HACE CUATRO AÑOS

Ceuta, 18 de septiembre de 2017.

Llevo casi un mes sin escribir en esta libreta. El viaje a Granada para recoger a la familia y la recuperación de la rutina son algunos de los motivos que explican esta pequeña pausa en mi labor de escritor. Tengo también que reconocer cierta pérdida de fe en el valor de mis escritos, así como una sensación de fracaso general sobre mi vida. Dentro de una semana cumpliré cuarenta y ocho años y el balance de mi trabajo no es demasiado positivo. Sigo sin tener un trabajo estable y el que ahora tengo nada tiene que ver con mi profesión de arqueólogo.

He dedicado mucho tiempo a la defensa del patrimonio natural y cultural de Ceuta y aquí tampoco me siento especialmente satisfecho. Los problemas ambientales que padece mi ciudad siguen sin solucionarse y, en muchos casos, se han agravado con el tiempo. De igual modo todo el esfuerzo encaminado a despertar la conciencia cívica y movilizar a la ciudadanía ha resultado infructuoso. Nadie quiere dedicar parte de su tiempo al cuidado de esta tierra sagrada y mágica. Tampoco he tenido fortuna con ciertas iniciativas como la “Escuela de la Vida”, Ceuta Dreams o el proyecto sobre las salazones. La coyuntura económica, política y cultural de la ciudad no era favorable para que estos proyectos echaran raíces y crecieran.

Sin embargo, y a pesar de estos fracasos (o gracias a ellos), he logrado madurar en los aspectos sensitivos, emotivos, creativos, intelectuales y creativos. La madurez exterior, -propia de los años que voy a cumplir-, e interior obtenida gracias a mis experiencias significativas, mis lecturas y mis actos me han hecho entender mi existencia con el despliegue de un plan preconcebido. Mi temprana vocación como arqueólogo no me fue inculcada para que me dedicara a la “cacharrología”, sino a un fin más trascendente como es el resurgimiento de la diosa. Ella puso en mis manos la inscripción de Isis, el exvoto de la diosa hallado en la calle Galea, el descubrimiento de las minas de Hacho, los libros de Thoreau, Emerson, Whitman, Geddes y Mumford, entre muchos autores que han marcado mi pensamiento.

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Llevo varios días pensando sobre el sentido final de todo este plan y mientras he subido a este lugar, donde hace justo hoy cuatro años empecé a escribir, ha surgido en mi mente la idea de que mi destino era despertar en mí a la Gran Diosa y, gracias a ello, contribuir a que otras personas consiguieran reconciliar su lado masculino y femenino. Yo he conseguido ver la geografía de Ceuta una metáfora perfecta del mysterium coniunctionis. Aquí se reencuentran los mares y dos continentes de signos opuestos, pero complementarios.

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Justo desde donde me encuentro observo las corrientes marinas que se generan en las cercanías de la Punta del Desnarigado al entrar en contacto las cálidas aguas del Mediterráneo y las gélidas del Océano Atlántico. Es una combinación que genera un poder visible. No obstante, esta energía está siempre allí que los principios masculinos y femeninos se armonizan, aunque pase desapercibida para la mayor parte de la gente. Yo siento esa fuerza inmanente y trascendente cuando mi alma se reintegra, de manera momentánea, en el anima mundi. Entonces el tiempo y el espacio se ensanchan tanto que se difuminan y sólo permanecen la eternidad y el infinito. Mi cuerpo y mi mente actúan como anclas para evitar que el viento divino me arrastre como lo hacen las ráfagas que ahora siento con las hojas de los árboles entre los que estoy sentado escribiendo.

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He aprendido a navegar sin un rumbo fijo. La única carta de navegación que utilizo es mi propia intuición. Acepto mi destino, en lo bueno y en lo malo, expectante ante lo que pueda ocurrir. Esta actitud me aporta paz y serenidad.

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La soledad en la naturaleza actúa como un bálsamo para mi cuerpo y para mi mente. Aquí disfruto de la amplitud del mar y del cielo, de la sombra de los árboles, del olor de las hojas secas, del sonido de las aves y del ligero calor del sol otoñal, suavizado hoy por el fresco viento de poniente. Se trata de una soledad compartida con los árboles, las plantas y las aves, como el cernícalo que acaba de posarse sobre la copa de una pita.

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Está tan cerca que no tengo duda que sabe de mi presencia, pero no le inquieta. Entre nosotros se ha  establecido una relación de mutuo respeto. Disfruto mucho viendo cómo se balancea el tronco de la pita con el movimiento intencionado de su cuerpo, como si fuera un columpio.

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La naturaleza es muy acogedora conmigo. No me siento solo en su compañía. Este bosquecillo está plagado de vida. El crujir de las hojas secas marca los sigilos pasos de las criaturas que lo habitan. Siguiendo este sonido doy con un camaleón que anda lentamente entre las piedras y ramas. Me gusta su lento desplazamiento, la elegancia de su cuerpo y sus vivos colores. Verlo ha sido un regalo inesperado en este cuarto aniversario del inicio de mis escritos.

MENSAJE DESDE EL MONTE HACHO

Ceuta, 20 de agosto de 2017.

De improviso he sentido una indescriptible sensación de placer y fuerza al llegar al portal de mi casa. Tal es la fuerza que he experimentado que al abrir la puerta el manojo de llaves se ha deshecho entre mis dedos. Me siento vital y sano, como si una súbita energía se hubiera apoderado de mi cuerpo. Algo me empuja a escribir para plasmar por escrito mis actuales impresiones.

Una sensación de calor recorre mi cuerpo concentrándose en la parte baja del vientre y elevándose hacia la garganta. Mis sentidos están despiertos como nunca antes y anhelan nuevas percepciones. Lo mismo sucede con mi mente, que llama a la puerta de más elevados niveles de conciencia.

El placer es inmenso. Mi cuerpo y mi espíritu desean unirse a su contraparte femenina. Me adentro en el terreno de lo inconfesable e íntimos. Son palabras escritas para ser leídas por la Gran Diosa. Ella me atrae ejerciendo un magnetismo del que me es imposible huir. Estoy atrapado en su red de poder y me entrego de manera fiel y leal a su voluntad. La Gran Diosa me indica que me vista y suba hasta la cima del Monte Hacho. Me ha regalado este extra de vitalidad para acudir raudo a su encuentro.

A la mágica hora de la siete salgo de casa. Nada más salir me encuentro con dos niñas que me piden les compre una pulsera. No llevo dinero encima, pero les encargo que me preparen una pulsera con el nombre de mi pequeña Sofía. A la vuelta pasaré  a recogerla.

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Al asomarme a la Rocha contemplo el Monte Hacho como si fuera la primera vez que lo veo. Hoy parece que está más cerca que nunca.

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Tardo apenas veinte minutos en alcanzar la cima de este mítico promontorio. No he sentido nada de cansancio ni esa pesadez en las piernas que a veces sufro al subir una empinada cuesta o al estar mucho tiempo de pie. Lo que sí he sentido es el calor pegajoso del levante. Tengo el pelo chorreando de sudor y sus gotas caen sobre mis brazos y las páginas  de la libreta.

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Me he sentado sobre el saliente rocoso en el que se erige el baluarte de San Amaro de la fortaleza del Hacho. En él ondea, a media asta, la bandera de España. Esta rota por el viento y también por el dolor de un país que llora por la muerte y el sufrimiento de las víctimas de los actos terroristas cometidos en Cataluña.

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La bandera de España simboliza los valores de una nación forjada en el yunque del tiempo. Esta muralla y esta bandera representan la lucha de un pueblo por mantener intactas sus señas de identidad y la posesión de una tierra sagrada, mítica y mágica. Nuestros antepasados tuvieron que hacer frente a muchas vicisitudes y enfrentamientos para lograr que hoy Ceuta sea una ciudad en la que reinen los ideales democráticos y domine la libertad para pensar y expresar lo que cada uno opine y crea. Una ciudad en la que todos tenemos la oportunidad de desarrollarnos con personas y cumplir nuestros particulares objetivos vitales. Estos logros, insisto, han costado sangre, sudor y lágrimas y no podemos dejar que ser pierdan por culpa del fanatismo, el odio, la violencia, el miedo y la desconfianza entre las distintas culturas que habitamos Ceuta en el presente. Cada uno de ellas aporta los rasgos de su idiosincrasia a un cuerpo social y cultural diverso y rico, como la propia naturaleza que ahora me rodea. Esta mezcolanza civilizatoria resulta inestable y sumamente frágil. Requiere de la buena voluntad de todos las partes para que podamos disfrutar de una convivencia pacífica y gratificante.

La empatía y la misericordia son las formas de amor más elementales para alcanzar el objetivo de la comunión entre los ciudadanos de cualquier pueblo, ciudad o nación. Esta unión amorosa entre los ciudadanos es imposible de lograr cuando algunos se proclaman poseedores únicos de la verdad considerando hermanos a sus iguales y viles animales a los demás.

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La bandera y los árboles cercanos, junto a las aves, unen sus voces aquí donde me encuentro para decirnos que el sol que ahora cae y se oculta tras las nubes ilumina y calienta por igual a todas las criaturas que habitan la tierra. Una fuerza, al mismo tiempo inmanente y trascendente es creada por la vida y la hace crecer. Esta energía está en el todo y en las partes, y mantiene aglutinado al mundo. Siento la fuerza a mi alrededor, y esta tarde con especial fuerza en mi interior.

Los seres humanos no somos simple materia perecedera. Además de cuerpo poseemos mente y espíritu. Una pequeña chispa de energía cósmica reside en nuestro interior y sobrevive a nuestro cuerpo. Gracias a esta fuerza y a la mente que se alimenta de ella somos seres autoconscientes y expresivos, capaces de maravillarse ante la sacralidad, la magia y la belleza de la naturaleza y el cosmos. Aquel en cuyo corazón reside esta visión del mundo no puede albergar odio y deseo de muerte para ellos mismos, sus semejantes y cualquier criatura que forme parte de la naturaleza. No existen animales impuros. La impureza está en la mente del que piensa así. Hemos venido a este mundo para amar y no para odiar. Yo amo a la bandera que se agita sobre mi cabeza. Amo a las piedras que dan forma a esta muralla. Amo a las que con denodado esfuerzo las levantaron. Amo a la ciudad que contemplo desde la lejanía. Amo el sonido de las campanas que anuncian, en este instante, las nueve de la noche. Amo a los árboles cuyas ramas son agitadas por el viento de levante. Amo el canto de las aves que despiden al sol. Amo al día que se va y a la noche que llega. Amo, en definitiva, a la fuerza vital que lo inunda todo.

SUMIDO EN LA NIEBLA

Ceuta, 16 de agosto de 2017.

Al asomarme por la ventana a las 6:30 h he comprobado que las predicciones meteorológicas no se han equivocado. El cielo está completamente cubierto con una densa niebla. La humedad es del 100 %, lo que explica que las aceras y los coches estén mojados. La temperatura es muy suave, 21º C y el viento sopla del sur, aunque en pocos minutos rolará a levante.

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Apenas he tardado cinco minutos en bajar a la playa Hermosa. Ahora estoy sentado sobre los peldaños finales de la escalera que conecta el litoral con el Recinto. Por la hora que es hora, las 7:45 h, el sol ha debido emerger del mar. Ha sido imposible verlo con la tupida niebla que domina el paisaje. No obstante, la luz que nos trae ya es apreciable.

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La escena resulta, sin lugar a dudas, misteriosa. El color dominante es el gris y el campo visual muy reducido. El rumor del mar va apaciguándose según pasan los minutos. Parece que ha decidido darnos una tregua después de una semana de fuerte viento de levante.

