CEUTA, AXIS MUNDI (“EJE DEL MUNDO”)

Ceuta, 4 de marzo de 2017.

Esta ciudad, también, situado bajo el cielo, es una puerta de entrada y salida para las almas a y desde el cielo”, Henry David Thoreau.

Vista de Ceuta desde el mirador de Isabel II

Vista de Ceuta desde el mirador de Isabel II

La investigación sobre el santuario de la Gran Diosa en Ceuta es muy compleja. Para ordenar toda la información que ido recopilando tengo que utilizar las máquinas pensantes de Patrick Geddes. Su aplicación sugiere situar a la dimensión espacio-temporal en el comienzo de este estudio. El lugar es Ceuta y el tiempo el siglo XIII. De sobra es conocido que la Gran Diosa está unida a la naturaleza y sus ciclos. La vida, y su contraparte la muerte, eran realidades mucho más cercanas en la prehistoria y en la edad antigua. Aquellos lugares donde el principio vital era fuerte surgía el culto a la Gran Diosa. Ceuta es uno de estos privilegios lugares debido a sus magníficas condiciones naturales. Los primeros cultos femeninos aparecen en las sociedades humanas durante el paleolítico inferior, periodo histórico al que pertenecen las conocidas Venus prehistóricas.

Mogote de Benzú en el que se ubican el abrigo y cueva del mismo nombre

Mogote de Benzú en el que se ubican el abrigo y cueva del mismo nombre

Aunque en los últimos años se ha progresado en el conocimiento de la prehistoria ceutí, gracias a las excavaciones arqueológicas en el abrigo y cueva de Benzú, nada sabemos sobre su pensamiento religioso. Para momentos más avanzados de la historia de Ceuta existen indicios arqueológicos que permite sostener la hipótesis de la existencia de un santuario relacionado con el asentamiento protohistórico localizado en el centro de la ciudad.

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Yacimiento protohistórico de Ceuta

Realmente, el testimonio más antiguo del culto a la Gran Diosa en Ceuta corresponde a la inscripción votiva dedicada a la diosa Isis. Este documento epigráfico, fechado en el siglo II d.C, permite hablar de un templo o aula de culto relacionada con esta divinidad mistérica de origen oriental.

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Momento del hallazgo de la inscripción votiva dedicada a la diosa Isis

La temprana llegada del cristianismo a Ceuta es avalada por la construcción de la basílica tardorromana localizada en el extremo oriental del istmo ceutí. Todo apunta a este espacio cultual estuvo dedicado a una mártir, cuyo cuerpo fue enterrado en la cabecera del edificio basilical. Existe cierta controversia a la hora de ubicar la iglesia que el emperador Justiniano mandó erigir en la antigua Septem dedicado a la Theotokos, la madre de Dios. Puede que fuera la misma basílica de la que estamos hablando, o bien que se construyera un templo distinto bajo en el lugar que hoy en día ocupa la Catedral de la Asunción. Sea como sea estamos hablando de una presencia muy temprana de un culto mariano en Ceuta.

Basílica tardorromana de Ceuta

Basílica tardorromana de Ceuta

Con la llegada del islam a las tierras ceutí desaparece cualquier mención a los cultos femeninos. No es precisamente hasta el siglo XIII cuando tenemos noticia de la existencia de una iglesia cristiana en el barrio cristiano de la Ceuta almohade y azafí: la iglesia de Santa María de Marruecos. Esta alhóndigas cristianas “se ha situado tradicionalmente en el ángulo noreste del istmo” (Hita y Villada, 2009: 277). El nombre de la iglesia ya nos está indicando que se trata de una ermita dedicada a la Virgen María.

Con la llegada de los portugueses a Ceuta el 21 de agosto de 1415 tiene lugar una recristianización de la ciudad. Las antiguas mezquitas fueron abandonadas, destruidas o convertidas en lugares de culto cristiano. La mezquita principal de Medina Sabta, la aljama, fue expurgada y transformada en la primera iglesia cristiana de la Ceuta lusitana. En su interior fueron alojadas dos imágenes marianas traídas por las tropas portuguesas: la Virgen de África y la Virgen del Valle.

Imagen de la Virgen del Valle en su templo

Imagen de la Virgen del Valle en su templo

Volviendo al siglo XIII, esta centuria constituye el momento más esplendoroso de la historia ceutí. En el plano urbanístico la ciudad conoce un importante desarrollo alentado y financiado por el esplendor económico y comercial que experimenta Ceuta. Su importancia no se limita al aspecto económico, sino que también abarca las facetas religiosas, científicas, filosóficas, políticas,  culturales y artísticas. Hasta Ceuta llegan importantes pensadores y líderes religiosos que huyen de sus localidades por el imparable avance de la reconquista cristiana. De la mano de algunos de estos intelectuales toma fuerza en la ciudad movimientos religiosos como el sufismo, el cual entra en conexión con ritos y creencias ancestrales presente en el norte de África para dar lugar al fenómeno del marabutismo.

