LA ESPERANZA RESIDE EN LA NATURALEZA

Hay días en los que uno se plantea si es mejor dejar esto de la escritura para otra ocasión. Hoy no me siento nada optimista. Una mirada general al mundo me inunda el ánimo de tristeza y decepción. Estamos destrozando la tierra por nuestra incapacidad de autocontrol y sentido del límite. En este proceso de profunda alteración del medioambiente hemos provocado un cambio global de ámbito planetario, cuyos efectos más inmediatos son la desaparición de miles de especies y la alteración del delicado equilibrio climático que permite el desenvolvimiento de la vida en la biosfera. Muchos recursos no renovables están agotados o a punto de hacerlo, entre ellos algunos tan necesarios para la vida como los suelos fértiles o el agua. En nuestro afán de mantener nuestro alocado modo de vida hemos creado un entremado económico basado en simples artificios contables. Esta artificial estructura económica se está desplomando ante nuestros ojos y no pasará mucho tiempo antes de que asistamos a un colapso financiero irrecuperable. En este momento volveremos nuestros rostros desesperados hacia la naturaleza y entonces nos daremos cuenta de que buena parte de las mejores tierras para el cultivo han sido sustituidas por altas torres de hormigón y que nuestros arroyos y rios han sido sepultados o contaminados. El regreso a la tierra que aconteció tras el derrumbe del imperio romano ya no es posible en nuestros tiempos, y menos para tantos millones de personas que hoy pueblan la tierra.

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Al mismo tiempo que hemos destruido la naturaleza y dinamitado los cimientos de una economía equilibrada y respetuosa con el medioambiente, hemos proseguido una peligrosa senda de involución humana. Los valores clásicos de la valentía, la justicia, el equilibrio y la templanza han sido sustituidos por la cobardía moral colectiva e individual, el desequilibrio en la distribución de la riqueza y la desmesura en todos los ordenes de la vida. La riqueza en posesiones materiales ha sido proporcionalmente inversa a nuestra pobreza interior. Nuestra vida interior se ha empobrecido debido al aletargamiento de nuestros sentidos, la ausencia de experiencias gratificantes y la desconfianza mutua. Carecemos de la capacidad de emoción y trascendencia de nuestros antepasados debido a nuestra falta de ambición espiritual. El mundo espiritual en la actualidad bascula entre la vacuidad de muchos y el fanatismo de unos pocos igualmente nihilistas, pero dispuestos a destruir todo signo de civilización y de vidas humanas que consideran “infieles”.

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Una especie de cortacircuito se ha producido en nuestro pensamiento que impide la renovación de nuestros ideales económicos, sociales y políticos. Las ideas no fluyen o están tan dispersas en una enorme nube de información que resulta imposible obtener una síntesis que permita el avance de la ciencia y la filosofía. Carentes de ideas y con una ignorancia cada vez más acusada de los símbolos característicos de cada cultura el caudal de la imaginación y la creatividad está practicamente agotado. La poesía, la literatura, el arte en general, carece de la profundidad de antaño. Son tan superficiales como los seres humanos que la expresan.

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Con un pensamiento en estado comatoso, agudizado por la cada vez mayor dependencia de las máquinas, sobre todo de los dispositivos electrónicos (móviles, tablets, etc…), la política se ha divorciado de la ética y de la defensa del bien común; la ciencia ha abandonado la verdad para servir al dinero y el poder; y el arte se ha puesto al servicio de la publicidad y la propaganda. La voz de la ciudadanía se ha agotado o balbucea palabras sin sentido. Nuestro individualismo impide el desarrollo de los atributos esenciales de la sociedad como son la capacidad de comunicación, cooperación y comunión.

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En el actual estado de nuestro mundo de afuera y de adentro resulta muy difícil lograr una existencia plena y significativa. Por el contrario, cada día estamos más enfermos tanto en nuestro aspecto físico como psíquico. La infelicidad es la tónica general en este mundo de la superabundancia material y la escasez espiritual. La razón principal de esta situación es la grave desarmonía entre nuestro mundo interior y externo, entre el macrocosmos y el microcosmos. Tal y como expuso de manera brillante Joseph Campbell, nuestro mundo interior no es otra cosa que la extensión del mundo exterior. Lo que hay dentro, eso hay afuera, dijó Goethe. Y al revés también. Al mismo tiempo que destruimos, contaminamos la tierra y nos separamos de la naturaleza enfermamos y muere nuestra alma. Con la muerte de nuestro yo cosmico el ego y el superego toma la rienda de nuestras vidas. La consecuencia más inmediata es el reforzamiento del individualismo y el tribalismo. Somos incapaces de colaborar de una manera enriquecedora y al mismo tiempo nos lanzamos sin reserva al magma de nuestra tribu nacionalista, política, deportiva, étnica o religiosa.

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Siento haber dibujado un panorama tan desolador. Si de verdad tenemos interés en curar a la humanidad y salvar al planeta tenemos que hacer un diagnóstico certero, aunque resulte duro y preocupante. Las posibilidades de sanación son escasas. En este momento conviene recordar que cuando se abrió la caja de Pandora y se dispersaron todos los males que persiguen a la humanidad aún quedó un halo en el fondo: la esperanza. Nuestra esperanza es que seamos capaces de reaccionar a tiempo. En la situación actual de conformismo y acomodo sólo un hecho traumático será capaz de hacernos reaccionar. Puede que sólo en este instante despertemos y nuestros ojos vuelvan a mirar a la naturaleza como la Gran Diosa Madre que nos da la vida y nos facilita todo aquello que necesitamos para lograr una vida plena, rica y significativa. Ella es la única capaz de sanarnos. En ella reside toda nuestra esperanza.

