ES TIEMPO DE ACTUAR

Todo está dicho. Es el tiempo de actuar, bajo unos criterios renovados y unos fines diametralmente distintos. El dinero y el dinero como propósitos únicos deben ser sustituidos por unos ideales más elevados como la bondad, la verdad y la belleza. El cambio está en la personas, en la modificación de nuestros hábitos y costumbres, en nuestra manera de percibir, experimentar y sentir nuestra relación con el entorno y las personas que nos rodean. El cambio está en nuestro sistema educativo que encierra a nuestros hijos entre cuatro paredes y los aísla de la naturaleza. El cambio también está en nuestra manera de relacionarnos con el cosmos o Dios, como quieren llamarlo. Debemos recuperar el sentido de la totalidad y convertirnos en facilitadores de la nueva conciencia integral que está emergiendo con fuerza sin que muchos aprecien sus primeros brotes. El tiempo de las religiones dogmáticas y doctrinarias que impiden el crecimiento espiritual de las personas ha quedado atrás. El amor y no el odio a quienes no piensan igual que nosotros es la fuerza que moverá el Mundo Nuevo.

La ciencia tiene que ponerse al servicio de la vida y no del complejo del poder para continuar su frenética y desesperada huida hacia delante. Nuestros planes y proyectos, frutos de una creatividad que debemos fomentar en nuestras escuelas y universidades, tienen que estar al servicio de las más altas manifestaciones de la condición humana. El arte, la cultura, la filosofía, la historia, la política tienen que conducirnos a todos al camino que nos lleva a la vida buena (eupsiquia). El ocaso del viejo mundo es inevitable. Y los primeros rayos del Mundo Nuevo e Integral iluminan nuestro presente y alumbrar el camino del futuro.

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SI QUEREMOS SEGURIDAD BUSQUEMOS LA BONDAD

La facilidad con la que alguien puede disponer de la vida de otro segándola de un tiro nos estremece y socava la confianza en la condición humana. Para nuestra desgracia, este tipo de actos se han convertido en algo habitual en Ceuta. La respuesta cotidiana es reclamar a las administraciones competentes que ejerzan, dentro del ordenamiento jurídico, el poder que los ciudadanos delegamos en ellas. Lo hacemos desde una fe ciega e irracional en el poder omnipresente y omnipotente del Estado en sus múltiples formas. Pensamos que nuestras fuerzas y cuerpo de seguridad del Estado pueden aparecer de manera espontánea allí donde se planifica y ejecuta un crimen. Si no lo hacen entonces hay que exigir responsabilidades políticas, aún sabiendo que hay asuntos que no dependen de la pericia del responsable político que en ese momento controla a la policía o la Guardia Civil. Todos utilizan este tipo de atroces crímenes para sacar rédito electoral. Lo hacen quienes están en la oposición y lo hicieron, representado este mismo papel, quienes ahora se sientan en los despachos oficiales. Nada útil puede extraerse de este continuo lanzamiento de cuchillos que hace tiempo aburre a una ciudadanía harta de este macabro y bochornoso espectáculo.

            Ojala la solución a la violencia urbana fuera tan fácil como llenar las calles de policías. Este problema no es único de Ceuta, ni de España, ni de Europa, ni de EE.UU, ni de México…es un problema filosófico. Sí, lo han leído bien. Un problema filosófico. ¿Extraño, verdad? Ahora viene éste a decirnos que la violencia depende una disciplina humanista tan “inútil” para algunos como la filosofía. Pues sí, señoras y señores. La filosofía ha sido la encargada de dar respuesta a preguntas tan inquietantes y necesarias para el ser humano como el significado y valor de la vida. El desprecio de la filosofía ha supuesto lo mismo que la desvaloración de la propia vida. El ser humano se ha convertido en un átomo aislado que discurre por la existencia sin un fin elevado y trascendente. El único objetivo que mueve a los hombres y mujeres de nuestro tiempo es el poder y el dinero, unos propósitos tan vacuos que provocan un hartazgo existencial que solo puede ser combatido con todo tipo de drogas que anulan nuestra voluntad y anestesian nuestra conciencia. Unas drogas que son la materia prima que comercializan unos grupos criminales que no persiguen otra cosa, aunque por medios ilícitos, que el resto de los mortales: poder y dinero. La lucha por  el poder en el ámbito delictivo no se ajusta a los principales morales y normas legales. En este espacio fuera de la ley, poder y fuerza son conceptos estrechamente unidos. Las disputas se arreglan a tiros y no en los tribunales. Quien la hace la paga. Y quien a hierro muere, a hierro mata. Se entra así en un círculo infernal que es difícil  romper.