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Santuario de Sidi bel Abbas al Sabti

Los marabut o morabitos era santos o sabios dotados de un gran conocimiento religioso, místico y mágico. Los lugares en los que vivieron y murieron dieron lugar a un elevado número de tumbas santuarios. Al Ansari, en el siglo XV, eleva el número de esto sitios sagrados a ochenta y dos, aunque la cifra pueda parecer excesiva. No todos tenían la misma importancia. Lo más relevantes eran objeto de romerías y peregrinajes. Los adeptos acudían en el pasado y siguen haciéndolo en el presente para beneficiarse del poder curativo del cuerpo, del alma y de la mente atribuidos a estos santos. La inmensa mayoría de los morabitos fueron hombres, aunque en el caso de Ceuta, Al Ansari cita la existencia de una tumba famosa femenina, la de Tuffaha, la esclava negra.

Conocemos la ubicación de algunos de estas tumbas santuarios existentes en la Ceuta medieval, pero de la mayoría desconocemos su ubicación exacta. Uno de estos santuarios estuvo situado a pocos metros de los baños árabes de la Plaza de la Paz. Podemos afirmarlo en este momento después de la intervención arqueológica realizada en  un solar de la calle Galea. En este lugar, ubicado junto al mar, cerca de un manantial de agua dulce y en la intersección de los dos ejes principales de la geografía ceutí, -conectados por la salida y puesta del sol en el solsticio de verano-, fue excavado en el siglo XIII, o incluso antes, una gruta sagrada en la que se practicaron cultos relacionados con la Gran Diosa ((J. Manuel Pérez Rivera, V. Martínez Enamorado y S. Nogueras Vega, en prensa).

Vista general de la gruta sagrada

Vista general de la gruta sagrada

Esta gruta constaba de dos cámaras: una superior, de planta circular; y una inferior, de planta elíptica. A esta última bajaban las mujeres para practicar el rito de la incubatio, mediante el cual esperaban mejorar sus problemas de infertilidad o curar otras dolencias.  Parte de los rituales realizados en este santuario consistían en el sacrificio de animales, principalmente corderos y gallinas, cuyos restos eran depositados en el interior de un pequeño foso situado en el centro de la cámara inferior. También dejaron, en la última práctica de este rito, un colgante de plomo con la representación de una diosa en posición oferente, con la piernas abiertas y dando a luz  a un flor de loto. Luego la gruta fue abandonada. Las paredes se desplomaron sobre el fondo de la cueva artificial y así permaneció oculta durante muchos siglos hasta que yo la descubrí.

Talismán con la representación de la Gran Diosa

Talismán con la representación de la Gran Diosa

Esta cueva y el talismán que apareció en su interior, junto a otras piezas arqueológicas, no fueron los únicos hallazgos relevantes recuperados gracias a la intervención arqueológica en la calle Galea. Al ampliar la zona de intervención arqueológica, decisión adoptada tras descubrir la cueva y el talismán, encontramos una serie de estructuras de difícil interpretación, pero que bien pudieron pertenecer al santuario existente en este lugar. Pero el hallazgo más relevante fue el de un betilo o ídolo pétreo esculpido en la negra roca de las peridotitas del Sarchal que simboliza la conjunción entre el principio femenino y masculino. La parte inferior de este betilo es de forma triangular, símbolo tradicional de lo femenino, y la superior es un glande masculino del que emana la benedicta virinitatis, el bendito verdor. Juntos ambos principios se logra el poder universal, simbolizado, a su vez, por el puño cerrado labrado en una de las caras laterales del betilo.

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El betilo hermafrodita de tipo urobórico hallado en este santuario no es sólo una pieza arqueológica excepcional, representa también el espíritu sagrado de Ceuta.  En esta piedra negra se simboliza el papel de Ceuta como extraordinaria metáfora del mysterium coniunctionis. En la propia geográfica de esta península está plasmada la unión de opuestos entre el frío Atlántico y el cálido Mediterráneo, entre el norte y el sur, entre la vida y la muerte, entre la razón y la intuición, entre los sentimientos y las sensaciones, entre el pensamiento y la acción. Ceuta no es sólo uno de los pilares de las columnas de Hércules, es también el  lugar sobre el que reposa el Axis mundi o “eje del mundo”. Se trata de un símbolo compartido por muchas civilizaciones que representa un punto de conexión entre el cielo y la tierra en el que se dan cita los cuatro puntos cardinales. A través de este punto es posible conectar los planos superiores e inferiores, de modo que nos encontramos ante una puerta a la eternidad por el entran y salen almas, así como permiten la comunicación con las fuerzas profundas que rigen el cosmos y la naturaleza.  En el punto exacto donde reposa este eje se excavó la gruta sagrada dedicada a la Gran Diosa. Sobre ella descansa el árbol de la vida.

