EN EL NOMBRE DE DIOS

A lo largo de la extensa historia del hombre sobre la faz de la tierra y, de manera  más concreta, desde que éste tomó conciencia de su dimensión transcendental, el nombre de Dios ha sido invocado para impulsar la realización de grandes obras creativas (arquitectura, literatura, pintura, etc…) y también para justificar atroces crímenes, genocidios, sangrientas guerras y acciones terroristas, como los que vienen sucediendo, con mayor intensidad, en distintos puntos del planeta desde hace más de una década.

 

            No creo necesario detallar los crímenes cometidos en nombre de Dios ni las complicidades con el mal que se gestaron entre los sagrados muros de los recintos religiosos. Cabe recordar la sentencia de Lutero: “en donde Dios ha construido una iglesia, el demonio construye también una capilla”. Como comentaba Waldo Frank, si le damos la vuelta a la frase, ésta no deja de ser cierta: “en donde Dios levanta el humilde altar en el corazón, allí el demonio  erige una grandiosa catedral”. Y es que, como decía Jeremías Taylor, “la ignorancia es la madre de la devoción”. Completando este razonamiento, el aludido Waldo Frank sentenciaba que “el poder y la posesión son los herederos impostores del conocimiento, a través de la fe, su manceba”.

 

            Antes de continuar conviene que explique mi visión de la condición humana. Partiendo de autores como el mencionado Waldo Frank,  considero que nuestro “yo” está compuesto de tres dimensiones: el grupo, el ego somático y el yo cósmico. Para que el ser humano adquiera la condición de persona plena y supere el habitual estado de individuo atomizado, estos tres componentes del yo deben estar perfectamente integrados y equilibrados. Algo que no sucede en la actualidad. El ego somático, aquello que solemos reconocer cuando hablamos de nuestro “yo”, se ha convertido en protagonista absoluto y ha empujado al ego social y al yo cósmico hasta sacarlo del escenario.

 

            La distinción entre individuo y persona es fundamental para entender lo que queremos transmitir en este artículo. Podemos definir a la persona como “el individuos cuyas funciones, incluidas en las amplias esferas de las dimensiones del grupo y del ego, no están suprimidas, no están deformadas y no son dominantes; sino que están constante e interiormente informadas por este sentido del yo completo en el que lo cósmico es un vector activo” (Waldo Frank). Pues bien, cuando la idea de Dios toma cuerpo en un individuo fraccionario, Dios pasa a ser una mentira, que puede convertirse en locura violenta, en la cual las dimensiones del ego y del grupo usurpan la energía de lo cósmico, que es esclavizada por los impulsos del ego y  la inercia del grupo, haciendo ondear los estandartes de Dios.

 

             Con un nombre tan corrompido como el Dios, ¿Por qué no abandonarlo? ¿Para qué seguir reteniendo su nombre tan veces esgrimido para justificar todos tipo de crímenes, felonías y  ataques a la libertad de acción y pensamiento? Creo que hay razones fuertes para retenerlo. La primera es satisfacer algunas de las necesidades fundamentales desde el punto de vista de la realización de la vida: las necesidades de orden, continuidad, significación, valor, objetivos y designios. Unas necesidades de las que han surgido la religión, y también el lenguaje, la poesía, la música, la ciencia y el arte. Por tomar un ejemplo de las necesidades citadas, la de continuidad, renunciar al nombre de Dios supondría cortar los vínculos históricos con los innumerables hombres y mujeres para los que Dios, sea de la confesión que sea,  fue el nombre de la revelación más real de la vida. Abandonar a Dios porque las instituciones, los individuos y las naciones han calumniado la palabra con sus acciones, sería como aconsejar al niño que abandone la postura erecta del hombre porque sus primeros intentos han fracasado.

 

Dios, y en esto estoy de acuerdo con Waldo Frank,  debe ser consolidado, no abandonado. Debe ser definido de nuevo, no abstractamente, por medio de otra palabra, sino por la experiencia y en la experiencia. En esta renovación concepción religiosa, Dios deba convertirse en sustancia dinámica de nuestra imaginación, tomando precauciones para que su nombre no sea usurpado por los impulsos del ego y del grupo. Unas dimensiones del ser humano que se mueven, en muchas ocasiones, impulsados por la fuerza del poder y cuyo objetivo es imponer su voluntad, ya sea individual o grupal.

             Algunos parecen que han olvidado ciertas lecciones de la historia. ¿Es que nadie recuerda ya los altos niveles de difusión de la fe en la época de Hitler? Lo que quiero decir con esto es que el nombre de Dios, fuera de la persona integrada y equilibrada, se convierte en una excusa para los movimientos fascistas y totalitarios. Las perversiones teológicas fueron y continúan siendo un fenómeno característico del fascismo. Por este motivo, debemos poner todo nuestro empeño en combatir las desviaciones del sentido transcendental, místico y universalista de las religiones. Y lo tenemos que hacer, cada uno, como integrante de un determinado grupo o simple individuo, en el seno del marco religioso del que nos consideramos integrantes. Para evitar la crítica externa que puede herir nuestro orgullo personal y grupal es necesario permanecer siempre alerta, en un proceso de continuo de autocuestionamiento y autocrítica. No hay otro camino para el crecimiento y desarrollo humano.

            Una última reflexión dirigida a todos, sin excepción. El auge de los fascismos en el pasado siglo XX no hubiera sido posible si no hubiera encontrado el silencio cómplice de unos bárbaros pasivos que habían perdido el dominio de los valores humanos centrales y no encontraron ninguna razón para arriesgarse al dolor o  a la muerte en la defensa de los ideales humanos. Los fascistas de todos los tiempos, incluidos los religiosos, se han servido de la cobardía moral y la corrupción íntima de lo que hoy llamamos “mayoría silenciosa” para llevar adelante sus maléficos planes. Lo más flagrantes crímenes de los fascistas han sido ampliados por la pecadora indiferencia,  por la despiadada indiferencia, por la pecadora pasividad, de los no fascistas.

OJOS ABIERTOS A LA NATURALEZA

El frenético ritmo que impone los actuales tiempos a nuestra vida nos impide percibir la vida que nos rodea en sus múltiples formas. Nuestros sentidos están mutilados, amputados, anestesiados ante la belleza que nos rodea y la vida que palpita en el mar que nos rodea, el suelo que nos nutre y el cielo que nos envuelve con su manto azul.

Siento un enorme placer contemplando nuestros luminosos y coloridos amaneceres, el temprano canto de los pájaros y la sombra de las gaviotas en las ventanas de mi estudio.

Amanecer desde mi ventana

Amanecer desde mi ventana

Cada día me gusta pasear más por las calles de Ceuta con los ojos abiertos y el corazón henchido ante la belleza de nuestra ciudad. Así descubro las numerosas aves que se esconden entre las ranuras de los edificios y los árboles que aportan verdor y olor a nuestras avenidas.

Aves en el

Al llegar a la Plaza de África me he detenido a contemplar las enormes auricarias que le dan personalidad a este espacio de encuentro y sosiego en pleno centro de Ceuta. Las he acariciado y olido sus savia, recordándome que estoy ante un monumento vivo de extraordinario valor patrimonial y simbólico.

Auricaria Plaza de África

Auricaria Plaza de África

En la plazoleta anexa al Santuario de la Virgen de África he observado un hermoso naranjo cargado de frutos. ¡Qué exuberante y generosa es la naturaleza! Nos alimenta en cuerpo y espíritu con su diversos colores, olores, sabores y tactos.

Naranjo junto al Santuario de Nuestra Señora de África

Naranjo junto al Santuario de Nuestra Señora de África

La naturaleza nos ofrece estampas siempre cambiantes y regalos sólo disponibles para espíritus sensibles. Es necesario retener estas imágenes en nuestro recuerdo, pues no duran siempre. A veces.  unas pocas horas son suficientes para que todo cambie. Al regreso a casa, las ramas del naranjo acababan de ser aliviada de su peso y reposaban sus frutos en unos desbordantes capazos. No menos de trescientos kilos de naranja amarga era la cantidad de frutos que ha dado este frondoso y amable naranjo. Lo noté alegre y satisfecho. La primavera esta cercana y con sus flores impregnará el ambiente del agradable olor a azahar.

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Camino al Museo del Mar me he asomado al mar para ver a un grupo de gaviota que se dejaban mecer por el suave oleaje de los embarcaciones que entraban y salían del puerto deportivo.

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Un par de ellas preferían tomar el sol en el borde del cantil del puerto.

