LLANTO POR LA CEUTA DESAPARECIDA

Ceuta, 11  de febrero de 2016.

Tenía muchas ganas de sentarme a escribir con el mar como trasfondo. Desde que empecé a estudiar las oposiciones no he tenido un hueco para dedicarlo a la escritura. Estoy realmente decidido a prepararme las oposiciones para secundaria. No sé cuál será el resultado de todas las horas de estudio que voy a dedicar a las oposiciones, pero a buen seguro que merece la pena intentarlo. Más que una prueba de oposiciones son una prueba para mí de esfuerzo, voluntad y constancia. Necesito demostrarme que soy capaz de lograr objetivos que requieren perseverancia y disciplina. Además lo asumo como una responsabilidad personal hacia mi mujer y mis hijos.

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Esto no quita que añore mis salidas a la naturaleza. Cada mañana, lo primero que hago, es asomarme a la ventana para ver el firmamento; y, entre folio y folio, levanto la mirada para contemplar el alba y su lucero. Según transcurre la mañana miro de reojo el paso rápido de las nubes en este tempestuoso mes de febrero. Nadie les presta mucha atención, pero a ellas poco les importa.

A veces, mientras estudio, veo la sombra de las gaviotas que pasan cerca de mi ventana y también escucho con frecuencia sus graznidos y de los numerosos grajos que desde tiempo para acá observo en los cielos ceutíes. El sonido de las aves da alas a mi imaginación. Me recuerdan el ambiente de “La Isla del Tesoro”  y del puerto ballenero en el que embarcó el joven Ismael antes de emprender su aventura en la diabólica caza de Moby Dick.

A poco que miro el horizonte vuelve a mí esa agradable experiencia de abarcar la totalidad del espacio geográfico en el que me encuentro. El tiempo se detiene y viajo a un tiempo pasado en el que la naturaleza lo dominaba todo. Esta Ceuta desaparecida antaño se reivindica a través mía y se muestra en su pura esencia virginal. Se queja de manera amarga de las continuas violaciones que lleva sufriendo por el ser humano. Llora en este instante sobre mí y sus lágrimas, en forma de lluvia, mojan mi cuerpo, mi libreta y mis gafas. Mi unión con el genius loci de Ceuta es muy estrecha y me siento alegre y agradecido. Cada día tengo más claro que mi principal legado serán estos escritos que quedan plasmados en mis libretas.

MENSAJE DE LAS MUSAS

Ceuta, domingo,  7 de febrero de 2016.

Esta noche, en sueños, las Musas me ha enviado un mensaje. Me han insistido en que releyera algunos pasajes del libro que Volker M. Welter escribió sobre el pensamiento de Patrick Geddes. Las Musas han querido que recuerde su papel como depositarias de la sabiduría del pasado y de los hechos que marcarán el futuro. Quien las escucha con atención es capaz de identificar la semilla latente del pasado la cual, con el suficiente cuidado y esmero, puede brotar en el futuro.

Mis actuales estudios de preparación de las oposiciones de secundaria tienen este objetivo trascendente de recordar algunas nociones de la geografía y de la historia que he olvidado o desconozco para avanzar en el proceso de descubrimiento de las claves que residen en el pasado, y en el presente, gracias a las cuales estaré en condiciones de anticiparme al futuro y contribuir a la emergencia de la eupsiquia o Vida Buena.

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APUNTES SOBRE EL KYBALIÓN

Ceuta, 5 de febrero de 2016.

Es cierto lo que figura en las primeras páginas del libro “Kybalión”: este libro te busca a ti cuando considera que estás preparado para entenderlo y aplicar sus enseñanzas. Su lectura ha sido realmente reveladora. Creo haber entendido todos los principios y  valorado su importancia. Me he quedado impresionado por la nueva dimensión que ha adquirido para mí los principios masculinos y femeninos aplicados al plano mental. He llegado a interiorizar que la parte subjetiva del ser humano, -que alberga los aspectos femeninos-, tienen que ser dirigidos por la parte masculino que es la voluntad. Es necesario reforzar el “yo” para lograr un fructífero matrimonio como el “mí”, cuya manifestación más tangible es el “mi yo”.

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Ahora comprendo por qué siempre me han emocionado tanto los versos en los que Whitman habla de “mi yo”. Están hablando del matrimonio sagrado entre los principios masculinos y femeninos que rigen el cosmos.

