EJERCICIO DE GATOPARDISMO

Algunas cosas buenas está teniendo la crisis multidimensional en la que llevamos inmersos desde hace más de un lustro. Una de ellas es que está saliendo a relucir toda la corrupción  que había infectado a los más elevados componentes del complejo del poder. Todo el mundo sabía que la corrupción había gangrenado el cuerpo social de nuestro país, pero como el dinero fluía y llegaba a amplias capas de la sociedad española nadie le prestó demasiado interés. Ha hecho falta que el sistema se derrumbe para tomar conciencia de que los pilares de nuestra económica estaban completamente podridos. Con el esfuerzo de todos hemos inyectado enormes sumas de dinero para apuntalar nuestro sistema financiero y bancario. Mientras que la estructura financiera de España se desmoronaba por una pésima gestión de las cajas de ahorros controladas por partidos políticos, sindicatos  y la patronal, hemos conocido que los ínclitos consejeros de estas entidades bancarias, de carácter público, andaban por ahí tirando de tarjetas para pagar sus viajes, comilonas y juergas. Una desvergüenza absoluta.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa,  autor de "El Gatopardo"

Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de “El Gatopardo”

Todo parece indicar que el sistema se está purgando antes de volver a las andadas. Sospecho que fenómenos como Podemos o los escándalos con las tarjetas black forman parte de una estrategia de gatopardismo muy estudiada y perfectamente puesta en escena. Cambiarán los protagonistas, pero mucho me temo que la obra representada será la misma y el guión seguirá siendo escrito por los de siempre.

NATURALEZA Y VIDA PLENA

El mundo de los actos es el del territorio y sus gentes. Estos lugares los percibimos a través de nuestros sentidos, los transformamos según nuestras ocupaciones y aquí desplegamos nuestros sentimientos. Enriquecer nuestros sentidos, ampliar nuestros conocimientos y fomentar sentimientos acordes a la condición humana son las misiones encomendadas a  la escuela. Pero esta escuela no puede limitarse a las frías paredes de los colegios e institutos. Como dijo con rotundidad Patrick Geddes: “¡Pongamos a los niños a observar la naturaleza no con lecciones rotuladas y codificadas, sino con sus propios tesoros y fiestas de belleza, como son sus piedras, minerales, cristales, peces, aves y mariposas vivas, flores silvestres, frutas y semillas”. De manera clara y decidida debemos oponernos a la actual ausencia de la naturaleza en escuelas y colegios, con su verbalismo y su papelerío. Lo cual también implica inanición moral, de donde muy a menudo surgen perversiones de toda especie, así como la inhibición de los sentidos y los sentimientos.

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Sin contacto con la naturaleza nuestro corazón se marchita, los ideales más elevados son sustituidos por el afán de poder y dinero, la ignorancia nos hace manipulables y la capacidad creativa no llega a desarrollarse. Sin naturaleza, en definitiva, no llegaremos a gozar de una vida plena, efectiva y lograda, ya que, como sentenció el sabio maestro japonés Fukuoka, “la verdadera belleza, la verdadera verdad y la verdadera bondad sólo existen en la naturaleza”.

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EL CAMINO DEL AMOR, LA VERDAD Y LA IMAGINACIÓN

Conformamos nuestra identidad a partir de la integración en el grupo al que se nos asigna por la tradición cultural de nuestros padres y madres. Estos grupos buscan su consistencia por el reforzamiento de sus tradiciones y costumbres, así como de sus doctrinas o dogmas religiosos. La clave para entender el carácter de estas culturas está en los ideales sobre los que construyen su andamiaje identitario.

El ser humano dio sus mejores frutos cuando estos ideales se diferenciación en el mismo tronco de la condición humana y surgieron los conceptos de bondad, verdad y belleza. Esto fue posible una vez que el círculo mítico se rompió y la verdad pudo emprender su propio camino, abierto por el trabajo de la ciencia y la filosofía. De igual modo, la bondad o la maldad dejaron de ser algo dado por una entidad suprahumana, -que juzgaba y condenaba a quienes  se apartaban de los preceptos religiosos-, sino que empezaron a depender del autoconocimiento, la autoeducción y la autolimitación.

Santuario  de Delfos

Santuario de Delfos

 

Liberados del yugo de los dogmatismos y las explicaciones míticas a todos los fenómenos de la vida, los individuos contaron con la suficiente libertad para dar rienda suelta a su propia creatividad. Una libertad que aplicaron a sus propios planes y proyectos, tanto individuales como colectivos, así como a la expresión y creación artística y cultural.

Auriga de Delfos

Auriga de Delfos

Desde el momento en el que el sentimiento de fraternidad entre los seres humanos es sustituido por el del odio, el resentimiento y el deseo de venganza, la comunicación, la cooperación y la comunión resultan imposibles. El pensamiento doctrinario es  incompatible con la libertad, y sin libertad no pueden surgir ideas renovadoras y filosofías provitales. El arte, la cultura, la política están situadas en un plano de la espiral de la vida al que sólo se puede acceder por el camino del amor, la verdad y la libre expresión de los pensamientos, los sueños y la imaginación del ser humano.