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Desde la planta superior del Museo del Mar he observado con atención la osamenta de este enorme ejemplar de Rorcual. En su perfecta anatomía he apreciado la bondad, la verdad y la belleza de la que se nutre la naturaleza para que crear seres de extraordinaria excelencia estética.

Ejemplar de Rorcual expuesto en el Museo del Mar de Ceuta

Ejemplar de Rorcual expuesto en el Museo del Mar de Ceuta

En las formas de la naturaleza, como en la  espiral  de la vida que dibuja esta concha de la colección malacológica del Museo del Mar, se contiene la clave de nuestro desarrollo personal a través del camino de la vida.

Espiral

Espiral

Ya de regreso a casa, me he fijado en un frondoso ejemplar de Persea Americana  que ha dado sombra a miles de estudiantes, entre ellos yo, del Colegio San Agustín. Sus frutos cuelgan de sus ramas y pronto estarán maduros., como también lo harán los  chicos y chicos que cursan sus estudios en la institución agustiniana.

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La naturaleza, como ven, está presente a nuestro alrededor aún en los ambientes más modificados por el ser humano.. Tan sólo necesitamos tener los ojos abiertos y el alma serena para percibirla, experimentarla, sentirla y emocionarnos con sus formas, colores y olores.

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LO ÍNTIMO Y LO ETERNO EN LA VISIÓN DE SARA BLANCO

Ayer, día 27 de enero de 2014, tuve la oportunidad de visitar la exposición “Íntimo y Eterno” y conocer a su autora, Sara Blanco. No fue fácil dar con la Sala de Exposiciones del Campus Universitario de Ceuta, pero cuando la hallé me gustó. En un lateral del despejado patio trasero del antiguo Cuartel del Teniente Ruiz han habilitado una luminosa y coqueta Sala de Exposiciones en la que las obras de Sara Blanco lucen con un brillo especial.

Sala de Exposiciones Campus Universitario de Ceuta

Sala de Exposiciones Campus Universitario de Ceuta

La transparencia de los cristales del espacio expositivo es comparable al mensaje que encierra la colección de arte eterno de la autora. Sara Blanco es una joven artista aragonesa, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada. Su formación académica ha sido completada y ampliada con becas postdoctorales que la han llevado a Grecia, México y Alemania, entre otros países del mundo. En la actualidad todos sus conocimientos y experiencias las está volcando en su tesis doctoral sobre la presencia de lo sagrado en el arte contemporáneo. Pero no es sólo pensamiento lo que aporta Sara Blanco, sino también imaginación, diseño, poesía y arte. Ambas facetas, -profundo, íntimo y eterno pensamiento, y audaz expresión artística-, se combinan y toman forma en las obras que se exponen en la Sala de Exposiciones del Campus Universitario de Ceuta, de 10:00 h a 13:00 h, hasta el próximo viernes día 30.

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Es una experiencia que no se pueden perder. No todos los días tenemos la oportunidad de contactar con un artista y una obra que nos conecte con nuestro yo cósmico, con nuestra espiritualidad y aporte el necesario soporte a nuestra vida. Necesitamos artistas como Sara Blanco para recordarnos que no sólo somos materia perecedera, sino seres espirituales dotados de una capacidad innata de trascendencia que muchas personas no llegan a desarrollar. Tanto el místico como el artista, como nos recordaba Joseph Campbell, tratan de hacer aflorar a la conciencia las verdades más íntimas, profundas y eternas,  como nos dice Sara Blanco en el título de su exposición.

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Sara Blanco nos propone reflexionar sobre estas verdades íntimas y eternas y lo hace a través de una cuidada y variada muestra artística que incluye vídeo, dibujos, fotografías y arte plástico. No todos estamos dotados de esta sensibilidad y maestría para dotar de materialidad ideas tan íntimas y eternas, y hacerlo dando muestra de un perfecto dominio de todas las técnicas que hoy día tienen a su alcance los artistas. Es una maestría que no busca el exhibicionismo, sino la dulzura. Que no buscan impresionar, sino abrirnos de manera plácida y elegante una puerta al Ser eterno. Este Ser ella lo encuentra en las palabras de Jesús contenidas en el Evangelio de San Juan; y en los símbolos que se repiten en muchos pasajes evangélicos como la luz, la vid, el pan y el camino. Son objetos cotidianos que sirven de perfecta metáfora para explicarnos una serie de “ideas elementales”, como las llamó Bastian; o de “arquetipos del inconsciente colectivo” según los denominó Carl Jung.

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La naturaleza del arte (como un microcosmo), en palabras de Joseph Campbell, así como la del universo (el macrocosmo) “son dos aspectos de una misma realidad: el primero como una parte del segundo, experimentada desde dentro y comprendida en él; y el segundo como un todo contemplado desde fuera…Esta relación basta para explicar el juego creativo del artista entre el descubrimiento y el reconocimiento, que suscita la posibilidad de la obra como una revelación en la que ambas realidades, exterior e interior, son reconocidas como la misma”.

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  Sara Blanco es una perfecta jugadora del extraordinario juego creativo de la revelación de las verdades inmutables. Nos recuerda que el mundo no es bidimensional, sino que hay otra dimensión, -la espiritual-, que debe estar presente  en nuestras vidas si queremos tener la oportunidad de vivir una vida significativa y plena.

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Gracias a la obra de Sara Blanco nos adentramos en el conocimiento de la relación del hombre con lo cósmico. Este tipo de exposiciones son importantes. La atmósfera que Sara ha conseguido crear ilumina nuestra tosca conducta social e individual. Sus obras abren nuestro apetito del conocimiento orgánico y cósmico. Es un arte íntimo, eterno, transparente, sereno, sin estridencias, suave y pausado como la propia artista que les ha dado vida.

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No pueden perderse la oportunidad de visitar una muestra artística de enorme valor y conocer a una verdadera y genuina artista gozadora. Ceuta ha tenido la fortuna de acoger la primera exposición individual de Sara Blanco, a la que estoy seguro le espera una brillante trayectoria artística. Esta es su primera crítica, y para mí también como crítico. Nada es casual, como decía el gran escritor alemán Schiller:  “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Estas fuerzas nos han convocado aquí, en Ceuta, la ciudad de la vida, para que contribuyamos al redescubrimiento del ser hombre y a su supervivencia a través de la revelación de lo Íntimo y lo Eterno.

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CEUTA, LA CIUDAD DE LA VIDA

La esencia de Ceuta toma forma material en sus yacimientos arqueológicos, monumentos, obras de arte y en el propio urbanismo de la ciudad. Estos bienes culturales tienen un valor cultural innegable, pero también, y sobre todo, identitario. A través de ellos podemos establecer un diálogo con nuestros antepasados que nos permite conocer y entender sus ideales religiosos, sociales, económicos y políticos, al mismo tiempo que desvelamos las claves del genius loci (el genio del lugar) de Ceuta.

Murallas Reales de Ceuta (s.XVI)

Murallas Reales de Ceuta (s.XVI)

Los bienes culturales que vemos a nuestro alrededor no son simples piedras y objetos arqueológicos, sino la materialización de los ideales, las ideas y los sueños que han guiado a las distintas civilizaciones que han pasado por Ceuta. Quienes nos precedieron en la posesión de esta tierra no eran, en el fondo, muy distintos a nosotros. Sus necesidades básicas eran las mismas que las nuestras en la actualidad: agua, alimentación, refugio, ropas con las que cubrir sus cuerpos y combatir el frío, etc…Sus preocupaciones también eran muy similares. Buscaban seguridad para ellos y los suyos, la salud de sus seres queridos y el respeto por sus posesiones personales. Tenían sus amigos, sus enemigos y sus amores. Pretendían el mismo reconocimiento, respeto y confianza que todos perseguimos. Pensaban en el sentido y significado de la vida, quizás más que nosotros dado que en el pasado la existencia era mucho más corta y la muerte un compañero inseparable de la vida.

Ánforas romanas recuperadas en las aguas de Ceuta

Ánforas romanas recuperadas en las aguas de Ceuta

Estas necesidades superiores e inferiores del ser humano han sido permanentes a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que ha cambiado muchísimo, sobre todo en los doscientos últimos años, ha sido la manera de satisfacerlas. La tierra ha sido y sigue siendo, aunque no lo tengamos tan presente, el principal suministrador de los medios para satisfacer la subsistencia. La mayor parte de los recursos que ha requerido el ser humano para el normal desenvolvimiento de la vida provenían del propio lugar en el que habitaban. Con el paso del tiempo, el desarrollo tecnológico y el incremento de la población humana, se hizo necesario ampliar las zonas de captación de alimentos, agua y otros materiales, y así surgieron la agricultura y el comercio.