Este re-descubrimiento de Ceuta con Axis mundi sitúa a esta ciudad norteafricana en el mismo nivel de santidad y sacralidad que el santuario de Delfos, el Monte Olimpo, el Monte de los Olivos o la Meca. Hecho estos hallazgos no cabe más que reforzar la importancia de Ceuta por su carácter mítico, sagrado y mágico. Todo ello demuestra la validez de mis intuiciones sobre el genius loci de Ceuta y me hace ver la realidad que me circunda con una percepción sensitiva muy distinta. Veo y siento el animus mundi empapando la tierra ceutí y rodeándola con un círculo mágico. Y en medio de este círculo existe una puerta que me permite comunicarme con la divinidad. Los dioses y diosas han querido que mi destino y el de Ceuta fueran distintos al que hemos seguido hasta ahora. Hemos entrado en otra fase de la historia de Ceuta, y de la humanidad, que desconozco en todos sus detalles, pero que sé a ciencia cierta que estará presidida por un despertar de los dormidos sentidos, sentimientos y conciencia de los hombres y mujeres que habitamos la tierra.

DEFINICIÓN DE LA FELICIDAD POR WALT WHITMAN (TEXTO INÉDITO)

Uno de los pasajes más conmovedores de la recién descubierta novela perdida de Walt Whitman, “Life and Adventures of Jack Engle: An AutoBiography”, es aquel en el que el padre de Marta, la heroína de este relato, y a la vez asesino de la madre de Jack Engle, escribe una carta en la cárcel poco antes de morir. Se trata de un bello alegato sobre la felicidad, la vida y la belleza. Dice así:

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Quienquiera que seas, en cuyas manos pueda caer esta triste historia, -oh, permíteme esperar que mi hija pueda leerla y deje caer una lágrima por su padres-, seas quien seas, hija, amigo o extraño, yo comienzo mi narración, escrita en prisión, para pasar las duras horas y dejar la posibilidad de alguna pequeño legado de simpatía para mí mismo.

Mira a tu alrededor en la hermosa tierra, el aire libre, el cielo, los campos y las calles, -las personas que pululan en todas direcciones-, todo esto es común, dices, no vale la pena dedicarle un pensamiento, como yo una vez supuse, y tú también. Pero que supongo ahora ya no. Ahora todas estas cosas me parecen las más hermosas cosas del mundo. Estar libre, caminar por donde quieras, mirar con libertad, estar libre de cuidados, también, a lo que quiero añadir, no tener el alma presionada por el peso de un horrible odio o desgracia; no tener una castigo terrible suspendido sobre ti; oh, eso es la felicidad.

¡Felicidad! Ay, que absurdidades pasan entre los hombres, bajo este nombre. Felicidad: yo estoy en prisión, con la muerte quizás esperándome; y escribo algunos de mis pensamientos sobre la felicidad ¿No hay, de hecho, ninguna especificaciones para el disfrute de la vida? ¿Venimos a la tierra para fatigarnos y sufrir, para comer, beber y tener hijos, para enfermar y morir? ¿En este mundo, en el corazón del hombre, no brillan los rayos solares y no florecen flores, como el mundo de afuera? ¿Y el amor, y la ambición, y el intelecto y la riqueza, -fuentes de las que, en la juventud, esperamos que en los futuros años emane muchas de estas felicidades,-como sus fruiciones llegan, no vienen también las decepciones?

Yo quisiera que el Diablo en el Jardín del Edén hubiera sido hecho para decir al hombre joven que era lo que conduce a la felicidad. Que en estos tiempos modernos, a lo que los hombre se dedican con tanto ardor, todo los hombres que no rodean, no alcanzan la felicidad, resulta evidente. La riqueza no puede comprarla. Los periódicos cada mes contienen las cuentas de los individuos, seguramente prósperos en todos sus asuntos pecuniarios, y algunos de ellos jóvenes y saludables, que en medio de lo que los pobres piensan que es la felicidad perfecta, han cometido un auto-asesinato. El buscador exitoso, tras el rango y la posición, no es feliz. Los más eruditos intelectuales son a menudo los hombres más melancólicos del mundo. La belleza se marchita tanto como el cerebro tras un rostro familiar. Elegantes vestidos con frecuencia cubren un alma enferma y la decoración de un hermoso carruaje no es más que el adorno de la miseria. De igual modo, entre las clases sociales más ocupadas y trabajadoras prevalece la misma ausencia general de felicidad. Parece razonable que aquel cuya existencia es una ininterrumpida lucha por evitar la inanición por la esclavitud y el trabajo duro, contemplara pocos días brillantes. Así también el hombre cuyas labores son efectivas, no les va mucho mejor. El mecánico, el labrador, el corrector literario, son igualmente excluidos de cualquier experiencia deliciosa, de ese dulce bocado que tanto aprecian, pero nunca obtienen. Yo estoy hablando no de las agradables gratificaciones de los sentidos o los gustos cotidianos, que son bastante comunes, sino del logro, en cualquier momento, de esa condición en la que un hombre puede decirse a sí mismo: “yo siento una perfecta felicidad. No tengo ningún deseo sin gratificar”.