DESPUÉS DEL 21 DE AGOSTO DE 2015

Acabo de terminar de visionar el amplio reportaje que la televisión nacional de Portugal emitió ayer con motivo del sexto centenario de la conquista portuguesa de Ceuta. Lo primero que han destacado los periodistas lusitanos desplazados a nuestra ciudad es que este día ha pasado completamente desapercibido para la sociedad ceutí. A varios transeúntes le preguntaron: ¿Sabes Vd. que día es hoy? Respuesta. “Sí, claro. Viernes”. Replica del periodista. “No, me refiero si conoce Vd. que hoy se conmemora los seiscientos años de la toma de Ceuta por las tropas portuguesas. “La toma, ¿De qué? No, ni idea”. Primera en toda la boca.

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Seguidamente comentan los periodistas la polémica suscitada por la conmemoración de esta fecha tan señalada de nuestra historia.  Por sorpresa, según dicen, el Presidente de la Ciudad, acompañado de la Consejera de Educación y Cultura y del Consejero de Juventud, Deportes y Turismo, acompañó a la delegación de portugués en su visita a la muralla califal. Una vez más salió a relucir el asunto de la matanza. Mi amiga Dália Dias respondió que la historia está plagada de hechos sangrientos, pero que ellos están aquí para favorecer el diálogo y la cooperación  cultural.

Ya de manera directa le preguntaron al Presidente de la Ciudad sobre el porqué su gobierno no había organizado alguna actividad institucional para conmemorar este día. Para responder a esta pregunta el Sr. Vivas esgrimió un argumento que no fue citado por el portavoz del Gobierno ese mismo día. Habló de razones de índole económica. El periodista le inquirió  sobre la polémica política por la conmemoración del sexto centenario y ahí se cortó este fragmentario televisivo. Creo que los periodistas tendrían que haber reproducido las declaraciones integras del Presidente.

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Continúa el reportaje con unas declaraciones en directo del enviado especial de la televisión nacional portuguesa, Jose Rodrigues dos Santos, tomando como fondo el baluarte de la Bandera y el foso de las Murallas Reales. Comienza insistiendo sobre “la ignorancia absoluta” de las personas que entrevistaron en la calle Camoens sobre este día y su importancia histórica. Lógicamente destaca que este hecho histórico sí es conocido por los intelectuales e historiadores locales, así como por las autoridades. También se refiere a la polémica suscitada entre la clase política sobre la conveniencia de conmemorar esta fecha. Al periodista le sorprendió que el Sr. Vivas dijera, a los portugueses a los que saludó, que es muy importante el conocimiento de la historia común y al mismo tiempo hiciera unas declaraciones “a escondidas” para la televisión portuguesa, por deferencia a esta cadena extranjera,  porque no deseaba transmitir ningún mensaje institucional en este día tan señalado. De todas maneras, el periodista vuelve a insistir en que a los ceutíes les interesaba muy poco este episodio histórico, a pesar de que la ciudad está plagada de símbolos que aluden a nuestro pasado lusitano.

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Termina el amplio reportaje de la televisión portuguesa por un recorrido por Ceuta acompañado de dos compatriotas lusitanos que residen en nuestra ciudad. Van recorriendo las calles mostrando algunos de los símbolos que aluden a nuestro pasado portugués como la estatua de Enrique el Navegante, el escudo de Ceuta, similar al de Portugal, nuestra bandera de inspiración lisboeta y la Virgen de África. Hablan de la convivencia intercultural y de nuestras ventajas fiscales. Luego entrevistan al Sr. Francisco, propietario de una hamburguesería en nuestra ciudad y también portugués, que tiene entre su distinguida clientela al conocido Paco Yamaha. De aquí se trasladan en coche a la barriada el Príncipe Alfonso para mostrar la otra cara de nuestra ciudad, todo ello con la música de fondo de la serie televisa “El Príncipe”.

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El paseo lo terminan en el centro cultural de la Manzana del Revellín diseñado por el arquitecto portugués Alvaro Siza. En este céntrico complejo arquitectónico los guías que acompañan a la televisión portuguesa comentan que esta obra no responde a la que pedía la sociedad ceutí y que a los ceutíes no nos hace mucha gracia al estar carente de estética y no encuadrar en el entramando urbano de la ciudad.

Mi conclusión es que hemos transmitido una pésima imagen en la sociedad portuguesa. Ellos que valoran con tanto cariño a nuestra ciudad han comprobado que para los ceutíes este sexto centenario de la conquista portuguesa de Ceuta carece de importancia y muchos ignoran la relevancia de este episodio histórico. Por si fuera poco han visto cómo el gobierno autonómico no había organizado ningún acto para recordar esta fecha y cómo su Presidente decía una cosa a los visitantes portugueses y luego se escondía para hacer declaraciones a la televisión nacional portuguesa, ya que no quería hacer ningún tipo de declaración institucional en este día tan señalado. Habló por deferencia con la televisión portuguesa, pero para los periodistas locales sólo hubo foto. Una foto que llevar a las portadas periodísticas para dar la imagen de una hospitalidad fingida.