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Entre la niebla se asoman las gaviotas con sus peculiares graznidos. Casi todas toman camino hacia Oriente, como si fueran a comprobar que el sol realmente ha salido. Los gallos también preguntan por el astro rey.

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Mientras esperamos a ver el rostro del sol, yo me siento a escribir entre las rocas mirando al mar. Oteo un horizonte sin su habitual marcada línea y tan estrecho que mi mundo se reduce a una circunferencia de no más de veinticinco metros. Todo llega de improviso. Una ola muere entre las rocas sin que sea posible adivinar su origen ni la causa que la ha provocado. A las gaviotas las veo cuando las tengo encima de mí. Es un ambiente propicio para la llegada de un mensajero de los dioses. Podría adoptar la forma de un ave, de un delfín, incluso de un ser humano. Me mantengo expectante y con todos los sentidos alertas.

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Levanto la mirada y aparece ante mi mirada un hombre de algo más de cincuenta años con una mochila en la espalda y unas bolsas de plásticos en las manos. Le pregunto si viene de pescar y me contesta que no, que ha pasado la noche durmiendo entre las rocas. “Mucha humedad”, le digo. “Sí, mucha humedad…Me he tenido que cubrir con unos plásticos”. No detiene sus pasos y lentamente asciende por las escaleras. Me gustaría haber conversado con él más tiempo, pero no parece que tuviera muchas ganas de hablar después de una noche en la que la humedad le ha debido calar hasta los huesos.

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La niebla, lejos de disiparse, da la impresión de que aumenta cada minuto que pasa. Los cristales las gafas se llenan de diminutas gotas de agua. Esta agua vaporizada humedece todo lo que toca. Lo noto en las mismas hojas de este cuaderno, en el peldaño de madera en el que ahora me siento, en mi rostro, en mi pelo y en piernas. También es perceptible en las rocas y en las plantas. El grupo de hinojo marino (Crithmum maritimum) que tengo a mi lado huele de manera intensa gracias a esta humedad añadida. Lo toco y está completamente mojado. He hecho bien en ponerme una rebeca para evitar que la humedad afecte a la parte más sensible del cuerpo.

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En Ceuta siempre decimos que gozamos de un clima muy bueno, excepto por la intensa humedad. Ésta afecta a los huesos y a las articulaciones. En lo que se refiere a las posesiones materiales, la humedad perjudica la conservación de los objetos metálicos y del papel, así como de la ropa y las pieles. Enseguida se enmohecen y si no se actúa a tiempo hay tirarlas a la basura. Los aparatos electrónicos también son víctimas de la humedad.

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Sé que esta humedad la trae el levante, pues el cristal de las gafas que mira a Oriente es el más rápido se empaña. Son las 9:00 h. Lejos de disiparse la niebla parece que se hace más densa a cada instante. El sol no consigue penetrarla y disiparla. Debo de tener paciencia y confiar en el efecto de los rayos solares. Mientras tanto creo que es buen momento para reflexionar sobre todo aquello que la realidad cotidiana no nos deja ver.

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Al igual que la niebla que esta mañana envuelve a Ceuta, muchos viven en un mundo de estrecha mirada. Como consecuencia de la niebla yo ahora no veo más allá de quince metros. Sin embargo, mis recuerdos y mi imaginación son capaces de recrear todo aquello que mis ojos no pueden ver. El hecho de que no contemple el sol, ni los acantilados de la Almina ni el fuerte del Sarchal no implica que no existan. Están ahí y seguirán allí, aunque no pueda verlos. Lo mismo sucede con el resto de la tierra y con todos los planetas que componen el sistema solar. Si nos vamos aún más lejos y tomamos una perspectiva distanciada nos daríamos cuenta de que nuestro sistema planetario es un diminuto punto en una galaxia entre miles de otras galaxias que se mueven y expanden en un cosmos infinito. Todo esto lo veo con mi ojo interior y lo percibo con mis sentidos sutiles. Nuestra mente, al igual que el universo, tiene una enorme capacidad de expansión y de concentración. Sucede a veces que nos concretamos tanto en nuestra mente que experimentamos un big bang interior que nos hace expandirnos y abarcar la totalidad. Sin embargo, la mayor parte del tiempo nuestro pensamiento está dedicado a asuntos más mundanos. Nos preocupa nuestra salud, el trabajo o la falta de él, la discusión con nuestra pareja o amigo, incluso perdemos el tiempo en temas intrascendentes como el fútbol o la ropa que hoy nos pondremos.

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Con las nuevas tecnológicas que portamos todo el día con nosotros recibimos una continua llamada de atención que nos distraen de nuestras ocupaciones. El resultado es que la mayor parte de las personas dedican muy poco tiempo al autocultivo y al cuidado de los frutos que nacen y crecen en su mundo de adentro. Muchos no llegan a conocerse ni a saber para qué vinieron a este mundo.

Nosotros somos los únicos que podemos recoger nuestra propia cosecha. Como comentó Patrick Geddes a sus hijos, existe un undécimo mandamiento no escrito: “cultiva tu jardín y cuídalo”.

Mis frutos más apreciados, además de mis hijos, son mis escritos y mis iniciativas a favor de la conservación y difusión del patrimonio natural y cultural de Ceuta. Los ofrezco a quienes deseen probarlos con la esperanza de que  sirvan para alimentar sus almas. Estos frutos han sido cultivados con el abono que ha dejado en mi interior la lectura de muchos libros y regados con el agua de la fuente de la eterna juventud. Tales nutrientes aseguran que estos frutos permanecerán frescos y que, aunque maduren, nunca lleguen a pudrirse. Si lo hicieran tampoco me preocupa, ya que la semilla que contienen son las garantía para una nueva cosecha en el futuro.

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…Son las 10:00 h. El sol ha tomado altura y puedo ver su silueta. Creo que va siendo hora de regresar a casa.

MAGMA MARINO

Ceuta, 13 de agosto de 2017.

Después  de comer y descansar un rato en casa de mis padres me ha apetecido ir a tomar un té a Benzú. Lo he hecho en el cafetín de mi amigo Mohamed. Hemos conversado sobre los secretos de la elaboración del té moruno, que él prepara como nadie en Ceuta.

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A la vuelta me he parado a pasear por la playa de Calamocarro. Sopla un fuerte viento de levante, lo que hace que las olas batan con gran poder en la orilla. Este viento es aprovechado por una pareja de aficionados al vuelo de las cometas. Hacía mucho tiempo que no veía una de ellas volando en cielo de Ceuta. Es una manera de sentir la fuerza del viento y echarle un pulso al aliento de Euro.

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Unos metros más en dirección a Ceuta he dado con una enorme ribazón de algas. Su presencia espesa el agua que adopta una textura y densidad similar a la lava volcánica. Las olas hacen de cono volcánico desde el que salpica magma marino. Este pseudolava alcanza varios metros de altura. Me acerco sin miedo, pues lo más que me puede pasar es mojarme y terminar perdido de algas. Disfruto de un fenómeno poco habitual, ya que, aunque las algas se han convertido en una presencia constante en el litoral de la bahía norte, no es tan frecuente verlas transformadas en lava marina.

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Ahora estoy sentado entre las piedras del cantil de la carretera. Aquí me encuentro protegido del viento y a suficiente distancia de las olas. No obstante, no las pierdo de vista, pues en varias ocasiones sus blancos dedos han acariciado la arena sobre la que me siento. Asoma su mano enguatada por una colina que ella misma ha esculpido.

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Presenciando el espectáculo que esta oscura tarde ofrece el mar recupero la conciencia de la fuerza de la naturaleza y de sus  inmutables leyes. Repasando mis notas he descubierto que hace dos años, en esta misma fecha, tuvo lugar un levante de las mismas características al que hoy asisto. Hace un rato me comentaba mi amigo Mohamed que el mar es muy sabio y que siempre por estos días el mar limpia sus fondos y lo que no quiere lo arroja en la orilla. Recuerdo también que Henry D. Thoreau, en sus excursiones a Cape Cod, se refiere a la recogida de algas que hacían los habitantes de estas costas para utilizarlas como nutrientes de sus empobrecidos suelos. En Ceuta, este año, se están acumulando en una parcela cercana para trasladarlas a la península con el objetivo de prepararlas como fertilizante agrícola.

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Es curioso comprobar cómo la flora marina contribuye al enriquecimiento del suelo y al crecimiento de sus hermanas terrestres.

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La sensación que experimento presenciando las olas es de sobrecogimiento. Las olas se elevan altivas y valientes mostrando su cuerpo traslucido y su tonalidad verdiazul. Avanzan hasta la orilla desmoronándose y dejando una agitada espuma blanca que, durante unos segundos, moja la arena negra de Calamocarro. Descarga una fuerza intangible que llega hasta mi cuerpo y me revitaliza. El estruendo sonoro que emite esta energía hace vibrar mi mar interior y ambos se sincronizan. En este momento vuelve a mí el conocimiento de que el origen de la vida comenzó en el mar que tengo delante. Yo he sido arrojado a la orilla para que ahora pueda escribir sobre la Madre Tierra, o más bien deberíamos decir la Madre Mar.

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Observando el mar, los árboles, las plantas, las aves que entran dentro de mi campo visual percibo la fuerza profunda que hace posible la renovación de la vida. Está en el todo y en cada una de las partes. Adopta infinitas formas, siempre cambiantes y en continua evolución. Esta fuerza es fruto de la vida.  Nos rodea y penetra hasta los estratos más profundos de la tierra y las más hondas profundidades del mar. Ella consigue aglutinar todo lo viviente en una sustancia eterna: el Anima Mundi.

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MERIDIÓN SEPTENSE (I)

Ceuta, 6 de agosto de 2017.

Acantilados entre Puntas de las Cuevas y Punta Almina

Acantilados entre Puntas de las Cuevas y Punta Almina

Las previsiones meteorológicas para hoy no eran muy favorables. El día iba a amanecer nublado, así que me he ahorrado el madrugón  y he salido de casa a las 9:05 h. Para esa hora los rayos del sol habían logrado disipar parte de la bruma matinal y me he dirigido a Punta Almina. He tardado lo acostumbrado, tres cuarto de hora hasta llegar aquí. El viento sopla flojo de levante. La sensación de humedad es intensa. Mi intención es completar el proyecto de inventario somero de los bienes culturales y natural del litoral de Ceuta. Hace unos días recorrí la bahía norte y hoy voy a hacer lo mismo en parte de la fachada meridional.

Sirena de Punta Almina

Sirena de Punta Almina

Mar Mediterráneo desde el mirador del faro de Ceuta

Mar Mediterráneo desde el mirador del faro de Ceuta

Recolección de chumbos en el faro de Ceuta

Recolección de chumbos en el faro de Ceuta

El faro de Ceuta

El faro de Ceuta

Tomando como punto de partida la batería y sirena de Punta Almina doy comienzo a mi aventura dominical. El mar está en calma y por efecto de los rayos del sol y las nubes su superficie brilla como la plata bruñida. No hay mucha gente a estas horas de la mañana. Además de ser domingo, ayer fue el día fuerte de la feria. Me cruzo con algunos deportistas y observo a un señor mayor recolectando chumbo en las escarpadas laderas en la que se erige el faro de Ceuta. Por el gesto de su cara resulta evidente que no le ha gustado que le fotografíe. Nos hemos vuelto demasiado desconfiados. Yo le saludo con la mano y el “chumbero” me devuelve el gesto de mala gana.

