EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

El árbol de la vida se asocia, según Joseph Campbell, “a la imagen del poste o punto axial que es a su vez símbolo del camino o lugar de paso del movimiento al reposo, del tiempo a la eternidad, de la separación a la unión; y también a la inversa, del reposo al movimiento, de la eternidad al tiempo que transcurre, de la unidad a lo simple”. A ambos lados de este eje se sitúan el deseo y el miedo, la juventud y la edad, la causa y el efecto, la vida y la muerte, el cielo y la tierra, el ser y el no ser, que si somos capaces de superar y trascender “el goce de la vida brotará de todas las cosas como de una copa inagotable. El ego sacrificado será devuelto, y se liberarán las aguas de la inmortalidad para fluir en todas direcciones” (Joseph Campbell; La imagen del mito). Ésta es la sabiduría que encierra el árbol de vida. Todos estamos llamados a trepar por el tronco de este árbol, que es nuestra propia columna vertebral, sobre la que se entrecruzan dos serpientes ascendentes que representan la energía del sol y la luna, la energía masculina y femenina, la vida y la muerte. Según avancemos en nuestro ascenso hacia los niveles superiores de conciencia nuestra energía interior se activara hasta conseguir despertar nuestro tercer ojo o glándula pineal (simbolizada por una piña) que se encuentra en el centro de nuestra mente.
En esta imagen del árbol de la vida dibujada por el maestro Patrick Geddes el alma de la muerte es representada por un pájaro; y el alma de la muerte por una mariposa. Los siete niveles de conciencia tienen sus propios símbolos a ambos lados del árbol que aún no he sido capaz de interpretar.

arbol

Este ascenso hacia los niveles superiores de conciencia y el despertar de toda la potencialidad de nuestro ser depende de cada uno de nosotros. No podemos delegarlo en nadie ni en nada externo a nosotros mismos, Dediquemos, pues, tiempo a nuestra vida interior y menos a la exteriorización de un espíritu vacío y desprovisto de sustantividad. Cuando nuestro tercer ojo se abra veremos la totalidad. La noción de tiempo y espacio habrá desaparecido. Un nuevo ser humano poblará la tierra y la renovación de la vida habrá comenzado. El mapa hacia la eupsiquia (vida buena) está siendo restaurado. Pronto verá la luz.

DE LA MONARQUÍA A LA AUTONOMÍA

Ni monarquía, ni república ni gaitas que se les parezcan. Necesitamos propiciar un despertar de las conciencias que permita elevarnos hacia el cuadrante de la vida plena efectiva. Delante tenemos la posibilidad de una nueva humanidad, de una nueva mutación de la conciencia, de la definitiva transformación del hombre. Estamos en disposición de dar forma a un nuevo paradigma, a una nueva edad en la condición humana: la edad del equilibrio. El cambio es imparable. Este nuevo periodo será el del equilibrio dinámico y el pensamiento integral. Su tema, como nos dejo dicho Mumford, “ha de ser la defensa, potenciación y renovación de la vida; el desplazamiento de lo mecánico por lo orgánico; y el restablecimiento de la persona como término de todo esfuerzo humano. Cultivo, humanización, cooperación, simbiosis, síntesis y simpatía son las palabras claves de la nueva cultura”.

Los ciudadanos del siglo XXI debemos participar en este sueño. Soñar con crear un buen entorno para la vida buena, donde la comunicación, la comunión y la cooperación vuelvan a ser los atributos esenciales de la sociedad humana y la base de sus significados, funciones y valores.

            El objetivo que nos marcamos no es obra de uno solo día ni la tarea de un líder carismático. La impotencia y la ignorancia no son la solución. Los cambios necesitan tiempo y constancia. Es en y a través del individuo humano donde comienza y termina la invitación a la plenitud. Convertirse en un ser humano pleno es ni más ni menos que la tarea de toda una vida. No hay atajos ni soluciones revolucionarias. La movilización de masas lo único que consigue es respaldar el sistema que combate. Los cambios que han sido efectivos son aquellos emprendidos por pequeños grupos que arañan las máquinas de la estructura de poder interrumpiendo el orden y desafiando las normas. Un ataque de este tipo no aspirar a tomar la ciudadela de la autoridad, sino a alejarse de ella y paralizarla sigilosamente. En cuanto se extiendan estas iniciativas de autonomía colectiva el poder y la autoridad volverán a la fuente adecuada: la personalidad humana y la comunidad basada en la cercanía y las relaciones cara a cara.

            No hay soluciones técnicas, mecánicas, organizativas o políticas sin alteración previa de los dioses personales, las costumbres y las ideales por un nuevo mito: el mito de la Vida. Estamos llamados a desarrollar una contracultura más vital, centrada en seres humanos despiertos lúcidos y coherentes;  en plena posesión de sus facultades: dispuestos a actuar, en palabras del antiguo juramento efébico de Atenas, “en solitario o con el apoyo de todos”.

            La ideología orgánica provital necesita tiempo y cambio interno. Como nos dejo dicho Mumford, “cada uno de nosotros, en tanto la vida se agite en él, puede desempeñar un papel a la hora de desenmarañarse del sistema del poder, afirmando su primacía en actos silencios de deserción física o mental, en gestos de inconformismo, en abstenciones, restricciones e inhibiciones que lo liberarán del dominio del pentágono del poder”.

            Las claves del Mundo Nuevo que esta naciendo para sustituir al Viejo Mundo del poder y el dinero son la autodisciplina interna, la individuación y la autonomía. No se trata, como decía Castoriadis, de crear un Estado en general, ya sea monárquico o repúblicano; “se trata de crear comunidades políticas que puedan ser autónomas, es decir, autogobernarse en los hechos”.