Hemos perdido una oportunidad única para estrechar lazos económicos, sociales y culturales con un pueblo, como el portugués, con el que compartimos muchos símbolos y varios siglos de historia. Todo esto ha sucedido por la torpeza de unas autoridades que llevaron al campo de la política la conmemoración de un hecho de gran relevancia histórica. Todo lo que toca la política partitocrática terminan estropeándose. A nuestros políticos les falta, en general, altura intelectual y moral para gestionar correctamente un acontecimiento de esta índole. Se necesita una sólida estructura intelectual para anular las continuas tergiversaciones históricas que han llevado a cabo los partidos políticos ceutíes tanto del gobierno como de la oposición. Han mirado al pasado no como una oportunidad para construir un futuro esperanzador para los ceutíes, sino como una excusa para la poralización social que favorece su cortaplacistas intereses electorales. En vez de trabajar en la recomposición de una identidad compartida han alimentado la tribalización en el seno de la sociedad ceutí.

Si algo ha evidenciado este lamentable episodio de nuestra política es que la gestión cultural tiene que recaer en profesionales y no en comisarios políticos. Y todavía es mejor si el complejo tecnoburocrático se mantiene al margen y deja a la sociedad civil que se encargue de la conmemoración de estos hechos históricos. El papel de la administración tiene que limitarse a apoyar a aquellas iniciativas cívicas que busquen la comunicación y la cooperación cultural, así como la conservación del patrimonio, la investigación histórica, la expresión artística y el impulso de proyectos capaces de generar riqueza y empleo a partir de nuestros bienes culturales y naturales.

Al final quién ha salvado la situación ha sido el entendimiento y las ganas de trabajar de las asociaciones portuguesas Agavi y Quadrante,  junto con los integrantes del proyecto salZONE. Salazones de Ceuta. No sé que hubiera sido del encuentro “Mesa ao Vivo” si no llega a ser por las responsables del proyecto salZONE. Han sido días de mucho trabajo y nervios, pero todo ha quedado compensado con el extraordinario éxito de este evento cultural. Nuestros amigos portugueses se han visto arropados por un elevado número de ceutíes que quisieron compartir con ellos cultura, música y gastronomía.

Vamos a seguir trabajando para que esta semilla que plantamos el día 21 de agosto de 2015 crezca y dé sus frutos. Ahora nos queda cuidar y abonar esta semilla. Los frutos no serán inmediatos, pero llegarán. Todo lleva su tiempo.  El amor, la búsqueda de la verdad y el disfrute de la belleza que atesora el patrimonio cultural y natural compartido por ceutíes y portugueses son las claves para el éxito de una iniciativa ciudadana que ha empezado a emerger a pesar de la esterilidad de una tierra poca abonada por la educación  y la cultura.

 

SOBRE SÍMBOLOS COMUNES Y LA CONMEMORACIÓN DEL SEXTO CENTENARIO DE LA CONQUISTA PORTUGUESA DE CEUTA

Ayer, día 21 de agosto de 2015, fecha en la que algunos conmemorábamos la conquista portuguesa de Ceuta (otros no lo hicieron por cobardía política, moral o intelectual), tuve el inmenso honor de participar en el encuentro “De um porto para o mundo. Ceuta 600 anos depois – o mesmo encontro dos culturas” organizado, conjuntamente, por la asociación portuguesa Agavi y el proyecto SalZONE. Salazones de Ceuta. De manera más concreta, participé como ponente en el coloquio “La cultura. Los vínculos y las relaciones de valor”. Compartí mesa con Toño Campoamor, que desempeñó la función de moderador; y con Dália Dias, comisaria de la Mesa o Vivo Ceuta, además de responsable de la asociación  Quadrante. Rota do Patrimonio.

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Comencé mi reflexión agradeciendo el gran esfuerzo que la asociación Agavi y Quadrante habían realizado para que pudiéramos celebrar este encuentro cultural entre dos pueblos hermanos, como son Portugal y Ceuta, a la que nos une una historia compartida que dio, como fruto, importantes símbolos comunes. Estos símbolos son fundamentales para desplegar los atributos esenciales de la condición humana que son nuestras capacidades de comunicación, cooperación y comunión. Para ceutíes y portugués estos símbolos tienen los mismos significados, funciones y valores.

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Sin símbolos, -como señalaba Lewis Mumford en la introducción de su obra “La condición del hombre”-, “la vida del ser humano sería una vida de apetitos inmediatos, de sensaciones inmediatas; se vería limitado a un pasado más corto que su vida, a merced de un futuro que nunca pudo anticipar, para el que nunca pudo prepararse”. Nuestra capacidad de transformar la experiencia en símbolos y los símbolos en experiencias vitales es lo que nos hace humanos. Esto nos lleva afirmar, siguiendo a Mumford, que “no hay pobreza peor que la de ser excluido por ignorancia, por insensibilidad o por falta del dominio del lenguaje de los símbolos significativos de la propia cultura; esas formas de sordera o ceguera social constituyen verdaderas formas de muerte para la personalidad humana. Porque, precisamente por el esfuerzo para lograr significado, forma y valor se realizan las potencialidades del ser humano y su verdadera vida es elevada, a su vez, a un potencial superior”.

Asociaciones como Agavi, Quadrante, salZONE o Septem Nostra, de la que el gran honor de presidir, trabajan precisamente para evitar que estos símbolos, tangibles o intangibles, que llamamos patrimonio cultural, pueden desaparecer debido a la ignorancia, la insensibilidad o la destrucción indiscriminada. Es una noble causa que va mucho más allá de proteger unos vestigios históricos o una tradición milenaria como las salazones ceutíes o la gastronomía portuguesa. Tiene que ver con nuestra propia humanidad y nuestro continuo esfuerzo de evolución hacia niveles superiores de consciencia y trascendencia.

