ABSORBIENDO LA ESENCIA DE GRANADA

Ceuta, 27 de diciembre de 2016.

Después de comer me acosté un rato bastante abatido. No he dormido nada dándole vueltas a la cabeza. Notaba cómo entraba en un espiral de pensamientos negativos que me arrastraban hacia un profundo abismo. Entonces encontré fuerza en la flaqueza. Me levanté. Me viste y preparé mis cosas para salir a contemplar el atardecer. Según caminaba mi ánimo se elevaba. El sol se encontraba en una posición más meridional que en verano y en un imparable descenso hacia el averno. Busqué un lugar en el que sentarme para contemplar el ocaso del astro rey. A un lado de uno de los senderos de la Vega de Granada observé unos grandes sillares de piedras reutilizados como parte de una acequia que bien podrían haber pertenecido a una construcción de la antigüedad. Era el sitio perfecto para sentarme y disfrutar del atardecer.

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Mi insistencia en mirar directamente al sol me cegaba, una situación que se vio atenuada por las nubes que se apoyaban sobre las colinas de Gabia. No sé si por efecto de las nubes o por la sobreexposición de mis ojos, el sol parpadeaba como si quisiera comunicarme algún mensaje antes de desaparecer tras las montañas.

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La franja de cielo alcanzada por los postreros rayos del sol se volvió de un intenso color dorado, al mismo tiempo que surgió una aureola rosácea por el curvo horizonte. Bandadas de aves parecían huir del fuego rojizo que se iba formando en el firmamento.

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Fue en ese momento cuando la franja de nubes que cubrieron el descenso del sol adquirieron la tonalidad de la fruta que da nombre a esta tierra: la Granada. La escena duró apenas unos segundos, tiempo suficiente para que yo la absorbiera como el zumo de Granada que tomé hace algunas semanas en Tetuán junto a mis amigos Diego Canca y Mhammad Benaboud. Pronto noté su beneficioso efecto: la alegría regreso a mi corazón y el entusiasmo a mi decaído ánimo. En ese momento entendí el mensaje del sol. Quería que permaneciera atento a su despedida antes de su merecido descanso. El relevo lo tomó Venus que, según la oscura noche avanzaba, brillaba con mayor intensidad. Siguiendo su figura llegué hasta el portal de mi casa.

PASEO INVERNAL POR LA VEGA DE GRANADA

Armilla (Granada), 25 de diciembre de 2016.

Como es costumbre en mí cuando vengo a Armilla, he salido a andar por la vega granadina. Los paisajes están muy cambiados en este comienzo de invierno. Los maizales están dorados, así como las hojas de los árboles. Al adentrarme en los caminos de la vega me paro a cada instante para contemplar la bella estampa compuesta por el intenso cielo azul de esta mañana y el límpido blanco de las cumbres de Sierra Nevada. El oscuro marrón de las tierras de cultivo contrasta con el verde de las plantaciones y el amarillo que ha dejado en el paisaje el paso del otoño.

Vega de Granada (25 de diciembre de 2016)

Vega de Granada (25 de diciembre de 2016)

Escucho a mi alrededor el graznido de las urracas y el leve piar de los verdecillos. A los pies de una hilera de enormes olmos discurre la acequia de la Tarramonta, como menos agua de lo que es frecuente. Nunca la había visto tan seca. A pesar de las lluvias otoñales el caudal de las arterias que nutren de agua a la vega no ha crecido como era esperable. Toda el agua que le falta parece que está almacenada en Sierra Nevada para su deshielo primaveral. Los únicos que se aprovechan de esta circunstancia son los verdecillos que se alimentan de los insectos que reposan sobre el ahora accesible fondo de la acequia. Van pegando pequeños saltos a lo largo de la acequia ajenos a mi presencia. Yo estoy sentado en un lateral de la canalización con los pies colgando sobre el agua y con el libro “Walden” de Henry David Thoreau en mis manos. Leo el capítulo de conclusiones y sigo su consejo de explorar los sentimientos y pensamientos que residen en mi interior. Experimento una gran serenidad sentado en este lugar escuchando el murmullo del agua que discurre bajo mis pies y observando los movimientos de los pájaros.

Acequia de la Tarramonta en la Vega de Granada (25 de diciembre de 2016)

Acequia de la Tarramonta en la Vega de Granada (25 de diciembre de 2016)

En este estado de profunda relajación medito sobre mis escritos. El destino de mis libros es desconocido, pero no debo esperar un éxito inmediato, ni siquiera lejano. Su función ya la han cumplido que no es otra que dejar testimonio de lo que he sido y de lo que he vivido. La naturaleza se merece que alguien hablé de ella con afecto y sincera amistad. Ella es siempre agradecida. En mi regreso a casa me escoltan varios verdecillos que van tomando el relevo hasta el final del camino de tierra.

LA NAVIDAD Y EL NACIMIENTO DEL FILIUS SAPIENTIAE

Armilla (Granada), 25 de diciembre de 2016.