            Necesitamos nuevos propósitos que sustituyan a los perniciosos y destructivos fines del poder y el dinero. Estos fines fueron expuestos hace siglos por Platón, formando parte de su famosa tríada. Son, como muchos ya habrán adivinado, la bondad, la verdad y la belleza. De estos ideales la bondad es el más determinante. No necesitamos, como apuntó Mumford, “poder alguno excepto el dirigido por el amor hacia formas de belleza y verdad. Únicamente cuando el amor se ponga a la cabeza, la tierra y la vida sobre ella volverán a ser seguras. Y no lo serán hasta entonces”. Si queremos seguridad en nuestras calles debemos perseguir este ideal sin descanso para producir un nuevo tipo de personalidad y, con ello, “al tipo de medios –geográficos, económicos y culturales-, que esa personalidad necesita para llevar a término sus objetivos y toda su trayectoria vital”.

            Hasta ahora hemos partido de la realidad para alcanzar unos fines. Propongo que recorramos el camino inverso. Partamos de estos ideales elevados como son la bondad, la verdad y la belleza para cambiar la realidad. Nuestro punto de partida es la cuerda de la expresión en la vida plena efectiva formada por el entrecruzamiento de la ethopolítica, la sinergía y la vida significativa. Desde ahí atravesemos el puente del amor, la filosofía y el arte hasta llegar a las tierras de los ideales, las ideas y la imaginación. Estas tierras han sido regadas por el dulce manantial de los sentidos, las experiencias y los sentimientos que emanan de los lugares en los que habitamos, los trabajos que realizamos y las gentes con las que convivimos. Recorriendo este camino inverso tomamos conciencia de que la bondad, la verdad y la belleza no son posible en un contexto en los que los lugares son tan uniformes y degradados que anulan nuestros sentidos; en los que el trabajo ha perdido la íntima conexión con las condiciones naturales en las que uno habita; en los que la gente han olvidado que los atributos esenciales de la sociedad humana son la comunicación, la comunión y la cooperación.

            La clave está desde mi punto de vista, y en el de otros autores como Javier Gomá o Leonardo da Jandra, en  el hecho de que somos una sociedad sin ideales o, lo que es aún peor, absortos por ideales que son contrarios a la bondad, la búsqueda incansable de la verdad y el anhelo permanente por la belleza y el arte.

BOSQUEJO DEL MUNDO NUEVO

Desde hace tiempo tengo la intuición de que este solsticio de verano va a ser distinto. Viene a anunciar el definitivo declive del viejo mundo, movido por el lucro y el poder; y la emergencia del Mundo Nuevo, dirigido a la potenciación y renovación de la vida. Estamos a las puertas de una nueva, y quizás definitiva, mutación de la conciencia. Lo percibo en el ambiente social, político, cultural y artístico. El Mundo Nuevo trae una renovada visión del lugar, del trabajo y de la gente. Nuestros sentidos se encuentran especialmente afinados. Los ojos percibe nuevas tonalidades de color; nuestros oídos captan sonidos antes inapreciables; nuestro tacto se ha vuelto suave y delicado; nuevos olores inundan el aire de nuestros pueblos y ciudades; el paladar aprecia sutiles sabores..; y nuestro sexto, el espiritual, se despierta después de un largo dormitar.