Reconstrucción barco romano para el comercio

Reconstrucción barco romano para el comercio

Las condiciones naturales en el pasado fueron las que marcaron la economía y conformaron el carácter de los antiguos pobladores de Ceuta. Sus experiencias sensitivas y laborales sin duda eran más intensas que las nuestras, aunque sus conocimientos y comprensión de los fenómenos naturales que observaban eran, como es de suponer, muy inferiores a los nuestros. Había muchas cosas que no llegan a entender. Su conciencia era básicamente mágica. La naturaleza era para ellos una fuerza indescriptible que, al mismo que les emocionaba, les aterraba. Era necesario darle un significado a todo lo que observaban y de ahí surgen los ideales religiosos y los mitos.

El Estrecho de Gibraltar visto desde Ceuta

El Estrecho de Gibraltar visto desde Ceuta

Casi todas las civilizaciones de la antigüedad tenían una concepción cíclica de la vida. Allí donde habitaban las tinieblas se encontraba el árbol de la vida. La vida, -el amanecer-; y la muerte, -el ocaso o atardecer-; estaban unidos por un movimiento cíclico y circular en los mitos de las principales civilizaciones. El bien y el mal, la vida y la muerte, estaban siempre pugnando. De este modo, las culturas míticas relacionaron la vida y la muerte con el amanecer y el atardecer, con el lugar donde nacía y moría el sol. Y como formaban parte de un movimiento circular allí donde moría el sol, en el extremo del mundo conocido, en el sitio donde se ubica el Atlante, tenían también que estar la fuente de la vida eterna. Ceuta, precisamente, comparte este carácter de lugar de paso, de cruce de camino, de separación entre el mundo conocido y las tinieblas. No nos debe de extrañar, pues, que aquí se localizara el árbol de la vida y la fuente de la inmortalidad. Ceuta es la ciudad de la eterna renovación de la vida.

Figura del Atlante dormido

Figura del Atlante dormido

Una parte importante, fundamental, de la esencia de Ceuta radica precisamente en la perfecta representación que hace Ceuta de la metáfora universal de la renovación de la vida y el crecimiento espiritual individual y colectivo. Como explica Joseph Campbell, en todas las religiones el crecimiento espiritual es un proceso de ascenso por un pilar central en siete niveles o chakras. Este pilar central es generalmente representado con un árbol, el árbol de la vida. Por el ascienden una o dos serpientes. En la visión oriental estos dos canales, conectados con la respiración, son uno caliente, el del sol; y otro más frío, el de la luna; que se mezclan en un punto para luego ascender por el kundalini o columna vertebral. Ceuta es precisamente donde se da la confluencia de estos dos mares o corrientes marinas: una caliente, el Mediterráneo; y otra fría, el Atlántico. Donde se juntan la vida ésta se hace rica y exuberante. Autores clásicos y árabes como Al-Garnati no dudaron en identificar al Estrecho de Gibraltar y Ceuta como el lugar de la “confluencia los dos mares”. Dos mares, como explica la Profesora Sara Sviri, que son “el mar de la vida y el mar de la muerte, el mundo del espacio y el mundo del fuera del espacio, el de tiempo y el intemporal”. Un lugar en el que habita una figura mítica, Jezr, “el hombre verde” que debemos entender como una imagen arquetípica: la imagen de los buscadores de la espiritualidad que viven su búsqueda mística entre los dos planes de la existencia, el terrenal y el espiritual, según nos dice Sara Sviri. Este hombre verde, vivía en una roca, junto a la fuente de la eterna Juventud.

Jezr, "el hombre verde"

Jezr, “el hombre verde”

Muchas leyendas clásicas y medievales ubican en Ceuta la fuente de la eterna juventud o el árbol de la vida, cuyos frutos otorgan la eterna juventud, que no es otra cosa que la constante renovación de la vida. Aquí reside, insistimos, la esencia de Ceuta. El árbol de la vida, como el resto de los mitos, son metáforas que nos pueden servir para reivindicar el valor del patrimonio natural y cultural de Ceuta. No son exclusivas de Ceuta, ya que se trata de metáforas universales, pero que en Ceuta son más aparentes y reconocibles. Esto hace de Ceuta y su entorno un lugar mágico y sagrado, con valor universal. Un punto de referencia para la renovación de la vida, la reeducación de la mente y la reconstrucción del planeta. Es la esencia espiritual de Ceuta, que ha estado siempre aquí y que necesita los intérpretes necesarios para desvelarla.

Fuente de la Eterna Juventud en Ceuta

Fuente de la Eterna Juventud en Ceuta

Ceuta forma parte de los muchos lugares sagrados que hay repartidos por el mundo. De todos ellos encuentro una relación muy especial con el santuario de Delfos. En el año 2005 hice, junto a mi mujer, un viaje a Grecia. Uno de los lugares que visitamos y más me impactó fue precisamente  el Monte Parnaso, lugar de residencia de las Musas y del Oráculo de Delfos. Sentí la fuerza de esas montañas, de esos profundos valles y de los templos que los antiguos griegos construyeron sus laderas. Aún guardo en mi memoria, como esculpida a martillo y cincel, las intensas sensaciones y la profunda emoción que experimente en aquel lugar sagrado. Sabía que de alguna manera estaba unido a aquel mágico monte y a las Musas que lo habitan. Y ahora, después de muchos años, el misterio se ha desvelado. Han sido mucho tiempo de estudio de la obra de Patrick Geddes y su discípulo Lewis Mumford. De intentar entender los diagramas de Geddes, en especial su notación o espiral de la vida. En ella, en el cuadrante de la vida plena efectiva, están la Musas quienes me han inspirado para resolver el enigma de Ceuta.

Mi mujer y yo en el santuario de Delfos (2005)

Mi mujer y yo en el santuario de Delfos (2005)

La primera intuición que tuve ocurrió en el puerto de Ceuta. Allí se encuentra, bajo un árbol, un panel cerámico que muestra la red de senderos de Europa. Mi sorpresa fue mayúscula al observar que el sendero del que forma parte Ceuta comienza precisamente en Delfos. ¿Casualidad? Nada es casual, como decía el gran escritor alemán Schiller: “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Todo cobra sentido según se desarrolla nuestras vidas. En los últimos días esta intuición inicial se hizo más fuerte. ¿Cuáles eran los lazos que unen a Ceuta con el Monte Parnaso y las Musas? No daba con la respuesta, aunque sabía que no se encontraba lejos. Y hace unos días se me ha desvelado.

Mapa del sendero que une a Ceuta con Delfos

Mapa del sendero que une a Ceuta con Delfos

El pasado domingo, día 25 de enero de 2014, como en costumbre en mí, me he levantado temprano y me he puesto a escribir. Quería completar mi escrito sobre la esencia de Ceuta del que publiqué un primer bosquejo. Sé, y así lo he plasmado algo más arriba, que un aspecto fundamental de la esencia de Ceuta está en su ubicación en la confluencia de dos mares que, son a su vez el de los dos planes de la existencia, el mundo de afuera y el mundo de adentro, que no son otra cosa, como nos explica Joseph Campbell, que las extensiones interiores del espacio exterior o mundo de afuera, si utilizamos la terminología utilizada por Patrick Geddes, nuestro maestro e inspirador. Con esta idea en la cabeza he salido a comprar la prensa. Ese día venía con “El País” el primer volumen de la colección “Descubrir la Filosofía” dedicado a la figura y el pensamiento de Platón. De camino a casa hice una parada para comprar churros y en la cafetería he tenido que pedir un bolígrafo prestado y coger una servilleta en la que escribí la siguiente reflexión que tiene que ver con el sentido y objetivo de estos escritos que hago atrapado por las Musas:

“El objetivo es extraer la esencia de Ceuta presente en su naturaleza, su historia y sus gentes para luego difundirla y hacer de ella el elixir con el que alimentar el alma de los ceutíes y convertirlos en personas bondadosa, cultas y creativas. Un ideal de persona capaz de hacer de Ceuta un templo de la espiritualidad, la cultura y el arte”.

