LENTIFICAR EL TIEMPO

Entre las necesidades superiores del ser humano figuran, en un lugar destacado, el orden y la continuidad. Nadie se siente cómodo en un espacio desordenado o una situación incontrolada. Ya sabemos que la espiral de la vida no para nunca, pero confiamos en que se mueva a un ritmo constante y a una velocidad que nos permita tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Sin embargo, esta espiral se mueve cada día a mayor velocidad y sin un rumbo aparente. A su paso va transformando el entorno, destrozando los paisajes y contaminando la tierra, las aguas y el aire. El trabajo está deslocalizado y es cada día más escaso,  y las personas se encuentran completamente desorientadas. Algunos, para intentar no ser arrastrado por el impetuoso viento de los tiempos, se aferran a sus creencias dogmaticas pensando que así conseguirán sobrevivir en un mundo en constante cambio. Otros buscan refugio en el seno de su tribu, convencidos de que su clan es más inteligente y hábil que sus vecinos. Y la mayoría anda buscando en su razón egocéntrica la tabla de salvación para sortear las grandes olas que provoca el devenir histórico. Son todas estrategias inútiles para sobrevivir en el mundo que nos ha tocado vivir. La única posibilidad que tenemos ante nosotros es ralentizar la velocidad de los acontecimientos, replantearnos nuestra relación con el tiempo e intentar vivir con más sosiego. Si conseguimos vivir sin tan prisas seremos más felices y tendremos tiempo para reflexionar y darnos de que la era de la expansión ha terminado para  ceder su lugar a la edad del equilibrio dinámico. Este nuevo tiempo, el que está surgiendo ahora, ha de ser el del resurgimiento de la vida, el desplazamiento  de lo mecánico por lo orgánico y el restablecimiento de la persona como término definitivo de todo esfuerzo humano.

UN VERANO POR LA VEGA DE GRANADA

Ceuta, 2 de septiembre de 2014

      Hace tres días regresé a Ceuta después de un largo periodo de estancia en Armilla, lugar de nacimiento de mi mujer y de residencia de mi familia política. Han sido casi dos meses distintos a mi rutina habitual. El primer mes lo he dedicado principalmente a la lectura. Los numerosos libros que han pasado por mis manos me han ayudado a centrar mi pensamiento y acción futura en torno a los ideales superiores de la bondad, la verdad y la belleza. El libro “El Poder curativo de la naturaleza” me  ha animado a salir de cierto enclaustramiento, nunca mejor dicho, ya que han sido demasiados días estancado en el cuadrante de la vida interior plena, representando por el Claustro, según Patrick Geddes. Mi cuerpo y mi mente me pedían retomar el contacto directo con la naturaleza. Este reencuentro lo he hecho en casi diarias caminatas por los senderos abiertos en la Vega de Granada. Por estos caminos he tocado la grisácea, limosa y nutritiva tierra de la Vega granadina. He observado los cultivos predominantes en esta época del año, como son el maíz y el tabaco. También, aunque más minoritario, es fácil dar con huertos privados dedicados a la autoconsumo.

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Sendero peatonal en la Vega de Granada

                El agua es un elemento fundamental en estas milenarias tierras de cultivo. Es increíble la cantidad de agua que circula con estos fértiles terrenos agrícolas. La acequia Tarramonta canaliza un caudal constante de agua procedente del río Genil. Al pie de esta acequia he disfrutado de agradables momentos de reflexión, relajación y meditación. Recuerdo con especial emoción aquella tarde en la que poca antes del ocaso un nutrido grupo de golondrinas volaban a mi alrededor mientras cantaban alegremente al sol que se escondía arrastrado por el carro de Apolo.

Acequia Tarramonta

Acequia Tarramonta

                Los paseos por la Vega me han permitido tomar conciencia de la crisis de la cultura agrícola en nuestro país. El monocultivo con maíz transgénico y tabaco pone en evidencia que la agricultura actual está más enfocada  al negocio que a la autoproducción local. No obstante, he tenido la suerte de conocer algunas interesantes  iniciativas que  me hace albergar cierta esperanza en el cambio de cosmovisión vital a la que muchos aspiramos. Una de estas propuestas la conocí por casualidad. Me dirigía hacia la Vega cuando vi colgado en una valla un cartel que anunciaba una empresa dedicada al alquiler y apadrinamiento de huertos familiares ecológicos en el término municipal de Churriana de la Vega. Este proyecto despertó mi interés y decidí contactar con su promotor, José Luis Salamanca Maroto, “Gui”. Cuando visité “La Huerta de Gui” estaba atendiendo a una pajera de clientes que habían ido a adquirir verduras y hortalizas frescas. Una a una fueron eligiendo las piezas que deseaban llevarse a su casa. Un placer que pocos pueden disfrutar en nuestro mecanizado mundo.

La huerta de Gui

La huerta de Gui

                Gui me fue explicando la génesis de su proyecto y su evolución. El despido después de veinticuatro años trabajando como realizador en una televisión local le animó a hacer realidad un sueño que hasta entonces había reservado para cuando alcanzara la edad de jubilación. Armado de valor y entusiasmo, y contando con el apoyo de su mujer Mariluz, su hijo, sus suegros, su hermano y amigos a través del crowdfunding, y el apoyo económico de la ONCE, junto al dinero acumulado del paro, dio el paso definitivo para hacer de un marjal familiar el huerto de sus sueños. En poco más de un año ha conseguido hacer su sueño realidad. A día de hoy cuenta con una docena de bancales apadrinados y con una hermosa huerta en la que produce verduras y hortalizas que son vendidas en tiendas especializadas de Granada y por internet a clientes repartidos por toda España y puede que pronto en el extranjero.