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            Los viejos ideales sociales, dominados por el dualismo, entre ricos y pobres, los de arribas y los de abajo, son sustituido por una concepción integral del ser humano; la economía del poder va a ser sustituida por la economía de la vida; el lema “todo por el dinero” se descuelga de nuestras mentes para ser cambiado por un nuevo propósito: “no hay riqueza sino vida” (John Ruskin); las viejas religiones dogmáticas y doctrinarias van a ser barridas de la faz de la tierra: una nueva espiritualidad se impone con fuerza por todos los rincones del planeta. La ética y la política se unirán en la hasta ahora desconocida ethopolítica. Los ciudadanos dejaran de ser espectadores pasivos para tomar el escenario, -nuestras plazas y calles-, y representar un nuevo drama social.

            La ciencia disgregadora  y al servicio del poder será sustituida por una síntesis integradora de conocimientos que nos conducirá a una sabiduría universal y generalizada. De esta síntesis surgirá una nueva dirección para nuestras acciones y una educación dirigida al autodesarrollo personal y colectivo.

            Sin algo distinguirá al Mundo Nuevo es el pleno desarrollo de la creatividad. Los nuevos ideales y las remozadas ideas conducirán a una desconocida potenciación de la imaginación. Nuevos planes y proyectos emergerán para reparar la tierra y recultivarla. La belleza volverá a nuestras ciudades y los paisajes reverdecerán. El mítico Jezr caminará de nuevo sobre la tierra y, allí donde pise, aparecen brotes verdes. Sobre este bello paisaje, la verdad y la bondad se impondrán para que todas las personas tengan la oportunidad de una vida digna, plena y rica.

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CELEBRACIÓN DEL SOLSTICIO DE VERANO EN CEUTA

Este año, por primera vez después de varios milenios, vamos a celebrar en Ceuta el solsticio de verano. Lo haremos en el mirador de San Antonio, un lugar donde es muy probable se celebraran ritos dedicados al dios Sol desde tiempos que se pierden en la memoria. El acto va a celebrarse en el propio Mirador de San Antonio entre las 21:00 y las 21:30. De este modo nos sumamos a un acontecimiento mundial al que ya han confirmado van a asistir 13 millones de personas repartidos por todo el planeta. Con este gesto se quiere hacer una llamamiento a favor de la conservación y la curación de la Madre Tierra.

Los solsticios (del latín solstitium (sol sistere), “Sol quieto”) son los momentos del año en los que el Sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo, y la duración del día o de la noche son las máximas del año. La celebración de los solsticios, aunque no se sepa, tienen mucho que ver con el despliegue de la razón que se dio en la Grecia Clásica. La paralización del sol o solsticio fue provocada por el surgimiento del pensamiento direccional. Fue en aquel entonces “cuando Helios, indignado por el nacimiento de Atenea, interrumpió su curso; cuando el pensamiento, rompiendo el equilibrio de los fenómenos, rompió el círculo; fue entonces cuando nacieron tanto nuestro tiempo como nuestro espacio; en aquel entonces nació la orientación, de la que carece el círculo, ya que no tiene ni principio ni fin”.

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Relacionado con el sol, en la cima del Yebel Musa, -la figura del Atlante dormido-, se celebraba en época romana, según nos narra Plinio el Viejo (H.N., V, 7), una festividad popular relacionada con los cultos solares. Así nos la describe Plinio: Durante el día no se veía a nadie: todo estaba en silencio como en el desierto. Un mudo temor religioso se apoderaba del espíritu al llega a la cima y contemplarla, bajo las nubes y en proximidad del círculo lunar. Durante la noche, se encendían miles de fuegos, mientras egipanes y sátiros ejecutaban sus danzas, al son de acordes de flautas, címbalos y tambores…”.

Esta festividad, si nos atenemos a la descripción que hace Plinio, debía celebrarse en verano, cuando las condiciones climatológicas permitían pasar la noche en la cima. La referencia al encendido de hogares y a los bailes en torno al fuego tiene mucho que ver con la actual celebración de la “Noche de San Juan”, muy relacionada con los característicos ritos de celebración del solsticio estival.