Para que esta humilde servilleta no se estropeara, quite el envoltorio del libro sobre Platón y la introduje entre sus páginas. Cuando llegue a casa, y antes de desayunar, ojeé el libro y busqué la servilleta con mi improvisado apunte. Al buscarla dí con una página en la que se trataba sobre el oráculo de Delfos. De este santuario se dice que “se hallaba a pies del Monte Parnaso, en la región de Fócida, y su ubicación se correspondía con el ombligo del mundo (el ónfalos), pues allí se había cruzado el vuelo de las dos águilas liberadas por Zeus en las antípodas de la Tierra. Había sido fundado por el mismo Apolo, quien había matado a la serpiente Pitón que custodiaba el lugar para hacerse con su sabiduría”. ¡Está era la clave que estaba buscando, la profunda unión que existe entre Ceuta y Delfos! ¡Entre el Monte Hacho y el Monte Parnaso! Ambos son lugares de encuentro entre los dos planes de la existencia, en el caso de Ceuta representada por dos mares; y en el de Delfos por dos águilas. En ambos lugares, y en especial en Ceuta, como narran los mitos clásicos y medievales, se encontraba el árbol de la vida, que lo es también de la sabiduría, custodiado por una serpiente, la misma que defendía el árbol de las manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides.

Mosaico que representa el Jardín de las Hesperides

Mosaico que representa el Jardín de las Hesperides

El árbol de la vida se asocia, según Joseph Campbell, “a la imagen del poste o punto axial que es a su vez símbolo del camino o lugar de paso del movimiento al reposo, del tiempo a la eternidad, de la separación a la unión; y también a la inversa, del reposo al movimiento, de la eternidad al tiempo que transcurre, de la unidad a lo simple”. A ambos lados de este eje se sitúan el deseo y el miedo, la juventud y la edad, la causa y el efecto, la vida y la muerte, el cielo y la tierra, el ser y el no ser, que si somos capaces de superar y trascender “el goce de la vida brotará de todas las cosas como de una copa inagotable. El ego sacrificado será devuelto, y se liberarán las aguas de la inmortalidad para fluir en todas direcciones” (Joseph Campbell; La imagen del mito). Ésta es la sabiduría que encierra el árbol de vida. Todos estamos llamados a trepar por el tronco de este árbol, que es nuestra propia columna vertebral, sobre la que se entrecruzan dos serpientes ascendentes que representan la energía del sol y la luna, la energía masculina y femenina, la vida y la muerte. Según avancemos en nuestro ascenso hacia los niveles superiores de conciencia nuestra energía interior se activara hasta conseguir despertar nuestro tercer ojo o glándula pineal (simbolizada por una piña) que se encuentra en el centro de nuestra mente.

Esta concepción de Ceuta como un lugar sagrado y mágico se mantuvo con fuerza durante toda la historia medieval de nuestra ciudad, y aún perdura en el imaginario musulmán. Ceuta, durante la época musulmana, fue también un lugar de encuentro entre el pensamiento oriental y el occidente. Aquí nacieron, se formaron y vivieron santos, místicos, sabios y grandes poetas y escritores, como al- Idrisi o al-Ansari. Medina Sebta gozó de una intensa cultural que se materializó en la existencia de un elevado número de bibliotecas, escuela, madrasas o universidades árabes. Toda esta actividad cultural se vio drásticamente interrumpida con la llegada de los portugueses a Ceuta en 1415. A partir de entonces, y durante varios siglos, los ceutíes tuvieron que dedicar una buena parte de su tiempo y trabajo a la defensa de Ceuta ante los continuos asedios que sufrió la ciudad, tanto por mar como por tierra. Todo este esfuerzo defensivo ha quedado materializado en el importante patrimonio fortificado con el que cuenta nuestra ciudad. Todas las murallas, fosos, fortines, revellines y ciudadelas que jalonan el paisaje ceutí rezuman otros componentes importantes de la esencia de Ceuta y los ceutíes: coraje, valentía, perseverancia, templanza, justicia y compromiso en la defensa de los símbolos identitarios de esta tierra y de España.

Ciudadela del Monte Hacho de Ceuta (s.XVIII)

Ciudadela del Monte Hacho de Ceuta (s.XVIII)

Durante la época medieval y moderna, la religión, la política, la cultura y el arte formaban un conglomerado con muy pocas fisuras entre las que la filosofía y la ciencia pudieran filtrarse para impregnar a la sociedad. Un conglomerado en cuya composición predominaban las doctrinas y la simbología religiosa. Estas férreas doctrinas, nacidas en el seno de una concepción de la verdad como algo absoluto e inmutable, no dejaban mucho margen para la ciencia, la filosofía y la imaginación. La mayoría de las expresiones artísticas y culturales tenían un marcado carácter sacro. La expresión artística quedaba limitada a un selecto grupo de artistas cercanos al poder eclesiástico y político. De aquella época los bienes culturales más relevantes que se nos han conservado son, además de las fortificaciones, algunas imágenes sagradas como la Virgen de África y la Virgen del Valle, y sus correspondientes templos, así como símbolos del poder político como la bandera, el escudo o el bastón de mando conocido como Aleo.

Ermita del Valle de Ceuta

Ermita del Valle de Ceuta

El poder religioso, político, militar e intelectual se materializó y encontró su espacio físico en la ciudad en la Catedral, la Comandancia Militar, el Palacio Municipal y la desaparecida Universidad árabe que se localizaba enfrente de este último edificio. Y todas ellas en torno a una plaza que ha hecho y sigue desempeñando la función de ágora cívica y punto de encuentro de la ciudadanía.

Catedral de la Asunción de Ceuta

Catedral de la Asunción de Ceuta

La ruptura de las gruesas cadenas que unían la política, la ciencia, la cultura y el arte se empezaron a romper con la irrupción de la ilustración. Este fenómeno ideológico que facilitó el libre despegue de la razón llegó de forma tardía a España debido a la fuerte resistencia ejercida por el poder eclesiástico que contó con el apoyo del poder político y la oligarquía. No obstante, algunos monarcas hispanos, como Carlos III, impulsaron un proceso de modernización de las estructuras del Estado. Durante esta etapa de la historia de España se construyeron hospitales, se crearon las primeras escuelas de Artes y Oficios, además de universidades, se impulsó la investigación científica y se crearon grandes instituciones culturales como el jardín botánico o el Museo del Prado, que inicialmente fue diseñado como Museo de Historia Natural.

Plano de Ceuta (1771)

Plano de Ceuta (1771)

La situación en Ceuta era muy compleja. Entre 1694 y 1927 la ciudad sufrió un importante cerco por las tropas del sultán Muley Ismail. No fue hasta después de la liberación de este yugo por parte del Marqués de Lede cuando comienzan dos décadas de expansión y modernización en Ceuta. En este segundo cuatro del siglo XVIII se reordena y transforma el espacio urbano y se mejoran las defensas de la ciudad. Llegados a mediados del setecientos la ciudad alcanzó su plenitud, momento en el que se crean nuevos edificios eclesiásticos, militares y civiles, como el Hospital Real. Acompañados de estas mejoras urbanas y nuevos edificios llegaron a Ceuta interesantes obras pictóricas, como las que cuelgan en las paredes de la Catedral, y escultóricas como las imágenes de la Virgen de los Remedios o las esculturas de San Fernando y San Hermenigildo que decoraban la entrada al nuevo Hospital Real. De la vida científica y cultural lo más relevante fue la puesta en marcha de la Real Academia de Matemáticas de Ceuta dedicada a la formación de los ingenieros militares llamados a cambiar la fisonomía de la ciudad.

Recreación fachada del Hospital Real de Ceuta

Recreación fachada del Hospital Real de Ceuta

La paz conseguida con el vecino reino alauí abre la posibilidad de que Ceuta pudiera jugar un papel importante como plaza comercial. Sin embargo, esta posibilidad quedaría frustrada con la vuelta a los asedios y los conflictos. Esta situación refuerza el carácter penitenciario y militar de Ceuta que la empuja a quedar como un enclave marginal, aislado y estancado desde el punto de vista urbano. De este modo, y durante buena parte del siglo XIX, Ceuta se convierte en un presidio fortificado con apenas actividad comercial y sin aportar nada relevante a la cultural y artística. Curiosamente, los mejores intelectuales que vivieron en Ceuta en este tiempo fueron los presos iberoamericanos desterrados en el penal ceutí.

