogma declara que la maraña de los escritos de Mahoma es perfecta, y….¡Quién se atreverá a cambar lo que es perfecto!. Se puede decir que “la idea del islam ha impedido su propio crecimiento”. Esta muerte por inanición, que es patente en el Islam moderno, está ya implícita en su origen.

 Desde mi punto de vista,  es necesario que los musulmanes aborden una profunda autocrítica en torno a la idea que sostiene su manera de entender la vida…y la muerte. Tarea harto complicada si no son capaces de romper los férreos vínculos que les unen con unos textos que fueron redactados para que nunca fueran cuestionados o interpretados. Lo único que podemos solicitar a los musulmanes es que, si ellos mismos no son capaces para salir de la cárcel ideológica en la que se han cerrado de manera voluntaria,  al menos permitan que quienes estamos fuera de su “idea” podamos ayudarles a escapar de un presidio del que nosotros pudimos salir hace varios siglos por medio de la ilustración y la razón.

No existe la Verdad Absoluta. Esta supuesta Verdad Absoluta ha sido la excusa que siempre han utilizado unos pocos para imponer su voluntad a los demás. La verdad siempre es una búsqueda. No hay nada inmutable en el cosmos. Todo está en continuo proceso de evolución y transformación. No podemos aferrarnos a un moribundo cuerpo doctrinario ni a una identidad tribal para no hundirnos en el proceloso y agitado mar de la imparable mundialización. Para sobrevivir al tsunami de un tiempo acelerado debemos nadar animados por la fuerza del amor hacia formas de belleza y verdad. Algunos se empeñan en nadar contracorriente y esto sólo les provoca odio y rencor.

Un requisito indispensable para la búsqueda de la verdad y el progreso individual y colectivo es la libertad. Una libertad de la que tenemos que dar un buen uso y estar dirigida a un fin elevado. Este fin no es otro que alcanzar la sabiduría y lograr una vida digna, plena y rica. Las leyes tienen como principal objetivo regular esta libertad individual para que no afecte al Bien Común.

Para que todos tengamos la posibilidad de desarrollar todo nuestro potencial y contribuir de este modo a la renovación de la vida surgió el concepto de igualdad. Una igualdad de origen, pero no de destino. Todos nacemos iguales en dignidad y tenemos que asegurarnos de que todas las personas puedan acceder a la mismas oportunidades de gozar de un entorno ambiental, económico y social acorde con la condición humana.

Como seres sociales contamos como atributos esenciales nuestras capacidades de comunicación, cooperación y comunión, los cuales dependen, a su vez, de símbolos comunes que nos aportan significado, función y valor. Precisamente por el esfuerzo que hacemos para lograr significado, forma y valor se realizan las potencialidades del ser humano y su verdadera vida es elevada, a su vez, a un potencial superior.

La comunión a las que nos referíamos con anterior es la misma que figura en el lema de la República francesa bajo el apelativo de fraternidad. Los seres humanos, más que nunca, estamos en común unión (comunión). Nos enfrentamos a retos mundiales que requieren respuestas globales. Nuestro destino individual depende cada día más del estado general del mundo. No tiene mucho sentido que sigamos empeñándonos en esta disparatada lucha por imponer a los demás nuestras ideas y nuestra voluntad de poder estéril y de dinero superfluo.

Si deseamos vencer al terrorismo islamista tenemos que hacerlo reforzando nuestro esfuerzo consciente en el surgimiento de una espiritualidad omniabarcante y cosmopolita que deje atrás a las religiones doctrinarias y tribales. Libres de estas ataduras mentales debemos emprender el cultivo del amor a la vida y el fomento de la bondad entre los seres humanos. No estamos hablando de un amor bucólico, sino de una bondad en acción. Esto supone trabajar de manera constante y persistente por las mencionadas libertad, igualdad y fraternidad.

De igual modo, debemos poner toda nuestra capacidad intelectual al servicio de la síntesis científica y filosófica que nos lleve a la sabiduría. El amor, la sabiduría y el arte son la base de un Mundo Nuevo que debemos construir de manera sinérgica entre todos los hombres y las mujeres de buena voluntad.

Pasado el duelo por la pérdida de tantas víctimas inocentes en los atentados de Paris, y en otros lugares del mundo, no podemos caer en el desaliento. El nuestro no es un tiempo para hombres y mujeres de corazón débil. No importa lo accidentado de los obstáculos a los que nos enfrentemos.  Debemos seguir adelante, no cómo el Peregrino de Bunyan, atendiendo a los Sabios Mundanos que son torpes ante el peligro y temorosos ante la promesa de un Mundo Nuevo.