La etimología del nombre Atlas, que da nombre a la montaña en cuya cima se celebraban estos ritos solares, es incierta y sigue discutiéndose: algunos lo derivan de la raíz protoindoeuropea *tel, ‘sostener’, ‘soportar’, mientras otros sugieren que es un nombre preindoeuropeo. Dado que las montañas Atlas están en una región habitada por bereberes, podría ser que el nombre latín tal como lo conocemos fuese tomado del bereber. De hecho, el sol es llamado a menudo ‘el ojo del cielo’ (Tit), y dado que se pone por el oeste, el océano Atlántico puede ser llamado ‘el lugar de ocultación del sol’ o Antal n Tit. Los griegos podrían haber tomado prestado este nombre para el océano, y usado más tarde su raíz atl- para formar el nombre «Atlas».

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La vida, -el amanecer-, y la muerte, -el ocaso o atardecer-, estaban unidos por un movimiento cíclico y circular en los mitos de las principales civilizaciones.  Es un movimiento, nos explica Jean Gebser, “que conduce de una fase lunar a otra, de luna nueva a luna nueva, de nueve lunas a nueve lunas, del nacimiento a la muerte, de la primavera al invierno, de las mareas externas a las internas, que florecen, llevan frutos y completan su ciclo, al igual que el año florece, tras sus frutos y termina, o igual que las estrellas ascienden, alcanzan su cenit y desaparecen. Así se cierra el mundo en un círculo; así gira y obtiene de su misma polaridad la energía para seguir girando. Para el hombre mítico, (como los que idearon el mito de Atlas y sus hijas), el movimiento de su propia alma se hace visible en el espejo del sueño, del mito, y del mismo modo se hace consciente del movimiento efectivo del mundo”. De este modo, las civilizaciones míticas relacionaron la vida y la muerte con el amanecer y el atardecer, con el lugar donde nacía y moría el sol. Y como formaban parte de un movimiento circular allí donde moría el sol, en el extremo del mundo conocido, en el sitio donde se ubica el Atlante, tenían también que estar la fuente de la vida eterna.

Ceuta, precisamente, comparte este carácter de lugar de paso, de cruce de camino, de separación entre el mundo conocido y las tinieblas. No nos debe de extrañar, pues, que aquí se localizara el árbol de la vida y la fuente de la inmortalidad. Esta tradición continuó a lo largo de la historia. En el itinerario de Al Warrak, escrito en el siglo X, se cita un lugar llamado Ma` Al-Hayat (el agua de la vida). Según el investigador Ahmed Siraj, este sitio esta ubicado al este de la punta de Benzú, entre este punto y la ciudad de Ceuta. En un mapa que acompaña al estudio del profesor Siraj, éste lo sitúa en las inmediaciones del arroyo de Calamocarro. Una tradición relaciona a este lugar con un personaje coránico célebre, Al-Khidr. Según cuentan, Al-Khidr emprendió una expedición, junto a Alejandro el Grande, en la búsqueda de Ma` Al-Hayat, fuente que daba la vida eterna a todos aquellos que la probaban y bebían. Tal es así, que según esta tradición, Al-Khidr, que bebió de esta fuente, aún podría estar vivo.

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LA VIDA DE LOS NEGOCIOS O EL NEGOCIO DE LA VIDA

No hace mucho terminé un master en dirección de empresa. Este curso me ha permitido conocer desde dentro la vida de los negocios, pero lo que no imaginaba era que iba a aprender tanto sobre el negocio de la vida. Durante estos meses he aprendido de contabilidad, sistemas de información, marketing, ventas, finanza o ética empresarial, pero sobre todo he aprendido mucho de mí mismo y de la condición humana, tanto en los aspectos positivos como negativos. Me he llevado grandes alegrías y enormes decepciones. Han salido a relucir mis virtudes y mis defectos. Me ha servido para darme cuenta que no es tan importante triunfar en la vida de los negocios como en el negocio de la vida. Un negocio que, según John Ruskin, consiste, primero, en “conocerse a sí mismo y el estado en que se encuentran las cosas con las que tiene que convivir.  Segundo, en ser feliz en sí mismo y en el estado actual existente de las cosas. Y tercero, en enmendarse a sí mismo y al estado actual de las cosas, en cuanto pueda ser corregido y enmendado”. Sin embargo, como nos recordaba Ruskin, estas sencillas reglas que comprende el verdadero negocio de la vida, la hemos sustituido, primero, “por desconocerse completamente a sí mismo y desconocer el estado actual de las cosas. Segundo,  ser miserables en sí mismas y en el estado actual de las cosas. Y tercero, no preocuparse de sí mismas ni del existente estado de las cosas, por lo menos en lo que se refiere a la corrección”.