¿No soy filosófico aquí, en mis rallados muros? ¿No ven que aguda se ha convertido mi mirada? Y realmente es un consuelo, en este instante, pensar lo miserable que el mundo es. Pero no sería miserable si yo no hubiera tenido un gran peso sobre mi alma y estuviera libre de nuevo. Ahora, cuando estoy a punto de dejar la vida, mis ojos se abren a su belleza ¡Oh, que barata y común belleza! ¡Ser libre y no ser un criminal! Ahora también he quitado la barrera que se colocó entre mí y la felicidad! Lo que fue un temperamento ardiente, lo he perdido ahora; yo siento que si viviera unos cientos de años, serían cientos de años sin ira ni venganza ¡Qué salvajes! ¡Qué desconcertados están mis pensamientos! ¡Cómo hablo de cientos de años! ¿Acaso veré la mitad de cien días?”.

HIJO DEL MAR Y DEL VIENTO

Ceuta, 19 de febrero de 2017.

…Estoy tumbado en la cama. Son las 16:55 h. El silbido del viento es tremendamente agudo. Las cortinas se inflan como la vela de un bergantín. Me encanta este tiempo. Percibo la fuerza de la naturaleza, su incalculable poder, capaz de derribar muros. Las obras humanas resultan insignificantes comparadas con la potencia de este huracanado viento. Cada estación tiene sus características. Febrero siempre ha sido en Ceuta un mes de lluvias y vientos. ¡Qué triste sería la vida sin el contraste de las estaciones! Cada una de ellas trae asociado un estado de ánimo. El mío ahora es el de excitación emotiva. Mi mundo de adentro está tan agitado como los árboles que observo desde mi ventana. ¡Sopla, sopla, viento iracundo! ¡Demuéstrame tu poder! Te respeto, pero no te tengo miedo. Eres parte de mi vida, de mis recuerdos de la infancia y la juventud. Soy hijo del mar y del viento. Tus silbidos penetran hasta los rincones más escondidos de mi alma para despertarme y recordarme lo que soy ¡De dónde proviene tu enfado! ¡Qué causan te motivan para protestar de la manera que lo haces!…Me vence el sueño escuchándote. Entro en el silencio.

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VOCES DE ALMAS SUFRIENTES

Ceuta, 21 de febrero de 2017.

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Después de tomar unas cuantas fotos por el Recinto Sur, he bajado hasta el fuerte del Sarchal. Aunque sigue predominando el color gris empieza a verse el habitual celeste en el cielo. Es el primer síntoma de que el temporal está entrando en fase decadente. No obstante, las olas que llegan hasta el litoral siguen siendo gigantes. El mar es de tonalidad verdosa, pero la orilla es de un blanco reluciente. Al acercarse a la costa las olas toman una considerable altura. Desde arriba no impresiona tanto como verlas al nivel de la orilla. Si pudieran me tragarían como un vulgar corcho de botella. A la naturaleza hay que amarla, pero siempre desde el respeto y la prudencia ante su descomunal fuerza.

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Aquí, sentado en la escalera que conducen al fuerte del Sarchal, nada puedo temer. Disfruto del panorama tempestuoso con suma tranquilidad. Una hermosa abubilla, de vivos colores y elevada cresta,  se ha acercado a pocos metros de donde estoy, pero no me ha dado tiempo a fotografiarla. Fijo mi mirada de nuevo en el embravecido mar. De tres en tres las olas se dejan morir en la orilla. Lo hacen de manera placida emitiendo un sonoro y grave rumor. Pienso en Henry David Thoreau, autonombrado inspector de nieve y de lluvia. Si estuviera aquí conmigo estaría disfrutando de este momento.

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El sonido de las olas se mezcla con el zumbido del viento y el graznido de los cuervos. Una pareja de ellos, de manera disimulada, se han posado en un árbol muy cercano al lugar en el que me encuentro escribiendo. Deben estar intrigados por mi presencia. Por un momento el cielo se ha abierto y los rayos del sol han devuelto los colores al paisaje. Las olas se han vuelto traslucidas y la espuma blanca del mar brilla como el albedo de las cumbres nevadas.

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El tiempo es tan cambiante que ahora recibo algunas gotas en la cara, que no sé si son de lluvia o de las salpicaduras de las olas. Una ola enorme, que ruge como un león, me estremece.

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Tengo que parar de escribir para limpiarme las gafas. Ya no consigo ver ni siquiera la libreta…Vuelve el sol de nuevo, aunque no logra imponerse a las nubes. Creo que no tardará en lograrlo.