El fuerte del Desnarigado

El fuerte del Desnarigado

Fortaleza del Monte Hacho

Fortaleza del Monte Hacho

 

Las vistas del mirador del faro son extraordinarias. El castillo del Desnarigado está tan bien integrado en el paisaje que realza su belleza. Desde aquí el mar de la bahía sur luce en todo su esplendor. Sobre la cúspide del Hacho discurre las murallas de la ciudadela dieciochesca. La llamada puerta de Málaga es perfecta visible desde esta posición. Llama la atención la falta de cobertura forestal de la ladera oriental del Monte Hacho. Algunos pinos sueltos son lo que han quedado del bosque que antaño existió en este emblemático promontorio. Veo también desde aquí el camino de ronda que transitaré a lo largo de esta mañana.

Océano Atlántico

Océano Atlántico

Mar Mediterráneo

Mar Mediterráneo

Avanzo en dirección al camino que conduce al mencionado fuerte del Desnarigado. Doy con un sitio desde el que es posible contemplar, al mismo tiempo, el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Pocos lugares en el mundo pueden presumir de contar con dos bahías bañadas por mares de personalidad tan diferente.

Batería de Cuatro Caminos

Batería de Cuatro Caminos

la fortaleza del Hacho vista entre pinos

la fortaleza del Hacho vista entre pinos

Playa de la Torrecilla

Playa de la Torrecilla

Llego al cruce de “Cuatro caminos”, donde se ubica la batería del mismo nombre. De las cuatro sendas yo tomo la del Desnarigado. Me introduzco en un camino perfumado por los pinos y los eucaliptos. Estos árboles dibujan unos paisajes bellísimos con  sus copas verdes y sus ramas marronáceas. Esta misma tonalidad la atisbamos en la fortaleza del Hacho que aparece entre los pinos.   Al descender empiezo a ver la playa del Desnarigado o de la Torrecilla.

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La fuerza de la vida ha echado raíces en el Monte Hacho, como reflejan las ansias de sobrevivir de un vetusto pino. Resulta paradójico que la propia vida contribuya a la disgregación de las rocas sobre la que asientan los árboles y que, como pueden, también sostienen. Algunas raíces son auténticas obras de arte que no resultan fácil ver.

Sátiro sosteniendo en sus brazos al cuerpo tendido de la moribunda Procris

Sátiro sosteniendo en sus brazos al cuerpo tendido de la moribunda Procris

Detalle del rostro del sátiro

Detalle del rostro del sátiro

Dejo correr la imaginación y lo que veo es a un sátiro que llora a una ninfa muerte entre sus brazos. Viene entonces a mi memoria unos versos de Garcilaso:

“Todas con el cabello desparecido

Lloraban a una ninfa delicada,

Cuya vida mostraba que había sido

Antes de tiempo y casi en flor cortada.

Cerca del agua en el lugar florido

Estaba entre las hierbas degollada,

Cual queda el blanco cisne cuando pierde

La dulce vida entre la hierba verde.

(Garcilaso, Égloga III, 225-232).

Ella es Procris, la esposa de Céfalo, que ha sido muerta por los celos que siente por un marido Céfalo, raptado por la bella Aurora. Ella muere atravesada por lanza de Céfalo que la confunde con una fiera salvaje.

Muerte de Procris por Piero di Cosimo (1486–1510)

Muerte de Procris por Piero di Cosimo (1486–1510)

Quien la sostiene en sus últimos suspiros es una criatura del bosque, que la observa lleno de ternura y compasión. A los pocos metros está también el perro de caza que ella había regalado a su marido, Lélaps, un fiel podenco que  siempre acompañaba a Céfalo. Esta escena fue figura en una tabla de Pierro di Cosimo  (1486–1510) expuesta en Florencia y en una obra, algo más tardía, de Joachem Wtewael (circa 1595-1600).

Muerte de Procris por Joachem Wtewael (circa 1595-1600)

Muerte de Procris por Joachem Wtewael (circa 1595-1600)

Ovidio, en el libro tercero de El Arte de Amar, nos describe el lugar donde tuvo lugar la trágica muerte de la ninfa Procris, y lo que allí sucedió:

“Cerca de los collados que matizan de púrpura las flores de Himeto, mana una fuente sagrada cuyas márgenes están cubiertas de césped; los árboles y arbustos, sin formar bosque, defienden del sol, y esparcen su perfume el laurel, el romero y el oscuro mirto; crecen allí los bojes recios, las frágiles retamas, el humilde cantueso y el altivo pino, y las flexibles ramas con las altas hierbas se balancean al blando impulso del céfiro y las auras saludables. Allí holgaba el joven Céfalo, lejos de los criados y sabuesos, y extendiendo en el suelo los miembros fatigados, solía decir: Aura voladora, ven, alivia mi calor y refresca mi ardiente pecho. Un malintencionado que oyó sus inocentes palabras, corre y advierte a la suspicaz Procris, su esposa, la cual, tomando el nombre de Aura por el de una concubina, se desploma abrumada bajo el peso de tan súbito dolor (…) Precipitada, furibunda, con los cabellos sueltos, corre a través del campo (…) y penetra decidida en la selva evitando que se sienta el rumor de sus pasos (…) cuando he aquí que Céfalo, el hijo de Cileno, vuelve a descansar en la selva y apaga la sed que le devora en la fuente vecina. Procris, escondida y llena de ansiedad, le ve tenderse en la hierba y oye que llama de nuevo al Aura y los blandos Céfiros: entonces se da cuenta la mísera del error a que la indujo aquel nombre (…) y corre a precipitarse en los brazos del esposo; y éste, creyendo que se le acerca una fiera, coge con presteza el arco y toma en la diestra el venablo fatal, que hunde sin saberlo en el pecho de su amante y esposa”.

El podenco Lélaps

El podenco Lélaps

Lélaps aparece igualmente inmortalizado a los pies de la desdichada Procris que es la ninfa principal del bosque de pinos del Desnarigado. Un bosque que muere, como la misma Procris, junto al resto de las criaturas que habitan en este lugar mágico.

Atalaya del Palmar

Atalaya del Palmar

Atalaya del Palmar

Atalaya del Palmar

Tras mi mágico encuentro con Procris y el sátiro desciendo hasta el fuerte del Desnarigado. Antes de llegar al castillo me asomo a los profundos acantilados del Hacho para ver la torre-vigía de la Atalaya del Palmar. Es una fortificación solitaria, desconocida y de muy difícil acceso. Todo un desafío para quienes la construyeron y desde allí vigilaron la costa ante posibles ataques enemigos.

Fuerte del Desnarigado

Fuerte del Desnarigado

Restos del reducto antiguo del fuerte del Desnarigado

Restos del reducto antiguo del fuerte del Desnarigado

El fuerte del Desnarigado es llamado así por el pirata conocido bajo este apelativo. Al parecer le amputaron la nariz en una cárcel de Orán donde estuvo preso por sus actividades de piratería. Según cuentan las crónicas históricas, en 1417 el “Desnarigado” estableció su base corsaria en esta bella y pequeña bahía. Se trata de un lugar de fácil acceso desde el mar lo que motivó que a finales del siglo XVII se construyera un fuerte y se cerrara la playa con una alta muralla y una torre central, la torrecilla, que le da nombre a esta playa. De este primer fuerte quedan algunos restos, sobre lo que se ha instalado una antigua pieza de artillería. El edificio que ahora sirve de museo militar fue erigido en el siglo XIX.

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Aprovechando la sombra que proyecta el castillo me siento a beber un poco de agua y a consultar el plano de Ceuta dibujado por Francisco Coello en 1850. Este plano constituye una referencia ineludible para el conocimiento de las fortificaciones de la ciudad por su minuciosidad y detallismo. De hecho sirvió de base para la redacción de la propuesta de declaración como Bien de Interés Culturales del centenar de elementos patrimoniales que actualmente gozan de esta protección jurídica.

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Cardumen de peces

Cardumen de peces

Cardumen de peces

Cardumen de peces

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Desde esta posición diviso unos paisajes espectaculares. El mar está en perfecta calma y con una transparencia indescriptible. Su color predominante es el azul radiante, pero allí donde se observan los arrecifes sumergidos su tonalidad es verdosa. El mar chispetea de vida. Un gran cardumen de peces es visible en la entrada de la ensenada. Sus bordes son fácilmente reconocibles por la aludida calma de la superficie marina. Saltan por encima del agua, como si fueran “volaores”. Aquí están a salvo de los delfines, que no hace muchos días los bañistas observaron en este mismo lugar. Los únicos depredadores de estos peces son un par de pescadores que prueban suerte en este mar de rebosante vida.

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Fragmento ce cerámica medieval

Fragmento ce cerámica medieval

Roca con alta presencia de mineral de hierro

Roca con alta presencia de mineral de hierro

No puedo dejar de tomar fotografías de la ensenada del Desnarigado y de los acantilados del Hacho. Bajo despacio las escaleras que conducen a la playa de la Torrecilla. He bajado muchas veces por este lugar, pero no me había fijado hasta ahora en la gran cantidad de restos de cerámica medieval esparcida por esta empinada ladera. También encuentro algunos fragmentos de roca llenos de mineral de hierro. Este explicaría la existencia de abundantes escorias en la playa, así como la presencia de marcas de cantería en la pared vertical del extremo occidental de la coqueta bahía del Desnarigado.

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Cuando llego a la playa son las 10:30 h. Tengo costumbre de asomarme al espigón oriental para deleitarme con la belleza de este lugar. Allí me encuentro con un par de chicos jóvenes con los que converso unos minutos. Les pregunto si hay medusas y me contestan que algunas han visto, pero que no son muy abundantes. La marea está muy baja y la bahía no se ha llenado con el agua del Mediterráneo cargada de estas molestas criaturas. Con estas buenas perspectivas me instaló en la parte oriental de la playa, que es mi preferida.

Aguas en las que me baño

Aguas en las que me baño

Después de una caminata de casi dos horas el baño me sienta fenomenal. La temperatura del agua es un tanto fría, lo que ayuda a tonificar mis músculos. Entro y salgo del agua en función del calor que voy sintiendo. En los intervalos en los que estoy en la orilla aprovecho para escribir sobre mi experiencia de ayer durante la procesión de la Virgen de África. Con este relato termina de rellenar mi noveno cuaderno de notas. Lo comencé a garabatear el 14 de mayo, en el día del segundo aniversario del hallazgo del exvoto de la diosa. Se puede decir, por tanto, que esta libreta empieza y acaba hablando de la Gran Diosa. Nada es casual. Todo tiene un sentido que, normalmente, tarda su tiempo en manifestarse. La vida me ha enseñado a asumir las circunstancias con serenidad, como parte de una plan divino cuyas claves van despejando según avanza mi vida. He aprendido a dejarme llevar por la vida, a soltar amarras y que sea la corriente del destino la que me conduzca a los puertos que debo recorrer en un periplo por la existencia mundana. No tengo otra carta de derrotero que la que está impresa en mi interior.

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Poza al pie del "Salto del Tambor"

Poza al pie del “Salto del Tambor”

Chicharra entonando su canto

Chicharra entonando su canto

Son las 12:50 h. Es hora de tomar el camino de regreso a casa. Lo hago por el Camino de Ronda, un antiguo sendero trazado en 1719 que conectaba el fuerte del Desnarigado con el del Sarchal. Desde esta altura disfruto de unas vistas estupendas de la playa de la Torrecilla y de la poza existente a los pies del conocido “Salto del Tambor”. Un grupo de bañistas se preparan para zambullirse en estas aguas de color esmeralda. Siento sana envidia de ellos, sobre todo en estos momentos en el que sol pega con fuerza. Hasta las chicharras se quejan del intenso calor con su quejoso canto.