Todo el poder está en la mente. Toda la fuerza reside en el “yo”, en “mi yo”. Un “mi yo” que Whitman hace sinónimo de la vida. No hay otra vida posible y verdadera que la de “mi yo”. La existencia debería ser una continua conversación con nuestro “yo”, con nuestra alma.

Algunos pasajes extraídos del Kybalión apuntados en mi libreta:

El desarrollo espiritual significa el reconocimiento, la realización y la manifestación del espíritu interno

Todo progreso es una vuelta al hogar. Todo se mueve hacia arriba, adelante, a pesar de las aparentes contradicciones

Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad es meramente una expresión concerniente a causas oscuras, causas que no podemos percibir, causas que no podemos comprender”.

LA CORRESPONDENCIA ENTRE EL MUNDO DE AFUERA Y EL MUNDO DE ADENTRO

Ceuta, 29 de enero de 2016.

El panorama de la cultura española es realmente desalentador. Son muy pocos los que se preocupan de alimentar su alma, su espíritu y su intelecto. El mundo de afuera padece la misma falta de belleza que el de adentro. Ambos mundos interactúan de manera constante, de modo que lo que ocurre adentro es consecuencia de lo que sucede afuera, y viceversa.

Llevamos muchos siglos maltratando y contaminando la naturaleza, al mismo tiempo que se deteriora nuestra salud física y psíquica. Nos hemos desligado de la Madre Tierra en muchos sentidos: el perceptivo, el experiencial, el económico, el sentimental, el espiritual y el imaginativo.

Nuestra arrogancia y vanidad nos ha hecho creer que la naturaleza está a nuestro servicio y que es el ser humano tiene todo el derecho de explotarla y profanarla hasta agotar sus limitados recursos. Llevados por este fatal pensamiento hemos arrasado bosques, encauzados y desviado ríos, agotado acuíferos, demolidas colinas y montañas, perforadas profundas minas, contaminado mares y océanos y hasta hemos modificado el clima.

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El poder transformador que el ser humano ejerce sobre la naturaleza se ha ido incrementando con el paso de los siglos. Estos cambios han experimentado una vertiginosa aceleración a partir de mediados del siglo XIX, durante la llamada Segunda Revolución Industrial. Fue a partir de entonces cuando se inició una emigración masiva del campo a la ciudad. Estos emigrantes se encontraron con ciudades amuralladas, de calles estrechas y zonas de jardín y huertas en su interior. No había espacio en el interior de las ciudades para alojar a tantas personas y surgieron infernales suburbios en los que malvivían los trabajadores y sus familias. Se produjo lo que Karl Polanyi denominó “La Gran Transformación”, esto es, el intencionado deterioro de las condiciones de la población rural con el objetivo de obligar a los campesinos a emigrar a las ciudades para convertirse en mano de obra barata y desechable.

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Hubo personajes extraordinarios, como mi maestro Patrick Geddes, que dejaron a un lado sus cómodas vidas como científicos para trabajar a favor de la dignificación de las condiciones de vida en los barrios marginales que surgieron en todas las grandes ciudades del Reino Unido, como Edimburgo, la ciudad en la que vivió y trabajó. Allí donde había suciedad y falta de higiene, él y su mujer llevaron limpieza y educación. Allí donde no había naturaleza cultivaron jardines y huertos. Allí donde no había esperanza, promovieron la participación cívica y la implicación ciudadana en la resolución de los problemas de sus barrios. Consiguió que las autoridades le escucharan y con su apoyo pusieron en marcha un ambicioso plan de regeneración urbana de Edimburgo cuyas huellas aún permanecen visibles en el tejido urbano de la capital escocesa.

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Patrick Geddes proclamaba, con la pasión que le caracterizaba: “pongamos a los niños y niños a observar la naturaleza, no con lecciones rotuladas y codificadas, sino con sus propios tesoros y fiestas de belleza, como son sus piedras, minerales, cristales, peces y mariposas vivas, flores silvestres, frutos y semillas… El principal objetivo de la educación tendría que ser el de lograr que los alumnos apreciaran las puestas del sol y los amaneceres, la luna y las estrellas, las maravillas de los vientos, las nubes y la lluvia, la belleza de los bosques, la luna y los campos”.