Son las 8:00 h del Día de Navidad. Suenan las campanas de la iglesia de Armilla. Hoy me he levantado temprano para poder escribir antes de que se despierte la familia. Llevo varios días queriendo hacerlo, pero por una cosa u otra no he podido sentarme antes delante del ordenador. De lo que deseaba escribir es sobre el significado que para mí tiene esta fecha. Como le ocurre a la mayoría de la sociedad, la navidad ha perdido para nosotros su significado y sentido verdadero. La navidad, como ha sucedido como muchas otras tradiciones, se ha profanado por culpa del mercantilismo y consumismo. Presas del actual pancismo, estas fiestas han quedado reducidas a comer y beber en demasía, y a gastar una enorme cantidad de dinero en regalos. El único beneficiario de esta manera de entender las fiestas navideñas es el vigente sistema capitalista.

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Sin embargo, hay otro modo de sentir y vivir la navidad. La lectura del libro de Henry Corbin “Acerca de Jung. El buddhismo y la Sophia”, aunque no trate de la navidad, ha resultado muy enriquecedora para mí. Coincidiendo con la llegada del invierno he recibido claras señales de que debo fijar mi atención, de nuevo, en la figura de la Sophia gnóstica y en los trabajos de Jung sobre esta divinidad femenina. Ciertas ideas que no encajaban bien en mi mente han quedado perfectamente dispuestas ahora tras la lectura del mencionado libro. He entendido que el necesario matrimonio sagrado o hierogamia entre el principio masculino y femenino tienen lugar en nuestro interior, convertido en una acogedora morada para el espíritu una vez que hemos conseguido calentarlo gracias  a la intensificación del nivel de la consciencia. Dicho de otra manera, cuando en nosotros se despierta la consciencia del carácter divino que poseemos es el momento para el recibimiento de Sophia. El Cristo que somos y la Sophia que llega a nosotros se unen para que nazca un niño espiritual “que garantiza al ser espiritual una duración fuera de toda medida y limitación temporal”. Es entonces cuando comienza la segunda parte de nuestra vida.

Sophia, por tanto, se revela como la Virgen del invisible niño místico. El mismo niño que de manera simbólica situamos en el centro de nuestros Belenes y del que hoy celebramos su nacimiento. Tengo que confesar que es la primera vez en mis cuarenta y siete años de vida que entiendo el significado profundo y trascendente de la navidad. Me siento identificado con el niño Jesús, ya que yo también soy un niño espiritual de corta edad. Un niño que ha nacido de la madurez de un hombre adulto (Filius Sapientiae). Nací espiritualmente hace apenas cuatro años y todavía estoy dando mis primeros pasos. Soy un nuevo ser dotado de unos sentidos perceptivos mucho más sensibles, capaces de ver, escuchar, oler, palpar y saborear la vida de una manera desconocida antes para mí. No quiero vivir otra vida que no sea ésta. Tengo delante de mí un camino por recorrer y una misión que cumplir. Es un camino solitario, alejado de ideas preconcebidas y dogmas oficiales. Mi única compañía es mi Anima caelestis, la Virgen Sophia. Ella me ayuda a avanzar en la conformación de mi alma, pues la siento dentro mí.

Al sentir que Sophia opera sobre mí reconozco su existencia y el importante influjo que ejerce en mi vida. A pesar de esta nueva dimensión de mi vida, sigo siendo el que soy, pues, como dijo Jung sobre el hombre iluminado “eso que es nunca deja de ser otra cosa que su yo, un yo limitado frente a aquel que en él habita, y cuya figura, carente de límites conocidos, lo rodea por todas partes, profunda como los fundamentos de la tierra y vasta como el cielo”. Efectivamente, yo siento a Sophia en mi interior, pero al mismo tiempo percibo su invisible fuerza a mi alrededor y encarnada en todo lo que mis sentidos interiores y exteriores captan: en los cielos, en los paisajes que observo, en el mar, en los árboles y aves, en mis seres queridos y en todas personas con las que me cruzo en mi camino. Frente a lo limitado de nuestro cuerpo y al inexorable paso del tiempo experimento el sentido de lo infinito y lo eterno, sin llegar nunca a aprehenderlo en toda su complejidad. Tal y como concluye Henry Corbin en la obra de la que venimos hablando, nuestro objetivo no  debería ser otro que construir “un mundo en el que la socialización y la especialización no arrancaran las almas de su individualidad, de su percepción espontánea de la vida de las cosas y del sentido religioso de la belleza de los seres; un mundo en el que el amor precediera todo conocimiento, en el que el sentido de la muerte no fuera más que la nostalgia de la resurrección y uno seres humanos en que atendieran el llamado imperioso del Eterno Femenino: ¡Muere y transfórmate!.

COMO UNA GOTA DE LLUVIA

 

Ceuta, 16 de diciembre de 2016.

Escucho atento la intensa lluvia de pie, junto a la ventana del estudio. Son las 10:26 h y todavía no me he quitado el pijama y la bata de estar en casa. Con la mano derecha escribo y con la izquierda disfruto de una taza de té. Es una sensación agradable permanecer en el hogar mientras llueve en la calle. La situación invita a escribir. Tengo, además, un motivo para hacerlo. Ayer, por la noche, cuando empezó a  llover establecí una analogía muy potente. Tenía fresco el recuerdo de las horas que pasé leyendo a Carlyle sentando en la orilla de la playa Hermosa. A la vuelta traje conmigo un baúl lleno de agradables sensaciones que son para mí un valioso tesoro. El run-run del mar me acompañó todo el día y cuando comenzó la lluvia aprecié la enorme similitud entre ambas melodías: la del mar y la de lluvia.

