ENCUENTRO INESPERADO

Ceuta, 8 de febrero de 2017.

Aprovechando el precioso día que ha amanecido he salido a pasear por el Hacho. Había planificado mi ruta. Mi propósito era recorrer el Camino de  Ronda hasta llegar la playa del Desnarigado y desde allí dirigirme a una frondosa arboleda hay detrás de la fuente de María Aguda. En esto iba pensando cuando me he asomado a la cala del Sarchal. Un hermoso velero estaba anclado en sus cercanías haciendo todavía más bella la estampa de la playa Hermosa. Bajé hasta el fuerte del Sarchal para tomar unas fotografías. Viendo que el ángulo no era el adecuado, ya que el sol estaba de frente, me he dirigido al fuerte del Quemadero. A pocos metros de esta fortificación hay un camino que conduce a la playa de Junquera. Al llegar a los arrecifes costeros se ha asomado un chico joven, de unos treinta años, rubio, con el pelo largo y los ojos claros. Hablando un correcto español me ha saludado. Su nombre es Mayan. Es uno de los tripulantes del velero que me ha hecho bajar hasta aquí.

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Según me cuenta, al despertar esta mañana se han dado cuenta de que había desaparecido el bote que utilizan para ir del barco a tierra. Su amigo Michael venía nadando, con la ropa metida en una bolsa de plástico, para ir juntos a buscar la zodiac. La bolsa no ha resultado eficaz.  Toda su ropa estaba empapada y el tiritando de  frío. Me ha preguntado que si conocía alguna tienda de ropa usada para comprar algunas prendas. A lo que les he contestado que vivo cerca y que tengo ropa que darle. Así que hemos tomado rumbo a casa.

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Por el camino me ha comentado que son un grupo de cinco jóvenes, dos chicos y tres chicas, que llevan varios años recorriendo el mundo en su velero, de nombre Alioth. Se buscan la vida haciendo malabarismos por las calles y trabajando en lo que les sale (pintar barcos, etc…). Querían conocer el mundo y vivir experiencias nuevas dejándose llevar por los imprevisibles derroteros de la vida. A sus veintiochos años han recorrido buena parte de los mares y océanos de la tierra. Viven sin demasiadas preocupaciones y los contratiempos que les surgen, como el de hoy, los afrontan con serenidad. Son dignos de admiración. Aunque todos tienen sus estudios decidieron levantar anclas y vivir lo que la vida tiene que ofrecerles, sin pedirle demasiado.

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Ya en casa le he ofrecido a  Michael bañarme y ha aceptado encantado. También le he dado ropa limpia y seca. Además de la ducha han disfrutado de un té caliente, unos sándwiches, un plato de ensaladilla rusa y un par de cervezas. Después ha estado hablando por Skype con sus familias y han planificado la próxima etapa de su viaje consultando las previsiones meteorológicas. Sin duda hoy ha sido un día de suerte para ellos. La jornada no  empezó bien, pero el encuentro conmigo les ha resultado providencial.

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Lo que ha pasado hoy con estos chicos confirma una intuición que tuve el otro día. Pienso que todos nosotros podemos ser la suerte que otros andan buscando. No sabemos a quién nos vamos a encontrar doblando una esquina que nos ofrece un apoyo inesperado. Esta mañana, mientras Mayan pensaba en cómo solucionar su problema, he aparecido yo para ayudarles. Yo he sido la suerte para ellos. Por este motivo, hay que confiar en el destino. Debemos permanecer expectantes ante las grandes cosas que están por venir a nuestras vidas. Nada es casual. Todo tiene un propósito. El encuentro de hoy seguro que también lo tiene. Casualmente la hermana de Michael es, como yo, arqueóloga. Me ha dado su dirección de correo electrónico. Trabaja en temas similares a los míos. Puede que aquí esté la respuesta que buscó al inesperado encuentro de esta mañana

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