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MANIFIESTO A FAVOR DEL SER HUMANO INTEGRAL Y LIBRE

En el capítulo que Jean Gebser dedicada a la arquitectura en su libro “Origen y Presente”, recoge unos comentarios de Frank Lloyd Wright que encajan perfectamente con la situación que estamos viviendo precisamente hoy en España. Decía el genial arquitecto norteaméricano que “la centralización era el ideal de la monarquía. La integración es el ideal de la democracia..La monarquía ha caído”. Como apunta Gebser al hilo de esta declaración de Wright, “el punto focal que antes se buscaba en el exterior, el “hombre nuevo” lo encuentro en sí mismo”. Wright consideraba que el ciudadano del futuro es el “que responde si mismo. Él es el único hombre que no está en peligro, puesto que es el hombre que está disciplinado desde dentro”. Que nadie se confunda. No estamos hablando del ser humano indivualista, sino del autónomo, que es muy distinto. Un tipo de ser humano que huye de la dependencia total y absoluta de instituciones sociales, políticos, religiosas o económicas. Libre de doctrinas y conductas teledirigidas, Libre para formular y realizar sus propios ideales a través de la eupolítica y la militancia cívica. Libre para buscar la verdad mediante la síntesis científica, la acción y la educación integral. Libre para expresar su imaginación y llevar a cabo sus planes y proyectos. Libre para garantizar su propia supervivencia y la de los suyos a partir de los recursos de la región en la que vive. Libre para sentir el pulso de la vida, ampliar el conocimiento de la naturaleza y emocionarse con sus regalos diarios. Libre para no depender de Repúblicas, monarquías, dictaduras o cualquier otra forma de Estado. Libre para trazar su camino, junto con sus conciudadanos, que nos lleve a la eupsiquía (Vida Buena). Un lugar imaginario, y posible, donde la comunicación, la comunión y la cooperación vuelvan a ser los atributos esenciales de la sociedad humana y la base de sus significados, funciones y valores.

NARCISISMO POLÍTICO EN CEUTA

Comentaba este fin de semana con un familiar que se había convertido en norma la publicación de un reportaje sobre la participación de musulmanes occidentales en el conflicto sirio en la edición dominical de “El País”. En estos artículos periodísticos se insiste en la idea de tratar a Ceuta y Melilla como un semillero de yihadistas. Las operaciones policiales que con cierta frecuencia se realizan en ambas ciudades norteafricanas sostienen tan dolorosa imagen de Ceuta y Melilla como tierras fértiles para las ideas más radicales y violentas. A esta imagen se superpone la de unas ciudades asediadas por la inmigración, de pensamiento conservador, mimadas por el Estado y con barrios conflictivos que inspiran series televisas de enorme éxito de audiencia. No es de extrañar que  la edición de hoy de “El Faro”  recoja la información de una propuesta para la puesta en marcha de una campaña dirigida a la mejora de la imagen de Ceuta. Esta propuesta va a ser defendida por el Sr. Márquez en el Congreso de los Diputados.

            A  mí, personalmente, me parecen bien este tipo de campañas que pretenden mostrar otras facetas más agradables de nuestra ciudad, como son nuestro mar, nuestros bellos paisajes, el carácter hospitalario de las gentes de Ceuta o su rico patrimonio cultural y natural. No obstante, haríamos mal si no asumiéramos con valentía y claridad la enorme cantidad de retos y problemas a los que nos enfrentamos. La imagen de Ceuta, aunque distorsionada y parcial, no deje de ser el reflejo de una realidad inquietante. Que no nos pase como al mítico Narciso, enamorado del reflejo de su imagen. Las aguas están turbias, contaminadas por ideas fanatizadas, y la superficie agitada por los fuertes vientos del malestar social. No es el momento de mirarse en este confuso espejo, sino de limpiar sus aguas y calmarlas.