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El agua evaporada del mar, por efecto del ardiente sol, llevan consigo en su elevación los rasgos de su primigenia identidad. Y así, en su regreso al mar o  en su caída sobre los campos o las calles cantan la canción de su olvidado nacimiento.

En el momento en que el las gotas del agua de mar se elevan al cielo dejan atrás su sabiduría innata y suben al firmamento con la misma ingenuidad de un niño. Olvidan, como lo hacemos todos los humanos, nuestra procedencia de las aguas primordiales. Vagan por el cielo en compañía  de otras diminutas gotas formando nubes, como lo hacemos nosotros con nuestros semejantes. Nos dejamos arrastrar por el cambiante viento de los acontecimientos hasta que nuestra vida se satura y volvemos al mar o a la tierra. Muchas gotas de lluvia regresan al  mar tal y como se fueron, pero algunas tienen la suerte de caer sobre la tierra para fertilizar o incrementar el caudal del río de la vida.

Me siento feliz de haber sido una gota de vida que vino a condensarse sobre esta fecunda tierra que es Ceuta. He tenido la suerte de recordar antes de mi disolución que procedo de las  aguas primordiales que nutren la vida de nuestro planeta. La Gran Diosa me ha devuelvo la sabiduría que todos olvidamos al nacer y permanece oculta en nuestra alma.

“Ahora escucho, cuando antes sólo tenía oídos,

Ahora veo, cuando antes sólo tenía ojos,

Ahora vivo cada instante, cuando antes sólo vivía años,

Y distingo la verdad, yo, que antes sólo era sensible al saber” (Henry David Thoreau)

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Me siento afortunado por esta nueva etapa de mi vida que ahora disfruto. Soy el hombre más rico de todos los que conozco. Mis posesiones son infinitas. Todo lo que perciben mis sentidos me pertenece. No hay paisaje que no reconozca mío. Y como soy un hombre generoso, consciente de que mi riqueza es inagotable, comparto mis posesiones con todos los demás. Aquí las tenéis expuestas en estas páginas que son el inventario de mis riquezas. Si de verdad las queréis resulta tan fácil cogerlas como acercaros a la orilla del mar y aspira la sal que simboliza la sabiduría perdida.

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El sol brilla para todos los hombres y mujeres, aunque a veces permanezco oculto tras las nubes. Tarde o temprano el sol siempre encuentro su camino para llegar hasta ti y alegrar tu alma. No debes perder nunca la esperanza ni desconfiar de la sabiduría divina. Solamente los dioses conocen todo la trama de tu vida. Céntrate en seguir los pasos que te indican y todo irá bien. En el camino encontrarás obstáculos. No los evites. Son pruebas que te pone la vida para valorar la pureza de tu corazón, tu sabiduría y confianza en los designios divinos. Digo todo esto para ti y para mí, pues yo soy el primero que debo hacer míos estos pensamientos. Soy tan aprendiz como tú en el arte de la vida.  La escritura nos permite comunicarnos más allá del tiempo y del espacio. Puede que nuestros caminos nunca se crucen en la existencia terrenal, o incluso es posible que seamos amigos o familiares que compartimos la misma época y la misma ciudad sin que nuestros corazones se hayan abierto el uno al otro. No importa nada de esto. Lo esencial es la conversación que estamos teniendo ahora. Mira en tu interior y verás que nada nos distingue. Lo que yo siento es lo mismo que tu sientes. Los mismos paisajes, los mismos amaneceres y atardeceres que a mí me emocionan son los que te emocionan a ti. Compartimos los mismos símbolos y la misma aspiración a expresar lo que burbujea en nuestra alma. Nos deleitan los mismos versos, las mismas imágenes, las mismas melodías y nos alegran las mismas canciones y bailes. Si somos tan iguales, ¿Qué nos impide trabajar juntos? Nada. Unamos, pues, nuestras fuerzas para defender y renovar la vida, para que las aguas primordiales no se agoten, para que todas las gotas de vida que somos recordemos la sabiduría perdida, para que nos sigamos elevando hasta el máximo de nuestras posibilidades antes de disolvernos en las aguas primordiales, para que nuestras palabras y hechos fertilicen a la humanidad y de los frutos esperados y destinados a alimentar las almas de las generaciones venideras.

EL CICLO DE LA VIDA

Ceuta, 15 de diciembre de 2016.

Cuando regreso al centro urbano después de pasar un rato en la naturaleza es como si volviera de un largo exilio voluntario. Todo me parece irreal, insignificante, frío y distante. No noto la calidez del mar y del cielo, de las aves y los árboles. Al escuchar a las gaviotas sentado en la plaza de Azcárate recuerdo el lugar de donde vengo y la afectuosa acogida que siempre me dispensa la naturaleza. Ambos, naturaleza y quien escribe, nos añoramos de manera mutua. Ella no tiene quien la reverencie y yo me siento fuera de mi verdadero hogar. Hasta que no nos volvemos a ver vivo de los recuerdos de nuestros silenciosos encuentros y de todo lo que nos decimos sin mediar palabras.