Quise en mi intervención adentrarme en el complejo mundo subjetivo para explicar cómo entiendo yo la génesis de esos símbolos que aúnan a ceutíes y portugueses. El punto de partida es el lugar. La geografía es un elemento fundamental en la estructuración de nuestra percepción y emoción. Ceuta, y algunas de las principales ciudades portuguesas como Oporto y Lisboa, son puntos estratégicos con vocación marinera. El mar han sido para estas ciudades su principal fuente de recursos y la base de su economía. Somos pueblos del mar. Sentimos el mar con extraordinaria fuerza. Conocemos, como decía Waldo Frank,  en nuestro presente nuestro pasado en el mar. Sabemos que nuestra sangre es salada como el agua del mar y nuestro cuerpo es miembro de mar. Contemplamos nuestro pasado destino en el mar y lo amamos, pero también apreciamos su amenazador presente y futuro, y lo tememos. Le damos la espalda y construimos nuestros hogares secos lejos del mar y contra el mar. Ya es hora de reconciliarnos con el mar. Lejos de entender como un ancho mar que nos aísla empecemos a apreciar con un medio de comunicación, cooperación y universalización incluyente.

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Ceuta, que es la ciudad en la que vivo y a la que amo, nació por el mar. Nuestros primeros pobladores fenicios y romanos se asentaron aquí atraídos por la riqueza de su mar. Hace más de dos milenios se empezó en Ceuta a pescar  túnidos y, partir de ellos, a  producir  salazones y salsas de pescado.  Esta tradición se ha mantenido durante toda nuestra historia. Sin embargo, nos encontramos en un momento delicado. Si no hacemos algo para remediarlo este milenario patrimonio intangible puede desaparecer y con él una parte fundamental de lo que somos. El peligro de desaparición de las salazones de pescado ceutíes encuentra su paralelo en otras tradiciones culinarias igualmente amenazadas de nuestros hermanos los portugueses. Por este motivo estamos obligados a compartir experiencias y estrategias para impedir que estos símbolos desaparezcan debido a la ignorancia o la falta de aprecio de este patrimonio.

Como decía con anterioridad, y ahora insisto, somos gentes del mar. Nuestro sentimiento de amor al mar se transmuta, en uno proceso alquímico dentro de nuestro ser, en profunda emoción. Y una vez más, como seres simbólicos, convertimos a esas emociones en símbolos intangibles y tangibles. La Virgen de África que dejaron los portugueses que hace seiscientos años desembarcaron en Ceuta es algo más que una bella talla de madera. Es la materialización de la idea arquetípica elemental de la Madre Tierra que nos da la vida y nos ofrece todos los ingredientes para una existencia digna, plena y rica. La misma naturaleza es la inspiradora de los símbolos más importante de nuestros pueblos. Ceuta y Portugal comparten el mismo, escudo. En él, como en la moneda ceitil acuñada por los lusitanos de la antigua Cepta lusitana aparecen un castillo flanqueado por tres torres y el azul de mar en sus quinas. Son los dos elementos definitorios del patrimonio ceutí: las fortificaciones y el mar.

Nos hemos adentrado en nuestro proceloso mar interior para conocer la génesis de nuestros símbolos comunes, pero es hora de volver al mundo de afuera. Debemos tomar la ruta hacia el mundo de la acción. No podemos quedarnos rezagados en la mansión de la memoria, donde podemos adquirir más y más erudición, pero nunca haremos mucho. Esto lo que, según nos advertía Patrick Geddes, anda mal con demasiada gente de la cultura; “a eso se debe que se sientan paralizados y no puedan hablar ni actuar aunque la ocasión lo reclame”.

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Mi propuesta para llevar el pensamiento a la acción está sustentada en tres pilares: la política cívica, la cultura y el arte. Respecto al primero de estos pilares creo imprescindible ejercer una defensa cívica activa del patrimonio natural y cultural entendido como los más valiosos bienes comunes que tenemos los seres humanos. Es una necesidad y al mismo tiempo una obligación moral. Esto ya lo tenían claro los fundadores de la democracia ateniense y por este motivo los jóvenes efebos juraban ante su pueblo combatir por los ideales y cosas sagradas de la Ciudad, a solas y con muchos; esforzarse incesantemente por promover el sentido de deber cívico en el pueblo; y transmitir su ciudad, no sólo no menor sino mayor, mejor y más hermosa de los que les fue transmitida a ellos.

Los ciudadanos, inspirados por la Musa Caliope, debemos alzar nuestra voz para defender nuestros bienes culturales y naturales. Un medio eficaz para hacerlo es crear un foro permanente de diálogo en la sociedad cívica ceutí y portuguesa. El primer paso ya lo hemos dado con la firma de un acuerdo de colaboración entre la asociación Agavi y el proyecto salZONE. Salazones de Ceuta. Tenemos que seguir hablando y trabajando juntos. Es necesario que nuestra voz llega a nuestras respectivas sociedades y creo que un medio interesante para conseguir es la creación de una Escuela hispanolusa o lusahispana, como quieran llamarla, dedicada a la política cívica, la cultura y el arte. Una escuela en la que podamos  facilitar el proceso de renovación de nuestros corazones, la reeducación de nuestras mentes y la restauración de nuestro patrimonio cultural y natural.