Garitón de Alfonso Diaz

Garitón de Alfonso Díaz

Fuerte de la Palmera

Fuerte de la Palmera

Vista desde el fuerte de la Palmera

Vista desde el fuerte de la Palmera

Cernícalo posado en una pita

Cernícalo posado en una pita

Apenas perceptible por su mimetismo contempló el llamado “Garitón de Alfonso Díaz”. Unos metros hacia el Oeste me encuentro con el fuerte de la Palmera, sobre la que sobrevuela un magnífico ejemplar de cernícalo. Éste se posa sobre las ramas de una pita y deja que la fotografíe. Es un viejo amigo que está harto de verme deambulando por estos parajes del Monte Hacho.

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Santuario de Sidi bel Abbas al Sabti

Santuario de Sidi bel Abbas al Sabti

Portillo de Fuentecubierta

Portillo de Fuentecubierta

Cala del Amor

Cala del Amor

Torre del Cardenillo

Torre del Cardenillo

En las cercanías del Santuario del Sidi bel Abbas Sabti me paro unos minutos para contemplar la belleza de los arrecifes costeros. La imaginación me ayuda a imaginar a las grandes placas de gneis coger profundidad y perderse bajo el curvo e impresionante mar azul que tengo delante. No menos emoción me produce atisbar la cala del amor, con sus afloramientos de hierro y cobre y sus cuevas sagradas. Cada uno de estos entrantes del mar en la tierra está cargado de fuerza, sacralidad y magia. No debe extrañarnos la ubicación en esta rambla de fuente cubierta del mencionado santuario islámico desde el que diviso otra torre perfectamente integrada en el paisaje, la del Cardenillo.

Batería del Quemadero

Batería del Quemadero

Fuerte del Sarchal

Fuerte del Sarchal

El paso por el fuerte del Quemadero me llena de tristeza. Su estado de abandono es deplorable, a pesar de estar declarado Bien de Interés Cultural. Bien restaurado y adecuado para su visita sería un atractivo interesante para la popular barriada del Sarchal. Un núcleo de población que debe su nombre al fuerte del mismo nombre que ocupa la amplia bahía que se abre a los pies de los acantilados de la Rocha.

Dragos del Sarchal

Dragos del Sarchal

Punta de la Goraza

Punta de la Goraza

En mi avance hacia mi casa dedico un instante a contemplar la magia de los dragos que se conservan en lo que en la época medieval fue el principal cementerio de la Ceuta hispanomusulmana. También disfruto de los elegantes vuelos de las golondrinas que durante la primavera y el verano se alojan en Ceuta. Son aves de costumbres y siempre vuelven al mismo lugar. Yo veo observando a este grupo de golondrinas año tras año. Me fascina ver su parte superior de azul metálico iluminado por los rayos del sol. Se podría escribir un libro describiendo, de manera poética, el vuelo de las golondrinas. Queramos o no, el ser humano tiende hacia la poesía. Consulta un plano geográfico y estudiar la toponimia es un ejercicio de poesía popular. Cada una de las puntas e islotes de la poéticamente llamada Playa Hermosa tiene su nombre. Así nos encontramos con la Punta de la Goraza, por su forma de escudo cordiforme; el islote de la Pirámide, en alusión a la triangulación de sus rocas; el islote de la Resbalosa, nos imaginamos por la de vez que los bañistas han  terminado en el suelo; la Peña de la Muerte, no sabemos si por las accidentes marítimos o por las personas que en el pasado decidieron terminar su vida arrojándose por estos acantilados.

Batería Nueva

Batería Nueva

La llamada Batería Nueva lleva muchos años en un penoso estado de conservación. Si no se toman medidas urgentes cualquier día sus restos terminan en la playa. A partir de este punto se concentran los restos de antiguas garitas y baterías, pero de éstas les hablaré en la próxima entrega de mis peripecias por el litoral de Ceuta.

LA MUERTE DE PROCRIS Y CEUTA

Ceuta, 6 de enero de 2017.

La fuerza de la vida ha echado raíces en el Monte Hacho, como reflejan las ansias de sobrevivir de un vetusto pino. Resulta paradójico que la propia vida contribuya a la disgregación de las rocas sobre la que asientan los árboles y que, como pueden, también sostienen. Algunas raíces son auténticas obras de arte que no resultan fácil ver.

Sátiro sosteniendo en sus brazos al cuerpo tendido de la moribunda Procris

Sátiro sosteniendo en sus brazos al cuerpo tendido de la moribunda Procris

Detalle del rostro del sátiro

Detalle del rostro del sátiro

Dejo correr la imaginación y lo que veo es a un sátiro que llora a una ninfa muerte entre sus brazos. Viene entonces a mi memoria unos versos de Garcilaso:

“Todas con el cabello desparecido

Lloraban a una ninfa delicada,

Cuya vida mostraba que había sido

Antes de tiempo y casi en flor cortada.

Cerca del agua en el lugar florido

Estaba entre las hierbas degollada,

Cual queda el blanco cisne cuando pierde

La dulce vida entre la hierba verde.

(Garcilaso, Égloga III, 225-232).

Ella es Procris, la esposa de Céfalo, que ha sido muerta por los celos que siente por un marido Céfalo, raptado por la bella Aurora. Ella muere atravesada por lanza de Céfalo que la confunde con una fiera salvaje.

Muerte de Procris por Piero di Cosimo (1486–1510)

Muerte de Procris por Piero di Cosimo (1486–1510)

Quien la sostiene en sus últimos suspiros es una criatura del bosque, que la observa lleno de ternura y compasión. A los pocos metros está también el perro de caza que ella había regalado a su marido, Lélaps, un fiel podenco que  siempre acompañaba a Céfalo. Esta escena fue figura en una tabla de Pierro di Cosimo  (1486–1510) expuesta en Florencia y en una obra, algo más tardía, de Joachem Wtewael (circa 1595-1600).

Muerte de Procris por Joachem Wtewael (circa 1595-1600)

Muerte de Procris por Joachem Wtewael (circa 1595-1600)

Ovidio, en el libro tercero de El Arte de Amar, nos describe el lugar donde tuvo lugar la trágica muerte de la ninfa Procris, y lo que allí sucedió:

“Cerca de los collados que matizan de púrpura las flores de Himeto, mana una fuente sagrada cuyas márgenes están cubiertas de césped; los árboles y arbustos, sin formar bosque, defienden del sol, y esparcen su perfume el laurel, el romero y el oscuro mirto; crecen allí los bojes recios, las frágiles retamas, el humilde cantueso y el altivo pino, y las flexibles ramas con las altas hierbas se balancean al blando impulso del céfiro y las auras saludables. Allí holgaba el joven Céfalo, lejos de los criados y sabuesos, y extendiendo en el suelo los miembros fatigados, solía decir: Aura voladora, ven, alivia mi calor y refresca mi ardiente pecho. Un malintencionado que oyó sus inocentes palabras, corre y advierte a la suspicaz Procris, su esposa, la cual, tomando el nombre de Aura por el de una concubina, se desploma abrumada bajo el peso de tan súbito dolor (…) Precipitada, furibunda, con los cabellos sueltos, corre a través del campo (…) y penetra decidida en la selva evitando que se sienta el rumor de sus pasos (…) cuando he aquí que Céfalo, el hijo de Cileno, vuelve a descansar en la selva y apaga la sed que le devora en la fuente vecina. Procris, escondida y llena de ansiedad, le ve tenderse en la hierba y oye que llama de nuevo al Aura y los blandos Céfiros: entonces se da cuenta la mísera del error a que la indujo aquel nombre (…) y corre a precipitarse en los brazos del esposo; y éste, creyendo que se le acerca una fiera, coge con presteza el arco y toma en la diestra el venablo fatal, que hunde sin saberlo en el pecho de su amante y esposa”.

El podenco Lélaps

El podenco Lélaps

Lélaps aparece igualmente inmortalizado a los pies de la desdichada Procris que es la ninfa principal del bosque de pinos del Desnarigado. Un bosque que muere, como la misma Procris, junto al resto de las criaturas que habitan en este lugar mágico.

SU VERDADERO NOMBRE

Ceuta, 5 de agosto de 2017.

Hacía muchos años que no presenciaba la procesión de la Virgen de África. Este verano, como por fortuna estoy trabajando, he tenido la oportunidad de hacerlo acompañado de mis padres.

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Cuando hemos llegado al santuario de la Virgen de África eran las 20:45 h. Todavía se estaba celebrando la misa ofrecida por el Obispo de Cádiz y Ceuta, junto a todos los sacerdotes y diáconos de la diócesis de Ceuta. No es que haya mucha gente. No obstante, están ocupadas todas las sillas dispuestas por la organización para asistir de manera cómoda a la misa. En una de las sillas está sentada mi tía Pili.

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Mientras mi madre se ha sentado en un banco de la Plaza de África, mi padre y yo nos hemos quedado de pie, cerca de la iglesia,  para participar en la parte final del oficio religioso. Yo estoy pendiente del ambiente que me rodea. El sol está cayendo y pronto se esconde detrás del edificio de la Comandancia General de Ceuta. El cielo está despejado, con la única excepción de una nube que con forma de flecha apunta a la puerta por donde hace seiscientos años introdujeron la talla de la Virgen de África por primera vez en la ciudad.

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…Siento la humedad del mar y su salado olor, mezclado con el del incienso. El tiempo se ha detenido durante un breve instante, oportunidad que aprovecho para saltar a otra dimensión de la realidad. Más allá del sonido ambiente percibe el silencio del infinito cósmico. Puede que haya llegado a este estado ayudado por una total ausencia de viento, una sensación similar a la que uno podría sentir en el espacio sideral. La bandera de España está rendida sobre el mástil y en cuanto cae el sol la retiran de manera discreta.

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Una vez terminada la misa se organiza el cortejo oficial y la Virgen de África comienza su peregrinaje por las calles de Ceuta. Al girar hacia la derecha puedo ver su rostro, que me da la impresión mira de manera alternativa a su hijo yacente sobre su regazo y a los que asistimos a la procesión. Su cara transmite alegría al reconocer a uno de los adoradores de lo que ella representa: a la Gran Diosa.

Hallazgo de la inscripción votiva de Isis en la excavación arqueológica del Paseo de las Palmeras

Hallazgo de la inscripción votiva de Isis en la excavación arqueológica del Paseo de las Palmeras

La Virgen de África es una diosa negra, como lo era Isis, cuyo templo no debió estar muy lejos de donde ella reposa todo el año. Puede incluso que bajo los cimientos del Santuario de la Virgen de África se encuentre los restos del Iseo romano de la antigua Septem Fratres.

Les comento a mis padres que había leído en la prensa que en la Plaza de Constitución cantan a la Virgen una salve. Según me explican mis padres ésta es una tradición muy antigua consistente en poner a la Virgen mirando al mar y entonces cantarle. Fue decirme esto y volverme a acordar de la diosa Isis, protectora de las gentes del mar y a la que también procesionaban en fechas señaladas. Tengo claro que deseo ser testigo de este momento mágico y mientras esperamos a la que la Virgen dé la vuelta por el centro de Ceuta, mis padres y yo cenamos algo en la cafetería “El Puente”. Lo hacemos con la luna casi llena luciendo en el firmamento.

Antes de que quisiéramos darnos cuenta llega la cabeza de la procesión y yo me pongo de pie para vivir lo más cerca posible la salve. Las voces de los fieles acompañan a la Virgen mientras que su mirada se pierde en el Estrecho de Gibraltar y bendice sus aguas.