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Después de muchos años de lecturas y, sobre todo, de relectura de autores como Blake, Goethe, Emerson, Thoreau, Whitman, Geddes y Mumford; y también gracias a mi propio renacimiento espiritual, he llegado a descubrir algunos de los tesoros que celosamente guarda la naturaleza. Yo, que desde pequeño sentí una gran vocación por el descubrimiento de tesoros arqueológicos, nunca llegué a sospechar que mis principales hallazgos no serían recuperados bajo tierra, sino que me aguardaban en los estratos más profundos de mi alma. Puede que ambos tipos de descubrimientos,  los arqueológicos y espirituales, estén conectados por un vínculo mágico que ahora mismo no soy capaz de interpretar, pero que es muy real. Sin lugar a dudas, la aparición del talismán con la imagen de la Gran Diosa ha sido la clave que me faltaba para mi gran descubrimiento espiritual. Un hallazgo nada original, pero que no todos son capaces de interpretar y asumir a pesar de haber sido proclamado en multitud de ocasiones por los más importantes santos, sabios y poetas que ha dado la humanidad. Todos ellos, como una sola voz, pero de forma diferente y personal, han defendido el principio, contenido en el Kybalion, de la correspondencia, según el cual “como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”. Un principio que se manifiesta en tres planos: el físico, el mental y el espiritual. Cuando Jesús dijo que “el Reino de Dios está en vosotros” significa precisamente lo que dice: que él sabe que Dios está en él y, por tanto, en todo yo humano. Podemos cambiar la palabra Dios por la de cosmos o totalidad y seguirá siendo la frase igual de valida y veraz.

Uno  de los autores que mejor ha sabido condensar en pocas palabras este principio de la correspondencia fue el mitólogo Joseph Campbell cuando escribió “que el propio espacio exterior está en nuestro interior, de la misma manera que lo están las leyes que lo gobiernan. El espacio exterior y el interior son una misma cosa”.

COMIENZO DE UNA ANDADURA

Ceuta, 27 de enero de 2016

Esta noche estoy contento. Después de varias semanas de reflexión he tomado la decisión de prepararme las oposiciones de educación. Creo que es la mejor opción que tengo en estos momentos. Encontrar un trabajo en la empresa privada en Ceuta es bastante complicado y siempre mal pagado. Si consigo aprobar, o al menos quedar bien posicionado en el listado de interinos, conseguiré una ocupación bien remunerada y con el suficiente tiempo libre para dedicarme a lo que realmente me motiva: escribir.

Sobre mi faceta de escritor, al igual que Thoreau, “predico en el desierto, esto es: para mí mismo”. Si alguien pasa por mi particular desierto literario y decide sentarse a escuchar lo que digo será bien recibido y me pondré a su disposición para entablar una amistosa conversación si así lo desea. Seguiré dejando constancia de mis “sermones” en mis libretas y en mi blog, pero veo poco probable que algún día pasen a engrosar uno o varios libros. Hay demasiados libros que nadie lee y no quiero que los míos sean algunos de ellos.

Por otro lado, creo haber alcanzado un satisfactorio nivel de crecimiento espiritual e intelectual. Los cambios en mi interior son ya suficientemente sólidos para mantenerlos y acrecentarlos en el futuro. Mi percepción del tiempo y del espacio se ha modificado de manera notable y esto es para siempre. Vaya donde vaya, y haga lo que haga, mi renovada conciencia vendrá conmigo. Seguiré contemplando las estrellas, los amaneceres, los cambios de luz y el paso de las nubes, el vuelo de las aves y el ondulante movimiento del mar. Tiempo hay para todo si uno sabe organizarse de manera adecuada. Para lo que no hay tiempo, ni debe haberlo, es para perderlo mirando a cada instante las página webs de los periódicos o las publicaciones triviales que muchos comparten en Facebook.

Al igual que Henry D.Thoreau “solo he tenido un nacimiento espiritual y ahora, llueva o nieve, ría o llore, esté más cerca o más lejos de mi pauta, haya ganado las elecciones uno u otro, ningún parpadeo de luz me ciega, pero de vez en cuando, aunque con intervalos más largos, la misma luz sorprendente y perennemente nueva alborea para mí, con las únicas variaciones que caracterizan la llegada natural del día, con el cual de hecho, suele coincidir”.