El arte tiene como principal objetivo la expresión de nuestro yo interior. Cuanto más rica sea nuestra vida interior, mejor conozcamos los símbolos comunes y más facilidades encuentre el ser humano para el pleno despliegue de su imaginación creativa más elevado será nuestro arte. No hay belleza artística, si no hay belleza interior. Como decía Goethe, “un leño arde porque tiene suficiente madera para arder, y una persona alcanza la fama porque en su interior también hay materia para eso”. Cada uno encuentra su mejor medio para expresar lo que late en su interior. Hay quien está mejor dotada para la poesía, otros para la música, la pintura, la escultura, la literaria, la fotografía…No importa el medio, lo importante es el fin. Y el fin no es otro que el fortalecimiento de la vida interior, nuestra elevación, la posibilidad de vivir una vida digna, plena y rica. Una vida que merezca ser vivida.

Podemos hacer también de la cultura, el arte y nuestro patrimonio cultural y natural una fuente importante de creación de riqueza y creación de empleo. Ceuta y Portugal estamos pasando por un mal momento económico y tenemos que aprovechar de manera sostenible e inteligente nuestros recursos patrimoniales para diseñar productos turísticos y gastronómicos interesantes y atractivos. Los caminos que antes fueron de conquista militar pueden hacer transformarse en rutas que conecten nuestros pueblos, ya sea por mar o por tierra.

Y por último, la cultura. Termine mi exposición recordando la siguiente idea incluida por Patrick Geddes en su obra “Ciudades en evolución”, que este año cumple su primer siglo:

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Ayer sembramos una de estas semillas de las que hablaba Patrick Geddes. No miramos al pasado. Miramos a los símbolos que compartimos y a un futuro basado en la comunicación, la cooperación y la comunión entre los pueblos. Hoy sembramos la semilla de un proyecto compartido que pretende afianzar el sentimiento de amistad entre Ceuta y Portugal y alimentar los sueños de alcanzar un mundo cimentado en la democracia participativa, la cultura y el arte. Las armas del pasado han sido sustituidas por la amistad, la sabiduría y la creatividad. El proceso de expansión que se inició hace hoy seiscientos años en Ceuta ha concluido. Vivimos en un mundo unificado con un destino común. Las fronteras políticas y mentales están llamadas a desaparecer. El ser humano está abocado a una transformación definitiva de su pensamiento y de su acción. Estamos llamados a asumir nuestras responsabilidades cívicas y a trabajar por la unidad y la fraternidad efectiva del ser humano.

UN SUEÑO EN LA CIMA DEL MONTE HACHO

Ceuta, 19 de agosto de 2015.

 Estaba delante del ordenador y de momento he sentido un impulso irrefrenable de ponerme a escribir. Me siento vital y lleno de energía. Tengo ganas de expresar lo que fluye en mi interior. Siempre es una sorpresa. No escribo lo que pienso. Es un simple dejarme llevar por lo que de manera natural surge de mi interior. Siempre ha sido así. Nunca sé exactamente cuál será el resultado de mi escritura. Lo entiendo como una aventura en la que el escenario es mi alma y para la que no cuento con un mapa ni una brújula. Me adentro en mis pensamientos con alegría y emoción. Siempre encuentro cosas de valor que me gusta compartir con los demás. No son grandes tesoros, sino humildes piezas del puzle que conforman mi propia imagen. Me da igual que me lean cien que uno. Para mí la escritura es una manera de autoconocimiento, autodesarrollo y expresión. Un esfuerzo que también su repercusión en la sociedad, y más concretamente, en el grupo de personas con las que uno se relaciona. Como decía mi admirado Lewis Mumford “solo aquellos que día a día tratan de renovarse y perfeccionarse serán capaces de transformar nuestra sociedad, mientras que aquellos que estén ansiosos por compartir sus altos dones con la comunidad entera –en verdad con toda la humanidad-, serán capaces de transformarse a sí mismos”.

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Soy un hombre afortunado por muchas razones. Una de ella es por haber dado un salto cualitativo en mi madurez personal gracias a la lectura de las obras de Lewis Mumford. Él me abrió las puertas a una concepción de la vida y del ser humano radicalmente distinta a la que estaba acostumbrado. De su mano descubrí a autores que con el tiempo se ha convertido en fundamentales en mi crecimiento personal. Hablo de su maestro Patrick Geddes, o de autores tan importantes para mí como Emerson, Thoreau, Whitman, Blake, Eucken, Schiller, Ruskin, Goethe o su amigo Waldo Frank.  Todos ellos, y muchos más, han contribuido al despertar de mis sentidos, sentimientos, pensamientos e imaginación. De todos estos despertares el más notorio ha sido el de mi mirada. Por desgracia, según comentaba William Blake,  “el árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,  en la Mirada de otros no es más que un objeto Verde que se interpone en el camino. Algunas personas Ven la Naturaleza como algo Ridículo y   Deforme,  pero para ellos no dirijo mi discurso;  y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en  especial”.  Sin embargo, existe otro tipo de personas, continúa diciendo Blake, para quienes “la Naturaleza es imaginación misma.  Así como un hombre es, ve.  Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas”. Yo he tenido la suerte de desprenderme que esas telarañas que nos impiden captar todo la bondad, la verdad y la belleza que contiene la naturaleza.