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La melancolía se apodera de mis sentimientos y sólo deseo volver con ella, pero ahora no puedo. Tengo obligaciones familiares que atender. Mis propios frutos me esperan para que los cuide, alimente y les ayude a madurar para que en el futuro ellos también den sus frutos. Este es el ciclo de la vida.

PAISAJE JUNTO A UNA HIGUERA

Ceuta, 15 de diciembre de 2016.

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He bajado esta mañana a la playa Hermosa para leer a Thomas Carlyle. Mientras leo escucho las zambullidas de los charranes y cormoranes en un mar ligeramente erizado por el viento de poniente. Tiempo tendré para narrar todo lo que me ha enseñado este sabio inglés. De lo que ahora quiero hablarles es del paisaje que tengo delante de mí. Todo el orbe celeste está despejado, menos las cumbres de las estribaciones del Atlas. Son nubes blancas y algodonosas que le otorgan gran belleza a esta estampa matinal. Escucho de fondo el incesante rumor del mar, que me recuerda que este mundo está vivo y animado por el espíritu de lugar. Las estelas de tres aviones hacen de ellos mecánicas estrellas fugaces.

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La luz es tan cegadora que utilizo la palma de mi mano como visera para poder contemplar el horizonte.

Siento el fresco olor de la hierba sobre la que estoy sentado. Han crecido sobre lo que fue el suelo de un casa. La naturaleza siempre recupera lo que una vez fue suyo. En este pequeño rincón se puede apreciare una agradable sinfonía de olores y colores. El rojo de los San Diegos, el amarillo de las margaritas, el violeta de las campanillas lucen son un tupido tapiz verde. Una hormiga corre a toda velocidad por la misma hoja en la que escribo para recordarme que los insectos merecen mi atención. Así que hablo de esta atrevida hormiga y de las abejas que polinizan las flores.

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Una higuera seca colgada en el acantilado espera de manera paciente la llegada de la próxima primavera. Dará sus frutos, como todos los años, con la esperanza de que alguien disfrute de ellos. En esto se parece mucho a los escritores. Las aves seguro que lo harán, por este motivo vienen a cada rato para acompañar a esta triste higuera.

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Las gaviotas van a lo suyo. Su oficio es otro. Sobrevuelan sobre el mar mientras permanecen atentas a cualquier cambio o suceso extraño. Si entendiéramos su lenguaje no necesitaríamos consultar los pronósticos meteorológicos. Nadie mejor que ellas saben el tiempo que hará.

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Me complace disfrutar de la combinación de colores del paisaje. Observo con admiración el azul del cielo, el blanco de las nubes, el color ocre de la orilla de la playa, el intenso azul del mar, el marrón oscuro de las piedras de los acantilados y el manto verde que le ha traído de regalo las últimas lluvias. Veo la mano de la Gran Diosa en todo lo que mis ojos captan,  escuchan mis oídos y percibe mi olfato. La naturaleza está aquí para el disfrute y veneración de los humanos. Yo sólo soy un humilde escribano que miro de manera reverencial a la naturaleza.

NUBES AZULES DESDE MI VENTANA

Ceuta, 14 de diciembre de 2016.

Estaba convencido de que hoy no la vería, pero al volver de la magnífica exposición de fotografías y haikus de Ana Caballero y Raúl Fernández, he contemplado a la luna llena reluciente en el cielo. Al llegar casa me he asomado por la ventana para disfrutar de una bellísima estampa del firmamento. El cielo está despejado y limpio tras la lluvia de esta tarde. Su color es de un azul plateado que me tiene embelesado. Sobre este bello fondo se representa una escena inigualable. Orión, con su cinturón de diamante vuela para aferrarse a la luna para utilizarla de escudo. Le acompañan sus dos fieles canes. El más grande mira de frente y luce orgullo en su cuello la brillante medalla de Sirio, el sol de la noche.

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Las nubes juegan conmigo. Cuando bajo a la calle para fotografiar a la luna, la tapan. Y al regresar a casa, la vuelven a mostrar. Querían que me fijara en ellas. Motivos tenían. Nunca me había fijado en la inaudita belleza de unas nubes azules que desfilan, por delante de mi ventana, empujadas por el aliento de Céfiro.

SOBRE LA INSEGURIDAD EN CEUTA Y SU FUTURO

Hace tiempo que decidí no expresar mi opinión sobre asuntos políticos. Prefiero esforzarme en contemplar “el verdadero estado de las cosas”, como decía Henry David Thoreau. Por lo demás, la mayoría de los temas relacionados con la política me parecen irreales, increíbles e insignificantes. Las noticias políticas podrían redactarse hoy con la misma literalidad y validez para la próxima década. Ahora sí, “decidme que nuestros ríos se están secando, o que los pinos están muriendo en nuestros bosques, y quizá prestaré atención” (H.D. Thoreau, Musketaquid). Por este motivo, los únicos temas de los que trato, de un tiempo para acá, son los relativos al medioambiente o el patrimonio cultural. No obstante, hoy voy a hacer una excepción para hablar del clima de malestar social que se respira en Ceuta debido al incremento de la delincuencia, real o subjetiva, en nuestros barrios y calles.