A FLOR DE PIEL

Ceuta, 4 de junio de 2016.

Me encuentro a pocos metros del solar en el que apareció el betilo y el talismán. El viento de poniente sopla con gran intensidad. El cielo presenta un azul intenso, solo contrastado con unas leves nubes blanquecinas. El aire huele a mar con una intensidad propia del fondo oceánico. Es un olor muy peculiar, pero a la vez familiar. Es el olor de mi niñez,  de mis días junto al mar, de mis tardes de playa con mis hermanos y la sombra del sol.

He sentido el impulso de  lanzarme de cabeza a la profundidad del mar para sentirme acariciado por las olas de un agua salada que me recuerda mi origen ancestral. Mi sangre es la suya. Estas aguas turbulentas y agitadas son las mismas que bombean mi corazón…Siento la necesidad de expresar sin cortapisas todo mi pensamiento. No quiero dejar de decir nada de lo que soy. Todo lo que siento nace de mí, pero a la vez pertenece a la Madre Tierra. Yo soy un simple escriba. Un privilegiado secretario de los sentencias de la naturaleza. Todo lo que digo, todo lo que soy es producto de la voluntad divina. Mi alma es una cometa soltada al viento.

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Absorbo con cada aspiración la esencia de Ceuta. Siento su luminosidad prodigiosa. Me considero un ser privilegiado. Deseo desprenderme de mi rugosa piel terrenal. Mi alma pide paso. Mi sensibilidad está a flor de piel, tanto que mis ojos se llenan de lágrimas con suma facilidad. Me siento frágil, pero al mismo tiempo fuerte  sereno como la piedra de granito sobre la que me siento.

…El aire sopla con fuerza. Entona una melodía que pocos saben apreciar e interpretar. Es tan fuerte que desplaza mi cuerpo.

Huelo y huelo sin parar el olor a mar ¿Qué soy? ¿Qué siento? Un alma a merced del mar.

A ti que lees estas notas tomadas en el Estrecho de Gibraltar. No dudes, no anestesies tu voluntad. Se tú. Se fiel a lo que eres y todo los secretos del mundo se te mostrarán sin dificultad. Vive, ama, baila con tu alma y respira el elixir vital.

Eres pura esencia de la eternidad. En ti reside la misma sustancia que da forma a las estrellas y al suelo de pisas. No dudes. No sufras. Sigue sin dudar el camino que se abre ante ti. Has venido a este mundo con un propósito y tu felicidad depende de descubrirlo y cumplirlo.

La vida es un gran don que debes aprovechar y disfrutar.

No estás solo. Yo siempre estaré a tu lado, pues formo parte de ti.

LA RE-SACRALIZACIÓN DE LA NATURALEZA

Ceuta, 1 de junio de 2016.

Este año nuestra asociación ha cumplido quince años de existencia. Parece que fue ayer cuando nos reunimos en una de nuestras casas para redactar los estatutos de Septem Nostra y firmarlos. Entonces éramos más jóvenes y menos maduros de lo que los somos hoy en día. Ambas cosas, vejez y madurez, deben ir de la mano para que continúe de manera armonioso nuestro desarrollo personal. La paulatina pérdida de fuerza física tiene que ser compensada con un incremento del poder espiritual. Si ponemos empeño en la consecución de este propósito vital lograremos renacer a una nueva vida. Una vida, muy distinta y gozosa, que hemos conseguido los que encabezamos esta asociación  gracias a la misma naturaleza por la que tanto hemos luchado y seguimos luchando. Es una recompensa que nos esperábamos, pero que agradecemos de manera entusiasta. En estos años hemos recibido mucho más de lo que hemos dado. Se nos ha otorgado la oportunidad de conocer mejor el lugar que nos vio nacer, andar y jugar en sus bosques y playas; hemos abierto nuestros sentidos a la belleza de este lugar mágico, mítico y sagrado; hemos experimentado experiencias sensitivas y emocionales muy profundas bajo el mar o bajo el subsuelo de esta tierra que contiene en sus restos arqueológicos el espíritu de Ceuta; nos hemos emocionado nadando entre calderones o salvando a tortugas y delfines; hemos conseguido integrar en nuestro trabajo cívico y científico al patrimonio natural y cultural; hemos dado rienda suelta a nuestra imaginación e ideado proyectos como el Museo del Mar, la Agenda 21 Local de Ceuta, el Observatorio de la Sostenibilidad, la Escuela de Vida, la revista Al Idrissia, etc… Muchos de estos proyectos son semillas plantadas en el fértil suelo del mundo del pensamiento y tarde o temprano darán sus frutos.