Fortaleza del Hacho que sirvió de penal

Fortaleza del Hacho que sirvió de penal

La Guerra de África de 1859 supuso un relanzamiento de la ciudad. Se amplían los límites territoriales, se acometen importantes obras de acondicionamiento en Ceuta y su puerto, se construyeron nuevos acuartelamientos y se realizan nuevas obras de fortificación. Ceuta inició un proceso de cambio que le llevaría de su condición de penal al de una ciudad abierta y comercial. Sus calles se renuevan y embellecen. Un nuevo despertar ha llegado a Ceuta. La pesadilla del presidio acaba y los ceutíes comienzan la modernización de la ciudad. No fue un camino fácil. El punto de partida era realmente pésimo.

Fuerte de Mendizabal, construido tras la Guerra de África

Fuerte de Mendizabal, construido tras la Guerra de África

En la obra “Apogeo y ocaso de Antonio Ramos”, el investigador ceutí Alberto Baeza Herrazti describe al siglo XIX como “un período nulo, negativo, con la ciudad detenida, estancada, aherrojada en su condición de Presidio”. Todo estaba prohibido o controlado por una arrogante burocracia tentacular. En este ambiente de opresión ciudadana, como la define Baeza Herrazti, “era imposible la difusión y el fomento de la cultura”. En aquellos tiempos, Antonio Ramos Espinosa de los Monteros, un joven ceutí “ávido de conocimientos, plenos de inquietudes y conocedor ya de los libres y dilatados espacios anyerinos” toma el barco para dirigirse a Granada donde estudiará Filosofía y Letras. A su vuelta inicia una cruzada contra la falta de libertad de expresión y a favor de la investigación geográfica e histórica, el fomento de la cultura y el arte. Escribe en los periódicos locales, plasma el resultado de sus exploraciones e investigaciones históricas en “El África”, funda el bisemanario “Eco de Ceuta”, promueve la revista “Medina Sebta”, crea el periódico “El defensor de Ceuta”, ejerce como secretario en el “Centro Comercial Hispano-Marroquí de Ceuta”, del que surge la revista “Ceuta”, es nombrado Cronista Oficial de Ceuta, promueve la construcción de la mezquita de Sidi Ibrahim y la creación de la barriada del Príncipe Alfonso y escribe libros como “Ceuta 1900”. No encuentre grandes amigos y compañeros en esta empresa de renacimiento económico y cultural de Ceuta. Sólo le acompañan su fiel amigo Rafael Gibert, el escritor Enrique Arques y don Antonio Comandari, promotor de la creación de una barriada para colonos y pescadores en la ensenada de la Tramaguera o Miramar.

Antonio Ramos Espinosa de los Monteros (imagen Archivo General de Ceuta)

Antonio Ramos Espinosa de los Monteros (imagen Archivo General de Ceuta)

Creo que no ha habido muchos personajes en Ceuta con la personalidad de Antonio Ramos. Ese carácter de Ceuta como una ciudad asfixiante, cerrada a su entorno geográfico más próximo, dominada por los poderes militares, religiosos y civiles, excesivamente burocratizada, tradicionalistas en su vida cultural religiosa, poco fecunda en su ciencia, cultura y arte, carente de imaginación y capacidad de innovación aún permanece vigente. Los investigadores, intelectuales y artistas ceutíes no se han distinguido, salvo algunas excepciones, por su actitud crítica y combativa contra el poder establecido ni por la permanente y necesaria interrelación entre pensamiento y acción, como lo hizo Antonio Ramos. Cada uno se ha dedicado a su rama del saber o de la creación sin preocuparle, interesarle o implicarse en la vida política, el fomento del pensamiento crítico y la acción cívica. La mayoría, como decía Patrick Geddes, se han quedado rezagados en la mansión de la memoria. Han adquirido más y más erudición, pero nunca han hecho ni harán mucho. Esto es lo que anda mal como demasiada gente de la cultura; a esto se debe que se sientan paralizados y no puedan hablar ni actuar aunque la ocasión lo reclame.

Ayuntamiento de Ceuta

Ayuntamiento de Ceuta

Hace falta una profunda renovación de nuestro corazón, una reeducación de nuestra mente y una reconstrucción de nuestros paisajes naturales y urbanos. Nuestro objetivo prioritario, cuyo primer bosquejo presentamos aquí, debe ser extraer la esencia de Ceuta presente en su naturaleza, su historia y sus gentes para luego difundirla y hacer de ella el elixir con el que alimentar el alma de los ceutíes y convertirlos en personas bondadosas, cultas y creativas. Un ideal de persona capaz de hacer de Ceuta un templo de la espiritualidad, la cultura y el arte. Es muy importante ver y apreciar la verdadera personalidad de Ceuta. Una personalidad arrolladora, mágica y sagrada que se muestra en algunos elementos que son únicos y que pocos llegan a conocer y valorar. Esta personalidad se encuentra dormida, como la figura del Atlante que conocemos como la Mujer Muerta. Nuestra tarea es despertarla. Y sólo pueden hacer esto quienes están verdaderamente enamorados y familiarizados con los temas de Ceuta, con ese amor, como decía Geddes, “en que una gran intuición complementa el conocimiento y provoca su propia expresión más plena e intensa, para convocar las posibilidades latentes, pero no menos vitales, que se abren ante él”.

Rostro del Atlante dormido

Rostro del Atlante dormido

Nuestro sueño es convertir a Ceuta en un foco de pensamiento, un claustro de meditación, un centro de erudición, un hogar creador de arte, un centro de idealismo moral y, por encima de todo, el lugar de la renovación de la vida. Decía Geddes que la definición de la cultura “como lo mejor que ha sido conocido y realizado en el mundo” solo es verdad a medias, “la parte de verdad que se lamenta o medita entre tumbas; el significado más elevado de la cultura está también más cerca de un sentido primitivo, que descubre en el pasado no sólo fruto sino también semilla y prepara así una primavera próxima, la cosecha futura. La historia no concluye con los “periodos” de nuestros historiadores; el mundo siempre está comenzando de nuevo y con él cada comunidad; cada población y cada barrio”. Entonces, ¿Por qué no podríamos también hacer de Ceuta un claustro productivo de pensamiento, cultura y arte? ¿Cómo podríamos despertar el genio dormido de Ceuta? He aquí el problema de la eutopía. Sólo podremos lograr este anhelo desde una indisoluble unión cívica. Una unión de nuestros sentimientos y empeños diversos mediante una ciudadanía más activa. Tenemos que ser capaces de aspirar a ideales de ciudadanía más parecidos a los de Atenas en lo relativo a esfuerzos culturales y alcanzar un vida más asociada, pero al mismo tiempo más individual.

Partenón de Atenas

Partenón de Atenas

Poseemos la tradición de una intensa vida espiritual y religiosa, y algo menos de actividades políticas, culturales y artísticas. Contando con esta tradición y el esfuerzo colectivo de todos los ceutíes podemos iniciar un nuevo tiempo para Ceuta despertando el genius loci de la ciudad. Nuestro espíritu, nuestra alma, es el motor que puede dar vida a Ceuta y ayudarla a salir victoriosa ante todos los retos a los que se enfrenta hoy en día. Nuestra ciudad no es otra cosa que la expresión del alma y del estado de ánimo de sus gentes. Si elevamos este ánimo y nos elevamos nosotros mismos hacia niveles superiores de entendimiento y espiritualidad, Ceuta desempeñará un papel relevante en la gran epopeya de la humanidad, como ya lo hicimos en el pasado.

Vista general de Ceuta

Vista general de Ceuta

No nos faltan personas formadas y preparadas en Ceuta. Lo que nos falta es sentido de comunidad y el sentido de deber cívico en la ciudadanía. Tampoco carecemos de espacios y equipamientos para que Ceuta aspire a ser, como hemos dicho, un claustro productivo de pensamiento, cultura y arte. Contamos con un amplio complejo cultural en la Manzana del Revellín, una deslumbrante y recién estrenada Biblioteca del Estado y un flamante Campus Universitario.

Complejo cultural de la Manzana del Revellín

Complejo cultural de la Manzana del Revellín

La reconstrucción del antiguo cuartel del Teniente Ruiz, casi la única reliquia que subsiste de los grandes cuarteles que tuvo Ceuta, no es un simple acto de piedad arqueológica y todavía menos de simple “restauración”, sino un acto de renovación; es el símbolo deliberado, una iniciativa renovadora, utópica y local, cívica y, al mismo tiempo, académica. Es ante todo un vínculo renovado con el pasado de Ceuta; está diseñado para los más diversos usos, tanto públicos como universitarios. Su dimensión universitaria hace de este lugar un espacio para la preparación del futuro de Ceuta, la dignificación de su presente y la conmemoración de su pasado. Tenemos ante nosotros, pues, un nuevo vínculo entre la Ceuta del pasado y la Ceuta posible; un centro al mismo tiempo  que conjuga pensamiento y acción, retrospectiva cívica y futuro cívico.