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Me adelanto a la procesión para situarme en la torre de la muralla del Paseo de las Palmeras próxima al lugar donde hace veinte años hallé, en una excavación arqueológica, una inscripción dedicada a la diosa Isis. Al llegar a este punto la talla de la Virgen de África volvieron a juntarse dos de las encarnaciones de la Gran Diosa que siempre ha formado parte indispensable del espíritu de Ceuta. Los fenicios es muy probable que la adoraran bajo el nombre de Ishtar en el primer asentamiento del istmo ceutí. Los romanos recuperaron su verdadero nombre, Isis, e implantaron su culto en Septem Fratres. El emperador Justiniano, tras la conquista de Septem, una de las primeras órdenes que dio fue la construcción de una iglesia dedicada a la Theotokos (La Madre de Dios). Ni siquiera la adoración a la Gran Diosa pudo extinguirse en el periodo islámico de la historia de Ceuta. Sabemos que en el siglo XIII existió un templo dedicado a María de Marruecos y que incluso entre los musulmanes de aquellos tiempos hubo un culto a la Gran Diosa. Por último llegaron los portugueses que desembarcaron en Ceuta a la blanca Virgen del Valle y a la negra Virgen de África.

Diosa Isis

Diosa Isis

Como hemos comentado con anterioridad, los romanos conocieron el verdadero nombre de la diosa y así nos lo cuenta Apuleyo en “El asno de oro”. Se trata del momento en el que la diosa se presenta al desdichado Lucio y le dice:

“Heme aquí vengo conmovida por tus ruegos, ¡Oh Lucio! Sepas que yo soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y reina de todos los difuntos, primera y única sola de todas los dioses y diosas del cielo (deorum dearum-que facies uniformis), que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí, sola y una diosa, honra y sacrifica todo el mundo en muchas maneras de nombres. De aquí los frigios, que fueron los primeros que nacieron en el mundo, me llaman Madre de los Dioses en Pesinuntica. De aquí asimismo los atenienses, naturales y allí nacidos, me llaman Minerva cecrópea, y también los de Chipre, que moran cerca de la mar, me nombran Venus Pafia; los arqueros y sagitarios de Creta, Diana Dictinia. Los sicilianos de tres lenguas me llaman Proserpina. Los eleusinos, la diosa Ceres antigua. Otros me llaman Juno, otros Bellona, otros Hécate, otros Ranusia. Los etíopes, ilustrados de los hirvientes rayos del sol, cuando nace, y los arrios y egipcios, poderosos y sabios, donde nació toda la doctrina, me llaman mi verdadero nombre, que es la reina Isis”.

La relación de nombres que ha recibido Isis es interminable, pero su esencia es siempre la misma. Yo la reconozco en su verdadera faz y personalidad. La veo y siento en esa energía que llamamos vida. Un poder que fluye de una fuente sagrada custodiada por la diosa Isis. Estar cerca de esta fuente y beber de ella  es la receta secreta para sentir la eternidad en el tiempo y el tiempo en la eternidad. Eso es lo que yo he sentido en algunos momentos de esta noche mágica.

SEPTENTRIÓN SEPTENSE

Ceuta, 31 de julio de 2017.

He salido de casa justo una hora antes de la hora prevista para la salida del sol, las 7:28 h. Al atravesar la puerta trasera del edificio en el que vivo mi mirada se ha dirigido al Monte Hacho. Sobre este promontorio lucía, como todas las mañanas despejadas, la brillante Venus. A los que no esperaba eran al robusto Orión y a la misteriosa Sirio. Su aparición en el horizonte del alba indica que hemos superado el meridiano del verano y que nos acercamos al otoño con sus bellos cielos nocturnos.

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Sin prisa, pero sin pausa, -como le gustaba decir a Goethe-, he recorrido el camino perimetral del Monte Hacho. Hace una temperatura agradable, 24º C, algo alta teniendo en cuenta que estamos a primera hora de la mañana y que todavía no ha salido el sol. Precisamente llego al fuerte de Punta Almina a la hora prevista, las 7:18 h. Tengo el tiempo suficiente para desplegar las patas del trípode y colocar la cámara fotográfica. Me llama la atención en este amanecer la estrecha línea celeste que observo sobre el horizonte. Es de una belleza asombrosa. El sol emerge de una forma desacostumbrada. Es un globo dorado inflado lentamente por el mismo Poseidón, cuyo aliento es de helio. Esto hace que el globo incandescente ascienda y comience a iluminar este último día del mes de julio.

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El viento sopla de poniente con relativa fuerza, lo que no ha impedido que se acumule algo de bruma sobre el horizonte. Esta neblina no dificulta que pueda ver el Peñón de Gibraltar, la bahía de Algeciras, parte de la costa malagueña y los montes de Getares.

Batería de Punta Almina

Batería de Punta Almina

Batería de Punta Almina

Batería de Punta Almina

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Batería de Punta Almina

El proyecto que tengo para hoy consiste en recorrer la bahía norte de Ceuta. La idea es tomar apuntes de los elementos patrimoniales más sobresalientes que encuentre para confeccionar una guía del patrimonio natural y cultural de la fachada septentrional de Ceuta.  Mi punto de partida es justo el lugar donde ahora estoy sentado escribiendo: el fuerte de Punta Almina. Respecto a esta antigua fortificación no hay demasiada información. Lo más probable es que fuera construida en la segunda mitad del siglo XVIII. Cuenta con dos cuerpos construidos de forma rectangular y una amplia plataforma de forma triangular que servía para el alojamiento de las piezas de artillería. Destaca las losas de peridotitas y calizas que conforman el firme de esta superficie horizontal. Hace unos años, el Área de Fomento de la Delegación del Gobierno en Ceuta habilitó un acceso a este fuerte desde la parte alta de la carretera de circunvalación del Monte Hacho.

Batería de Punta  Almina

Batería de Punta Almina

Aún se conserva el empedrado que cubría los pasillos interiores del fuerte.

Batería de Punta Almina

Batería de Punta Almina

Las estancias están cubiertas con bóvedas de medio cañón y carecen de ventanas exteriores. Con buen criterio, el Ministerio de Defensa, propietario de este inmueble, cerró con verjas los huecos de las puertas para impedir ocupaciones ilegales.

Altabaca (Dittrichia viscosa)

Altabaca (Dittrichia viscosa)

Asterico (Asteriscus maritimus)

Asterico (Asteriscus maritimus)

Sobre la plataforma abierta encontramos algunas especies de flora habituales en esta zona, como los cardos, las altabacas y los asteriscos marítimos.

Sirena de Punta Almina

Sirena de Punta Almina

Otro tramo de escaleras y pasarelas comunica el fuerte con la Sirena de Punta Almina, donde se alojó un sistema de aviso acústico para los navegantes. Por su particular sonido conocían a este lugar con el apelativo de “La Vaca”. Hace unos años este inmueble fue restaurada por el SEPE para transformarlo en un centro de avistamiento de aves y cetáceos, pero aún sigue cerrado.

Punta Almina

Punta Almina

 

Acantilados entre punta Almina y punta de las Cuevas

Acantilados entre punta Almina y punta de las Cuevas

Batería de las Cuevas

Batería de las Cuevas

Recorro un pasillo que rodea a la Sirena de Punta Almina, desde el que puedo disfrutar de unas vistas impresionantes. Me gusta asomarme a este balcón privilegiado situado sobre el punto más septentrional del continente africano. Miro hacia el Este donde se dibuja un amplio arco que marca el mar Mediterráneo. Me quedo embelesado escuchando el sonido del mar que besa los acantilados. Los de Punta Almina son especialmente bellos. En esta estrecha y pequeña bahía se han recuperado restos de anclas romanas, lo que demuestra que en aquellos lejanos tiempos fue un lugar utilizado como fondeadero. Dicen también que en una pequeña cueva junto al mar, ubicada al pie de este acantilado, vivió la última foca monje de Ceuta. Ahora estos acantilados están vacíos de gaviotas, si lo comparamos con los miles de ejemplares que los poblaban durante el más de medio siglo que estuvo activo el vertedero de Santa Catalina. Desde aquí vemos esta montaña de basura ahora cubierta de tierra y transformada en un parque periurbano. También atisbamos la planta de transferencia de residuos urbanos construida sobre la batería de las Cuevas. De la parte más antigua, datada en el siglo XVIII, apenas quedan algunos restos.

Escoba o retama fina (Genista linifolia)

Escoba o retama fina (Genista linifolia)

Siempreviva del Estrecho (Limonium emarginatum)

Siempreviva del Estrecho (Limonium emarginatum)

 

Derrumbe en el camino de acceso a la Sirena de Punta Almina

Derrumbe en el camino de acceso a la Sirena de Punta Almina

Grupo de helechos (Pteridium aquilinum)

Grupo de helechos (Pteridium aquilinum)

Recorro la senda que conecta la Sirena de Punta Almina con la carretera del Monte Hacho. Lo hago libreta en mano y blandiendo mi bolígrafo, como si fuera la espada de un caballero andante. Mi sombra y yo discurrimos por el camino observando todo a nuestro alrededor y tomando notas de los detalles más destacados. Los escobones lucen su verdor entre los limonium que empiezan a perder sus hermosas hojas moradas. Estas plantas no pueden impedir que los deleznables gneis del Hacho se derrumbe sobre el sendero, en cuyo extremo final encontramos un denso grupo de eucaliptos y un pequeño helechal que ha crecido a la sombra de unos pinos piñoneros.

Higuera (ficus carica)

Higuera (ficus carica)

Pareja de cernícalos (Falco tinnunculus)

Pareja de cernícalos (Falco tinnunculus)

Cernícalo común (Falco  tinnunculus)

Cernícalo común (Falco tinnunculus)

Me paro un momento para absorber la vivacidad y el olor de una joven higuera que ha decidido echar raíces mirando al Estrecho de Gibraltar. Sus hojas, al moverse con el viento, hace el mismo sonido que las hojas de mi cuaderno de notas. Escucho también de fondo a las gaviotas y el continuo rumor del mar. Vengo observando, desde hace rato, a una pareja de cernícalos que, al igual que la higuera, han querido establecer aquí su hogar. Pienso que demuestran tener un gusto exquisito con esta elección. Sobre las ramas del primer eucalipto está posado uno de los cernícalos. Me observa y yo lo observo a él. Se comunica con su pareja mediante su particular lenguaje. Quisiera saber lo que dicen, pero no poseo el anillo de Salomón.

Vecino de Ceuta haciendo deporte

Vecino de Ceuta haciendo deporte

Mientras intento fotografiar a la pareja de cernícalos pasa un vecino haciendo deporte y sin parar me dice: “cada vez hay más guarros en esta ciudad”. Ha debido leer mi artículo de este sábado en el periódico “El Faro de Ceuta” en el que criticaba a los “guarros” que ensucian el Monte Hacho y otros puntos de la naturaleza ceutí.

Eucaliptos (Eucalyptus)

Eucaliptos (Eucalyptus)

El eucalipto sobre el que hace un instante reposaba el cernícalo se ha tomado muy en serio su papel de jamba y dibuja una imaginaria puerta a un agradable paseo entre sus congéneres. Ya sea por efecto del viento o su gusto por la penumbra, los eucaliptos que miran al mar presentan sus troncos inclinados hacia el sur creando una serie de arcos que proyectan agradables sombras.