Socios fundadores de la asociación Septem Nostra

Socios fundadores de la asociación Septem Nostra

Nos sentimos igualmente satisfechos de la formulación  y realización de nuestros ideales a través de la defensa cívica del patrimonio cultural y natural. Nuestro poder no proviene del dinero ni de la vanidad, sino del amor que sentimos por nuestra tierra, por Nuestra Ceuta (Septem Nostra). Este amor lo hemos hecho patente no desde falsas proclamas ni golpes de pecho, tan habituales en algunos de nuestros próceres locales, sino desde el compromiso cívico y la denuncia oral y escrita de todos aquellos actos que han puesto en peligro al patrimonio natural y cultural  de Ceuta. Por desgracia, una de las cosas que no hemos logrado ha sido movilizar a la ciudadanía en esto objetivo tan loable como la defensa de nuestros bienes culturales y naturales. La mayoría de los ceutíes siguen dormido o viven como sonámbulos sin haber vivido en realidad. Como dijo Thoreau, “no hay ni uno de mis lectores que haya vivido hasta el momento una vida plenamente humana”.  Y se preguntarán, ¿Qué es una vida plena? Desde nuestro punto de vista, una vida plena es aquella en la que un ser humano vive el mayor número posible de experiencias sensitivas y emotivas sublimes, capaces de alimentar su alma y enriquecer su imaginación. Todas estas experiencias facilitan la acumulación de una energía espiritual e intelectual que le permiten desarrollar todas las capacidades objetivos y subjetivas necesarias para su cumplir su destino vital y trascender las limitaciones impuestas por el espacio y el tiempo. El desenlace final del gran drama de la vida consiste en la reintegración armoniosa y gozosa en el cosmos, con el sentimiento de agradecimiento a la naturaleza por habernos dado la posibilidad de disfrutar del extraordinario don que es la vida consciente.

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Después de este rápido balance de los logros y fracasos alcanzados en estos quince años de historia de Septem Nostra, vamos a compartir con todos nuestros lectores una de las más importantes lecciones que hemos adquirido en estos tres lustros. Al escribir esta idea no he podido evitar pensar que alguien antes que nosotros llegó a nuestra misma conclusión. Su nombre era Walt Whitman, el poeta del cosmos y la plenitud. No puedo evitar emocionarme al escribir su nombre. Noto su presencia en todo lo que hago y digo, pues sus palabras resuenan en mi alma como el inagotable eco de su voz que dice “la democracia, en sus múltiples personalidades, en sus fábricas, talleres, tiendas, oficinas, a través de las densas calles y casas de las ciudades, y en todas las manifestaciones de su vida artificiosa, debe por una parte ser revitalizada por medio de un contacto regular con la luz exterior, el aire, el crecimiento, las escenas de granja, los animales, los árboles, los pájaros, la calidez del sol y la libertad de los cielos; de lo contrario indudablemente decaerá y palidecerá”.

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Desde Septem Nostra hemos asumido el esfuerzo de Walt Whitman, Thoreau, Emerson, Goethe, Geddes, Mumford y tantos otros poetas, escritores y pensadores, de “apartar a la gente de sus continuos extravíos y abstracciones enfermizas (como el poder y el dinero, añadimos nosotros) para conducirla a lo común, divino, original y concreto” (Whitman). Hemos llegado a la conclusión de que apelar a la razón o las leyes no es el medio más eficaz para lograr la conservación de nuestro patrimonio cultural y natural. Los detentadores del poder cuentan con medios muy eficaces para distraer la atención de la gente de lo importante a lo trivial, así como demuestran una enorme maestría a la hora de sortear las leyes o ignorar la opinión de los ciudadanos críticos. Por tanto, sólo nos queda dirigirnos al corazón de la gente, a su alma, a sus emociones y creencias más elevadas e íntimas.