Gui cuidando sus tomates

Gui cuidando sus tomates

A primera hora del día siguiente volví a la huerta de Gui para mantener una extensa charla. Tanto Gui como yo pronto nos percatamos de que teníamos inquietudes vitales e intelectuales similares. Yo le hablé de este proyecto de la Escuela de Vida “Vivendo Discimus” (Vivimos Aprendiendo), que incluye un jardín y un huerto como el que ha creado él con sus manos y con mucha ilusión. El dialogo que mantuvimos también me sirvió para conocer algunos detalles interesantes de la técnicas de cultivos y de las necesidades para hacer viable un proyecto de esta índole.

Bancales de la Huerta de Gui

Bancales de la Huerta de Gui

                Gui no fue la única persona que he conocido en este periodo estival. Silvia y yo tuvimos la oportunidad de conocer al pensador Enrique Mariscal, autor del libro “Manual de Jardinería Humana”. Fuimos los únicos que acudimos al encuentro con este autor  organizado por la  librería Agapea de Granada. Esto nos permitió dialogar de manera extensa con este escritor cargado de sabiduría, bondad y creatividad inspiradora.

                En mis paseos por la Vega de Granada entré en contacto con lugareños que, como Rogelio, madrugan a diario para atender su pequeño huerto en el que cultivan tomates, melones, sandias, habichuelas, berenjenas, etc…La conversación  bajo una frondosa higuera fue muy interesante. Rogelio me explicó cómo la Vega está asediada por la especulación urbanística y los monocultivos transgénicos.

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                Mis recorridos por la Vega han activado mis aletargados sentidos. Me ha encantado pasear acompañado por el alegre sonido de los pájaros y el constante fluir del agua en las acequias; alimentar mi mirada con el verdor de los campos cultivados y forzarla con la contemplación de bellos amaneceres y atardeceres; absorber el intenso olor de los pinos al comienzo del camino y de los imponentes olmos que daban sombra en la acequia de Tarramonta; sentir el frescor en la piel que desprendían las hojas de maíz y tabaco.

Atardecer en la Vega de Granada

                Mi interés por el conocimiento de estas tierras ha aumentado al mismo tiempo que las recorría, como también lo ha hecho el sentimiento de aprecio por este lugar y sus gentes. La comentada activación de mis sentidos, el interés por el conocimiento de la Vega y el sentimiento de afecto por ella dan la razón a Patrick Geddes sobre la necesidad de que todos hagamos el esfuerzo de acercarnos a los lugares en los que vivimos o visitamos de manera ocasional, como ha sido mi caso, con la curiosidad de un científico, el cariño de un amante y la visión estética de un artista. Todo este cúmulo de experiencias sensoriales, sentimentales y estéticas enriquecen nuestra vida interior, reforzando nuestros ideales, renovando nuestras ideas y activando nuestra capacidad de diseñar nuevos planes y proyectos.

Cultivo de maíz en la Vega de Granada

Cultivo de maíz en la Vega de Granada

                El contacto directo con la naturaleza es el mejor medio para convencernos de que, como decía Fukuoka, “la verdadera belleza, la verdadera verdad y la verdadera bondad sólo existe en la naturaleza”. No obstante, esta naturaleza no es un ente abstracto ni aislado, sino el escenario en el que se representa el drama humano. Se trata de un escenario en constante reforma por el ser humano, el resto de seres humanos y las inagotables fuerzas de la propia naturaleza y el cosmos.

                La  vida es siempre un drama con un subyacente halo heroico o trágico según el guión que escribimos basándonos en nuestros ideales, ideas y planes. En la representación de este drama todos tenemos un papel que desempeñar. Una vida pasiva tanto en el mundo de afuera como en el de adentro es una existencia carente de sentido, significado y sustancialidad. La gran utilidad de la vida es, como dijo Mumford, dedicarla a algo que dure más que ella. Un vida buena (eupsiquia) solo es posible teniendo siempre presente la consecución de las virtudes supremas de la bondad, la verdad y la belleza. Esta última, la belleza, tiene un marcado carácter personal, ya que depende nuestra capacidad creativa e imaginativa. Por su parte, la búsqueda de la verdad, que nos conduce a la cultura, tiene también un componente personal de esfuerzo en la síntesis del conocimiento. En la bondad es donde lo colectivo adquiere un mayor peso. Sobre una base ética común emerge una moral que difiere en cada cultura o civilización. Por este motivo debemos construir una eupolítica partiendo de unos mínimos principios éticos basados, a su vez, en una concepción integrada del amor.

Acequia Tarramonta

Acequia Tarramonta

                El constante cuestionamiento ético al que estamos obligados todos los seres humanos debe llevarnos a preguntarnos, ante cualquier nuevo invento, organización o propuesta política y económica, si éstas se han concebido con amor y va a perseguir fines de amor. Para nuestro futuro desarrollado, como sentenció Mumford, “no necesitamos poder alguno excepto el dirigido por el amor hacia formas de belleza y verdad. Únicamente cuando el amor se ponga a la cabeza de la tierra, y la vida sobre ella, volverán a ser seguras. Y no lo serán hasta entonces”.

Plantación de tabaco en la Vega de Granada

Plantación de tabaco en la Vega de Granada

                Sólo se ama aquello que se conoce, por lo que resulta fundamental que cada uno de nosotros, ya seamos niños o adultos, nos preocupemos por conocer de primer mano el lugar en el que vivimos de manera permanente u ocasional, como yo he hecho durante esta larga estancia en Armilla, tiempo que me ha servido para acercarme a la cultura agraria de la Vega de Granada.