El hecho de que los ciudadanos se manifiesten para reclamar a las autoridades que tomen las medidas necesarias para frenar la inseguridad ciudadana no debería ser objeto de polémica. Por el contrario, considero que los ciudadanos deben expresar su opinión y sentimientos cuando lo consideren necesario. El problema comienza cuando observamos que los sentimientos y pensamientos que afloran están muy alejados de los ideales sociales y económicos que defienden el sistema democrático y se contradicen con los más elementales principios éticos y morales. La política, tal y como yo la entiendo, debe ir siempre de la mano de la ética, hija natural y legítima de la bondad y la verdad. No hay sentimiento más noble que el amor al prójimo y el respeto a los derechos que nos confiere nuestra condición humana. La némesis del amor es el odio, hijo del miedo y la ignorancia. Vivimos en un estado inducido de miedo al prójimo. Todos los días nos despertamos con noticias aterradoras que destacan los aspectos más negativos del ser humano. El Telediario se parece cada día más al “Caso”, el  conocido periódico de sucesos  de la transición española. No hay un día que no se hable de secuestros, asesinatos macabros, terrorismo, corrupción etc…Por supuesto, no se trata de ocultar este tipo de noticias, pero tampoco de dedicarles buena parte de los informativos.

El resultado de la continua exposición a las noticias negativas es la alimentación de un monstruo interno que llamamos miedo. Tenemos miedo a que nuestros hijos jueguen en la calle, a que se caigan y se lastimen la rodilla (la  mía y las de mis amigos y amigas de la infancia están llenas de cicatrices), a que nos roben por la calle o entren en nuestra casa. Por todo ello preferimos vivir en nuestras confortables casas, en la que los peligros se minimizan al máximo. No niego que haya delincuencia en Ceuta ni que no debamos exigir a las autoridades que hagan su trabajo, pero no podemos dejarnos arrastrar por la histeria colectiva. Un histeria que se extiende por las redes sociales gracias a noticias sin verificar y magnificadas por personas aterradas.

Las redes sociales, como cualquier otro adelanto tecnológico, tienen sus ventajas e inconvenientes. Como dijo Umberto Eco en una de sus últimas entrevistas, estamos padeciendo una plaga de idiotas por culpa del mal uso que algunos hacen de las redes sociales. Estas últimas  “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Cualquiera de estos idiotas puede escribir barbaridades en Facebook y Twitter que obtendrán la aprobación y la cómplice difusión de sus exabruptos por los miembros de su estúpida tribu de descerebrados. Es justo y normal que nos indignemos cuando leemos ciertos comentarios que atentan contra la dignidad humana, pero lo que no podemos hacer nunca es convertirnos en inconsciente cómplices de estos bárbaros hablando de sus putrefactos pensamientos y sus mezquinos sentimientos.

Conozco a muchas personas que apoyan la manifestación organizada para este sábado contra la inseguridad ciudadana. Puedo dar fe de que se tratan de personas bondadosas, inteligentes y honestas. Les preocupa su propia seguridad y a la de sus familiares y amigos. Es evidente que hay una falta de adecuación entre las necesidades de seguridad que reclama una ciudad del tamaño poblacional y la complejidad de Ceuta con los recursos humanos puestos a disposición de esta importante misión por el gobierno central y autonómico. Estamos pagando ahora todos los años de ausencia de oferta pública de empleo para cubrir las plazas que demanda la Policía Nacional y Local. No se ven policías por las calles porque las plantillas están muy mermadas en sus efectivos y medios materiales. No lo digo yo. Lo dicen los sindicatos policiales que son los primeros que padecen esta lamentable situación.

Por lo tanto, y para concluir, opino que la manifestación en pro de la mejora de los medios disponibles para atajar la inseguridad ciudadana en Ceuta es justa y conveniente. Lo que no es tolerable ni admisible es que tras la bandera de esta legítima reclamación ciudadana se escondan personas con sentimientos nada edificantes y pensamientos oscuros y deleznables. Los ciudadanos estamos obligados a mostrar una conducta ejemplar y unos ideales dirigidos a la bondad, la verdad y la belleza. Hay que desterrar del discurso personal y colectivo las muestras de frustración, odio y violencia verbal y física. Por el contrario, debemos reforzar los atributos que nos hacen humanos como son la comunicación respetuosa, la cooperación y el afán de la unión entre todos los pueblos y naciones del mundo.

Son muchos los retos colectivos a los que tenemos que hacer frente a los ceutíes. Para superarlos con éxito es necesario que respetemos a los demás, en su diversidad de costumbres y tradiciones. La ignorancia no puede vencer a la sabiduría, ni la fealdad a la belleza. Debemos alzar la voz exterior para defender nuestros derechos y la interior para reconocer y cumplir con nuestros deberes, que son muchos. El éxito de nuestra empresa colectiva depende de que actuemos de manera sinérgica teniendo siempre como base nuestro pasado común y como referencia un futuro en el que todas las ceutíes puedan lograr una vida digna, plena y rica. Es indudable que existe un bien común heredado que es el propio territorio de Ceuta. Un bien limitado, frágil y de enorme valor. Su reducido tamaño hace que su capacidad de carga ecológica y su capacidad para satisfacer las necesidades básicas y superiores a una población cada vez más abultada se haya superado con creces. Este es un reto de los principales retos a los que nos enfrentamos, pero no podemos abordarlos desde la falta de empatía o el odio al inmigrante o al diferente. Necesitamos, ante todo, una ciudadanía de propósitos elevados, de profundas raíces éticas, de sólida formación intelectual, de creatividad empresarial y artística, de sensibilidad ante la naturaleza, de alta ambición cultural y de capacidad de expresión sensata y respetuosa.