Henry David Thoreau

Henry David Thoreau

En el inconsciente de todo y cada uno de nosotros reposa el culto a la Madre Tierra, -dadora y al mismo tiempo sustradora de la vida-, que marcó las creencias religiosas durante buena parte de la historia de la humanidad y que aún sigue vigente en figuras como la Virgen María en el cristianismo o Parvati en el hinduismo.  Incluso en los tiempos de mayor rigorismo religioso se consiguió eliminar el culto a la Gran Diosa y, a través de ella, a la misma naturaleza. Sin ir más lejos, en Ceuta y en buena parte del Magreb, la gente aún sigue acudieron  a los morabitos para rezar, meditar y beneficiarse del poder sanador de la energía de estos lugares considerados sagrados. Nadie se atreve a profanar estos santuarios que sirven de residencias al espíritu de personas santas y por este motivo estos lugares son auténticos reservorios de árboles, flora y fauna. Esta realidad incuestionable refuerza nuestra idea de que la única esperanza para la salvación de la naturaleza es su re-sacralización.

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Debemos superar la distinción artificial entre espíritu y naturaleza, mente y materia, cuerpo y alma. Como bien dicen las investigadoras Anne Baring y Jules Cashford en su monumental obra “el mito de la diosa”, “la humanidad y la naturaleza comparten una identidad común”. Hemos ido perdiendo la participación de la humanidad en la naturaleza y nuestra alma se ha desgajado en dos mitades que conviene reintegrar de manera armónica a través de la imaginación creativa. Tenemos que ver el mundo con otros ojos. En palabras de Blake: “a los Ojos del hombre de Imaginación, la Naturaleza es la misma imaginación. Un hombre ve tal y como es”. De este modo, tal y como nos dice el mismo Blake: “el árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,  en la mirada de otros no es más que un objeto verde que se interpone en el camino. Algunas personas ven la naturaleza como algo ridículo y   deforme,  pero para ellos no dirijo mi discurso; y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en  especial”. Nosotros, al igual que William Blake, decidimos hace tiempo cambiar los destinarios de nuestro discurso. Resulta inútil intentar convencer a nuestros gobernantes, los amos del ladrillo y los “yonqui del dinero”, como los ha llamado el “visionario” y corrupto arrepentido Marcos Benavent, de la necesidad de conservar y proteger la naturaleza. Aunque seguiremos luchando para evitar que sigan destruyendo todo lo valioso que nos ha legado la naturaleza y la historia, nuestro mayor preocupación y más importante misión se centra en redirigir la mirada de nuestros ciudadanos hacia lo que Whitman llamaba “lo común, divino, original y concreto”, esto es, el cosmos y la naturaleza.  No tenemos otra que ofrecer que nuestra mirada. Con mayor o menor fortuna seguiremos plasmando por escrito o proclamando allí donde nos inviten nuestra particular visión de Ceuta. Estamos convencidos, -porque tenemos pruebas que lo avalan-, de que Ceuta ha sido y es una ciudad mágica y sagrada. Esta realidad ha quedado oculta durante muchos siglos y ya es hora de revitalizarla y restaurarla.

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El futuro de Ceuta depende en buena parte del despertar del espíritu dormido de este lugar tan especial. La naturaleza ha decidido descorrer su velo para que algunos podamos ver lo que durante mucho tiempo ha quedado escondido de la mirada de los hombres y mujeres que han vivido en esta tierra. Y lo que ha mostrado es una naturaleza esplendorosa que se ofrece a todo aquel que quiera verla y que está en este momento dando a luz a un Mundo Nuevo, que incluye, claro ésta, una nueva Ceuta. Es un nacimiento placentero, pero que requiere sacrificio y dolor.  Este nueva humanidad es el fruto de matrimonio sagrado entre la Diosa y Dios, que representan, respectivamente, lo femenino y lo masculino, la inconsciencia y la conciencia, el alma y el cuerpo, la vida y la muerte, la noche y el día, etc… Todas estas ideas primordiales y arquetípicas están en pleno proceso de conjunción y reconciliación; están sufriendo un proceso de transformación alquímica en el seno de la Madre Tierra que es paralelo al que están experimentando en su propio interior muchos hombres y mujeres repartidos por todos los rincones del mundo.