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Con el paso de los años he conseguido apreciar los sutiles cambios de luz, las tonalidades del cielo, la amplia gamas de colores de la naturaleza, el desfile interminable de las nubes, el sonido de las aves, el silbido del viento, el olor a tierra mojada en otoño y el néctar de las flores en primavera, el permanente olor del mar y su humedad penetrante, el tacto siempre cálido de los árboles y la frialdad de la piedra. Me gusta cuando todos elementos se combinan de múltiples maneras ofreciendo espectáculos de una belleza indescriptible. Hace un par de días subí a la cúspide del Monte Hacho para contemplar el ocaso del sol. Sopla un fuerte viento de poniente, tan enérgico que mi cuerpo cimbreaba como los árboles que me rodeaban. Poco a poco el cielo se teñía de rojo. El sol yacente permitía mirarlo directamente sin que mis ojos se sintieran incómodos. Mientras se sumergía en las profundidades del Estrecho parecía que arrastraba consigo el mismo mar y los barcos que se encontraban en su superficie. Yo mismo pensaba que Ceuta y todo lo que contenía sería arrastrada por el influyo del sol hasta el mismo Hades. La puerta que custodia el Cancerbero se abrieron para recibir al sol y yo estaba allí para contemplarlas. Al momento la puerta se cerró, pero los rayos del sol siguieron iluminando el cielo a través de las ranuras del portón infernal.  Entonces me acordé de Dante y su alusión a Ceuta en “La Divina Comedia”. Estoy seguro de que él también fue capaz de ver desde nuestra ciudad las puertas del infierno abriéndose y cerrándose en el Estrecho para recibir al sol.

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Una vez cerradas las puertas de Hades noté una gran calma interior. La oscuridad fue lentamente apoderándose del paisaje. La luna, aún naciente, apareció sobre la cabeza del Atlante dormido. Mientras tanto las luces de la ciudad empezaban a encenderse. Al fondo atisbe un grupo de kayak que emprendía su vuelta nocturna por el litoral ceutí. Gracias al dominante viento de poniente llegaban hasta mí los sonidos de la ciudad. Entre el ruido de los coches y las motos distinguí el bello repicar de las campanas de la ermita del Valle.  Vista desde las alturas pensé en la Ceuta eterna. Por un momento dejé volar a mi imaginación. Los edificios,  las calles asfaltadas y la profusión de luces desaparecieron de la estampa que contemplaba.  El ruido incesante de los vehículos se apagó. Todo volvía a ser verde. El primitivo bosque de Ceuta aparecía antes mis ojos con sus encinas, quejigos, algarrobos y acebuches. Las antiguas siete colinas de la Almina eran de nuevo apreciable. Entre ellas discurrían arroyos en cuyos cauces abundaban los sauces y alisos. Una playa de arena rubia se extendía por todo el borde norte del istmo y de la Almina. En un punto cercano al lugar donde hoy día se encuentran los baños árabes desembarcan un grupo de mujeres. Se dirigen a un pequeño templo situado junto a un caudaloso arroyo. Una robusta encina, en torno a la que bailan y cantan, oculta parte del templo. Adivino que se trata de un santuario dedicado a la Gran Diosa.  Una de las mujeres porta sobre su pecho un colgante con la representante de la Gran Diosa en posición oferente y dando a luz a una flor de loto como símbolo de una naturaleza en continuo proceso de renacimiento y renovación. Otra de las sacerdotisas eleva hacia el cielo una piedra negra de forma prismática que representa la unión de lo objetivo y lo subjetivo, la razón y la inconsciencia, lo masculino y lo femenino, la noche y el día, la vida y la muerte, el amanecer y el atardecer al que este grupo de sacerdotisas  rinden culto mostrando su ídolo al sol engullido por el mar.

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La negrura de la noche, como la de la piedra que vuelve al templo, hace desaparecer las líneas del horizonte y de las montañas. Las estrellas empiezan a encenderse en el firmamento. Venus duerme hasta el alba y su lugar junto a la luz es tomada por la estrella espiga. El fin del verano está próximo y pronto empezará la época de la vendimia.

…Poco a poco despierto de mi sueño. El frío me saca de mi plácido estado soñoliento. ¿Ha sido un sueño o una revelación? Poco importa. Mi imaginación ha tomado el control de mi ser y me ha elevado hacia dimensiones de la realidad inalcanzable por la mente racional y mecanicista. Siempre he sido un soñador, y como dejo escrito mi maestro Mumford, vivimos en uno de esos tiempos en el que solo los soñadores son hombres y mujeres prácticos.

CENTINELA DEL MAR

Ceuta, 16 de agosto de 2015

Hoy he regresado a la playa del Sarchal. Al bajar por las empinadas escaleras de 275 peldaños he levantado la vista hacia el horizonte para disfrutar de la belleza del mar.

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El cielo está limpio y muestra un vivo color azul. Hace más calor que ayer, así que lo primero que hecho al llegar a la playa ha sido darme un baño. Me he sumergido en el agua y al emerger he cerrado los ojos y abiertos los brazos. Con los ojos cerrados mi mente parecía un caleidoscopio. Los colores se sucedían unos a otros sin parar: rosa, morado, azul y el amarillo ondulante de los reflejos del mar que traspasaban la fina piel de mis párpados, tan fina como el resto de mi cuerpo. Por un momento no había mar ni cuerpo. Todo era una unidad acariciada y mecida por las olas.

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Estoy solo, bueno no del todo. Una joven gaviota ha permanecido como una disciplinada centinela sobre la roca más alta del lugar. Ha venido a verla alguna amiga o amigo, pero ella ha seguido impertérrita atisbando el horizonte sin perder detalle. Ni siquiera se ha sentido perturbada por la conversación que mantenían sobre nosotros una elegante pareja de cernícalos.