Ayer volvimos a ver la Ciudad de la Destrucción, pero si no nos hundimos en el Pantano de la Desconfianza podemos encontrar el camino a las Montañas de Delicias y a esa hermosa tierra donde el sol brilla día y noche. Las sombras que ahora nos rodean establecen la altura de la cima que tenemos que alcanzar.

LA LUZ QUE ILUMINA MI INTERIOR

Ceuta, 13 de noviembre de 2015.

Después de releer esta mañana algunos pasajes de mi libro “El renacimiento de la Gran Diosa. Epifanía ceutí”, he decidido que mi siguiente libro se titulará “Bosquejo de un Mundo Nuevo”. Mi intención en esta nueva obra es dibujar el cuadro general de un Mundo Nuevo. Más que un  cuadro nuevo podemos decir que se trata de la restauración de un antiguo. No hay más que un  solo lienzo: la tierra. Hasta ahora los seres humanos hemos actuado como un  pintor diletante que empieza a dibujar sin tener en cuenta el alto valor del lienzo  y sin analizar el paisaje que desea representar con su obra. Resulta muy difícil llegar a ser un buen artista sin una correcta educación de la mirada y sin una amplia experiencia de la belleza y la bondad.

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“Para llegar a ser un autor de obras que perduren, para no hablar de un artista en su labor”, dijo Patrick Geddes, “debe conocer verdaderamente su ciudad y haber entrado en su alma”. No sólo debemos conocerla, tenemos que estar enamorado de ella cómo yo lo estoy de la mía. Cada día te quiero más, Ceuta mía ¿Cómo no voy a quererte si me lo has dado todo? Me has regalado la vida. Has estado presente en mis dos nacimientos: el físico y el espiritual. Tu luz ha iluminado mi interior y así he podido ver todo lo que contenía. Ahora que he contemplado la riqueza que todos llevamos dentro quiero mostrarla con orgullo y satisfacción. No son joyas, ni oro ni tesoros perdidos. Son algo mucho más valioso: el gozo de la vida, la profunda emoción de sentirse participe del cosmos y co-creador del supremo drama del universo.

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Tenemos la posibilidad de acercarnos con el pensamiento a la verdad de la naturaleza y con los sentidos a su belleza. La naturaleza es la gran metáfora de la divinidad. La Gran Diosa se manifiesta a través de la belleza natural de nuestros mares, bosques y montañas. En todos estos lugares, alejados del mundanal ruido, podemos escuchar las palabras inspiradora de Minerva. Al igual que el Prometeo de Goethe, la Gran Diosa:

“es para mi espíritu,

Lo que él para sí […].

Siempre como si mi alma

a sí misma se hablara […].

Y así yo mismo no era yo mismo.

La que hablaba era una divinidad,

Cuando me imaginaba que yo hablaba.

Y cuando hablaba una divinidad,

era yo mismo quien hablaba.

Y así contigo y conmigo,

Tan uno, tan íntimo”.

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La Gran Diosa se comunica a través nuestra y no podemos desatender lo que nos dice y lo que nos manda. Cada uno tenemos una misión encomendada por la Gran Diosa, y si no la cumplimos estamos perdidos. La mía está siendo desvelar la verdadera personalidad de Ceuta y presentarla a los propios ceutíes y al resto de mundo. Ceuta contiene muchas posibilidades latentes a las que no hemos prestado suficiente atención.

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Siendo Ceuta un  lugar sagrado y mágico, no difiere en belleza con otros rincones de la tierra. Lo que yo digo sobre Ceuta y hago para despertar su espíritu lo pueden y deben hacer otras personas por el lugar de su nacimiento o por el sitio donde les ha tocado vivir. La Gran Diosa hizo la tierra diversa para alentarnos en nuestra particular búsqueda de la verdad y la belleza. Quizá sea poco lo que cada uno podemos hacer, pero poco que sea debemos hacerlo. Un pequeño gesto, una palabra dicha en el momento preciso o escrita en un instante de epifanía puede cambiar el mundo. Debemos dejarnos llevar por nuestra intuición. Ella es más sabia que todos los libros escritos. Hay que confiar en la intuición y en la imaginación. Sólo los soñadores somos hombres y mujeres prácticos. Imaginar un Mundo Nuevo es empezar a darle vida. Las grandes ideas siempre han nacido en la cabeza de unos pocos hombres y mujeres idealistas y soñadoras. Soñar es vivir con esperanza e ilusión. Quienes son capaces de convertir estos sueños en realidades son los verdaderos genios y héroes que necesita la humanidad.