Hoja de eucalipto

Hoja de eucalipto

Cernícalo (Falco tinnunculus)

Cernícalo (Falco tinnunculus)

…Me siento en este momento feliz. Estoy descubriendo cosas nuevas en un paisaje de sobra conocido. Igual me fijo en las hojas rojas de los eucaliptos caídas en el suelo, -señal inequívoca del cercano otoño-; que presto atención al sonido del mar, que parece una cascada intemporal; al igual que contemplo el horizonte o aspiro el olor de los eucaliptos. Al final del camino, como si quisiera despedirse de mí, me espera uno de los cernícalos. Puedo verlo muy de cerca y disfruto de su esculpida silueta.

Fuente del siglo XVIII en el Monte Hacho

Fuente del siglo XVIII en el Monte Hacho

Grafito del siglo XVIII

Grafito del siglo XVIII

Grafito con representación de barco

Grafito con representación de barco

Entre los eucaliptos asoma un edificio de planta rectangular que corresponde a una antigua fuente del siglo XVIII. Sus paredes están repletas de grafitos con nombres y fechas dejadas por aquellos caminantes que hace dos siglos recorrieron los caminos que yo ahora sigo. Pararían  en este lugar para beber y comer algo, como yo voy a hacer ahora mismo.

Cardo borriquero (Cynara humilis)

Cardo borriquero (Cynara humilis)

Después de un reconfortante desayuno retomo el camino a las 9:30 h. Las moscas no dejan de incordiarme. Aún me quedan muchas cosas que ver antes de que acabe el día. Los cardos borriqueros están secos y el viento se encarga de dispersas sus grandes y estrelladas esporas por el campo. Dos de ellas fueron a caer a mi lado.

Planta de transferencia de residuos urbanos de Ceuta

Planta de transferencia de residuos urbanos de Ceuta

El camino de la fuente dieciochesca desemboca en lo que fue la batería de las Cuevas. Ahora este lugar lo ocupa la planta de transferencia de residuos urbanos de Ceuta. El suelo está pringoso y el olor es nauseabundo. Contigua a estas instalaciones se encuentra una colina artificial creada con la basura sobrante del vertedero de Santa Catalina. Acabaron con un hermoso pinar para excavar un profundo vaso que llenaron con residuos y luego taparon con una tierra tan estéril que no ha arraigado ninguno de los árboles que fueron plantados.

Estación depuradora  de aguas residuales de Ceuta (EDAR)

Estación depuradora de aguas residuales de Ceuta (EDAR)

…Tomo el camino de entrada al mencionado parque periurbano de Santa Catalina. Lo primero que veo es la planta de tratamiento de aguas residuales (EDAR) y al fondo un catamarán que hace su salida del puerto de Ceuta.

Cementerios hindú, hebreo y cristiano de Ceuta

Cementerios hindú, hebreo y cristiano de Ceuta

Paso por un puente elevado sobre la profunda rambla que hace años fue la de las Cuevas. Desde aquí se ve el complejo del camposanto de Ceuta constituido por los cementerios cristiano, hindú y hebreo. Aquí reposan nuestros antepasados que se merecen un mayor cuidado del paisaje que rodea a su última morada.

Parque periurbano de Santa Catalina (Ceuta)

Parque periurbano de Santa Catalina (Ceuta)

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En la parte central del parque han construido un refugio de planta circular abierto a levante y del espalda a poniente. Pegado al muro han colocado una mesa de madera con banquetas, sobre la cual unos desaprensivos han olvidado una litrona vacía. En el suelo han quedado algunas cartas de naipe y hasta unos calzoncillos. Es de suponer que la fiesta terminó calentita. Me siento en este lugar a tomar algunas notas.

Batería de Santa Catalina

Batería de Santa Catalina

Garitón de Santa Catalina

Garitón de Santa Catalina

Batería de Sauciño

Batería de Sauciño

Acceso a la  playa de Santa Catalina junto a la batería de Sauciño

Acceso a la playa de Santa Catalina junto a la batería de Sauciño

Playa de Santa Catalina

Playa de Santa Catalina

Cuervo común (Corvus corax)

Cuervo común (Corvus corax)

Al doblar la punta de Santa Catalina siento el golpe del aliento de Céfiro. Me cuesta avanzar. No obstante, me detengo, -aunque sea un momento-, para fotografiar la batería de Santa Catalina. Esta fortificación fue comenzada a construir a finales del siglo XIX, pero quedó inconclusa debido a que el promotor de su construcción tuvo la mala suerte de caer de su caballo y desnucarse en unas de sus visitas al desarrollo de las obras. Hay que comentar que desde el garitón de Santa Catalina, que dejé unos metros atrás, hasta el extremo occidental de la bahía norte de Ceuta,  todo el perímetro costero de la ciudad está fortificado. El trazado original de esta línea de la muralla norte está datado en época medieval y fue posteriormente restaurada y refortificada entre finales del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII. Unas de las torres que se erigen en este periodo histórico es la denominada batería de Sauciño. Junto a ella existe una escalera que baja a la playa de Santa Catalina. A esta hora no hay ningún humano. Quienes ocupan la playa son las blancas gaviotas y un negro cuervo. Con el viento de poniente la superficie del mar está encrespada y olas saltan por encima de las rocas.

Calera localizada en la playa de Santa Catalina

Calera localizada en la playa de Santa Catalina

Restos de cal relacionados con la calera de Santa Catalina

Restos de cal relacionados con la calera de Santa Catalina

Arrecifes costeros en Santa Catalina

Arrecifes costeros en Santa Catalina

Olas rompiendo contra los arrecifes costeros

Olas rompiendo contra los arrecifes costeros

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Limoniums cercanos a mi lugar de escritura

Limoniums cercanos a mi lugar de escritura

Me detengo a fotografiar una antigua calera antes de adentrarme en los arrecifes donde me siento un rato a escribir…Cierro y los ojos para sentir con toda la intensidad posible la fuerza del mar. El viento me mece y las salpicaduras del mar refrescan mi cuerpo, que sigue el ritmo de olas. Estoy armonizado con el mar. La gente va y viene en barco o en helicóptero, pero yo permanezco aquí y ahora, integrado en la naturaleza y con la compañía de unos hermosos limonium que bailan al mismo ritmo que imponen las olas. Miro al cielo y pienso, una vez más, que detrás del este color celeste se abre una infinita oscuridad y un frío cuyo intensidad desafía a nuestra imaginación. Y en medio de este oscuro firmamento luce una estrella, el sol, en torno a la que orbita una serie de planetas, entre ellos la tierra. Nuestro planeta está situado a la distancia justa para no abrasarnos por los rayos del sol ni helarnos por una indeseada lejanía. Esta circunstancia hace posible la vida, cuya mente consciente y expresiva somos los seres humanos. Pienso que ante un hecho tan asombroso y misterioso las mujeres y los hombres no deberíamos hacer otra cosa que sacar el máximo partido a los sentidos que nos otorgado la naturaleza para amarla, respetarla y emocionarnos con su diversidad y con todas la belleza que nos regala cada día.

Batería de Valdeaguas

Batería de Valdeaguas

Desde donde estoy sentado observo que el Fast Ferry de la compañía Balearia hace unas maniobras extrañas. Aviso a mi amiga Carmen Echarri, la directora del periódico “El Faro de Ceuta”…Yo sigo mi camino y me acerco a visitar la batería de Valdeaguas. Es una de las fortificaciones más fortificaciones más grandes que se construyeron a finales del siglo XIX para proteger a Ceuta de algún ataque desde el mar. En las amplias plataformas que tengo delante se alojaron enormes cañones capaces de hundir a un acorazado.

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Batería de Pino Gordo

Batería de Pino Gordo

Batería de la Punta de los Atravesados

Batería de la Punta de los Atravesados

 Sobre una de las torres que conservan de la muralla norte se ha diseñado un mirador desde el que diviso tanto la playa de Santa Catalina como las cercanas baterías de Pino Gordo y de la Punta de los Atravesados. En esta última se observa a la perfección el aparejo que denota su origen medieval.

Playa del Chiclón o de la bolera

Playa del Chiclón o de la bolera

Playa del Chiclón

Playa del Chiclón

 

Tubería adosadas a las murallas declaradas Bien de Interés Cultural

Tubería adosadas a las murallas declaradas Bien de Interés Cultural

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Mi siguiente pausa es la playa del Chiclón, también conocida como la de la Bolera. Esta playa es la única de Ceuta en la que se permite el baño de las mascotas. De hecho veo a los lejos cómo un perro y su duelo se dan un baño juntos. Bajo a esta playa para inspeccionar el estado de las murallas que discurren por este tramo del litoral. Está todo lleno de basura y me quedo horrorizado por el tubo que han  colocado sobre la muralla declarada Bien de Interés Cultural. La Ciudad ha solucionado, en parte, el problema del vertido de aguas residuales de los edificios adosados a la muralla, pero han causado un  grave impacto visual que deja a las claras la escasa sensibilidad hacia la protección del patrimonio cultural.

Torre del Chiclón

Torre del Chiclón

Tramo del litoral entre la punta del Chiclón y San Amaro

Tramo del litoral entre la punta del Chiclón y San Amaro

Batería de Torremocha

Batería de Torremocha

Castillo de San Amaro

Castillo de San Amaro

Escudo heráldico del castillo de San Amaro

Escudo heráldico del castillo de San Amaro

Fuente del Conde de las Lomas

Fuente del Conde de las Lomas

Mi recorrido por la muralla norte continúa por el tramo comprendido entre la Vigía de la Punta del Chiclón y el fuerte de San Amaro. Da pena cómo está todo. Es tal la cantidad de residuos que tengo que sortear que al final tropiezo y termino en el suelo, aunque, por fortuna, sin ninguna consecuencia. Alguien ha instalado una destartalada caseta junto al mar. Llego así al fuerte de San Amaro que sigue abandonado tras el incendio que lo arruinó el pasado año. Dijeron que iban a actuar con carácter de urgencia, pero pasan los meses y el fuerte construido a finales del siglo XVII, -tal y como reza en la leyenda de su escudo heráldico-, sigue en el mismo estado de avanzado deterioro.

Ensenada de San Amaro

Ensenada de San Amaro

No mucho mejor están las murallas de la bahía de San Amaro, a la que se adosan un buen número de edificaciones contemporáneas. Toda esta pequeña ensenada está ocupada por distorsionantes construcciones.

Batería de Fuente del Hierro

Batería de Fuente del Hierro

Batería de Abastos

Batería de Abastos

Almacén de Abastos y puerta del puerto de San Pedro

Almacén de Abastos y puerta del puerto de San Pedro

Unos metros más adelante me encuentro con la batería del barranco de hierro, desfigurada por inmuebles recientes. Entre esta batería y la de Abastos no se ha conservado ningún vestigio de las antiguas murallas de la fachada norte de Ceuta. La mencionada batería de Abastos, el almacén del mismo nombre y la batería y  puerta del muelle de San Pedro son los únicos elementos que son posibles ver de las fortificaciones que defendieron la ciudad ante posibles ataques procedentes del septentrión.

Baños árabes de la Plaza de la Paz

Baños árabes de la Plaza de la Paz

Por el camino hago una parada para fotografiar los baños árabes de la plaza de la Paz y el solar de la calle Galea, donde hace dos años documenté, en el transcurso de una excavación arqueológica, un sorprendente santuario medieval dedicado a la Gran Diosa.

No he hecho más que andar unos metros cuando veo en la acera de enfrente a Carmen Echarri que viene de entrevistar a los pescadores marroquíes cuyo barco ha quedado esta mañana a la deriva en las aguas de Ceuta. Voy con ella a la redacción del periódico para dejarles unas fotos que me han pedido. La periodista Silvia Vivancos aprovecha mi presencia para preguntarme sobre los motivos de la aparición, en apenas unas horas, de dos cuerpos de delfines muertos, uno de ellos con la cola cortada.