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Admiro el valor de las gaviotas que plantan cara al intenso viento de levante. Vuelan sobre una arrugada manta blanca de espuma marina que ocupa en este instante toda la cala. Siento que todas las sensaciones que experimento están quedando grabadas en mi mente para convertirse en un recuerdo imborrable. Sin duda está es la tempestad que estoy viviendo con mayor intensidad y conciencia de toda mi vida. Al mismo tiempo que las palabras quedan plasmadas en esta libreta las percepciones que le dan contenido son impresas en mi memoria. El sentimiento que me genera esta combinación de fuertes sensaciones es de serenidad y agradecimiento a la vida. La naturaleza me está ofreciendo la oportunidad de vivir deliberadamente alargando mi percepción del tiempo y del espacio. Este rato que llevo aquí me está impregnado de sabiduría perenne  y de cierto sentido de la eternidad. Los minutos parecen segundos, pero de una contenido inigualable. Vivo en un mundo alejado de las preocupaciones terrenales en el que la naturaleza cobra el protagonismo que merece. Todo los demás elementos del paisaje, -los edificios, las coches que ve a los lejos, las gentes, etc…-, resultan insignificantes comparados con la fascinante estampa que tengo delante.

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Me empapo de la energía que procede de las olas. Toda esta fuerza liberada por las olas la hago mía y me revitaliza. Es capaz de liberar mi imaginación y mi ansia de expresar lo que fluye dentro de mí. Mi mano mantiene el mismo ritmo acompasado de las olas a la hora de escribir este relato. Acude a mi mente de improvisto un recuerdo de mi infancia. El de un día igual de tempestuoso en el que, después de comer, veía en la televisión, -aún en blanco y negro-, un capítulo de la telenovela “El Conde de Montecristo”. La imagen que me viene a la cabeza es la del desdichado Edmond Dantès encerrado en una oscura celda mientras escuchaba las olas batir contra los acantilados de la isla en la que estaba preso. Siempre me he sentido identificado por este personaje creado por Alejandro Dumas: un desdichado joven condenado de manera injusta a pudrirse en un penal por dentro y por fuera. Puede que la apertura que experimento en este momento de mis sentidos sutiles me haya permitido escuchar el lamento de alguna de las mujeres que fueron encerradas en el fuerte que tengo justo delante de mí.

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Cuando escribo este pensamiento una joven con un chaquetón negro pasa junto a mí, me saluda y la sigo con la mirada. Baja hasta la misma playa sin miedo y se queda de pie contemplando el mar en la misma línea marcada por la espuma de las olas. Permanece así varios segundos con las manos metidas en los bolsillos del abrigo…Luego deshace el camino con la misma parsimonia que mostró al descender hasta el borde del mar. No sé qué pensar. Tengo la sensación de que ha bajado hasta la playa para arrojar sus preocupaciones al mar y aliviar una pena que aflige su corazón.

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Decido dejar de escribir y regresar a casa. La idea que me ronda por la cabeza es el de las voces nunca escuchadas de todas las desdichadas personas que estuvieron presas en el penal de Ceuta. Su memoria se ha perdido cuando lo hicieron los archivos del presidio. Sin embargo, algo de ellas ha quedado adherido al espíritu de Ceuta. Sus desconsolados llantos, sus lágrimas, sus profundas tristezas, los mismos deseos de venganza que mantuvo vivo a Edmond Dantès en el castillo de If, siguen flotando el atmósfera ceutí. Si uno presta atención al sonido del viento escucha los lamentos de las almas que no han encontrado consuelo por los sufrimientos que padecieron en esta tierra azotada por el viento. Puede que al hablar de ellas le transmita algo de paz…Tendré que pensar en ello.

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UNA SIMPLE PIEDRA

Ceuta, 17 de febrero de 2017.

A las 17:12 h de este día, junto al fuerte del Sarchal, comienzo a escribir esta nueva libreta. Desconozco el futuro contenido de este cuaderno de tapas rojas. Es toda una aventura la que doy comienzo en este instante. El fin del invierno está próximo. Pronto llegará una nueva primavera. Este verano seguramente me volveré a bañar en las aguas que tengo delante. Ni ellas ni yo seremos los mismos que anteriores veranos. Todo está en continua evolución y cambio. El paisaje de fondo tarda más en modificarse. Los acantilados mantienen una imagen reconocible, al igual que el derruido fuerte del Sarchal. Todo lo demás está sujeto a variación. Ahora las paredes de la Rocha lucen un llamativo manto verde, salpicado en los últimos días con los amarillos y morados de las flores que se abren. Las gaviotas siempre están, así como los grajos que viven en los huecos de las vetustas paredes del fuerte.

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El mar y el cielo son los más variables de todos los componentes del paisaje. Hoy, el primero,  sufre la resaca del levante. Según las previsiones meteorológicas, mañana el viento le dará una pequeña tregua, aunque pronto empeorará. En cuanto al cielo, ahora está completamente nublado. Su color gris, junto al verde del mar, crea un ambiente misterioso que incita a la participación de la imaginación. Un par de niños juegan en la orilla, como hacía yo a su edad con mis amigos. Nos divertíamos cogiendo cangrejos y corriendo delante de las olas. Unas olas que no dejan de redondear las piedras de la orilla hasta convertirlas en arena fina.