ALGO MÁS QUE HUESOS

Ceuta, 14 de septiembre de 2015.

Acabo de llegar al Museo del Mar. Me encuentro mejor que en mucho tiempo. La caminata desde mi casa hasta aquí me ha sentado fenomenal. Quería dejar constancia por escrito de la sensación de bienestar físico y psíquico que experimento en este instante.

Una vez en el museo he pensado que igual era el momento de recopilar todos los artículos de mi diario en los que he narrado mis contactos íntimos con la naturaleza. Creo que pueden servir para que otros descubran, como yo lo hecho, la magia de la vida. Casi todos mis escritos han sido redactados entre Ceuta y Granada, aunque son mayoría lo que tienen como escenario y protagonista a Ceuta.

Estoy convencido de que el lugar es lo de menos. Yo hablo de temas universales y lo hago a través de mí mismo. No me importa reconocer que vivo “ensimismado”. Me canto a mí mismo siguiendo los pasos dejados en el suave firme de la tierra por Walt Whitman.

Henry David Thoreau tituló a su obra más íntima “Walden”, nombre de la laguna en cuya orilla construyó una cabaña en la que vivió dos años de estrecho contacto con la Madre Tierra. Yo a mi libro lo voy a titular “Ceuta: el renacimiento de la Gran Diosa”.

Walden y Ceuta poco o nada tienen que ver, pero ambos lugares tienen algo en común. Algo que nos une a todos los seres vivos: la naturaleza y la vida, que viene a ser lo mismo.

A Thoreau, Whitman, Emerson, Goethe, Geddes, Mumford y a mí mismo nos separa el tiempo y el espacio, pero nos une una misma aspiración por encontrar un significado a la vida. Todos, en algún momento de nuestra existencia, hemos oído el susurro de nuestra alma y nos hemos parado a escuchar lo que tenía que decirnos. Al hacerlo se nos ha revelado una visión compartida y una misión particular. La mía cada día está más clara. La espesa niebla que no me dejaba ver el camino de mi vida se ha disipado con el paso del tiempo.

Nací y vivo en Ceuta. Hablo de ella y de mí mismo porque son el lugar y la persona que mejor conozco. Sin embargo, el argumento de mis escritos tiene vocación cosmopolita. Como dice mi admirado Javier Gomá en uno de sus artículos “lo quiero todo”. Huyo, como de la peste, de las visiones parciales. Quiero ver el mundo sin anteojeras y quiere escuchar todas las voces sabias. Quiero probar todos los sabores de la vida. Quiero sentir y tocar todas las formas de vida. Quiero quedarme con lo esencial. Digo, o más bien escribo esta reflexión delante del enorme esqueleto de un rorcual aliblanco. Sus carnes y sus vísceras desaparecieron unos meses después de morir, pero sus huesos han quedado como testimonio de su existencia. Los seres humanos dejamos también nuestros huesos sobre la tierra. Los enterramos por respeto a la vida y para recordar a la persona a la que sus huesos dieron consistencia y, de esta forma, le permitieron moverse por la vida sin arrastrarse y con dignidad. El destino de nuestros huesos están unidos al recuerdo que hemos logrado dejar entre nuestros familiares y vecinos. Cuando esta memoria desaparece los huesos terminan en un osario.

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No obstante, los seres humanos podemos dejar sobre la tierra mucho más que un simple montón de huesos y un recuerdo efímero. Podemos dejar pensamientos y hazañas. Un hilo rojo une a todos los pensadores, escritores, poetas y artistas que ha dado la humanidad. A través de este hilo nos comunicamos las distintas generaciones de personas que hemos sentido y escuchado la voz de las Musas. Ellas, desde el Parnaso, han dictado nuestros escritos, poemas y partituras; han guiado la mano que escribe, esculpe, pinta, moldea o toca el piano; han tomado el cuerpo y la voz de los actores; han marcado el ritmo de los bailarines y bailarinas,….Y han hecho mucho más. Han conseguido emocionarnos, animarnos a la búsqueda de la verdad; nos han empujado a alzar la voz contra las injusticias; han contribuido a la comunicación y la cooperación entre los hombres y las mujeres de buena voluntad; han cultivado nuestros pensamientos y nuestros paisajes; nos han guiado hasta la comprensión de la totalidad del cosmos.

Las Nueve Musas que inspiran nuestra vida plena efectiva no son otra cosa que las distintas formas en la que se nos presenta la Gran Diosa Madre.