vista general de Ceuta

Los símbolos de esta transmutación cósmica y humana han sido hallados en Ceuta, que reivindica así su carácter de ciudad sagrada. En uno de estos símbolos figura la representación de una nueva fuerza, de un nuevo poder, que procede, precisamente, de esta conjunción de los principios masculinos y femeninos.  Este poder tiene un nombre por todos conocidos: el amor. Esta palabra, que a mucho suena cursi y sentimentaloide, hace referencia a la fuerza más fuerte que existe en el universo y que está presente en el alma de todas las criaturas y de todos los objetos presentes en el cosmos y la tierra. Su inspiración y expiración consciente es el anhelado elixir vital que los mitos antiguos han identificado cuando la fuente de la eterna juventud o las manzanas del árbol de la vida existen en el legendario jardín  de las Hesperides. No es causal que la localización de ambos lugares mitológicos haya sido identificada con el entorno de Ceuta. Este lugar representa a la perfección la metáfora que hay detrás de estos mitos de la antigüedad y la edad media que recogen los textos clásicos y sagrados. Estamos en la confluencia de dos mares y de dos continentes que se tocan y se mezclan en este punto de la tierra.

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De esta hierogamia, de este matrimonio sagrado, brota con fuerza la vida y esto hace que nos encontremos ante un verdadero santuario de la vida.  Como tal merece que lo cuidemos y cultivemos haciendo uso de esa misma energía vital que desprende esta tierra. Esta fuerza y este elixir vital rezuman, como en una fuente, en determinados puntos de Ceuta. Todos estos lugares los he visitado en los últimos años y en ellos me he sentado para transcribir todo lo que la naturaleza quería decirme con el objetivo de que yo los compartiera con mis convecinos más cercanos y con toda la humanidad. O puede que, como dice Mario Sabán, no sean estos lugares sagrados por sí mismos, sino que somos nosotros quienes los hacemos sagrados con nuestra presencia y nuestra energía espiritual.  ¿Qué hace a los morabitos y su entorno sagrados? ¿El hecho de que allí haya vivido un santón y su energía siga presente? ¿O fue la intensa energía de estos lugares de poder los que hizo santos a los que allí vivieron y allí están enterrados? Sea como sea estos sitios son sagrados, reconocidos como tales, y todas las personas que acuden a estos lugares captan su energía y su poder sanador del cuerpo y el alma.   Esta energía espiritual se asemeja a la nuclear o atómica: tiene que pasar miles de años para que se agote y no se sienta los efectos de su radiación. Todos los seres vivos y objetos que rodean a estas personas que han logrado la plena activación de su energía espiritual se impregnan de una energía como múltiples poderes. Uno de ellos, el más reconocido, es su poder curativo de los males que afectan al cuerpo, a la mente y al alma. Pero también son capaces de despertar mediante el sueño, la oración o la meditación trascendente la energía que portamos todos  nosotros.

Jezr, "el hombre verde"

Jezr, “el hombre verde”

Cada una de las religiones ha interpretado y designado de distinta manera a esta energía espiritual o cósmica. El cristianismo lo ha visto como algo exterior, como un don insuflado por Dios que ha llamado Espíritu Santo. Por el contrario, en el hinduismo, el árbol de la vida está alojado en el mismo interior del ser humano. Por su sabia discurre una doble conducción de energía masculina y femenina, fría y caliente, cuya circulación depende de la activación de una serie de puntos de energía llamados chakras que se encuentran alineados a lo largo de nuestra columna vertebral hasta conectar con el mismo cerebro. En su interior se encuentra la glándula pineal que si conseguimos activarla logramos la plena fuerza espiritual. Los pintores del románico y del renacimiento, así como los pintores y escultores del arte oriental, han representado, mediante una aureola dorada alrededor de la cabeza de sus dioses y santos, a esta energía espiritual que sólo unos pocos consiguen activar.

Por su parte, en el islam o en el judaísmo, religiones monoteístas por excelencia, a pesar de reconocer la existencia de esta energía espiritual a nuestra alrededor tienden a reconocerlo como genios, o lo que es peor demonios, de los que conviene desconfiar y antes los que hay que protegerse con plegarias y talismanes. Curiosamente, uno de los más temidos en el islam adopta la forma de una mujer: la Aisha Kandhisa. En  esta figura legendaria, como en la Judith judía, se muestra el rostro más temible de la Gran Diosa, la de hechicera de los hombres y ladrona de la vida de los hijos al nacer.