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Un pescador ha probado suerte en esta playa Hermosa, pero el tiempo no es propicio para este arte milenario y desiste de su empeño. Yo y él, además de los aludidos niños, somos los componentes más inconstantes del paisaje. Sin embargo, somos los únicos que podemos dejar constancia de este momento y darle vida. Este instante ha pasado a ser un hecho con mi presencia y la escritura de este relato sobre lo que percibo y siento al contemplar este lugar.

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Al mirar al suelo veo una pequeña piedra que me llama la atención. Esta sola. Sobre la hierba. Parece que alguien la ha puesto aquí para mí. Se trata de un fragmento de peridotita con presencia de cuarcita. Su color, curiosamente, es el mismo que en este momento presenta el mar. Podría decirse que es una gran gota de agua marina petrificada con incrustaciones de olas blancas.

Esta piedra, antes de que yo la viera y cogiese, era una de tantas que podemos encontrar en esta playa. Por el simple hecho de mi observación y mi relato sobre ella ha empezado realmente a formar parte de la realidad. Ahora pertenece a mi pequeña colección de minerales y luce entre los libros de mi biblioteca. Cada vez que la contemple me vendrá a la memoria el recuerdo de mi visita de esta tarde a la playa Hermosa.

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El ejemplo de la piedra que he encontrado me permite ilustrar la capacidad de tenemos los seres humanos de hacer visible lo invisible. Es nuestra mirada la que otorga realidad a las cosas y los acontecimientos. La piedra existía antes de que yo me fijase en ella, pero quien la ha hecho real es mi mente. De algún modo todos somos el resultado del sueño o la imaginación de los dioses, tal y como defiende la tradición espiritual oriental. De vez en cuando los dioses y diosas se pasean por la tierra y eligen por azar a uno de nosotros para despertarnos y hacernos reales. Algo parecido a lo que yo he hecho esta tarde con la piedra de la que les he hablado. No convertimos en lapis philosophorum, en seres conscientes que con su luz despiertan con amor y suavidad a los demás.

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Para mí la piedra que he encontrado esta tarde ha pasado a ser mágica y sagrada. Se ha convertido en el símbolo de un pensamiento elevado y trascendente. Así sucede con todo lo que miramos con los ojos del alma. Somos nosotros lo que hacemos a los objetos y a los lugares sagrados. Una simple piedra puede evocar pensamientos profundos y emociones muy intensas. Si esto es capaz de provocarlo una simple piedra, ¡Qué no logrará un bello paisaje ante los ojos de un hombre o una mujer despiertos! Piensa en la tierra con una gota de agua y barro petrificada encontrada por los dioses en uno de sus paseos por el infinito cosmos. Ellos le han dado vida con su mirada  y nos ha dotado a nosotros, los seres humanos, de una visión semejante para otorgar vida a lo que nuestros sentidos perciben.

FIN DE MI SÉPTIMA LIBRETA

Hoy, 17 de febrero de 2017, a las 13:09, termino éste que es mi séptimo cuaderno de anotaciones. Buena parte de su contenido no ha sido compartido con nadie. Mi propósito es ir publicando los escritos que contiene en cuanto encuentre el momento oportuno. Constan en esta libreta relatos sobre mis experiencias en la naturaleza, así como reflexiones personales, algunas de ellas referentes a las personas que más quiero: mi mujer, mis hijos, mis padres y hermanos. Ellos son los destinatarios de esta parte de mis escritos. El resto son de dominio público  y fueron redactados pensando en los dioses y diosas como representantes de la inabarcable y eterna totalidad. Ellos son los que consiguen que mi alma se emocione y logre momentos de éxtasis espiritual. Ellos me iluminan y dan calor, haciéndome sentir un hijo amado y respetado. Crezco a la luz de su poder, como lo hacen todos los seres de la naturaleza. Mi alma se expande cuando el espíritu divino penetra en mi interior y me vuelvo ligero como una nube que se deja arrastrar por el viento confiada en su destino. No puedo sentir más que agradecimiento por este sentimiento de profundo amor que siento por la naturaleza y por permitirme beber de la fuente de la eterna juventud y alimentarme de los frutos del árbol de la vida. Mi alma está sana y serena. Avanzo con decisión y alegría por el camino de la vida.

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MAR DE JADE

 

Ceuta, 15 de febrero de 2017.