Campus Universitario de Ceuta

Campus Universitario de Ceuta

Algo parecido podríamos decir de la Biblioteca “Adolfo Suárez” que guarda en su planta baja el testimonio de una parte significativo del pasado de Ceuta. Pero no falta algo muy importante. Un museo: la casa de las Musas. Carecemos en nuestra ciudad de un museo que no sólo exponga de manera ordenada y didáctica el espíritu de Ceuta y nuestro pasado, sino que también dedique un espacio al presente. Un lugar que, como proponía Patrick Geddes en su obra “Ciudades en Evolución”, muestre de la ciudad “sus bellezas y su fealdad actuales” y donde “cualquier ciudadano activo encuentre en adelante en este museo el lugar más conveniente para obtener rápidamente todo lo que quiera saber sobre su ciudad”. Geddes iba aún más allá y alentaba a los conservadores de los museos británicos a habilitar en sus instalaciones una sala para una exhibición del futuro de su ciudad. Una sala dedicada a aquellos que “sueñan con el futuro”. Un grupo de personas que, en opinión de Geddes, “desean ver más progreso en la ciudad, algunas mejoras concretas, la limpieza de sus barrios deprimidos, la construcción de nuevos edificios e instituciones, la provisión de espacios libres y, por encima de todo, la planificación de sus prolongaciones futuras –su utopía practicable-, una eutopía en realidad”.

Biblioteca Pública del Estado de Ceuta

Biblioteca Pública del Estado de Ceuta

Este museo cívico tendría como objetivo dar una imagen, siempre en proceso de actualización y revisión, de nuestro pasado; exponer las claves de nuestro presente, tanto de sus aspectos positivos como negativos; y por último, mostrar los distintos planes que, como el futuro Plan General de Ordenación Urbana, darán forma a la Ceuta del futuro. Contemplamos este museo como la sede permanente de un centro de análisis cívico para examinar la situación de Ceuta en el pasado y en el presente, y preparar colectivamente el proyecto de planificación que decidirá nuestro futuro. Gracias a este museo y centro de análisis cívico daremos comienzo a un nuevo movimiento destinado a alentar el sentimiento cívico y favorecer el despertar de una ciudadanía más ilustrada y generosa.

Planta del templo  Baha'i 1922  por  Frank C.Mears y  Patrick Geddes.

Planta del templo Baha’i 1922 por Frank C.Mears y Patrick Geddes.

La idea de nuestro Museo más allá de lo que, de manera convencional, entendemos que es un museo. Queremos que sea un Templo de la Vida y su continua renovación. Un museo que, como su nombre indica, sea la residencia de las Musas. Un templo como la unión entre Ciencia y Religión. Queremos que este museo, inspirado en los diseñados por Patrick Geddes, sea un espacio para el análisis y difusión de la naturaleza, la historia y las gentes de Ceuta; para el reforzamiento de la identidad local; para el pensamiento y la acción cívica; para la espiritualidad, la filosofía y el arte; para la formulación y realización de nuevos ideales; para la síntesis científica; para la educación, el autoconocimiento y el autodesarrollo; y, en definitiva, para la eterna renovación de la vida de la que podemos ser testigos en Ceuta.

Vista de Ceuta

Vista de Ceuta

LA ESENCIA DE CEUTA

Comentaba Patrick Geddes que el que quiera ser un autor de obras que perduren, por no hablar de un artista en su labor, debe conocer verdaderamente su ciudad,  haber entrado en su alma y amarla. Lo mismo que vale para un escritor o artista lo es para el resto de los ciudadanos. Es necesario que todos conozcamos en profundidad nuestro medio natural, nuestra historia y la idiosincrasia de las personas que han habitado en el pasado y habitan en el presente esta tierra generosa y aplacible.

Vista general de Ceuta desde la fortaleza del Monte Hacho

Vista general de Ceuta desde la fortaleza del Monte Hacho

Nuestro medio natural es rico y diverso, a pesar de todo el daño que se le ha infringido durante siglos de irracional explotación económica. Ceuta está situada en una encrucijada donde coinciden los cuatro puntos cardinales y confluyen dos mares. Su topografía fue dibujada por la naturaleza con enorme maestría y estilo. Es el bello remate de un continente, el africano, que se asoma al Mediterráneo para advertir de su presencia. Desde el mar o desde el aire Ceuta se observa como esta península, esta casi-isla, abraza y es abrazada por el mar. La brisa marina sopla siempre sobre Ceuta. Unas veces de poniente, otras de levante, a veces con  gran intensidad y otras de manera delicada. Este viento es aprovechado por las miles de aves que pasan por el cielo de Ceuta en sus migraciones o, como las gaviotas, viven con nosotros y cantan la banda sonora de esta ciudad. Un viento que también suaviza nuestro clima y nos traen las nubes cargadas del agua que resulta imprescindible para alimentar nuestro suelo y permitir que la vida florezca en este bello lugar. Una vida, como decíamos, rica y diversa que toma forma en su flora, su fauna y las personas que tenemos la fortuna de ser y sentir como ceutíes.

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El mar no nos aporta solo vientos y tempestades. La esencia de Ceuta huele y sabe a mar. Sus fondos marinos son de una extraordinaria belleza y biodiversidad. Están habitados con corales, algas, peces y mamíferos, como los delfines y las tortugas marinas, cuya contemplación nos aporta serenidad y momentos de sublimidad, éxtasis emotivo y transcendencia espiritual. El mar ha sido desde sus orígenes la principal fuente de subsistencia y de riqueza para los ceutíes. Los primeros pobladores ceutíes, que vivían en los abrigos y las cuevas situados a pie del mar, se alimentaban de los peces que capturaban y de los moluscos que recolectaban entre las rocas del litoral. Los fenicios que se asentaron en la ciudad a finales del s.VIII a.C., también pescaban, además de cultivar y de cuidarsu ganado.

mar

Del mar hicieron los romanos un negocio económico de gran rentabilidad. Aquí, en la antigua Septem Fratres, instalaron un gran complejo industrial dedicado a la producción de salazones y salsas de pescado. Comienza en esta época una tradición pesquera que ha sido durante buena parte de la historia de Ceuta la clave de su espíritu, su economía y la idiosincrasia de sus gentes. Esta tradición continuó con fuerza durante el periodo medieval, del cual tenemos constancia del funcionamiento de varias almadrabas y la extracción del preciado coral rojo. Las almadrabas fueron también la base fundamental de Ceuta en los siglos XVII y XVIII. Aún hasta principios de los años 70 del pasado siglo XX seguían funcionando varias fábricas de conservas y harinas de pescado. Más tiempo duraron las almadrabas que, no obstante, fueron languideciendo lentamente al mismo tiempo que lo hacían las capturas de atunes.

Trabajos en la almadraba ceutí

Trabajos en la almadraba ceutí

                Como vemos, el mar ha sido el lugar primordial de los ceutíes. Las gentes de Ceuta han vivido en y por el mar. Sin embargo, la falta de conciencia de la dimensión ambiental de esta ecuación de lugar, trabajo y gente ha llevado a la sobreexplotación de los recursos marinos y a la práctica desaparición del sector pesquero en la actividad económica de la ciudad. No obstante, el mar puede y debe ser de nuevo una fuente de riqueza y prosperidad para los ceutíes.