Patrick Geddes fue el que me abrió el camino de la vida  y me prestó sus “máquinas pensantes” para que pudiera orientarme y descubrir la senda que el destino había señalado para mí. No quiso Geddes desvelar muchos detalles sobre el secreto que había descubierto durante sus meses de ceguera física y de iluminación espiritual. Por este motivo su diagrama de la espiral de la vida ha sido ignorado y olvidado. Pero él sabía que, tarde o temprano, alguien daría con este diagrama y sabría interpretarlo y difundirlo.

Cuando conseguí  interpretar la espiral de la vida y descubrí la clave de las Nueve Musas llegó el momento de la gran revelación. La Gran Diosa Madre se me apareció en forma de colgante y tótem mágico. Una imagen de la Gran Diosa, revelada, oferente y fecundante, llegó hasta mis manos para anunciar la próxima renovación de la vida.

Aún queda más por serme revelado. El mensaje tenía que ser claro. La dicotomía entre el aspecto femenino y masculino que rige el cosmos y la vida tienen que superarse para lograr la reconciliación entre nuestro “animus” y nuestra “anima”.

El betilo esculpido en la negra roca del Sarchal, donde tantos momentos de inspiración he vivido, se me presentó en su aspecto esencial y primigenio. No conozco otro ídolo en el que la conjunción de lo femenino y lo masculino se haya representado con tanta claridad. La parte inferior del betilo, que simboliza lo femenino y lo inconsciente, es lo más importante en tamaño. Un puño cerrado esculpido en uno de sus laterales denota el poder de la naturaleza y los secretos que guarda para aquellos que se acercan a ella con respeto y curiosidad.

Como la base de un iceberg, la parte femenina del betilo permanecía enterrada. Solo asomaba la punta fálica de la razón y lo consciente. Paradójicamente fue una máquina excavadora, símbolo de la capacidad destructiva de la naturaleza por el ser humano, la que la rompió en varios pedazos que quedaron dispersos. Uno a uno, como un puzle, conseguí reunir los fragmentos y reintegrarlos a su lugar. La razón sigue fragmentada, pero ya se ha reintegrado con la parte femenina del betilo y, de manera metafórica, con la de nuestro ser.

Nada es casual. Nada. Todo tiene su porqué. El lugar y el tiempo indicado que esta señal era Ceuta y este año 2015. La persona designada para estos hallazgos intelectuales y arqueológicos he sido yo y me siento, al mismo tiempo,  honrado y abrumado por la enorme responsabilidad que ha recaído sobre mis hombros. Me siento como el mismo Atlante que duerme en las cercanías de Ceuta, pero también me identifico con Ulises, que vivió en la próxima isla de Ogigia antes de que los dioses le permitieran regresar a Itaca. Yo también me siento un aventurero que navega por el ancho mar del pensamiento y de la acción. Yo también he sido raptado por las Musas en nombre de la Gran Diosa. Yo también he emprendido mi viaje de regreso para compartir mi visión y cumplir mi misión.

LLEGAR A SER LO QUE SOY

Ceuta, 8 de noviembre de 2015.

 

Decía Patrick Geddes a sus hijos que “la vida es una espiral, que trabaja durante la semana y descansa los domingos, gozando, soñando, planeando de nuevo”. Hoy es domingo y, por tanto, toca gozar, soñar y trazar nuevos planes. Yo disfruto con cosas muy sencillas: la participación consciente con la naturaleza, la lectura y la escritura, y la compañía de mi familia. Me gusta también soñar con una eutopía en la que el cuidado y la protección de nuestros bienes naturales y culturales sean una prioridad absoluta.

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Sueño con un “Buen Lugar” para una “Vida Buena”.

Sueño con una economía vital y no una centrada de manera exclusiva en la obtención de dinero, poder y prestigio.

Sueño con unos ciudadanos capaces de luchar “por los ideales y cosas sagradas de la Ciudad, a solas con el apoyo de todos” (juramento efébico).

Sueño con una ciudadanía respetuosa con las leyes y normas que nos hemos dado entre todos para una mejor convivencia.

Sueños con unos ciudadanos que valoran sus derechos y cumplen con sus deberes cívicos.

Sueños con unas personas interesadas en la ciencia, la filosofía y la cultura, además de amantes y practicantes del arte en cualquiera de sus facetas.

Para que estos sueños se hagan realidad considero que es indispensable una renovación de nuestros corazones y una reeducación de nuestras mentes. Sólo el amor puede darnos la fuerza necesaria para hacer estos sueños realidad.

Me preguntaba el otro día, ¿Qué es y dónde reside el amor? Y encontré la respuesta en un poema de Goethe: “el amor es en esencia vida/ y el espíritu es vida de la vida”. El amor y la vida son la misma realidad.