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Hace un rato me llamó  una periodista del FaroTV para tomarme unas declaraciones sobre las fortificaciones del Recinto Sur. Esto me ha obligado a abandonar los estudios y venir hasta el cercano Cuerpo de Guardia de San Andrés. Mientras lo espero contemplo la hermosa estampa que ofrece el fuerte viento de levante. Lo que más me llama la atención es el color del mar al romper con la base del acantilado. Es una bella tonalidad verdiazul que me recuerda a las piedras de jaspe. Sobre ella se deslizan unas olas blancas que generan un sonido tempestuoso. Busco refugio dentro de la garita dieciochesca. A través de las aspilleras puedo seguir disfrutando del panorama invernal. Las gaviotas planean cara al viento, sin alejarse mucho de tierra. Las circunstancias no son muy favorables para el vuelo, a pesar de la maestría de estas aves.

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Sobre el horizonte los rayos del sol han encontrado una abertura entre las nubes para pintar de blanco la superficie marina, generando una fingida sensación de calma en el mar. La superficie blanca se extiende como una mancha de aceite según el sol consigue penetrar entre la espesura de las nubes. Esta luz atraviesa las crestas de las olas volviendo las aguas cristalinas. Si fuera un gigante las pellizcaría para probar su sabor y oler su aroma. Con estas olas cristalizadas haría collares para mi mujer y mi hija.

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NUBES AZULES SOBRE CEUTA

Ceuta, 11 de febrero de 2017.

Esta mañana me he levantado algo más temprano de lo acostumbrado, a las 6:50 h. Hemos pasado una mala noche en mi casa. El virus estomacal que ha afectado a mi pequeña Sofía ha pasado al resto de la familia. Silvia ha estado toda la noche vomitando y yo con el vientre alterado. No tenía ganas de dormir, así que me sentado delante de la mesa del estudio y me he puesto a escribir. Antes de hacerlo he descorrido las cortinas y apagado la luz,  dejando tan sólo encendido una pequeña lámpara. Con esta débil luz puedo observar con mayor nitidez el discurrir del amanecer. En la aurora de esta mañana no han hecho acto de presencia las acostumbradas tonalidades rosáceas y rojizas. En su lugar ha aparecido un inesperado color celeste. No recuerdo haber visto antes las nubes de esta bella tonalidad. Tal es la impresión que me ha causado que, a pesar de no encontrarme bien, he cogido la máquina fotográfica y he salido con dirección a la playa Hermosa. Por el camino he disfrutado del agradable olor a tierra mojada, mezclado con el aroma del pan recién hecho en el cercano horno del Molino.

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Al asomarme a los acantilados de la Rocha he disfrutado de un panorama sublime. Las nubes azules flotaban sobre el mar y en el horizonte una cortina de agua avanzaba sobre Ceuta. Mientras, en el extremo occidental de la bahía sur, las nubes se habían estratificado mostrando una amplia gama de colores.

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En mi regreso a casa he confirmado una sensación que llevaba observando desde que me desperté. La naturaleza está alegre. Las gaviotas, los cuervos y las palomas vuelan cerca de mi casa, como si una extraña fuerza las atrajera hacia mí. Los gallos han cantado con mayor fuerza esta madrugada y los gatos corrían de un lado a otro como si buscaran un querido objeto perdido.

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Ya en casa, y desde la ventana, he observado un extraño fenómeno en el cielo. Todo se ha vuelto de un brillante color azul, como si alguien hubiera dejado caer  una delicada prenda de seda azul sobre el mismo sol. Si pudiera no haría otra cosa hoy que describir los sutiles cambios en el cielo en este día en el que la luna llena ejerce su influencia sobre nosotros.

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ENCUENTRO INESPERADO

Ceuta, 8 de febrero de 2017.

Aprovechando el precioso día que ha amanecido he salido a pasear por el Hacho. Había planificado mi ruta. Mi propósito era recorrer el Camino de  Ronda hasta llegar la playa del Desnarigado y desde allí dirigirme a una frondosa arboleda hay detrás de la fuente de María Aguda. En esto iba pensando cuando me he asomado a la cala del Sarchal. Un hermoso velero estaba anclado en sus cercanías haciendo todavía más bella la estampa de la playa Hermosa. Bajé hasta el fuerte del Sarchal para tomar unas fotografías. Viendo que el ángulo no era el adecuado, ya que el sol estaba de frente, me he dirigido al fuerte del Quemadero. A pocos metros de esta fortificación hay un camino que conduce a la playa de Junquera. Al llegar a los arrecifes costeros se ha asomado un chico joven, de unos treinta años, rubio, con el pelo largo y los ojos claros. Hablando un correcto español me ha saludado. Su nombre es Mayan. Es uno de los tripulantes del velero que me ha hecho bajar hasta aquí.

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Según me cuenta, al despertar esta mañana se han dado cuenta de que había desaparecido el bote que utilizan para ir del barco a tierra. Su amigo Michael venía nadando, con la ropa metida en una bolsa de plástico, para ir juntos a buscar la zodiac. La bolsa no ha resultado eficaz.  Toda su ropa estaba empapada y el tiritando de  frío. Me ha preguntado que si conocía alguna tienda de ropa usada para comprar algunas prendas. A lo que les he contestado que vivo cerca y que tengo ropa que darle. Así que hemos tomado rumbo a casa.