Gentes del mar

Gentes del mar

Nuestras experiencias sensoriales y sentimentales son las que definen por excelencia nuestra conducta personal, así como la moral y las costumbres colectivas. La idiosincrasia de los ceutíes es la propia de las gentes del mar: individualidad fortalecida, confianza en sí mismos, hospitalidad, además de carácter aventurero y abierto. Nuestro benigno clima hace de las gentes de Ceuta personas alegres, extrovertidas y  amantes de la conversación improvisada.  De igual modo, nuestras ricas experiencias sensoriales nos convierten en seres sensitivos y profundamente amantes de su tierra. El mar ha hecho a de los ceutíes lo que somos y seremos lo que hagamos con nuestro mar.

bosque de laminarias en santa catalina

El mar no ha sido sólo una fuente de riqueza para los ceutíes. Ha sido y es nuestro principal medio de comunicación y contacto con el resto del mundo. Navegando en sus frágiles barcos llegaron a esta tierra fenicios, romanos, bizantinos, visigodos, árabes, portugueses y españoles.  Unos para quedarse y muchos otros para el aprovisionamiento de agua y alimentos, así como para el comercio de todo tipo de productos elaborados y de ricas materias primas. Esta actividad comercial fue especialmente intensa durante la época medieval. Hasta Ceuta trajeron comerciantes aragoneses, genoveses, pisanos y marselleses productos como el  aceite, el algodón, el hierro, vino, harina, telas, sedas y armas, que intercambiaban por mercancías de las más diversas: pieles, sal, corales, pinturas, azúcar, esclavos, cera, etc…

Ceuta sigue siendo una ciudad de comerciantes y su puerto una entrada continua de personas y mercancías procedentes de los lugares más recónditos del planeta. Nuestra condición de comerciantes explica el carácter abierto de los ceutíes, nuestra predisposición a la negociación, nuestra facilidad a la hora de explicar las ventajas de tal o cual decisión de compra o de cualquier otro aspecto de la vida. Nos gusta el contacto con los demás y la conversación distendida. No tenemos muchos sitios a donde ir, así que mejor aprovechar una agradable charla con el amigo, vecino o familiar con el que nos encontramos en la calle. Sabemos que no se trata de encuentros puntuales, y que volveremos a vernos una y otra vez, así que la tolerancia y el buen talante es una necesidad obligada debido a nuestro escaso territorio.

barco pesquero

Los sentimientos que nos produce este bello lugar, nuestro carácter forjado por el mar y el comercio, se transmutan en profunda emoción y espiritualidad. El hecho religioso se vive con gran intensidad en Ceuta y esto tiene una importante incidencia en nuestra manera de pensar y actuar. Las grandes religiones del Libro, el cristianismo, el islamismo y el judaísmo, son las predominantes en la ciudad. Mención aparte merecen otras confesiones religiosas como el hinduismo, cuyo carácter sincrético y de espiritualidad elevada, la hacen ideal para la convivencia y la tolerancia. Todas las religiones del Libro, -antes mencionadas-, parten de  un tronco común, pero cada rama ha tomado direcciones distintas y a veces enfrentadas. Su excesivo doctrianismo ha sido un pesado lastre durante buena parte de la historia de la humanidad, lo que ha dificultado que la emoción,  la razón y la imaginación naveguen impulsadas por el viento de la espiritualidad, la ciencia y los sueños. Durante mucho tiempo este barco, llamado Ceuta,  ha navegado sin rumbo, con una tripulación enfrentada y a merced de los vientos dominantes en cada época. El genio del lugar, su alma, su espíritu, se parecía al del “Holandés errante”. Y es hora de que recupere la cordura, coja el timón de la nave y siga sin dudar el derrotero que esta dibujado en la piel y en el alma de este lugar sagrado, mágico y bello. Su destino no es otro que el reino del Parnaso, donde residen las Nueve Musas. Ellas representan la bondad, la verdad y la belleza;  la ética y la política, hermanadas, la cultura y el arte. La ética, la síntesis y la estética son los nuevos cometidos de una tripulación con sus corazones renovados, sus mentes reeducadas y sus manos dispuestas a la reconstrucción de sus paisajes, calles y edificios más notables. Nuevos ideales sociales, económicos y políticos nos elevan hacia la formulación y realización a través de una nueva concepción de la política y la acción cívica. Nuevas ideas nos elevan al mundo de la cultura mediante la acción sinérgica y la educación. Nuevas expresiones artísticas nacen del alma de los ceutíes y toman forma en su naturaleza y arquitectura.

Barco a la deriva

En el centro de este mosaico descubierto recientemente en Turquía y que representa a las Nueve Musas está la imagen de Clio, la musa de la historia. Ella es el motor de los cambios que tiene que llegar en nuestra conciencia, nuestra alma y nuestra mente. En torno a ella, como una espiral, giran Erato, el amor; Polimnia, la sabiduría; y Euterpe, el arte. Aquí están las bases del gran templo de la santidad, el arte y la cultura que debemos construir en Ceuta. Un poco más allá, en la misma espiral, nos encontramos a Caliope, la de la bella voz, que narra la epopeya histórica de Ceuta junto a Clío, y al otro lado, Talia, que aporta la alegría por los logros que nos esperan. Y completando esta espiral, tenemos a  Melpomene, que nos recuerda el sentido trágico de nuestra vida y la necesidad que nuestra vida discurra siguiendo el ritmo que nos marca su compañera Terpsicore para llegar a sentarnos junto a Urania después de hablar logrado un vida plena, rica y efectiva.

Mosaico de las Nueve Musas

Así que como yo veo y siento Ceuta. Su alma es esquiva y no se muestra a todos. Queda mucho por desvelar para captar la esencia de Ceuta. Yo seguiré en este empeño mientras se completa la espiral de mi vida siguiendo las Siete Edades del Hombre que ilustran los dioses del Olimpo. Mi reto personal es servir de intérprete de un tiempo que está por venir. Un tiempo cuya perspectiva será muy distinta. Ya no será principalmente cósmica y externa, como la describió Patrick Geddes, sino principalmente interna y externa: ya no será principalmente de de observación material, sino de interpretación moral y de acción. Este nuevo tiempo y esta nueva conciencia, dibujada por muchos autores que me han inspirado y guían, ha esperado dormida como un sueño para una nueva estación. Pronto esta el regreso de Perséfone y con ella regresará la Primavera y la renovación de la vida.

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EL SIGNIFICADO Y VALOR DE LA VIDA

Desorientados, desconcertados, así están la mayoría de los integrantes de una sociedad que ha perdido el sentido de la vida y su significado. Es fácil en este estado ser presa de ideales contrarios  a la vida y de ideas doctrinarias y fanatizadas que prometen llenar ese enorme abismo que se ha abierto entre un nuestra existencia y el cosmos. Hay que ofrecer, sobre todo a los jóvenes, un sentido, un mapa, que les permita entender que la vida es un camino en la búsqueda de la bondad, la verdad y la belleza. Es un camino difícil y duro, donde no hay atajos que tomar para llegar a la meta. La recompensa de este esfuerzo es el pleno despliegue de nuestro potencial y conseguir una vida  acorde a la condición humana.

GOETHE

Decía el gran escritor alemán Goethe que “el espíritu humano avanza de continuo, pero siempre en espiral”. Esta forma geométrica, muy presente en la naturaleza, nos permite crecer tanto en el plano interno como el externo, así como en una dirección hacia afuera como hacia dentro. Permite la transformación en algo nuevo y distinto, sin que ese cambio modifique nuestra forma exterior. Para que esta espiral no se malogre es necesario que crezca de manera armoniosa y rítmica. Y esto se consigue, según comentaba Rudolf Eucken, contraponiendo “la expansión por medio de una concentración, y la extensión en amplitud por medio de una tendencia a la profundidad, con lo cual la vida podrá recobrar de nuevo su equilibrio”. El centro de esta espiral es la vida espiritual, que une a las personas mediante sentimientos y emociones tendentes al amor, la sabiduría y el arte. Todas nuestras fuerzas, individuales y colectivas, se deberían dirigir a la consecución de esta vida espiritual que otorga la posibilidad de alcanzar un vida total, verdaderamente sustancial.

Rudolf Eucken

Rudolf Eucken

La lucha que tenemos frente a nosotros no es sólo contra los terroristas fanatizados. Es una lucha por una vida digna, plena y rica que busca la perfección de los seres humanos y la elevación de la naturaleza humana hacia los dominios de la ética, la espiritualidad,  la cultura y el arte. Una lucha en la que no cabe la superficialidad ni la pusilanimidad y en la cual se persigue, en palabras de Eucken, “no solamente el bienestar del individuo, sino también la justificación de los derechos de la vida espiritual en el dominio de la Humanidad. Solo en tal respecto, ciertamente, alcanza nuestra vida una significación y un valor”.

Durante muchos siglos la humanidad ha delegado en un ser supremo, bajo el nombre de Dios, la construcción de su vida espiritual. Pero esto ha terminado. La evolución de la conciencia humana nos lleva hacia un nuevo paradigma más integral, equilibrado y pleno. Como asegura Peter Watson, vivimos en otro etapa: “se trata de un mundo que ofrece muchas más maneras de encontrar sentido y plenitud, en lugar de la ortodoxia estrecha derivada de una abstracción desconocida y heredada”. La alternativa a la religión, en opinión de Watson, son la democracia y la cultura. A través de ellas podemos desarrollar nuestra capacidad innata, aunque subdesarrollada, de ser coparticipes y elementos productores de la vida y contribuyentes al aumento del dominio del espíritu.