¿RESTAURACIÓN INTEGRAL O CAMBIO DE FACHADA?

Tengo que confesar que no experimenté ningún sentimiento especial cuando me enteré de la noticia que anunciaba la abdicación del rey Juan Carlos I. Igual me equivoco, pero creo que muchos españoles hace tiempo que se sienten defraudados respecto al monarca, su familia y el papel que actualmente desempeñan en el orden político español. Este cambio de actitud ha sido propiciado por una sucesión de escándalos, meteduras de pata y actitudes poco ejemplares de algunos miembros de la Casa Real, empezando por su propio titular. No se puede echar la culpa del declive de la imagen de la corona a los medios de comunicación, ya que éstos han sido siempre encubridores necesarios de las aventuras y desventuras del monarca. Unos medios que han colaborado de manera intensa en el intento de reflotar el prestigio de la institución monárquica, pero que no han conseguido. En este contexto, la abdicación del rey a favor de su hijo Felipe no es más que una maniobra desesperada para salvar a la monarquía de su progresiva desintegración.

            La monarquía no es el único pilar de nuestro sistema político que tambalea. La crisis económica y la corrupción política han actuado como un intenso terremoto que ha dejado maltrecho al siempre inestable edificio democrático. Todos coinciden en que es necesaria una profunda reforma de las instituciones, los partidos políticos, la economía y los principios éticos si queremos evitar que todo se venga abajo. Los daños en el sistema político hay que calificarlos de estructurales, por lo que de nada vale una simple sustitución de la fachada con el mismo estilo anacrónico. La reforma de nuestro país tiene que ser integral, empezando por quienes lo integramos, es decir, nosotros mismos. Mientras que no nos reconstruyamos nosotros mismos, todo nuestro trabajo de reconstrucción de España puede venirse abajo. Cada uno, dentro de su campo de acción, debe llevar a su labor inmediata diaria una nueva actitud hacia sus funciones y obligaciones, entre las que destaca asumir las responsabilidades públicas y la acción cívica, así como trabajar sin descanso en su elevación intelectual y profundidad espiritual. Con este renovado material humano, caracterizado por la autodisciplina interna, la individuación y la autonomía podremos reconstruir España bajo una nueva formula, como la expresada por Castoriadis: “la de comunidades políticas que puedan ser autónomas, es decir, autogobernarse en los hechos”.

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

El árbol de la vida se asocia, según Joseph Campbell, “a la imagen del poste o punto axial que es a su vez símbolo del camino o lugar de paso del movimiento al reposo, del tiempo a la eternidad, de la separación a la unión; y también a la inversa, del reposo al movimiento, de la eternidad al tiempo que transcurre, de la unidad a lo simple”. A ambos lados de este eje se sitúan el deseo y el miedo, la juventud y la edad, la causa y el efecto, la vida y la muerte, el cielo y la tierra, el ser y el no ser, que si somos capaces de superar y trascender “el goce de la vida brotará de todas las cosas como de una copa inagotable. El ego sacrificado será devuelto, y se liberarán las aguas de la inmortalidad para fluir en todas direcciones” (Joseph Campbell; La imagen del mito). Ésta es la sabiduría que encierra el árbol de vida. Todos estamos llamados a trepar por el tronco de este árbol, que es nuestra propia columna vertebral, sobre la que se entrecruzan dos serpientes ascendentes que representan la energía del sol y la luna, la energía masculina y femenina, la vida y la muerte. Según avancemos en nuestro ascenso hacia los niveles superiores de conciencia nuestra energía interior se activara hasta conseguir despertar nuestro tercer ojo o glándula pineal (simbolizada por una piña) que se encuentra en el centro de nuestra mente.
En esta imagen del árbol de la vida dibujada por el maestro Patrick Geddes el alma de la muerte es representada por un pájaro; y el alma de la muerte por una mariposa. Los siete niveles de conciencia tienen sus propios símbolos a ambos lados del árbol que aún no he sido capaz de interpretar.

