DEL INDIVIDUO A LA PERSONA

Estas navidades he dedicado muchas horas a la lectura. Si este verano lo dedique a las obras de Flaubert, la navidad ha sido para Waldo Frank. Tenía referencia de este autor por las abundantes citas de sus obras en los libros de Lewis Mumford. Leyendo la biografía de este último y algunas de sus cartas descubrí que fueron grandes amigos y que compartían bastantes puntos de vista sobre la condición humana y los problemas de su época. Es curioso que la obra de Waldo Frank no sea más conocida en España, teniendo en cuenta que dedicó algunos de sus más conocidos libros a nuestro país y la huella hispana en América.

Su última obra importante lleva por título “Redescubrimiento del hombre. Memoria y metodología de la vida moderna”. Según reza en la contraportada del libro, se trata, de manera especialmente lúcida, el desarrollo del Occidente y su divergencia del Oriente, así como la consiguiente pérdida de nuestro conocimiento de la naturaleza humana. Y no solo es un análisis de nuestro mundo. “Redescubrimiento del hombre” presenta un programa factible para la salvación y supervivencia del hombre occidental.

La lectura de este libro me ha resultado francamente reveladora. Es una obra con claros tintes místicos y de una profunda psicológica. Su principal objetivo es promover la reintegración de las dimensiones del yo (grupo, ego-somática y cósmica). Para conseguirlo plantea una doble línea metodológica: la socio-integración, que da lugar a la comunidad; y la psico-integración, cuyo resultado tangible es la conformación de personas totales, equilibradas y creativas.

Respecto a la primera de las tareas a abordar, la sociointegración, Waldo Frank parte de la premisa de que los previos grupos orgánicos que caracterizaron a los periodos históricos precedentes al nuestro han sido paulatinamente sustituidos por grupos organizados. La característica de esta tendencia es la distorsión, disminución, supresión de los yo totales del grupo. El resultado es el surgimiento del hombre “masa” moderno. Para Frank, “la masificación, pues, es un síntoma de autosuficiencia, y también una propagador de más autosuficiencia. La masificación se convierte en rígida mediante la eliminación de las fluidas y flexibles cualidades de la libertad humana. Y conforme avanza por el camino de la política de masas, de la producción en masa, de la educación en masa, la diversión en masa, los músculos inactivos de la mente, cuya función es razonar, distinguir, integrar complejidades en todos, se debilitan, mientras el pensamiento en masa que lo sustituye se desarrolla con la especialización de las partes que nunca se convierten en el todo: un círculo vicioso”.

            Nuestro individualismo, o dicho en términos psicológico, nuestra egocentricidad nos hace buscar fuera de nuestro ser los vectores capaces de ponernos a tono otra vez con el bienestar que es la integridad. Parece que no llegamos a entender que la salida a la crisis actual que afecta al todo no puede hacerse si nos mejoramos las partes, es decir, a nosotros mismos. Si actuamos como mónadas que se creen autosuficientes y buscamos las soluciones siempre fuera y nunca dentro de nosotros no conseguiremos el ansiado objetivo de salir de esta profunda crisis en la que estamos inmersos. Lo único que conseguiremos son brotes aislados de violencia motivados por la frustración de no encontrar un camino que nos lleve a la prosperidad.

            La solución a la desintegración social, desde el punto de vista de Waldo Frank, como el que coincido enteramente,  es la constitución de grupos orgánicos. Para este pensador, la democracia es el camino natural del grupo orgánico consciente, pero, como advierte, “la democracia siempre es vulnerable a la organización de poder desde fuera o desde dentro, que convierte al pueblo democrático en pandillas, camarillas, grupos de presión y masas”. Nos enfrentamos a un problema histórico sin resolver. La historia de las culturas ha sido siempre la historia de las tensiones entre las personas y los grupos. Estos últimos se convierten, al hacerse más poderosos, en menos orgánicos y más organizados. La pregunta es: ¿Pueden desarrollarse los grupos orgánicos en una sociedad de grupos organizados?. La respuesta la hemos obtenido en España y en otros países con la súbita e inesperada eclosión de movimientos como el 15M.

            Evidentemente, Waldo Frank, -que murió en 1967-, no ha llegado a conocer el 15M ni nada que se le parezca. No obstante, tenían confianza en que pudieran surgir personas individuales, conscientes unas de otras, agrupadas deliberadamente con el propósito de infiltrar los valores de la persona en las organizaciones. Tales grupos de personas podrían influir, en su opinión, sobre la ética, la religión, la educación y las artes de los grupos organizados. Estos grupos, que el mismo entrecomilla como “subversivos” pueden ser pocos y estar diseminados. “Pero la intensidad de su energía es grande, en cuanto constituyen yos más reales que los de los individuos aislados de su dimensión cósmica”.

            El reto que tenemos ante nosotros es doble. Por un lado, en el plano íntimo, reintegrar las dimensiones del yo para pasar de individuos a personas. Y en el plano colectivo, trabajar para convertir a los grupos organizados en orgánicos. Y esto lo conseguiremos si ahondamos en nuestra autoconciencia y reconocemos en nosotros mismo las relaciones íntimas con la comunidad y con el Ser, con lo que transfiguraríamos la unión y las acciones del grupo. La prueba de haber alcanzado este complicado reto la tendremos cuando nos marquemos metas más allá de las necesidades circunstanciales y avancemos de manera coordinada hacia el pleno desarrollo del hombre.

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