RENOVACIÓN, COMUNICACIÓN Y AUTOTRANSFORMACIÓN

Mi buen amigo Antón Dké ha escrito un artículo (ver aquí) con el que me siento  muy identificado y que recomiendo a todos su lectura . Yo, al igual que muchos otros que vivimos con ilusión el aparente despertar de la sociedad con la irrupción del movimiento 15M, hemos contemplado con enorme tristeza y decepción cómo fue diluyéndose en poco tiempo. Cada uno acudía a estas Asambleas con objetivos muy dispares. Unos buscaban la foto para poder decir a sus nietos: yo estuve allí. Otros con planteamientos completamente alejados de la emancipación del sistema vigente. Y muchos sin la suficiente madurez personal e intelectual para poder aportar algo y ser lo suficientemente  constante y perseverante para alcanzar algún logro perdurable. En una sociedad como la nuestra, acostumbrada a conseguir las cosas sin esfuerzo, era previsible que la gente durara poco tiempo en acciones que requieren un duro trabajo de renovación, reeducación y reconstrucción.

Ahora ha surgido Podemos, partido del que haces un diagnóstico  certero y que comparto. La frustración que va a generar tiene visos de ser monumental. Entonces se abrirán dos caminos: el neofascismo del que tú hablas o la posibilidad de  la revolución integral que algunos compartimos. Esta última posibilidad es bastante compleja, ya que exige una profunda transformación del propio ser humano, incluyendo una profunda evolución de su conciencia. Autores como Jean Gebser o Ken Wilber  consideran que esta mutación de la conciencia ha alcanzado a una porción minoritaria de la humanidad. Esta minoría es la que está llamada a ejercer de motor de cambio.

Hay que enseñar a la gente la primera y fundamental lección de la democracia: el desarrollo y la autotransformación no pueden delegarse. En torno a este principio central se articulan una serie de ideas similares como son la autonomía municipal, la libertad de expresión y comunicación, el acceso universal al conocimiento, la protección contra los abusos del poder y un elevado sentido de la responsabilidad moral del individuo. Como decía Mumford, “todos los organismos vivos son autónomos en la medida en que siguen una pauta vital propia: pero en el ser humano esta autonomía constituye una condición esencial de su desarrollo ulterior”. En este sentido, concluía Mumford, “la mejor vida posible es la que persigue un grado siempre creciente de auto-dirección. auto-expresión y auto-realización”. Lo que propone Mumford no es otra cosa que el ideario básico del anarquismo. Este proyecto de autonomía personal y colectiva sólo es posible en comunidades y grupos relativamente pequeños, cuyos miembros se encuentran a menudo cara a cara, interactúan libremente y se conocen unos a otros en tanto que personas. Por este motivo las formas estatales son difícilmente compatibles con iniciativas democráticas genuinas y auténticas. La historia nos enseña que la democracia es escamoteada en los Estados por unas minorías que ejercen la autoridad en su exclusivo beneficioso. Para ello es preciso introducir en la sociedad el mayor grado posible de mecanicismo y automatismo, anulando cualquier tipo de iniciativa y pensamiento propio entre los miembros de la sociedad. Esto lo sabían perfectamente los anarquistas que hicieron un gran esfuerzo en la educación y el crecimiento intelectual de la población cuando ésta todavía sentía un vivo impulso por desarrollarse como seres humanos plenos y dignos. Un sentimiento que ha sido anulado completamente con toda esta política del bienestar que reivindican todos, empezando por Podemos.

A diferencia del pasado no es falta de tiempo lo que impide este esfuerzo individual de autodesarrollo. Hoy día, en palabras de Mumford, “con una instrucción casi universal, la mente popular desciende lo más bajo posible en el nivel de entretenimiento e instrucción, por pura falta de ambición espiritual: el diario sensacionalista y el seminario ilustrado (en nuestra época ha surgido medios mucho más potentes de estupidización como la televisión o internet, para quienes no saben hacer de esta herramienta un buen uso) establecen un nivel de frívola estupidez que está a sólo un paso del sueño narcótico”. En este sueño yacen muchos y va a ser difícil despertarlos. Sólo lo conseguiremos si cada de nosotros situamos a la autoeducación como la tarea principal de la vida. Con el objetivo de contribuir a esta labor llevo tiempo trabajando en un proyecto de “Escuela de la Vida, Vivendo Discimus (Aprendemos Viviendo)”, que ya conoces (www.elsignificadodelavida.com).

Como comentamos en la presentación de la Escuela de la Vida, estamos en las puertas de una nueva fase del desarrollo humano. Durante buena de la parte de la historia de la humanidad, hemos dedicado nuestro tiempo a satisfacer, a duras penas, las necesidades básicas del ser humano. Esta situación aún perdura en algunos países, pero en otros, disponemos de suficiente tiempo para dedicarlo a las necesidades superiores y a las actividades con las que ellas se relacionan: el arte, la poesía, la religión, la filosofía, la ciencia…Ya no necesitamos dedicar tantas horas al trabajo y es posible integrarlo en una vida más rica y significativa. El mismo trabajo puede convertirse ahora en un proceso educativo y hacer de él un vehículo de modelaje de una personalidad que aprecie el amor, el compañerismo, la vida familiar y la ciudadanía. En definitiva, disponemos de más tiempo de ocio. Este ocio hace que la escuela (Schola) sea posible.

Esto no quiere decir simplemente que nuestra vida estará dedicada a la educación, como anticipaba Mumford en “Las transformaciones del hombre”, significa más bien, como decía anteriormente,  que la educación constituirá la tarea principal de la vida. Los procesos de infundir valor y significado a la vida no se detendrán en la escuela formal, continuarán de manera continua a lo largo de toda nuestra existencia. Nuestro concepto educativo enlaza con la visión que los antiguos griegos tenían de la educación: la paideia. Tal y como la describe Mumford, a partir del estudio de Werner Jaeger, la paideia “es la educación mirada como una transformación de la personalidad humana que dura toda la vida, y en la cual todos los aspectos de ella desempeñan un papel. A diferencia de la educación en el sentido tradicional, la paideia no se limita a procesos de aprendizaje consciente, ni a iniciar a los jóvenes en la herencia social de la comunidad. La paideia es más bien la tarea de dar forma al acto mismo de vivir, tratando toda ocasión de la vida como un medio para hacerse a sí mismo, y como parte de un proceso más amplio de conversión de hechos en valores, procesos en finalidades, esperanzas y planes en consumaciones y realizaciones. La paideia no es únicamente un aprendizaje: es un hacer y un formar, y la obra de arte perseguida por la paideia es el hombre mismo”.

                La paidea nos enseña que el desarrollo personal y la autotransformación no pueden delegarse. La tarea que nos corresponde a cada uno de nosotros es el autoexamen, la autoeducación y el autocontrol. Los que fracasen en este punto serán incapaces de contribuir a las transformaciones políticas, sociales y económicas que tanta falta nos están haciendo. No obstante, para que este proceso de autodesarrollo se convierta en el eje de nuestra vida, necesitamos transformar de manera radical la educación que reciben nuestros hijos en la familia, en la escuela y en su entorno social. Como explicamos en la presentación de este proyecto, nuestro modelo educativo, siguiendo los planteamientos de Patrick Geddes, se basa en las tres M (Madre, Mano y Mente), -pues en ese orden se desarrolla el ser humano-, y las tres H (Heart, Hand y Head), Corazón (sentimientos y emociones), Mano (aprender haciendo) y Cabeza (“libros” o aprendizaje intelectual).

Disculpa, querido amigo, si lo que en principio iba a ser un simple comentario a tu artículo se ha convertido en un sermón. Esta es la magia de la comunicación y el valor que tienen las palabras. Tenemos la capacidad de transmitir ideales, ideas y proyectos que son capaces de activar las emociones, el pensamiento y la imaginación de las personas que nos escuchan o nos leen. Por eso no debemos dejar de hacerlo. Es necesario que sigamos trabajando en nuestro desarrollo personal y compartiendo con los demás nuestros logros, ya que “solo aquellos que día a día tratan de renovarse y perfeccionarse serán capaces de transformar nuestra sociedad, mientras que aquellos que estén ansiosos por compartir sus altos dones con la comunidad entera –en verdad con toda la humanidad-, serán capaces de transformarse a sí mismos”.