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Cuando escribo estas palabras una preciosa mariposa de grandes alas ha realizado un vuelo rasante sobre el mar y se ha dirigido hacia mí rozándome la cabeza. He visto en ella encarnado el espíritu de la naturaleza.

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A ratos saco mi ejemplar del Diario del Walt Whitman y leo algunos de sus pasajes. Me gusta acercar sus libros al mar. Sé que su espíritu me acompaña y disfruta tanto como yo de la naturaleza. Su alma está en las mismas olas que rompen junto a mí y salpican mi cuerpo.

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NO ESTAMOS SOLOS

Ceuta, 15 de agosto de 2015

Estoy en la playa del Sarchal. Por suerte hoy no hay medusas y me he podido dar un refrescante baño. Hace un día espléndido. El sol está a punto de alcanzar su cenit. El cielo adquiere un azul atenuado por suaves vetas blanquecinas. La luz es intensa y caliente.  Una suave brisa de poniente refresca mi cuerpo y encrespa la superficie del mar. Las aguas están limpias y transparentes, a veces agitadas y otras quietas.

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Estoy solo, pero no me siento solo. La naturaleza y yo mantenemos una agradable conversación. No la siento como extraña. Yo participo de ella y en ella participa de mí. Como Whitman me canto a mí mismo y la melodía que escucho es la propia naturaleza que habla desde mi yo cósmico. El sentimiento que quiere transmitirle es de agradecimiento. Me considero afortunado de mantener una relación tan estrecha con ella. Gracias a la naturaleza he conseguido entender el significado profundo de la bondad, la verdad y la belleza. Lo que antes me parecían tres realidades separadas ahora las comprendo como una unicidad indivisible. Donde veo belleza aprecio la bondad y la verdad. Donde hay bondad hay belleza. La verdad las reconcilia a los dos, pues la mayor verdad es que estamos aquí para generar bondad y para disfrutar de la belleza.

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Antes sólo veía fealdad y sufría. Denunciaba, y seguiré haciéndolo, todas aquellas acciones que afectan a nuestra naturaleza y al patrimonio cultural, pero he aprendido a deleitarme con la naturaleza. He llegado a entender que la naturaleza no estará a salvo hasta que todos y cada uno de nosotros no seamos capaces de escuchar nuestra voz interior,  que resuena, como las olas que ahora escucho, desde las profundidades de nuestro ser. Hacemos todo lo posible para acallar esta voz, este canto de las Musas. Miramos a nuestras pantallas del móvil. Nos ponemos unos auriculares con música para anular la voz que nos habla en el único momento en el que estamos solos: cuando cerramos los ojos y nos disponemos a dormir. Despreciamos un instante precioso para recordar todo lo que hemos hecho a lo largo del día y hacer balance de nuestra existencia. Las pérdidas se restan a las ganancias y así sabemos si el saldo de nuestro día ha sido positivo o negativo. No lo hacemos en términos monetarios, sino en momentos de plenitud, gozo, disfrute del presente y esperanza en el futuro. Con este simple gesto de dedicar unos pocos minutos de reflexión sobre nuestro día podemos saber si hemos deliberadamente y aprendido lo que la vida tiene que enseñarnos, como nos decía Thoreau.

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Sí, la vida merece la pena ser vivida. A pesar de todos los males, la ignorancia, las deslealtades que observamos a nuestro alrededor, tenemos la increíble oportunidad de ser co-creadores del cosmos. Todos tenemos la posibilidad de contribuir, según nos recordaba Whitman, con un verso al poderoso drama del universo. De alguna manera ese verso está escrito en el fondo de nuestra alma. Solo necesitamos un poco de atención y esfuerzo para leerlo, compartirlo con los demás y hacer de su contenido la misión de nuestra vida. “Haz tu obra y te fortalecerás”, digo Ralph Waldo Emerson, como también nos recordó con insistencia que debemos confiar en nosotros mismos y llegar a descubrir quienes somos. Todos tenemos nuestra propia personalidad y nada ni nadie nos deben impedir expresar lo que somos y actuar según los dictados de nuestro corazón.  Hay que dejar atrás la vergüenza y el miedo a ser señalados con el dedo por no adaptarnos la opinión general. Sólo tenemos una oportunidad de ser lo que somos y no podemos desaprovecharla.

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Es fantástica la cantidad de personas afines que uno llega a conocer cuando procuras ser fiel a uno mismo y sincero con los demás. Tomamos conciencia de que no estamos solos. En todos los lugares hay personas que han conseguido despertar sus sentidos, incrementar sus experiencias vitales, emocionarse con la contemplación de la naturaleza, relacionarse de manera unitaria con el cosmos, desarrollar su capacidad creativa, participar de manera comprometida en la política cívica, alzar su voz contra las injusticias, involucrarse en el recultivo de nuestros campos y montes o participar en la restauración de nuestro patrimonio cultural y natural. Desde el punto de vista cuantitativo somos pocos, pero nuestro poder es inmenso, pues procede de nuestro interior. Nuestra mayor recompensa es sentirnos vivos, saber que nuestra vida tiene un significado profundo y que estamos en armonía con el ritmo del cosmos. Los momentos que vivimos de plena conjunción con la naturaleza son los que determinan, en última instancia, si nuestra vida ha merecido la pena ser vivida.