Baluarte de San Sebastián

Baluarte de San Sebastián

Murallas del Paseo de las Palmeras

Murallas del Paseo de las Palmeras

Torre del miradouro

Torre del miradouro

Baluarte de los Mallorquines

Baluarte de los Mallorquines

Lienzo y torre de la muralla califal

Lienzo y torre de la muralla califal

Puerta de Santa María de África

Puerta de Santa María de África

Santuario de Santa María de África

Santuario de Santa María de África

Tras mi visita a “El Faro de Ceuta” prosigo mi camino por la línea de costa de la bahía norte de Ceuta. Fotografío el baluarte de San Sebastián, oculto tras algunos árboles, y recorro las murallas del Paseo de las Palmeras que terminan el baluarte de los mallorquines. En sus inmediaciones se localiza la antigua puerta de Santa María, uno de los accesos que tuvo la ciudad desde el mar.

Baluarte de la bandera y foso de las Murallas Reales

Baluarte de la bandera y foso de las Murallas Reales

Laureles de India (Ficus microcarpa) de los jardines de la República Argentina

Laureles de India (Ficus microcarpa) de los jardines de la República Argentina

No podía dejar de visitar el foso de las Murallas Reales que conecta las aguas de la bahía norte y la del sur. Tampoco puedo evitar hacer mención a los jardines de la República Argentina, en los que estuvo situada la Sala Municipal de Arqueología. Desde el interior del primer museo arqueológico que tuvimos en Ceuta era posible acceder a las galerías subterráneas excavadas entre finales del siglo XVIII y el siglo XVIII.

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Batería de Punta Negra

Todo lo que fue la playa de la sangre ahora está colmatada de edificaciones, de modo que resulta difícil seguir la topografía antigua de Ceuta. La única pista que encuentro para orientarme es el promontorio sobre el que se erigió la batería de Punta Negra, hoy convertida en el residencia militar “Galera”.

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Antigua fuente en la carretera de servicio

Travertino en la carretera del servicio

Travertino en la carretera del servicio

Hojas de rúcula

Hojas de rúcula

Tomo la llamada carretera de servicios del puerto en la que se localiza una fuente, hoy seca por la insensatez humana. Sigo el perfil original de la costa, donde en una de mis anteriores expediciones identifiqué, -gracias a la colaboración de mi amigo el geólogo Paco Pereila-, los primeros afloramientos de travertinos conocidos en Ceuta.

Playa de Benitez

Playa de Benitez

Reloj solar de la Playa de Benitez

Reloj solar de la Playa de Benitez

Reloj solar playa de Benitez

Reloj solar playa de Benitez

Mi intención era almorzar en el bar “Juan y Rosi”, pero hoy es lunes y está cerrado por descanso del personal. Así que termino comiendo en una pizzería cercana. Tras la comida descanso un rato bajo una sombrilla en la playa de Benitez. Al levantarme de la siesta me doy un baño y pongo al día los apuntes de este día. Son las 18:10 h. Es hora de retomar el camino. Compruebo la hora en el reloj solar cercano. Marca las 4:20 h, a las que hay que sumar dos horas. Por tanto, son las 18:20 h, la misma hora que indica mi reloj de pulsera.

Playa del Trampolín

Playa del Trampolín

Playa del Trampolin

Playa del Trampolin

Fuente de la Victoria

Fuente de la Victoria

Hago una parada técnica para repostar algo de agua fresca en el chiringuito de la playa del Trampolín. Aprovecho la botella vacía para llenarla en la fuente de la Victoria. Un manantial que un investigador marroquí  cree que corresponde a la célebre Ma` Al-Hayat, la fuente de la eterna juventud custodiada por Al Khadir. El agua discurre clara, limpia, fresca y abundante. Su sabor es muy agradable. No me extraña que sea habitual ver a personas llenando sus garrafas con esta agua sagrada.

Playa de Calamocarro

Playa de Calamocarro

Punta de Calamocarro

Punta de Calamocarro

Cueva de la Punta de Calamocarro

Cueva de la Punta de Calamocarro

Cueva de la punta de Calamocarro

Cueva de la punta de Calamocarro

…Una hora después de mi salida de la playa de Benitez llego a la punta de Calamocarro. En su cara occidental he encontrado un lugar lleno de encanto y magia. El mar es transparente y su color verde como una esmeralda. Descubro una pequeña cueva en la que me introduzco para tomar algunas fotografías. He llegado a la conclusión de que éste es uno de mis puntos preferidos del litoral de Ceuta. Es una lástima que esté repleto de basura.

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Ejemplares de limonium en las paredes verticales de la  punta de Calamocarro

Ejemplares de limonium en las paredes verticales de la punta de Calamocarro

Hinojo marino (Crithmum maritimum)

Hinojo marino (Crithmum maritimum)

Las gaviotas sobrevuelan el saliente costero planeando sobre las invisibles olas del viento de poniente. Estas aves, junto a los limoniums y los hinojos marinos, son las que aportan vida las paredes verticales de la punta de Calamocarro.

El Atlante dormido

El Atlante dormido

…Son las 20:50 h. El sol y yo nos encontramos en la última etapa de nuestra aventura de hoy. El viento sopla con tal fuerza que me veo obligado a agarrar con fuerza la libreta  si no quiero que salga volando. Nunca me he sentido atraído por la velocidad, pero creo que hacer frente a este viento es lo más parecido a correr cara al viento en una moto o en un coche descapotable.

No dejo de asombrarme cada vez que contemplo la serena y bella estampa del Atlante dormido. Es una serenidad contagiosa que yo experimento en este momento. Me siento contento por haber logrado completar mi proyecto. Llevo casi quince horas recorriendo la fachada norte de Ceuta y no me siento especialmente cansado. Han sido tantas las experiencias significativas atesoradas a lo largo de esta jornada que me da la impresión de que el amanecer sucedió en un tiempo muy lejano.

En ningún momento he perdido de vista el mar, cuyo azul intenso se ha quedado grabado en mi retina. He disfrutado mucho con los paisajes litorales y con las visitas a los numerosos bienes culturales que jalonan el litoral norte de Ceuta. Todas las civilizaciones que han pasado por Ceuta fueron muy conscientes del valor estratégico de la ciudad y la rodearon con sucesivas líneas de fortificaciones.

Atardecer

Atardecer

 

…Dejo mis conclusiones para más adelante y presto toda mi atención al ocaso del sol. Las nubes no me van a permitir contemplar el atardecer en todo su esplendor. Sin embargo, esta circunstancia ha dado lugar a un fenómeno extraordinario. La bruma hace las veces de biombo, tras el que el sol se desnuda. Su cuerpo desprende unos haces luminosos que nunca antes había visto en un atardecer ceutí.

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Cuando pensaba que todo había acabado observo que el cielo, en la embocadura del Estrecho de Gibraltar, adquiere un intenso color rojizo. Este hecho evidencia que con los atardeceres uno debe ser paciente y mantenerse expectante hasta que la noche haya vencido del todo al día.

La retirada del sol revitaliza a una luna en perfecto cuarto creciente. Llevo observándola desde que esta tarde asomo su faz por la playa de Benitez. Está tan cerca de Occidente que hoy no va a trasnochar demasiado. Da la impresión de que quiere reservar fuerzas para la gran noche del próximo día siete en la que lucirá con toda su luz blanca en una nueva noche de luna llena.

NIEBLA

Esta mañana he quedado con mi padre para ir a tomar fotografías. Después de desayunar hemos tomado el coche con dirección a Benzú. Al pasar la playa Benitez hemos entrado en una densa niebla que nos ha obligado a encender las luces antinieblas. Era tan cerrado el taró que apenas veíamos dos metros por delante nuestra. Pasada la barriada hemos ascendido hacia el mirador de Benzú. Según subíamos íbamos dejan abajo la niebla.

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Nos hemos parado en el mencionado mirador para captar las misteriosas, mágicas y bellas imágenes del Estrecho de Gibraltar cubierto de unas densas nubes depositadas sobre un mar en perfecta calma. Los dedos de esta niebla han acariciado el cuerpo del Atlante dormido penetrando en la bahía de Beliunex.

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Acto seguido nos hemos dirigido a otro mirador, el de Isabel II. La misma niebla que cubría el Estrecho ocultaba la península de Ceuta. Sólo emergían el mítico Hacho y la escultura de Hércules en el espigón de Poniente. Estamos siendo testigos de una recreación del célebre episodio de la apertura del Estrecho por el adorado hijo de Zeus. La escena ha durado apenas unos minutos. El sol se ha encargado con sus potentes rayos de disolver la niebla. Cuando hemos llegado al fuerte de Aranguren el velo ya había sido de manera parcial levantado por los dioses. Deseaban que pudiéramos gozar de las hermosas vistas del Estrecho de Gibraltar.

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Mientras paseábamos por una de las pistas que parten del fuerte de Aranguren nos hemos encontrado a un pequeño verdecillo. Permaneció inmóvil al acercarnos a él, tanto que pensábamos que estaba enfermo. Pero al ir a cogerlo ha salido volando hasta un cercano palmito.

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Nuestra última parada ha sido en uno de los miradores existentes en la parte alta de Benzú. Nos ha entristecido observar que todo está lleno de basura y que han desaparecido o reventado los bancos allí existentes para que quienes sí aman la naturaleza puedan sentarse a disfrutar de unas vistas maravillosas.

HENRY DAVID THOREAU Y EL HÉROE DE LAS MIL CARAS

Ceuta, 27 de julio de 2017.

La tarde del día 20 de julio de 2017 me senté a la sombra de la punta de Calamocarro y extraje algunas notas del libro “Thoreau. Biografía de un pensador salvaje” (errata naturae, 2017), escrito por Robert Richardson. Una imagen recurrente en mi inconsciente es el de un abrigo similar a éste en el que estoy situado desde el que contemplo este mismo azul radiante  mirando a Europa desde África. Una dama sobre un caballo blanco avanza hasta donde estoy  de pie para reencontrarse conmigo, el héroe perdido.  Este héroe guarda una gran semejanza con el mítico Ulises. La escena que recuerdo es la del encuentro entre el rey de Ítaca y la ninfa Calipso. Este mito está dentro de mí y forma parte del lugar en el que escribo.

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Como decía Henry David Thoreau, en cualquier lugar es posible escribir Iliadas y Odiseas. “Si podemos ver tanto y también como ellos vieron (refiriéndose Henry a los autores clásicos, como Homero), podemos esperar también escribir tan bien como ellos escribieron”. Para lograrlo debemos enraizar nuestras ideas en la experiencia personal. El consejo de Henry era que ajustemos las experiencias propias a las expresadas en mitos más antiguos, e intentar añadir algo a un mito cuya capacidad para contener y comunicar significado se haya comprobado con el tiempo. Pero Henry quería, según nos cuenta su biógrafo, “que sus escritos evocasen la experiencia interior del mito, no la cáscara externa, los meros adornos clásicos” (Richardson, 2017: 247).