CARTA EN APOYO DE LA CONSERVACIÓN DE LAS MAZMORRAS DE TETUÁN

A través de la señal de alarma emitida por mi admirado amigo el Profesor Mhammad Benaboud en las redes sociales, he tenido conocimiento de la intención del Ayuntamiento de Tetuán de rellenar con tierra y tapar, definitivamente, las mazmorras tetuaníes. La excusa esgrimida por las autoridades municipales de Tetuán es el peligro de derrumbe de las casas existentes sobre las mazmorras. En vez de restaurar estas casas y consolidar los cimientos, para los que hay suficientes medios técnicos en la actualidad, se han decantado por la solución más rápida y económica: llenarlas de tierra y clausularlas. De poco ha valido el compromiso adquirido por las autoridades tetuaníes, ante el rey de Marruecos, de emprender la restauración y adecuación para la visita de las mazmorras de Tetuán. Incluso se hablaron de cifras concretas, cinco  o seis millones de dírhams, reservados por el departamento de Cultura de Tetuán para llevar a cabo estos trabajos.

La importancia patrimonial de las mazmorras de Tetuán es innegable. Se trata de un bien cultural de primer orden que trasciende lo estrictamente local o nacional. Es un patrimonio mundial, como lo es la misma Medina de Tetuán, reconocida por la UNESCO como patrimonio de valor universal en el año 1997. Tetuán es fruto de una mezcolanza de culturas y civilizaciones norteafricanas y mediterráneas. Fue reconstruida en 1483-1484 por un grupo de moriscos granadinos capitaneados por Sidi al-Mandari o Mandri, iniciándose un periodo de destacada revitalización urbanística, cultural y artística. A partir del impulso de este pequeño grupo de andalusíes nació una de las medinas más bellas y espléndidas del norte de África.

Según el historiador Guillermo Gozalbes Bustos, la excavación de las mazmorras fue obra del Mandari con el objetivo inicial de encerrar en su interior a los esclavos cristianos, cuyo número alcanzó en tiempos de León el Africano el de tres mil presos. Por lo demás no contamos con un estudio arqueológico e histórico detallado de estas valiosas estructuras subterráneas. Entre ellas cabe destacar los altares y hornacinas para el culto cristiano, probablemente iniciado, en opinión de G. Gozalbes, con el restablecimiento de las misiones franciscanas en Maruecos en 1630. De estas fechas hasta 1795, fecha en la que el sultán Mawlay Sulayman libera a los últimos cautivos, las mazmorras fueron la triste morada de cautivos y presos.

La importancia de estas mazmorras fue reivindica el pasado año durante el Primer Coloquio Internacional sobre Marruecos y Tetuán en la obra de Cervantes. Tal y como se expuso en el transcurso de este encuentro cervantino, las mazmorras de Tetuán fueron mencionadas por Cervantes en algunas de sus obras, como el mismo Quijote, “Los tratos de Argel”, “La gran sultana” y “La ilustra fregona”. En todas estas referencias se alude a los cautivos encerrados en las mazmorras tetuaníes.

Estamos, pues, ante un patrimonio cultural tangible e intangible de enorme importancia y trascendencia para Tetuán, Marruecos, el norte de África y toda la koiné mediterránea. No es un asunto única y exclusivamente concerniente a las personas que, como el Profesor Benaboud, han alzado su voz para evitar la ocultación definitiva de las mazmorras de Tetuán. Todas las entidades nacionales, extranjeras e internacionales, las asociaciones de defensa del patrimonio cultural, así como todas las personas amantes de la historia, la cultura y el arte deben sumar sus fuerzas para evitar la pérdida de un patrimonio cultural singular y único. Tenemos el deber ético de sumar voluntades para que las mazmorras de Tetuán sean protegidas, conservadas, restauradas y convenientemente acondicionadas para su visita. Son un símbolo de un pasado que une a Europa y a África, a Oriente y Occidente. Fueron un ingrediente fundamental para la imaginación literaria y poética para autores tan importantes como Miguel de Cervantes y otros insignes escritores. Representan estas mazmorras un arte constructivo subterráneo único en el mundo, resultado de una sabiduría milenaria en el aprovechamiento de las grutas naturales.

Los interesados por el patrimonio cultural debemos unir nuestra voz para que se respeten las mazmorras de Tetuán como un patrimonio de importancia mundial. Entre todos podemos hacer cambiar la postura de las autoridades de Tetuán y lograr que cumplan su compromiso de restaurarlas y ponerlas en valor. Debemos hacerlo por el bien del patrimonio tetuaní, pero, sobre todo, por el desarrollo económico y turístico de la bellísima ciudad de Tetuán. Estas mazmorras pueden y deben convertirse en un recurso turístico de primer nivel para Tetuán.