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Este ascenso hacia los niveles superiores de conciencia y el despertar de toda la potencialidad de nuestro ser depende de cada uno de nosotros. No podemos delegarlo en nadie ni en nada externo a nosotros mismos, Dediquemos, pues, tiempo a nuestra vida interior y menos a la exteriorización de un espíritu vacío y desprovisto de sustantividad. Cuando nuestro tercer ojo se abra veremos la totalidad. La noción de tiempo y espacio habrá desaparecido. Un nuevo ser humano poblará la tierra y la renovación de la vida habrá comenzado. El mapa hacia la eupsiquia (vida buena) está siendo restaurado. Pronto verá la luz.

DE LA MONARQUÍA A LA AUTONOMÍA

Ni monarquía, ni república ni gaitas que se les parezcan. Necesitamos propiciar un despertar de las conciencias que permita elevarnos hacia el cuadrante de la vida plena efectiva. Delante tenemos la posibilidad de una nueva humanidad, de una nueva mutación de la conciencia, de la definitiva transformación del hombre. Estamos en disposición de dar forma a un nuevo paradigma, a una nueva edad en la condición humana: la edad del equilibrio. El cambio es imparable. Este nuevo periodo será el del equilibrio dinámico y el pensamiento integral. Su tema, como nos dejo dicho Mumford, “ha de ser la defensa, potenciación y renovación de la vida; el desplazamiento de lo mecánico por lo orgánico; y el restablecimiento de la persona como término de todo esfuerzo humano. Cultivo, humanización, cooperación, simbiosis, síntesis y simpatía son las palabras claves de la nueva cultura”.

Los ciudadanos del siglo XXI debemos participar en este sueño. Soñar con crear un buen entorno para la vida buena, donde la comunicación, la comunión y la cooperación vuelvan a ser los atributos esenciales de la sociedad humana y la base de sus significados, funciones y valores.

            El objetivo que nos marcamos no es obra de uno solo día ni la tarea de un líder carismático. La impotencia y la ignorancia no son la solución. Los cambios necesitan tiempo y constancia. Es en y a través del individuo humano donde comienza y termina la invitación a la plenitud. Convertirse en un ser humano pleno es ni más ni menos que la tarea de toda una vida. No hay atajos ni soluciones revolucionarias. La movilización de masas lo único que consigue es respaldar el sistema que combate. Los cambios que han sido efectivos son aquellos emprendidos por pequeños grupos que arañan las máquinas de la estructura de poder interrumpiendo el orden y desafiando las normas. Un ataque de este tipo no aspirar a tomar la ciudadela de la autoridad, sino a alejarse de ella y paralizarla sigilosamente. En cuanto se extiendan estas iniciativas de autonomía colectiva el poder y la autoridad volverán a la fuente adecuada: la personalidad humana y la comunidad basada en la cercanía y las relaciones cara a cara.

            No hay soluciones técnicas, mecánicas, organizativas o políticas sin alteración previa de los dioses personales, las costumbres y las ideales por un nuevo mito: el mito de la Vida. Estamos llamados a desarrollar una contracultura más vital, centrada en seres humanos despiertos lúcidos y coherentes;  en plena posesión de sus facultades: dispuestos a actuar, en palabras del antiguo juramento efébico de Atenas, “en solitario o con el apoyo de todos”.

            La ideología orgánica provital necesita tiempo y cambio interno. Como nos dejo dicho Mumford, “cada uno de nosotros, en tanto la vida se agite en él, puede desempeñar un papel a la hora de desenmarañarse del sistema del poder, afirmando su primacía en actos silencios de deserción física o mental, en gestos de inconformismo, en abstenciones, restricciones e inhibiciones que lo liberarán del dominio del pentágono del poder”.

            Las claves del Mundo Nuevo que esta naciendo para sustituir al Viejo Mundo del poder y el dinero son la autodisciplina interna, la individuación y la autonomía. No se trata, como decía Castoriadis, de crear un Estado en general, ya sea monárquico o repúblicano; “se trata de crear comunidades políticas que puedan ser autónomas, es decir, autogobernarse en los hechos”.