LA SEMILLA DE UNA CEUTA RENOVADA

Sí, llevaba razón Geddes, “la vida es una espiral, que trabaja durante la semana y descansa los domingos, gozando, soñando, planeando de nuevo. Aquellos cuyas mentes tienen grandes vueltas o bien muchas en sus espirales son las vidas más grandes. “A veces, por desgracia, la espiral se rompe”. Nuestra propia vida es una espiral. Según Geddes, “las espirales vitales de los seres humanos, hombres y mujeres, a menudo pueden ser dibujadas. Cuando esto está bien hecho con respecto de vidas pasadas recibe el nombre de biografía. Cuando uno trata de hacerlo cuidadosamente y en forma justiciera en cuanto a personas que todavía viven y trabajan en la actualidad, recibe el nombre de crítica. Pero cuando se hace de forma apresurada y con negligencia se le llama “chisme”. La humanidad, en su evolución histórica, también adopta la forma de una espiral.

Espiral

Espiral

Solemos decir que la historia se repite. Y no es del todo cierto. Podemos establecer cierta semejanza con hechos del pasado, pero los acontecimientos siempre adoptan una forma contemporánea. En su desarrollo histórico todas las civilizaciones y todas las ciudades transitan por las cuatro estaciones de la vida. Los naturalistas y artistas deben seguir, como nos recordaba Patrick Geddes, los cambios a través de las estaciones. Y también tienen que hacerlo los evolucionistas sociales. Estos últimos deben ver y entender que la vida humana, al igual que las formas más simples de vida, están en armonía y tono con las estaciones. Esta es una antigua verdad, patente en las plantas, los animales y los seres humanos, así como latente en la evolución de los distintos seres vivos. Patente en la vida rustica y la labor del campo y el mar; latente en la vida urbana y el pensamiento. Patente en la historia y la literatura de cada localidad, latente a través de la historia y la filosofía del mundo.

Gibraltar entre árboles

Gibraltar entre árboles

Bien hacía Geddes en decir en la conclusión de la obra colectiva Evergreen que herencia y variación; supervivencia e iniciativa; conservación e innovación; declive y renacimiento, tiene cada una de ellas su tiempo y estación. Los místicos, pensadores, científicos y artistas están llamados a ser los seguidores de la primavera, el verano, el otoño e invierno, y de nuevo de la primavera. Ellos son los observadores, cronistas, estudiosos, ideólogos y cocreadores de la vida en su perpetua renovación y cambio. En sus palabras, en sus libros, en sus trabajos científicos, en sus obras de arte, en su poesía o en su filosofía están patentes la evolución de la vida, de la naturaleza, del mundo y de todos y cada uno de nosotros en su existencia individual. Y están también latentes los cambios, las iniciativas y las innovaciones que harán posible una nueva mutación de la conciencia y un nuevo despertar para la humanidad. Para ver el mundo, para ver la vida verdaderamente, uno debe verlas como un todo, y sólo aquellos que pueden ver el mundo y la vida en movimiento pueden verlo como un todo. Nuestros artes y ciencias, decía Geddes, son así más que especialidades y caminos técnicos de mostrar y ver las numerosas escenas y aspectos de la gran unidad, de este poderoso drama de evolución cósmica y humana al que cada uno de nosotros podemos añadir un verso.

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Citando a Walt Whitman: ¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven, Del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios, De mí mismo, que me reprocho siempre (pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?), De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos despreciables, de la lucha siempre renovada, De los malos resultados de todo, de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean, De los años vacíos e inútiles de los demás, yo entrelazado con los demás, La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ? Respuesta Que estás aquí – que existe la vida y la identidad, Que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso.

vista general de Ceuta

Sí. Todos y cada uno de nosotros podemos contribuir con un verso al poderoso drama de la evolución cósmica y humana. Ceuta y los ceutíes también. Patente es la profunda transformación de nuestro territorio, la falta de oportunidades laborales, la ausencia de una identidad cultural compartida, el fracaso escolar, la mutilación de nuestros sentidos, la escasez de experiencias gratificantes para nuestra juventud, la desconfianza intercultural, el fanatismo, la ignorancia, la esterilidad creatividad, el inmovilismo, la desidia, la falta de ideas imaginativas, la apatía cívica, el conformismo, los silencios, el desconocimiento de nuestra historia o la carencia de acciones cívicas sinérgicas. Pero en nuestra historia, en nuestra tierra, reposa latente la semilla de una Ceuta renovada.

primeros brotes 1903

Una Ceuta que reconstruye sus paisajes y recultiva sus campos; que recupera los oficios a punto de desaparecer como el de los artesanos de las salazones de pescado; que despierta sus sentidos y es capaz de reconocer la belleza de este extraordinario lugar. Una Ceuta, cuyos ciudadanos, destierran de sus corazones los resentimientos, odios y prejuicios; buscan la verdad desde la libertad individual y ponen toda su creatividad en marcha para diseñar proyectos de futuro para nuestra ciudad. Una Ceuta transformada por unos ceutíes convertidos en buscadores de la verdad, la bondad y la belleza, capaces de alzar sus voces, solos o en compañía de todos, para reivindicar la libertad, la igualdad y la justicia. Unos ceutíes dedicados al bien común que se unen a otros para reconstruir nuestros paisajes y nuestro patrimonio cultural. Esta semilla existe. No la busquen muy lejos. Está en el corazón de todos y cada uno de nosotros. Hagamos el esfuerzo para que emerja y florezca. Sólo el amor será capaz de hacerlo. Esta flor teñirá las calles y los campos de Ceuta de bellos colores y en conjunto será el verso más hermoso jamás escrito.