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El consejo de Henry, tendente a ir más allá de lo anecdótico de los mitos, me parece muy sugerente. En torno a Ceuta han surgido multitud de mitos, entre los cuales considero especialmente importantes el mencionado de Ulises, el Atlante, el Jardín de las Hespérides o la Fuente de la Eterna Juventud. La naturaleza de Ceuta es el eje de estos mitos. En esto, como en muchas otras cosas, comparto el parecer de Henry, para quien “el mito es la expresión de la naturaleza”, sobre todo de aquel aspecto de ella que él llamaba lo salvaje. Para Henry el caminante, o el aventurero, es la persona más apropiada para experimentar lo salvaje, al mismo tiempo que el mito es la expresión más satisfactoria de esa experiencia. Se trata de un particular tipo de caminante, al que de manera popular se le conoce como poeta. Henry escribió en su diario que “el poeta es aquel que hoy puede escribir algo de mitología pura”.

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Tomando notas del ejemplar de “El héroe de las mil caras” depositado en la Biblioteca Pública de Ceuta

El destino quiso que unos días antes de terminar la lectura de la biografía de Henry David Thoreau estuviese en Granada para recoger el libro que había encargado una amiga en la librería Fnac. Silvia aprovecho la ocasión para regalarme un libro que había tenido entre mis manos unas semanas antes en esta misma librería, pero que tuve que dejar en el mostrador porque el presupuesto no daba para tanto. Este libro es “El héroe de las mil caras” de Joseph Campbell. Durante mucho tiempo esta obra no era posible conseguirla en las librerías, ya que ha estado muchas décadas sin reeditarse en lengua hispana. Así que las veces que lo he leído ha sido tomando prestado el ejemplar depositado en la Biblioteca Pública de Ceuta.

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Cuando leí el llamamiento que hizo Henry a ir más allá de lo aparente en la lectura de los mitos no pude menos que enlazarlo con el libro de Campbell que me esperaba para releerlo con sumo interés. Pensé entonces, sentado en la playa de Calamocarro, que a Henry le hubiera entusiasmado el libro “El héroe de las mil caras”. Lo que Henry intuyó, Campbell lo estudió, analizó y expuso de manera magistral en su amplia bibliografía. Existe un monomito, el del héroe, que subyace a muchos mitos surgidos en multitud de lugares separados por el tiempo y el espacio. Este monomito habla del ser humano, de su experiencia vital y de la oportunidad que se nos brinda de lograr una vida plena, efectiva y deliberada, como le gustaba decir a Henry. Tengo mis dudas de que esta oportunidad la brinden los dioses y diosas de forma indiscriminada. Más bien pienso que se trata de una elección de la divinidad, que selecciona entre los mortales a aquellos ser humanos que, -como los míticos Ulises y Heracles, o seres reales como Henry-, comparten en su seno una dimensión mortal y otra divina. Son semidioses con una misión encomendada que vive a ser la misma: “representar la eternidad en el tiempo y percibir en el tiempo la eternidad” (Campbell, 2016: 249).  Según Henry “la vida de un hombre sabio es sobre todo extemporánea, pues vive a partir de una eternidad que incluye todo tiempo” (Richardson, 2017: 111).

El elegido”, -escribe Campbell-,”tiene que volver a entrar con su don a la hace tiempo olvidada atmósfera de los hombres que son fracciones e imaginan ser completos. Debe enfrentarse a la sociedad con su elíxir destructor del ego y redentor de la vida, y soportar el golpe de las dudas razonables, los duros resentimientos y la incapacidad de la buenas gentes para comprender” (Campbell, 2016: 246). Es capaz de hacerlo porque previamente ha disuelto “totalmente todas sus ambiciones personales, ya no trata de vivir, sino que se entrega voluntariamente a lo que haya de pasarle; o sea que se convierte en anónimo. La ley vive en él con su consentimiento sin reservas” (Campbell, 2016: 268).

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Siguiendo la idea de la muerte del ego en el héroe, Campbell continúa explicando “que el hombre en el mundo de la acción pierde su centro en el principio de la eternidad si está ansioso por el resultado de los hechos. Pero si los entrega con sus frutos en el regazo del Dios vivo, es liberado por ellos, como por medio del sacrificio, de las limitaciones del mar de la muerte” (Campbell, 2016: 269). El mismo argumento lo podemos encontrar en el libro sagrado Bhagavad Gita (3: 19 y 3:30): “Haz sin apego el trabajo que tienes que hacer […] cédeme todas tus acciones, con la mente concentrada en el Yo, libérate de la nostalgia y del egoísmo, lucha sin dejarte perturbar por la congoja”. Henry escribió en su diario que “deberíamos ofrendar diariamente nuestros pensamientos perfectos a los dioses; nuestra escritura debería consistir en himnos y salmos. Quien escribe un diario es un proveedor de los dioses”.

El esfuerzo y abnegación del héroe no es en vano. Los dioses son agradecidos y lo bendicen convirtiéndole en su emisario. “Para el hombre que no se deja llevar por los sentimientos que emanan de las superficies de lo que ve, sino que responde valerosamente a la dinámica de su propia naturaleza, para el hombre que es, como dice Nietzsche, “una rueda que gira por sí misma”, las dificultades se disuelven y caminos imprevisibles se abren ante él” (Campbell, 2016: 371). El reconocimiento del héroe suele suceder tras un largo periodo de oscuridad. No es hasta la conclusión del ciclo cosmológico de la infancia cuando se produce su reconocimiento y se revela su verdadero carácter. Un ejemplo de este hecho es la trayectoria de la obra de Henry David Thoreau. Cada año que pasa es más conocido y valorado.

Concluye Campbell su magistral obra “el héroe de las mil caras” hablando del héroe moderno. “El individuo moderno que se atreva a escuchar la llamada y abarcar la mansión de esa presencia con quien ha de reconciliarse todo nuestro destino, no puede y no debe esperar a que su comunidad renuncie a su lastre de orgullo, de terrores, de avaricia racionalizada y de malentendidos santificados. “Vive, -dice Nietzsche-, como si el día hubiera llegado”. No es la sociedad la que habrá de guiar y valorar al héroe creador, sino todo lo contrario. Y así, cada uno de nosotros comparte la prueba suprema, -lleva la cruz del redentor; no en los momentos de las grandes victorias de su tribu, sino en los silencios de su desesperación personal” (Campbell, 2016: 418).

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El héroe debe entretejer el mundo de adentro y el del afuera sirviéndose por los instrumentos entregados por los dioses. En mi caso he contado y cuento con las máquinas pensantes de Patrick Geddes, unas auténticas llaves para abrir la puerta que separa ambos mundos. Estas llaves llevan mucho tiempo publicadas y han pasado por muchas manos, pero pocos han comprendido su valor y han sabido para qué servían y cómo utilizarlas. También me ha concedido la Gran Diosa el don de la expresión escrita. Mi elixir o agua de la eterna juventud la he encontrado en la misma tierra en la que nací, Ceuta, en el mismo sitio en el que los mitos clásicos y medievales ubican la fuente de la que brotaba el agua divina, el elixir mágico o los frutos del árbol de la vida. He descubierto que la inmortalidad que aportan estas aguas y alimentos proviene de su capacidad de disolver el ego asociado al tiempo  y a su inherente deseo de perdurar. La búsqueda de la fuente de la eterna juventud o los frutos del árbol de la vida denota la insaciable sed y hambre que tiene el ser humano de la energía o sustancia del que todo lo existen forma parte, incluyéndonos a nosotros mismos. Henry también buscó esta esencia en su tierra natal. En palabras de Richardson, autor de su biografía más conocida, “Thoreau está interesado en una naturaleza unificada, una fuerza o ley o una sustancia que habrá de encontrarse como explicación fundamental de toda ella” (Richardson, 2017: 166). Reconozco que, al igual que a Henry, estoy obsesionado con la búsqueda de la fuente de esta fuerza que lo anima todo.

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Los dioses quisieron que me centrara en la idea de la fuente de la eterna juventud que los mitos clásicos y medievales ubicaban en la tierra que me vio nacer. Al hacerlo, siguiendo lo explicado por Campbell en su libro, he hecho visible el reposo y la armonía del lugar central que representa Ceuta. De este modo me he transformado en lo que suelen encarnarse los héroes mitológicos, en un “reflejo del Eje del Mundo, de donde se extienden los círculos concéntricos, -la Montaña del Mundo, el Árbol del Mundo-, él es el perfecto espejo microcósmico del macrocosmos. Verlo es percibir el significado de la existencia. De su presencia nacen los dones, su palabra es el viento de la vida” (Campbell, 2016: 373).

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En mi caso se cumple a la perfección la profecía de  Campbell  que dice que “el lugar del nacimiento del héroe […] es el punto central u ombligo del mundo. Así como surgen las ondas de un manantial sumergido, así las formas del universo se expanden en círculos desde su fuenteEl ombligo del mundo es del centro umbilical a través del cual las energías de la eternidad irrumpen en el tiempo. De este modo el ombligo del mundo es el símbolo de la creación continua; el misterio del mantenimiento del mundo por medio del continuo milagro de la vivificación que corre dentro de todas las cosas” (Campbell, 2016: 56). Guiado por la Gran Diosa la hallé en el punto central de Ceuta, que es lo mismo que decir el “Axis Mundi”.  A través de este eje fluye la energía de la vida. Mi misión es que restaurar este canal mágico obstruido por muchos siglos de abandono. Sigo la indicación de Henry: “vive tan cerca como puedas del canal por el que fluye la vida”. El árbol de la vida que simboliza el “Axis Mundi” tiene que volver a dar sus frutos.

MIRADOR BENZU

Ceuta, y el Estrecho de Gibraltar, constituyen el primer umbral que debe atravesar el héroe en su camino. Este lugar es el puerto de refugio del héroe antes de su definitivo salto a un mundo poblado por leviatanes y monstruos de las profundidades. En general, como comenta Campbell, “las regiones de lo desconocido (desiertos, selvas, mares profundos, tierras extrañas, etc…) son libre campo para la proyección de los contenidos inconscientes” (Campbell, 2016: 96). Me gusta asomarme al Estrecho de Gibraltar, después de una larga caminata, para dejar que mis pensamientos más profundos salgan a la superficie y pueda pescarlo y dejar constancia de ellos en mis libretas.  En uno de estos paseos llegué a la misma conclusión a la que llegó Campbell y expuso en los últimos párrafos de su libro “El héroe de las mil caras”: “que la meta no es VER, sino caer la cuenta de que uno ES esa esencia” que el héroe busca de forma ansiosa; “entonces, el hombre es tan libre de viajar por el mundo como lo es su esencia. La esencia de uno mismo y la esencia del mundo son una sola” (Campbell, 2016: 413). Ya no necesita reflejarse en la naturaleza, como si fuera un espejo, para descubrir lo que uno es.  Tal y como dijo Carl Gustav Jung, “sólo se puede esperar que el mysterium coniunctionis se complete una vez que la unidad de espíritu-alma-cuerpo se ha conectado con el unus mundus del principio”. El unus mundus, según Dorn, “es lo uno y lo simple. Este mundo es la res simplex. El grado máximo de la coniunctionis es para Dorn la unión del hombre total con el unus mundus” (Jung, 2002: 511).

Me considero muy lejos de haber alcanzado el grado de Homus Totus (hombre total). Pienso que es una meta inalcanzable para la mayoría de los mortales, con la única excepción de personajes como Buddha o Jesús. Pero el simple hecho de perseguir esta meta consigue liberarte y liberar la fuerza vital que emana del punto central indicado por el Axis Mundi.

BIBLIOGRAFÍA:

CAMPBELL, J (2016): El héroe de las mil caras, Madrid: Fondo de Cultura Económica.

JUNG, C.G (2002): Mysterium coiunctionis. Obra Completa Vol. 14, Madrid: Editorial Trotta.

RICHARDSON, R (2017): Thoreau. Biografía de un pensador salvaje, Madrid: Errata naturae.