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Por el camino me ha comentado que son un grupo de cinco jóvenes, dos chicos y tres chicas, que llevan varios años recorriendo el mundo en su velero, de nombre Alioth. Se buscan la vida haciendo malabarismos por las calles y trabajando en lo que les sale (pintar barcos, etc…). Querían conocer el mundo y vivir experiencias nuevas dejándose llevar por los imprevisibles derroteros de la vida. A sus veintiochos años han recorrido buena parte de los mares y océanos de la tierra. Viven sin demasiadas preocupaciones y los contratiempos que les surgen, como el de hoy, los afrontan con serenidad. Son dignos de admiración. Aunque todos tienen sus estudios decidieron levantar anclas y vivir lo que la vida tiene que ofrecerles, sin pedirle demasiado.

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Ya en casa le he ofrecido a  Michael bañarme y ha aceptado encantado. También le he dado ropa limpia y seca. Además de la ducha han disfrutado de un té caliente, unos sándwiches, un plato de ensaladilla rusa y un par de cervezas. Después ha estado hablando por Skype con sus familias y han planificado la próxima etapa de su viaje consultando las previsiones meteorológicas. Sin duda hoy ha sido un día de suerte para ellos. La jornada no  empezó bien, pero el encuentro conmigo les ha resultado providencial.

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Lo que ha pasado hoy con estos chicos confirma una intuición que tuve el otro día. Pienso que todos nosotros podemos ser la suerte que otros andan buscando. No sabemos a quién nos vamos a encontrar doblando una esquina que nos ofrece un apoyo inesperado. Esta mañana, mientras Mayan pensaba en cómo solucionar su problema, he aparecido yo para ayudarles. Yo he sido la suerte para ellos. Por este motivo, hay que confiar en el destino. Debemos permanecer expectantes ante las grandes cosas que están por venir a nuestras vidas. Nada es casual. Todo tiene un propósito. El encuentro de hoy seguro que también lo tiene. Casualmente la hermana de Michael es, como yo, arqueóloga. Me ha dado su dirección de correo electrónico. Trabaja en temas similares a los míos. Puede que aquí esté la respuesta que buscó al inesperado encuentro de esta mañana

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MI ENCUENTRO CON HIPERIÓN Y HELIOS

Ceuta, 4 de febrero de 2017.

Al levantarme lo único que he escuchado ha sido el silencio. Me he asomado por la ventana para ver que tal estaba el día. El amanecer prometía, así que he preparado mis cosas y he salido de casa. Mis sentidos se han puesto en alerta y de este modo he percibido una amalgama de olores. Los más intensos eran el de algún fuego ya apagado y el delicioso olor del pan cociéndose en el cercano horno del Molino. He bajado por las escaleras que llevan a la playa Hermosa. Al llegar allí he buscado acomodo entre las rocas. He llegado apenas un par de minutos antes del amanecer.

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Todo estaba calma,…hasta que el sol ha empezado a emerger por el horizonte. En ese instante decenas de gaviotas han comenzado a gritar como locas y a volar de manera frenética. Lo más sorprendente ha sido observar que cuando el sol mostraba ya todo su luminoso rostro han vuelto un silencio sepulcral.

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Mientras que veía el majestuoso del sol algo me decía que fijase mi mirada en las nubes. Y así lo he hecho. Y cuál ha sido mi sorpresa la observar que las nubes adoptaban la forma del mismo dios Hiperión. Éste volvió su barbudo rostro hacia mí y acto seguido miró hasta donde estaba su hijo Helios, mientras que lo señalaba con su brazo derecho.

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A los pocos segundos Hiperión se desvaneció y nos quedamos solos su hijo y yo. Esperé a que sus rayos llegasen hasta mi cuerpo. De pie, apoyado en una enorme roca, cerré los ojos y estiré los brazos hasta que sentí su luz y su calor. Sentí entonces que mi vitalidad se incrementaba de manera súbita. Absorbí toda la energía que emana desde dios solar y emprendí el ascenso por las empinadas escaleras…No me lo podía creer. El dolor que otra veces sentí en las piernas al superar los cientos de peldaños que hay que superar para alcanzar el Recinto Sur no se hice presente. Es más, ha sido la vez que menos me he cansado al subir por estas escaleras.

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Ahora estoy aquí, pasando mis notas a limpio, y me siento despierto, fuerte, vital, con un gran optimismo y  unas enormes ganas de escribir. Otra vez el dios Helios ha aparecido ante mí, pero esta vez a través de la ventana del estudio. Siento sus rayos incidiendo en mi cuerpo y me giro hacia él para agradecerle la energía que él y su padre me han transmitido esta mañana. Procuraré hacer un buen uso del poder que me ha regalado al despuntar el alba.