Termino este escrito solicitando tu apoyo a una causa tan noble y necesaria como la conservación, restauración y apertura al público de las mazmorras de Tetuán. Juntos podemos lograrlo.

PRESENTACIÓN LIBRO “REGRESO A LA NATURALEZA”

El 2016 ha sido un año extraño para mí. La primera parte del año lo dediqué a preparar unas oposiciones, lo que motivó que mis salidas a la playa y al mar fueran escasas. No obstante, aproveché alguna que otra ocasión para hacer lo que más me gusta: escribir en la naturaleza. Llegado el ecuador del año pude regresar a la naturaleza. Una de las primeras cosas que hice fue realizar mi ansiado proyecto de recorrer la geografía de Ceuta acompañando al sol desde el alba hasta el ocaso. El resultado de esta actividad fue el libro “El Día de mi vida”.

El resto del verano lo pasé en casa de mi familia política en Armilla (Granada). Por las mañanas leía y escribía sobre el “Espíritu de Ceuta” y por las tardes paseaba por la Vega de Granada. Tengo aún fresco el recuerdo la sinfonía de colores de los campos granadinos, el olor a la tierra mojada por las acequias llenas con el agua procedente de Sierra Nevada, el tacto fresco de las hojas de tabaco o el sonido de las numerosas aves que se alimentan de las semillas arrojadas por los agricultores. Disfrute este verano de la lluvia de estrellas desde el mirador de los Patos, caminé bajo el influjo de la luna llena y contemplé un limpio y claro firmamento plagado de planetas y estrellas.

A principios de septiembre volví a Ceuta. El mismo día de mi regreso me fui al mirador de Benzú para contemplar el atardecer. Echaba de menos las maravillosas caídas del sol sobre el Estrecho de Gibraltar. El cielo estaba plagado de aves rapaces que regresaban a las cálidas tierras de África para pasar el invierno. De igual modo, no tardé mucho en bajar a la playa Hermosa para pasear entre las rocas y escuchar, de nuevo, el sonido del mar.

Despedí, como se merece, al verano. Fue un día muy intenso de sensaciones, emociones y señales en el cielo. La llegada del otoño coincide con mi cumpleaños, un día que aprovecho para reflexionar sobre mi vida. Este año tuve una visita muy especial. Cuando el día estaba a punto de acabar, un ruiseñor entró por la ventana del estudio de mi casa y llegó hasta el salón donde me encontraba con mi mujer. Se dejó que lo cogiera con la mano y puede acariciarlo antes de devolverle su libertad. Tengo claro que no fue un hecho casual, sino una señal clara para que prosiga en la consecución de mi misión.

El otoño, al que le queda poco, ha sido una estación de estudio sobre mis últimos hallazgos arqueológicos. Casi todas mis salidas han sido bajo la luz de la luna llena, ya sea sólo o acompañado con algún amigo. Puede que el influjo de la luna sea el responsable de mi melancolía. No puedo alejar de mi corazón cierta tristeza por ciertos aspectos de mi vida. Tengo muchos motivos para ser feliz: una mujer y unos hijos maravillosos, una adorable familia, una casa grande y confortable, una vida intelectual rica y fructífera,… Sin embargo, no he conseguido encauzar de manera adecuada mi carrera profesional. Con cuarenta y siete años sigo sin trabajo, y ya llevo más de cuatro años en el paro. No conseguí que mi proyecto de Ceuta Dreams, -una iniciativa para ofrecer visitas guiadas en Ceuta-, funcionara ni logré aprobar las oposiciones de secundaria.

Mi mayor deseo sería que mi regreso a la naturaleza fuera definitivo. Quisiera que mi único oficio fuera el que también anhelaba Henry David Thoreau: “¡Cómo vivir!¡Cómo lograr una vida plena! Cómo extraer la miel de la flor del mundo”. Ser testigo y cronista de los amaneceres, de las lluvias y tormentas, de los cambios de humor del mar, de las caprichosas formas de las nubes, del movimiento de la luna, del firmamento plagado de estrellas, de las hojas caídas de los árboles en otoño y del regreso de la primavera, esto es lo que anhelo.

…La lluvia aprieta mientras escribo. El cielo está gris oscuro y la ciudad duerme. Es domingo, día cuatro de diciembre de 2016. Son las 8:21 h y llevo una hora escribiendo en el ordenador. Las lluvias de las últimas semanas vienen a renovar la vida de los montes de Ceuta. Todo está volviéndose de un intenso color verde, incluso las zonas quemadas a finales de  septiembre. Este verdor es absorbido por el Monte Hacho para luego rezumarlo, en forma de óxido de cobre, por los acantilados del Sarchal. Siento que la renovación de la vida va a ser fuerte esta primavera. Los arroyos volverán a llevar agua, las plantas ofrecerán sus bellas flores, los árboles recuperarán su vigor y los vencejos y golondrinas poblarán de nuevo los  cielos de Ceuta. Todo se prepara para mi regreso a la naturaleza.