GOETHE

La reeducación de nuestras mentes pasa por una educación integral que debe incluir los aspectos sensitivos, experienciales y sentimentales de la persona. Todos, en  especial nuestros niños y jóvenes, tenemos que mantener despiertos nuestros sentidos para gozar de la naturaleza. Nuestras vidas tienen que ser ricas en experiencias gratificantes que faciliten el desarrollo de nuestras capacidades y habilidades. De igual modo, es necesario aprender a amar y respetar a nuestros congéneres y  al resto de las criaturas con las que compartimos la Madre Tierra.

Alcanzado cierto grado de madurez estamos preparados para  lograr las más altas metas del pensamiento. Nuestros ideales espirituales, ambientales, políticos, económicos y sociales marcarán lo que somos y lo que hagamos en el mundo. Estos ideales determinarán nuestra conducta, la generación de nuestras ideas y el florecimiento de nuestra imaginación creativa. Los frutos de nuestros sueños tienen que alimentar y enriquecer la vida cívica. Volviendo a Goethe, éste gran inspirador en mi vida tenía como principio vital “que ha de hacerse lo que se pueda, y debemos hacerlo allí donde estamos, y sin palabrerías. A este respecto, nos advertía Goethe que no debemos hacernos ilusiones, pues sabemos “cuán poco es lo que podemos hacer. Pero es mejor que se haga”. No obstante, podemos hacer con la mejor actitud: “sin ceder un pelo de ser que me conserva por dentro y me hace feliz” (Goethe).

Con la fuerza que nos otorga el amor a la vida, y la propia autoconfianza en lo que somos y en nuestro destino, estamos en condiciones para participar de manera activa en el política cívica, así como en el fomento de la cultura y el arte. En mi caso, procuro enriquecer mi pensamiento con experiencias de contacto íntimo con la naturaleza que registro por escrito y en imágenes para luego compartirlas con los demás. A estas experiencias añado las ideas que me aportan los libros que leo. A partir de estas experiencias e ideas diseño los planes y proyectos que intento poner en marcha para el mejoramiento de mi vida y de la ciudad en la que nací y vivo. El objetivo principal de estos planes es “llegar a ser lo que soy”. Ser capaz, como dice Javier Gomá, de “elevarme a la mejor” sin dejarme arrastrar por la apatía, la indolencia o la resignación. Todo esto no se logra desde la contemplación, sino principalmente desde la acción. No podemos relajarnos ni encerrarnos “en un palacio detrás de muros de cristal” (Goethe). Tenemos que enfrentarnos a la realidad y combatirla con valentía y determinación. Contra el tedio, dice Goethe, “solo ayuda la participación activa en la vida”. “Si quieres gozar de tu valor, combate por conferir valor al mundo”,  escribió Goethe en una carta que envió al joven Arthur Schopenhauer.

Lewis Mumford (1895-1990)

Lewis Mumford (1895-1990)

“Llegar a ser lo que uno es” resulta una tarea ímproba. Se trata de un proceso complejo de autoconocimiento, autoeducación y autotransformación que dura toda la vida, y en la cual todos los aspectos de ella desempeñan un papel. A este proceso educativo los antiguos griegos lo llamaron paideia. Según Mumford, la paideia “es la tarea de dar forma al acto mismo de vivir, tratando toda ocasión de la vida como un medio para hacerse a sí mismo, y como parte de un proceso más amplio de conversión de hechos en valores, procesos en finalidades, esperanzas y planes en consumaciones y realizaciones. La paideia no es únicamente un aprendizaje: es un hacer y un formar, y la obra de arte perseguida por la paideia es el hombre mismo”.

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Lo que más valoramos en una obra de arte es su originalidad, la composición y la armonía entre las formas que la componen. Por este motivo intento ser fiel a mí mismo y busco conformar mi personalidad desde la autodisciplina interna, el equilibrio dinámico,  la individuación y la autonomía. Pienso que cualquier retrato humano necesita de un adecuado marco y de un paisaje natural y humano concreto. Mi paisaje natural es Ceuta y mi paisaje humano mi familia, mis amigos y mis convecinos. Pero desde este cuadro, en lo alto de la montaña del pensamiento, en la que todo es quietud, miro a un horizonte que no tiene fin. Me elevo de la tierra al cielo y desde allí me arrojo de nuevo abajo, o la inversa. Contengo multitudes en mi interior (Whitman) y participo de manera consciente en el reino de la totalidad. Desde lo alto del promontorio de los sueños elevo mi voz y rompo el silencio gritando: “!Lo quiero todo!” (Javier Gomá).