ALIMENTO PARA EL ALMA

Ceuta, 21 de diciembre de 2015.

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Me encuentro en uno de los miradores más privilegiados de Ceuta y me atrevo a decir que del Mediterráneo. Estoy hablando del fuerte del Punta Almina. Este es el punto más septentrional del continente africano y resulta un extraordinario balcón para asomarme al Mediterráneo y ver cómo se mezcla con las frías aguas del Atlántico. Hoy el mar está en calma. Su color es el del gris plateado de las nubes que cubren el cielo. Sobre el horizonte el pincel del sol empieza a colorear de rosa el cielo y la piel del mar.

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La sombra rosa del sol se alarga como una lanza y se dirige hacia mí para atravesar mi corazón. Siento un intenso calor que penetra hasta mi alma. No experimento dolor, sino calma. El tiempo deja de tener importancia el momento en el que uno capta, aunque sea por un instante, el sentido de la eternidad. Todas las preocupaciones mundanas pasan a un segundo plano cuando uno toma conciencia del extraordinario milagro de la vida y el cosmos.

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La naturaleza está diseñada para que todo funcione de manera armoniosa. Cada organismo tiene asignada una función en el complejo sistema de la biosfera. Los seres vivos transformamos la naturaleza al mismo tiempo que ella nos transforma a nosotros. Es un proceso recursivo que no puede adoptar una forma de espiral constructiva, tendente a la vida; o una negativa, dirigida a la muerte. El equilibrio es difícil de lograr, ya que la vida y la muerte son dos fenómenos inseparables. La vida permanece mientras que el proceso de renovación de las células continúa. En el momento en el que se detiene es alcanzada por la muerte.

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¿Cuál es la misión del ser humano en el plano divino de la vida? Desde luego no destruir el planeta como estamos haciendo. En el plano individual  nuestra primera misión es garantizar nuestra propia supervivencia. Para ello necesitamos respirar, beber y comer. Todas estas necesidades básicas son posibles cubrirlas con la generosa aportación de la naturaleza. Una vez garantizados estos requerimientos vitales, ¿Qué le queda al ser humano por hacer? Pues desarrollar una capacidad de la que solo goza nuestra especie: percibir, sentir, pensar y actuar de manera consciente. Hay algo que llevamos en nuestro interior, al que llamamos alma, que nos anima a encontrarle un sentido y significado a la vida. Esta alma nuestra, como el cuerpo, necesita que le prestemos atención, la alimentemos y la cuidemos. Su alimento es la contemplación de la naturaleza y la emoción profunda que nos otorga su cálida acogida. Gracias a este abono vital somos capaces de ofrecer al mundo saludables y frescos frutos en forma de poesía, literatura, música, teatro, arte, ciencia y filosofía. Estos frutos son, a su vez, consumidos por otras personas para que su alma pueda dar su propia cosecha y así contribuya a la mutación de la conciencia hasta alcanzar planos de entendimiento que ni siquiera el ser humano más consciente es capaz de imaginar.

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Me siento un ser humano privilegiado por tener la oportunidad de contribuir, aunque sea de manera modesta, al despertar de las consciencias dormidas o desorientadas. Intento ser fiel a mi destino. Sólo el tiempo dirá si  he logrado cumplir mi misión.

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