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Aprovecharé este invierno para ordenar mis ideas, revitalizar mis emociones, reforzar mis cimientos éticos y morales, despertar mi adormilada imaginación y planificar mis próximos proyectos personales y profesionales. He plantado muchas semillas, en forma de libros, en este final de otoño. Puede que emerjan en la próxima primavera o que queden latentes para una primavera alejada en el tiempo. Contaba Henry David Thoreau en la última página de su conocida obra “Walden” la historia que circulaba en su tiempo de “un fornido y hermoso insecto que salió de la tabla seca de una vieja mesa de madera de manzano y que había estado en la cocina de un granjero durante sesenta años, primero en Connecticut y luego en Massachusetts, de un huevo depositado en el árbol vivo muchos años antes, como se vio al contar las capas anulares a su alrededor. Lo oyeron roer durante semanas, tal vez empollado por el calor de una cafetera. ¿Quién no siente fortalecida su fe en la resurrección y la inmortalidad al oír esto? ¡Quién sabe qué hermosa y alada vida –cuyo huevo ha estado sepultado durante años bajo muchas capas concéntricas de rigidez en la seca vida muerta de la sociedad, depositado al principio en la albura del árbol verde y vivo, gradualmente convertido en la semblanza de su tumba acondicionada, una vida a la que tal vez la asombrada familia del hombre, sentada a la mesa festiva, haya oído roer durante años –podrá salir inesperadamente del mobiliario más trivial y usado para disfrutar, por fin, su perfecta vida de verano!”.

…La lluvia ha terminado para dejar paso al viento. Las nubes se mueven con rapidez, como si llegarán tarde a algún sitio. La luz del sol penetra entre la espesa capa nubosa. Los árboles se agitan como si fueran a quebrarse de un momento a otro. Toda la naturaleza, en esta mañana dominical, transmite inquietud. La misma que siento yo por mi futuro y el de mis libros. Puede que se disipen como una niebla veraniega o terminen arrinconados en cualquier estantería. Mi mayor esperanza reside en mis hijos. Ellos tendrán la oportunidad de conocer, gracias a estos libros, al ser humano que fue su padre. Sabrán de mis trabajos, de mis experiencias y los pensamientos que he dejado plasmados en mis libretas, de mis anhelos y proyectos,  de mi lucha en pro de la conservación del patrimonio natural y cultural de Ceuta. Tendrán plena conciencia de que su padre ha vivido de manera intensa y plena, que hizo todo lo posible para defender, potenciar y renovar la vida y que, por encima de vida, vivió una vida que merecía ser vivida.

Vuelve la lluvia con las lágrimas a mis ojos. No puede evitar emocionarme al hablar de mi vida como algo perteneciente al pasado. Una vida vista de manera retrospectiva es siempre una mezcla de felicidad y tristeza. Felicidad por los momentos vividos y por las experiencias gratificantes. Y tristeza por los desengaños personales, las pérdidas de familiares y amigos, por las esperanzas frustradas y las palabras nunca dichas. Dicen que en los instantes previos a la muerte asistes a un pase de las imágenes más importantes de tu vida. Yo me imagino a algunas de estas imágenes: mi primer recuerdo en un parque infantil, la sonrisa de mi madre, los ojos azules de mi padre, el juego con mis hermanos, el día en que me quedé sólo en Granada para comenzar mis estudios universitarios, el primer beso a Silvia, el día de mi boda, el nacimiento de Alejandro y Sofía, el descubrimiento del talismán con la Gran Diosa, mis amaneceres en la playa Hermosa, el día que acompañé al sol en su recorrido por Ceuta, puede que también este mismo instante quede grabado en mi memoria. Nadie sabe cómo ni por qué ciertos acontecimientos quedan inmortalizados en nuestra mente.

Me siento afortunado por contar con un soporte tangible para mis experiencias y recuerdos. Mis libros son el principal legado que dejo para mis hijos, familiares, amigos y las generaciones futuras. No siento ninguna inquietud por las críticas literarias. Me importan poco las valoraciones que puedan hacer de mi estilo. Lo único que deseo es expandir el alma de mis lectores, conseguir emocionarles, remover su alma y hacerles valorar el extraordinario don que es la vida. A lo largo de mi vida he aprendido mucho de los libros. Gracias a la lectura de las obras de autores como Emerson, Whitman, Thoreau, Geddes y Mumford he modelado mi alma y me he abierto a lo infinito y eterno. Pero llego un momento en la vida de todo hombre y mujer en el que debe abandonar el nido y renacer a una nueva vida. Una nueva vida inspirada por las Musas y la Gran Diosa en la que llegamos a saber realmente quieres eres y para qué estás aquí. Emprendes un viaje a terra incognita, a tu propia y desconocida alma.

…El viento se ha calmado de manera súbita. La tranquilidad vuelve a la naturaleza y también a mi interior. Han sido un par de horas muy intensas en sentimientos y emociones. He expresado con toda la sinceridad posible lo que siento y pienso. Sé que no lo hubiera conseguido sin la inspiración de las fuerzas profundas que impulsan mi vida. La misma que, si prestas atención, querido lector o lectora, podrás sentir cuando leas los relatos que contiene este libro. “¿Qué es un relato?”, se preguntaba Thoreau en los párrafos finales de su libro Cape Cod. Puede que la respuesta sea  la que yo he encontrado: el regreso a la naturaleza.

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